diferencia entre los dos principios reguladores del aparato psíquico: el principio de placer y el principio de realidad, que rigen, respectivamente, los procesos psíquicos primario y secundario. Analiza, concretamente, las consecuencias psíquicas de la adaptación al principio de realidad.
El neurótico se extraña de la realidad efectiva porque la encuentra - totalmente o en parte- insoportable. Esto es aún más acentuado en ciertas psicosis, donde se desmiente el acontecimiento que provocó la enfermedad. Esto nos lleva a considerar la relación del hombre, enfermo o sano, con la realidad.
Los procesos psíquicos inconcientes, los más antiguos y primarios, aspiran a lograr placer y evitar el displacer, es decir, se rigen por el principio de placer. La satisfacción alucinatoria de los deseos conduce, sin embargo, a un desengaño, con lo cual el aparato anímico comienza a funcionar según un nuevo principio que ya no se representó lo agradable, sino lo real, aunque fuese desagradable: es el principio de realidad.
1. Al aumentar la importancia de la realidad exterior, adquirió importancia la conciencia no sólo del placer y displacer, sino también de las cualidades sensoriales de los objetos y se instauró la función de la atención, activa y no pasiva. Es probable que se instaurase un sistema de registro, lo que formó parte de la memoria.
En vez de la represión, que excluía lo displacentero, surgió la prueba de realidad, que determinaba si una representación era verdadera o falsa por comparación con las huellas mnémicas de la realidad.
En cuanto a la descarga motriz, si antes servía para disminuír estímulos enviando inervaciones al cuerpo (mímica, etc), ahora se la usó para alterar la realidad según un fin: se mudó en acción.
La suspensión de la descarga motriz (acción) fue procurada por el proceso de pensar, mediante el cual el aparato anímico podía soportar la tensión del estímulo elevado durante el aplazamiento de la descarga. El pensamiento es así una acción tentativa que desplaza cantidades más pequeñas de investidura ligadas a representaciones. En su origen, tal vez el pensamiento fue inconciente, y luego se hizo conciente por ligazón con restos de palabra.
2. Una parte del pensamiento permaneció no obstante ligada al principio de placer, como se ve en la actividad de fantasear: el juego infantil y más tarde, los sueños diurnos.
3. El relevo del principio de placer por el principio de realidad no ocurre de golpe: mientras ello va ocurriendo en las pulsiones yoicas, las pulsiones sexuales siguen mucho tiempo bajo el régimen del principio de placer, sobre todo por los factores autoerotismo y periodo de latencia. El primero porque no encuentra frustraciones impuestas por la realidad, y el segundo porque pospone hasta la pubertad la relación con el objeto, que es frustrante.
Por todo ello se establece un vínculo más directo entre pulsiones sexuales y fantasías, y por otro lado entre pulsiones yoicas y actividad conciente. Tal ocurre en sanos y neuróticos. El autoerotismo hace posible por mucho tiempo la satisfacción sexual fantaseada, en lugar de la real, que exige esfuerzo y aplazamiento. La represión manda en la fantasía, impidiendo que afloren representaciones que ocasionen displacer. La predisposición a la neurosis se debe en parte al retardo con que la pulsión sexual es educada para tomar nota de la realidad.
4. Cuando se instaura el principio de realidad no desaparece el principio de placer, sino que queda asegurado: por el principio de realidad de abandona un placer moméntaneo pero inseguro, sólo para ganar por un camino más lento un placer seguro que vendrá después. Las religiones, por ejemplo, prometen una vida celestial feliz sofrenando el placer momentáneo, pero fracasan por el placer vuelve una y otra vez. La ciencia sí obtuvo un triunfo, aunque ella brinda un placer intelectual y promete una ganancia práctica final.
5. La educación es la incitación de vencer al principio de placer y sustituírlo por el principio de realidad. Para ello promete el amor del educador, y fracasa con el niño mimado que cree tener ese amor de todos modos.
6. El arte logra reconciliar ambos principios. El artista da libre curso a la fantasía (placer), pero, gracias a su talento, puede retornar a lo real plasmando sus fantasías en una nueva realidad, que los demás reconocen como copias valiosas de la realidad objetiva misma.
7. Mientras el yo evoluciona desde el yo-placer al yo-realidad, las pulsiones sexuales van cambiando desde el autoerotismo inicial hacia el amor de objeto al servicio de la reproducción. Ambas líneas del desarrollo pueden convertirse en el asiento de una predisposición a enfermar de neurosis. La forma de adquiirirá esta patología (elección de neurosis) dependerá de la fase del desarrollo del yo o de la libido que haya quedado inhibida.
8. El carácter extraño de los procesos inconcientes (reprimidos) obedece a que en ellos la realidad del pensar es equiparada con la realidad efectiva exterior, y el deseo a su cumplimiento, dado que allí prevalece el principio de placer sobre el de realidad. Por ejemplo, el neurótico siente culpa por un hecho que cometió en su fantasía, pero no en la realidad efectiva. Freud cita el ejemplo de un sueño donde puede verse esto último si queremos anular el síntoma neurotico debemos de madurar al sujeto psíquico que todos llevamos implícito dentro de nosotros Miguel
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