A todos aquellos que fueron empujados hasta el límite
y han hecho de la resistencia una forma de vida.
“LOS NAVEGANTES DEL FIN DEL MUNDO”
by ANA MONTES
Estaba gorda.
Había dejado de pertenecer al cuerpo de Policía Federal, luego de treinta años de servicio. Lo único que se llevó fue un pito enchapado en oro que le regalaron sus compañeros, juntos con un par de pantuflas y una computadora de esas que se obtienen en los operativos donde faltó aceite.
Rebeca Iriarte, policía de tránsito, cuando entregó la reglamentaria tuvo la visión de cuando le disparó a ese tipo que asaltó la farmacia de Arroyo y Suipacha. Iba a darle a la altura del pecho pero la mirada del ladrón la asustó y le dio en el entrecejo.
Su madre iba a "Las dos de oro" en el cine del barrio de San Cristóbal y cuando vio "Rebeca, una mujer inolvidable" se le ocurrió que si tenía una hija alguna vez la iba a llamar Rebeca y con el recuerdo del origen de su nombre vino también la imagen de Doña Irma , como una marioneta en la camilla del Churruca, donde ella la reconoció como muerta.
Se encontró con su primer novio en un operativo donde "El Chiche" estaba a punto de ser linchado por intentar levantarse un auto y tramitó que saliera rapidito y él cada tanto la visita y se la coge. Mejor dicho se la cogía porque ahora que no pertenece al cuerpo, qué le va importar al Chiche bajarse los calzoncillos. Pero a Rebeca tampoco le importaba demasiado “El Chiche”, él no había sido el amor.
EL AMOR, fue el comisario Delfino, que la llevaba al cine y comía palomitas mientras ella acariciaba ese gato gris que Él tenía entre las piernas. Cuando Rebeca recordó al comisario Delfino, muerto en los años duros, apretó las piernas y sintió que el mundo latía muy fuerte y que algo tendría que hacer con su vida. Esa misma noche un pericote había entrado en la casa y Rebeca odiaba las ratas.
Llamó a la hija del comisario Delfino, la pelotuda nunca supo que ella era la amante de su padre y esa noche le conectó la computadora que convertiría a Rebeca en una de Los navegantes del fin del mundo y de paso le confesó a Lolita que su madre era frígida y que el comisario Delfino era UN HOMBRE DE LEY y que ella lo había amado lo suficiente como para convertirse en "LA OTRA". La hija del Comisario Delfino, la miró casi con indiferencia, sonrió apenas y se fue para no verla nunca más.
Un vacío espantoso sintió, Rebeca, cuando Lolita cerró la puerta. Sintió el ruido del pericote en ese agujero del parquet en el rincón más protegido de la casa y prendió la computadora con cierta seguridad.
La página inicial en Yahoo y en el search escribió la palabra:
SEXO
Con el mouse hizo clic y de esta forma conoce Rebeca Iriarte a Rosalía Ortiz.
Eran las seis de la mañana y la máquina estaba pesada y lenta. Sintió un chillido y supo que el pericote había caído en la trampita. Fue hasta la cocina y allí lo vio atrapado: Un ratoncito a quien mirar mientras puso a calentar agua para el mate.
Nunca le gustó la pornografía y tenía la cabeza embotada de tanta concha y tanto pito...No podía imaginar una poronga de carne y hueso. Ella pensaba en pitos, pitos dorados como el que le colgaba del cuello y le recordaba que en la adolescencia, le robaba el pito a su tío Roberto, los domingos y se lo metía entre las piernas porque la obligaban a dormir la siesta y la primera vez que una baba espesa salió de ella, se asustó, pero no tanto como cuando su tío entró en el cuarto y escarbó entre sus piernas, enmudeciéndola, mientras buscaba el pito y cuando lo encontró se lo metió en la boca como quien va a silbar y luego escarbó con su manos aquel lugar húmedo que ella todavía no se había atrevido a explorar.
Vio claro al tío Roberto cuando la tapa de la pava empezó a golpear y entonces descargó el agua hirviente sobre el pericote y volvió a llenar la pava y a ponerla en el fuego.
Ese día no iba a dirigir el tráfico ni a presentarse ante sus superiores: Estaba al pedo, tomó por la cola al ratoncito hirviente y lo miró con lástima antes de arrojarlo por la ventana hacia el vacío.
