MIGUEL
es el bebé cuya evolución vamos a seguir mes a mes. Al nacer midió 50 cm y pesó 3 Kg. “Un bebé estándar”, dijo el médico. “Pero no por ello vulgar”, puntualizó el recién estrenado papá. Y es que cada bebé es único para sus padres. A diferencia de muchos recién nacidos, que tienen los ojos azulados en los primeros meses (y luego se oscurecen), los de Miguel ya eran negros como el azabache.
¡QUÉ SUEÑO!
Los padres de Miguel suelen mecerle un rato en sus brazos cuando le acuestan para dormir, pero tienen la precaución de echarle en la cuna antes de que se quede dormido del todo. Así el pequeño se habitúa a dormirse solo y aunque durante la noche se despierte a menudo, puede volver a conciliar el sueño sin reclamarlos. Salvo cuando le toca comer, claro
COMO UNA RANITA
Esta postura que adopta Miguel es muy habitual en los bebés tan pequeñitos: les hace sentirse seguros y alivia sus dolores por cólicos. Sin embargo, no es buena para el sueño. Ya sabéis que la postura en la que deben dormir los bebés es boca arriba.
¡YA ESTÁ LLORANDO!
El llanto es el código del que disponen los bebés para hacernos saber que necesitan algo, por eso lloran tan a menudo. Para consolarle hay que aprender a distinguir los tipos de llanto, ya que varían según sea el motivo. Miguel, según sus padres, casi siempre suele llorar por hambre, así que no es difícil calmarlo
¡VEO, VEO!
Al fijar la mirada en algo, sólo unos segundos, Miguel eleva las manitas a la altura de la cara. Según su pediatra: "Lo hace porque hasta que se le fortalezcan los músculos oculares, fijar la mirada le supone un gran esfuerzo, y parece que en esta postura se concentran mejor".
¡CHOCA ESOS CINCO!
Como todos los recién nacidos, Miguel mantiene apretados los puños, pero agarra con fuerza lo que le ponen en la mano. Este reflejo, que se pierde pronto, le prepara para que pueda sostener objetos
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