Muchos de los televidentes de "Tertulia" (a los que Germán Becker insiste en llamar “auditores”) se habrán topado de pura casualidad con ese programa, que UCV-TV transmite los lunes a las 23 horas. “La manipulación periodística y la publicidad de este programa es 0.0”, se ha jactado Becker.
Es que "Tertulia" va absolutamente a contrapelo de la actual tendencia televisiva. Su primer ciclo duró nueve años y elevó ese espacio a la categoría de clásico de la televisión de los 80, a la nostálgica altura de “Martes 13” y “Chilenazo”. Su retorno encuentra un medio totalmente diferente y definitivamente hostil a cualquier manifestación que escape al monopólico marco de la frivolidad.
Willy Arthur y Domingo Durán (ambos fallecidos) han sido reemplazados por el sacerdote Luis Eugenio Silva y Hugo Zepeda. Becker y José Luis Rosasco completan la formación de este porfiado bastión del romanticismo televisivo.
La farándula aquí es suplida por chismes caseros, como los de Rosasco sobre la vida sexual de su perra (ha dicho de ella que “mantiene su virginidad no obstante pararse en la puerta de la casa totalmente desnuda”). El escritor califica de cavernícolas a los barrabrava y ventila sin pudor sus amores platónicos (“Humphrey Bogart me levantó a Ingrid Bergman”, denunció).
En "Tertulia" las polémicas no degradan a los contendores. Se centran, por ejemplo, en cuál es el cementerio más hermoso del mundo (Becker postuló al de Punta Arenas y Silva al de Pisa). Dentro de su conservadurismo, Becker es bastante extremista. Ha llegado a plantear que el desuso en que ha caído el chaleco escolar “es el primer paso para crear la indisciplina que termina apuñalando al profesor”. Con una lucidez que ya se querría cualquier animador juvenil, maneja y comparte datos tan sabrosos y micros-cópicos como por qué avenida Matta se llamaba antes “Alameda de los monos” o cuál es el vínculo entre la realeza rumana y nuestra localidad de Tejas Verdes.
Zepeda es un imponente container de cultura cosmopolita y Luis Eugenio Silva no se les queda atrás (ni en ilustración ni en gracia) a esta compacta cuadrilla de almanaques humanos (reveló que fue “ayudante de arquero” de Enrique Correa cuando ambos estaban en el seminario).
En medio de este delirante ejercicio de arqueología coloquial, saltan de un tema a otro, añorando la enseñanza del latín, Salgari y El Peneca, destacando la influencia francesa en Chile, recitando a Gustavo Adolfo Bécquer y chorreando la mesa de anécdotas históricas.
Este remanso televisivo es un atronador vals de neuronas, atelarañado si se quiere, pero ejemplarizador. ¿De qué hablaremos nosotros en 40 años más?, ¿de la Maldonado?
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