Cuando el agua estuvo a punto empezó a cebarse unos amargos y pensó que lo único que había valido la pena fue haber chateado con esa piba a la que un hijo de puta...
Y decidió escribirle un mail.
Se llamaría Rosalía Ortiz o Manoli?
Porque cuando se despidieron , ella le dijo –llámame al 48272121 ext. 125 me llamo Manoli Moreno-.
Rebeca pesaba 140 kilos y no sabía porque asociaba la abundante blandura de sus carnes a su tío Roberto, pero a menudo pensaba que no era feliz porque era gorda y que nunca había sido feliz por ser gorda. El alma le pesaba horriblemente y no sabía si visitar al tío Roberto y a sus sobrinas o escribirle a la piba esa con la que se entendió en ese chat de atorrantes y atorrantas que no piensan más que en coger.
Sintió la soledad de haber matado el ratón. Pensó cómo viviría sin ese ruidito en la casa al que ya se había acostumbrado...
”Lo que debe ser vivir con un hombre”.
Sintió que se mareaba y puso un poco de ázucar en el agua y volvió a pensar para conformarse “ Claro que se necesita más que una pava de agua caliente para terminar con él cuando se te antoje”.
Le escribió a Rosalía Ortiz, aunque no le gustaban los artistas.
Rosalía tenía una extraña profesión, era ventrílocua, hacía un show en un lugar nocturno con un muñeco y su madre como la de Rebeca había muerto.
Rosalía Ortiz podría ser su amiga, alguien en quién confiar. Le escribió abriendo el corazón y mientras esperaba respuesta, llamó al “negro” Octavio y le pidió toda la información posible sobre Rosalía Ortiz "alias" Manoli Moreno, o viceversa. El “negro”, le dijo que ni bien cumpliera “la misión” se iba con facturas y tomaban unos mates.
Rebeca se sintió triste porque pensó: Sabría más de Rosalía de lo que ella podría llegar a contarle y le pareció que había traicionado una amistad que ya no podría ser.
Fue aquella tarde al panteón policial y le llevó flores al comisario Delfino y a su madre. No quería volver a la casa y recorrió la zona de las tumbitas de tierra, mirando los arreglos florales y leyendo epitafios y dedicatorias y llorando de a ratos por no saber que hacer con su vida.
Asustada por la estrepitosa idea de la eternidad de aquellos muertos, sacando la cuenta de cuántos años llevaban en el otro mundo, pensó que por suerte removían las tumbas y estas cuentas tenían límites al menos en Chacarita porque en los cementerios privados los muertos no se terminan nunca. Siguió así hasta que notó que un perrito “tajungapul” la seguía y sintió miedo; Ya que los perros buscan los huesos y parecía más interesado en ella que en escarbar las tumbas. En el subterráneo pensó que los perros buscan un amo y tuvo ganas de volver pero era tarde y no le gustaba la idea de quedar encerrada con todos esos muertos.
Cuando volvió a la casa no prendió la luz, para poder desnudarse y llegar hasta el espejo donde una mirada de reprobación y una mueca espantosa la alejaba de la imagen de sí misma. Prendió la máquina y no había respuesta. Recordó, que aquel sujeto inmundo había murmurado "sicótica" y escribió la palabra y cuando vio cantidad de direcciones se sintió agobiada y se levantó para poner un pollo en el horno .
hizo clic en esta dirección y descubrió una manera de pasar la noche.
http://members.nbci.com/mvial/101.html
y después de comer el pollo fue a estudiar al área de capacitación
http://www.galeon.com/psicopatas/h7-23.htm
Aunque ella sabía que todo era en vano pensó que “El saber no ocupa lugar”.
A Rosalía Ortiz, le sorprendió que el mail que enviará a esa mujer, que por momentos le dio la sensación de haber recuperado a su madre, hubiera regresado. La dirección estaría mal y solo esperaba que la mujer llamará.
Sacó a Dairiens de la valija, el muñeco era de cartapesta y se le ocurrió crearlo un día eterno y luminosos. Estaba enferma de los pulmones y su madre tenía muchas revistas de bricolage. La noche anterior a la creación de Dairiens había sido fatal, le dolían las costillas y el alma de tanto toser. Sentía pena de su madre que la miraba con aquellos ojos tan interrogantes, siempre sintiéndose culpable y suponiendo que sus gatos le hubieran provocado aquella enfermedad.
