Mientras sus conocidas del barrio se dedicaban a conocer las discotecas de moda y a aventurar en el amor, Betty dedicó todo su tiempo a estudiar y a prepararse para triunfar como profesional. Pero no por gusto, sino porque la pobre muchacha era tan poco agraciada que los hombres nunca se acercaban a ella para invitarla a salir y el que lo hizo y fue su novio por pocos días, la abandonó dejándole un trauma peor que el de la falta de belleza. Betty se acostumbró a la idea de quedarse solterona y sus mayores satisfacciones eran agradar a su padre, un hombre bastante exigente y sobreprotector y ser la alumna más brillante de la universidad. Sin embargo, todo cambió cuando entró a trabajar a Eco Moda, una de las empresas de confección más grande del país y donde conoció a Armando Mendoza, el hombre del que se enamoró.