Como todos sabemos en las facultades de las
universidades privadas de
Argentina el Decano, como las demás autoridades
visibles, son una
simulación, como también lo es el respectivo centro de
estudiantes
cuyo presidente trabaja en negro para su facultad. La
autoridad la
ejerce un obscuro funcionario cuyo poder no es
conocido por los
alumnos y profesores. En el caso de la Facultad de
Ciencias
Fisicomatemáticas e Ingeniería de la Pontificia
Universidad Católica
Argentina, el ejercicio secreto de la autoridad estaba
en manos de
Liliana Landívar desde 1983, año a partir del cual
ejerció como
apoderada legal de la facultad hasta el año 2002, en
que fue
vergonzosamente destituída.
La desequilibrada señora terminó por ser una humilde
profesora de
Dibujo en la misma Facultad que había comandado. Antes
de su
derrocamiento, su sueldo había llegado a ser de
más de siete mil dólares mensuales para, en la
actualidad, rondar los
muy escasos 400 pesos. Todavía no tengo la gracia del
personaje que
ocupa su lugar. De lo que casi estoy seguro es que fue
este mensaje,
que coloqué a lo largo de los foros virtuales de la
Internet, el que
ayudó, en mucho, a su desgracia, dado que la delictiva
Pontificia
Universidad Católica Argentina no ve con
buenos ojos que tales autoridades secretas no
mantengan oculto su
poder. Me da una enorme satisfacción el haber jodido a
esa yegüa enferma y a
sus mafiosos patrones. Por supuesto que, también, me da una gran
satisfacción difundir este hecho por Internet. Saludos.
P.D.: en cuanto a Roberto Fratantoni, que todavía anda dando vueltas
por la Facultad, es un demoníaco personaje que en su momento fue
secuaz, espía y esbirro de la mentada Landívar
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