Ahora, que su madre había muerto, como única herencia ella sentía culpa por aquellos tres días en los cuales en un bolso marrón, su madre, llevó a Pinina (La blanca y negra) primero; A Dorita (La jaspeada) después y el último día y sin derramar lágrimas delante de ella, a Robin, su favorito (blanco y gris).
La espalda de su madre se encorvó por la tristeza de haber llevado sus tres gatos mimosos al Jardín Botánico, aunque nunca los abandonó y muchas veces, Rosalía, la acompañaba a llevarles la comida y el sachet de leche.
¿Qué culpa podían tener los gatos? Sobretodo pensando que el diagnóstico estaba equivocado y lo que ella tenía era un asma bronquial que no la abandonaría nunca. Sin embargo su madre jamás los regresó a la casa y aún hoy, ella le lleva la comida a Pinina, que es la única que sobrevivió.
Robin fue muerto en la cámara de gas cuando las autoridades decidieron limpiar el Jardín de felinos y Dorita, un mes antes que Robin desapareció y siempre pensaron que alguien se la llevó porque era muy bonita y tenía un collarcito llamativo. A veces Rosalía sentía la tentación de llevar a Pinina nuevamente a la casa, pero había alquilado los dos cuartos y no se sentía con derechos de contradecir la voluntad de su madre.
¿ Por qué sabiendo que los gatos no eran los culpables no los regresó a la casa?
La espantosa idea de intuir algo malo en su madre hizo alterar su corazón y un silbido triste salió de Rosalía dando inicio a la ceremonia del asma.
Tomó su Sedacris y se tumbó en la cama con los ojos cerrados recordó minuciosamente la creación de Dairiens, el muñeco de cartapesta que le daría sentido a su vida hasta el día de hoy. Rosalía a menudo se preguntaba por el sentido de la vida...
Cuando tuvo fuerzas, tomó a Dariens y metió su mano por detrás de su espalda y le sonrío diciéndole:
"El hombrecito de cartón que mantiene la casa"
Dariens, de inmediato le contestó:
¡Eres tú, Manoli, quien me ha creado! Yo digo lo que tu dices... Yo hago lo que tu quieres... Yo te adoro, Manoli!
Entonces, dime, mi querido Dairiens: ¿Cuál es la diferencia entre una santa y una virgen?
Dairiens contestó: "Que la santa no es virgen"
Rosalía empezaba así su número en "Verdor”, el local nocturno donde trabajaba con Leona y Jazmín dos travestíes rosarinos que la apreciaban mucho. Tanto como "El Mono" , dueña del local y Zulemita, su pareja. Todos ellos estuvieron en el velorio de su madre contando chistes hasta que se la llevaron para enterrarla en La Chacarita.
Sonó el teléfono de su casa y cortaron.
Ella pensó que era esta mujer que conoció en Internet y esperó que volviera a llamar. Le quedaba poco tiempo porque estaba acostumbrada a llegar a Verdor una hora antes de la función para concentrarse como debe hacer todo artista.
Rebeca Iriarte: Había llorado durante horas y ahora el llanto era un ruido ronco y seco. El portero del edificio recibió quejas por esos quejidos espantosos y luego se inquietaron por el silencio mortal que exhalaba el quinto "C".
Fue el silencio quien empujó al "encargado" (así le gustaba ser llamado.) a tocar el timbre de Rebeca Iriarte, mientras esta pensaba que poco significaba que la hubieran dejado fuera de servicio porque la justicia y el deber eran valores que encarnados en ella y por lo tanto, a Rebeca Iriarte, no se la sacaba del medio firmando un papelucho que fue de cayendo con firmas desde lo alto hasta sus manos para que adjuntara su nombre. Para sacarla del medio tendrían que haberla matado y enterrado con honores por que aquellos valores unidos al orden, la disciplina, la voluntad y el coraje era lo que ella sudaba abundantemente en cada uno de los pliegues de sus carnes y cuando, el encargado, golpeó de nuevo la puerta y pronunció su nombre en voz alta: Ella ya se había pintado los labios y estaba dispuesta a salir.
En Verdor, ya había comenzado la función y Fernando Noy, recordaba sus tiempos de Reina del Carnaval en Bahía y presentaba el debut de “Las trillizas de oro”, tres hermanitos como Tula y como Yola, que después del servicio militar en el sur decidieron dedicarse al arte de transformarse. El público lo aplaudió y el humo y el olor a marihuana que caracterizaba VERDOR, no impidieron que, Rebeca, pidiera su Fernet Branca y preguntara por Rosalía Ortiz, que junto con la bebida al poco tiempo llegó a la mesa.
A Rebeca le sorprendió que fuera tan menudita y que tuviera aquellos ojos tan grandes y a Rosalía le sorprendió que Rebeca, fuera tan gorda y que tuviera esas dos líneas por ojos, para colmo apretados por los cachetes cuando intentaba sonreír.
El Mono, desde la barra estaba pendiente del encuentro, quería a Rosalía como a una hermana y al ratito le dijo a Zulemita que se pegara una vuelta por la mesa, donde las dos mujeres charlaban a pesar de sus aparentes diferencias como si se conocieran de toda la vida.
Rebeca invitó a Rosalía a su casa a pasar la noche, a todos les pareció extraño y hasta triste que se fueran juntas. Todo el elenco de Verdor cantaba "Non me quitte pas".
Rosalía, pasó a darle su comida a Pinina y se quedaron un rato allí junto a las rejas del botánico donde, Rebeca Iriarte, por primera vez le habló de matar.
En Verdor todos comentaban el extraño encuentro de Rosalía Ortiz con esa mujer.
La Noy no quería volver al Abasto; Recordaba las noches en El Hotel Terminé del Once con aquel gorrioncito y a la puta de la Silvia Dorell y los días en Citty Bell. El encanto de aquellas tías...Rosalía le recordaba al gorrioncito, aquella relación pasional y juvenil, ese desgarrarse por que sí, solo para saber del dolor y asomarse a algún abismo.
Jirar por Buenos Aires...
Caminar bajo la lluvia...
Cambiar medallas de oro por ravioles sin pensar en el futuro...
El Mono y Zulema, lo llevaron en la camioneta y él seguía pensando en Rosalía y en su amiga de otro tiempo, la misma de siempre...Y de pronto se acordó cuando se le paró el corazón de acelerada que venía la mano y recordó que decían, “Chau que grave”...
Tenía a veces miedo de morirse... Antes apretaba el acelerador, pero ahora, abrió la puerta del depto y no estaba Fito Paez, sino La Dorell, que había hecho una vida de lo más contradictoria y hasta juntado unos mangos para
comprarse una casa grande. Venía a despedirse por que se iba a Madrid y trajo una computadoriza donde le mostró un reportaje que le habían hecho hace un tiempo.
Fernando Noy es poeta, abanderado de la movida contracultural de los 80 y participe del nacimiento del rock en los primeros 70's. Publicó varios libros, uno de los más conocidos es "Dentellada".
Decía el copete de la nota y proseguía:
"Mira en que quedo convertido el Abasto. En una especie de nave espacial de un lugar sin patria, sin límites, o sea una zona ajena y antípoda a lo que fue antes, el lugar de todas las razas. Lo terrible fue la migración enorme que hubo por causa de estas transmutaciones. No quedó casi nadie. Más de 100 familias fueron evacuadas, no sé que habrán hecho con ellas. He visto calles llenas de muebles y colchones amontonados... pero bueno, ahora estamos en Abasto "súper star".
Yo siempre decía: ¿cómo es posible que el corazón de Bs. As. no sea descubierto? Porque El Abasto es el exacto, estricto lugar, en el que habita el corazón de una ciudad vista desde el cielo más cercano. Ahora pienso que el corazón estaba olvidado, y confundido con un lugar fatal y feroz que nunca fue: el lugar donde habitaba el demonio, ¡peligro!, rojo, ¡danger total!, el Bronx. Pero nosotros vivimos acá y nunca nos pasó nada. La cuestión será comprender que, en El Abasto, donde todo era pintoresco y arquitectónicamente peculiar, ahora también tenemos que convivir con este shopping y las dos torres de Coto, que también te pisan.
Los conventillos.... por ejemplo el gran conventillo del placer de la calle Agüero ya no esta más, donde los coches iban a buscar sus placeres prohibidos y los taxis se nutrían de todo lo que ahí se vendía. Su desaparición podría significar el límite con lo que fue antiguamente el verdadero Abasto".
- ¿Entras al shopping?
- Lo cruzo para ahorrar camino. A veces me pierdo como nadie más. Me desplazo tan rápidamente como una sombra, soy la anti-propaganda.
- ¿Conociste el viejo mercado?
- Cuando yo era niño venía acá porque uno de mis abuelos tenía una nutrida cantidad de puestos de carne. Este lugar fue "shopinizado", no fue "centroculturalizado" como se pensaba. Ahora es un lugar de neutralidad absoluta, porque por dentro es un shopping más, no es El Abasto.
- ¿Todavía vivís en el barrio?
- A mi no me toco lo de la mudanza porque el departamento donde estoy todavía se mantiene. Pero por ejemplo, ahora se han puesto mucho más caros los impuestos, las expensas, el barrio pasó a ser mas caro. Para mí va a ser imposible mantenerme en El Abasto.
- ¿Por qué te interesaste por el Abasto y no por otra zona?
- Yo volví al Abasto. Porque mi abuelo era un personaje mítico del barrio. Está mencionado por Cadícamo en el tango "El cantor de Bs. As". Una vez le pregunte a Cadícamo como era mi abuelo, porque yo no lo conocí. Y me dijo "tu abuelo además de ser un buen decidor y un buen trovador, era una fiera. Le decían el "tigre" Noy, porque cuando había trifulca en El Abasto no había que llamar a la policía, había que llamarlo a él". Era un malevo, todo lo contrario a mí que soy una geisha inmortal.
- ¿Qué fue lo primero que te apasionó de la ciudad?
- Yo nací en el Sur. Vine a hacer el colegio a Buenos Aires. Cuando llegué veía por las ventanillas del tren una ciudad que realmente me conmocionó. Supongo que era porque cambiaba del pueblo donde me había criado, a una ciudad que hasta hoy me seduce, me fascina y me embruja, por más difícil que a veces se ponga. Igualmente me encanta ser devorado por esta ciudad, porque de algún modo yo también la devoro.
- ¿Qué se perdió junto al viejo Abasto?
- Presencias que ya no están pero que estuvieron, y que hacían El Abasto de los '80. Por ejemplo, Batato Barea que se cruzaba con Luca Prodan e iban al Babilonia, y tantas cosas más... Ahora armaron paredes con bastidores, y esta la estatua de Carlitos, que algunos sospechan que esta de espalda al Abasto para que cuando los turistas saquen fotos se vea el shopping.
- ¡Es verdad!, ¡no mira a la calle!
- Dicen que lo pusieron así para que mire la casa de su madre que está a algunas cuadras. Pero bueno...
- ¿Cómo eran aquellos días de la década del 80?
- Había muy buena onda, irrepetible onda, muy hippie. Todo empezaba en "El Estaño", que era un bar al lado de Banchero, el bar donde íbamos a disfrutar todos a las 6 de la mañana. Veníamos de noches continuadas, sin dormir. Había otro bar que se llamaba "El Colombiano". Ahí te podías encontrar con tipos cómo Tanguito o Miguel Abuelo. También "La Giralda", donde me conecté con Alejandro Medina, el sagrado monstruo de ese momento, porque era ni más ni menos que Manal. Y a mí me parecía un personaje tan tierno, tan accesible, tan excesivamente dador. Tanto que un día le dije "que lindos suecos tenés Alejandro" y él me dijo" toma, llévatelos," y salió descalzo de aquel boliche.
- Nunca a la policía le gustó que la gente ande de noche por la calle, y menos con ropajes extravagantes. ¿Terminaron muchas veces presos?
- Era permanente. Por la quinta, ahí en Lavalle, yo no quiero ni pasar. He caído en cana millones de veces. Te arrancaban de los pelos. Además, éramos muy fáciles de aprehender, porque estábamos ahí, con cabellos largos hasta el piso y totalmente locos.
- ¿Te acordás de algún personaje de aquellos años?
- La divina negra Rene, que era más que exquisita, más que elegante y uno no se podía privar de verla, de tanta belleza, encandecía. Marta Minujin que se acercaba a nosotros. Pura ternura. Marta estaba en el circo del Di Tella, pero venia al circo del circo. Esto sería el mapa del alma de una época, personas que son ciudades que son laberintos, personas que son casas argentinas.
También Silvia Washington, la gran rocanrolera, una mina que tocaba en las esquinas. Estos creadores no buscaban escenarios, la vida era el escenario para ellos. Entonces tocaban en cualquier lugar. Hay otros nombres que no dicen nada, pero que eran una gran conjura contra la brutalidad del momento. Y hasta a la propia Pizarnik la lleve a pasear por Corrientes. Ella me dijo "quiero ir a ver el paraíso de los hippies".
- ¿Cómo la conociste?
- A Alejandra la conocí cuando leí un libro de ella en la casa de un amigo que estaba dedicado y tenía el teléfono. Decía "Desde un jardín maléfico, Alejandra". Entonces la llame. Y ella me dijo "bueno, vení a verme". En esa época yo usaba el cabello muy largo y ropa muy excéntrica. El edificio de Alejandra estaba en la calle Montevideo y como no tenía portero, ella tenía que bajar. De la puerta no salían más que señores mayores, luego una chiquita con un violín y al rato apareció un hippie con pinta de Brian Jones, de cabello blanco. Y yo, en un instante congelado como en el cine, la miré y vi que ella era ella, y ella vio que yo era aquel con el que había hablado por teléfono. Cuando subíamos en el ascensor al séptimo piso, que era su departamento, yo le dije: "Pareces Brian Jones" y ella, muerta de risa, me contestó: "Yo te confundí con una prostituta alemana".
- Tuviste suerte, muchos hubiésemos querido cruzarnos con ella...
- Aquel encuentro fue tres años antes de su muerte. No es la Pizarnik que se ve en la iconografía, era una rompe portones y tenía un espíritu fuera de serie. Siempre estuvo muy lucida y fatal, y final, y única e incomparable. Era un faro en medio de la estupidez y la oscuridad que podía aparecer en el mundo. Era una antorcha humana, en llamas, una mente que llevaba y traía, que captaba y transmitía cosas muy preciosas que cada vez nos encandilan mas, nos iluminan más. Dentro de toda esa apariencia de mujer salvaje, de niña punk, estaba un alma, un enorme radar capturando esas revelaciones que nos dan trechos inconfundibles y propios de ella, como palabras en el sentido más alto del lenguaje, es una poeta incomparable.
- Después de curtir una ciudad tan intensa, ¿No te dan ganas de irte de ésta Buenos Aires?
- Buenos Aires es ahora el escenario que necesito para sentirme libre a pesar de todo. Porque conozco mucho el laberinto de las calles, conozco muchos secretos de esta ciudad. Ahora no sé si es tan difícil, pero en aquel tiempo había que hacer lo obvio casi, no sé, montar un boliche, mostrar el culo. Y eso se tendría que haber hecho en el país hacia 30 o 40 años y fue absurdamente prohibido. Pero poco a poco el placer se fue volviendo multitud. Quiere decir que de algún modo hemos vencido los sacerdotes de la pasión.
http://www.lapupila.com.ar/quiromancia/noy/quiromancia_noy2.html
...Y ambos se rieron porque él siempre cambia las historias, los encuentros y cada vez le salen más bonitos. Tomaron hasta que amaneció, recordaron a Alma Bambú que se murió porque patinó en la bañadera porque sino era inmortal y toda una mitología surgió de las funciones de "La Cenicienta" de Luz Tambacio en el viejo Teatro de Arte donde se habían conocido casi todos y la Noy dejó de pensar en Rosalía Ortiz y de alguna manera la liberó.
La Dorell lloraba por si no se volvían a ver "Nunca más" y decidieron salir a caminar por las calles de EL Abasto, tarareando la canción de Luca , cuyo fantasma podía verse en la esquina Carlos Gardel.
Rosalía que no se explicaba muy bien que hacía allí pero sabía que era inexorable y que el destino se debía cumplir.
Rebeca espío desde el living como Rosalía, abría la valija y miraba a Dairiens que dormiría a su lado. Se tapó con una manta en el sillón del living. La casa tenía un silencio perfumado y se le cayó una lágrima. Tenía una amiga y al día siguiente habían prometido contarse todo.
Y Rosalía finalmente despertó porque el olor de las tostadas puedo más que el sueño. Despertó pero no abrió los ojos. Se quedó imaginando el desayuno que Rebeca Iriarte estaba preparando, atrapada por el calor de las cobijas y por las rayitas de luz que dibujaba la persiana. Era un día de sol y se sintió extraña; Metida en el inmenso remerón de esa mujer que
la había llevado a su casa. Pensó en Pinina reinando entre los gatos del Botánico y en su madre bajo la tierra y también en el cielo, mirándola. Pero no podía saber que pensaría ella de lo que ocurría. Se levantó
y tomó a Dairiens, le puso la mano en la espalda y lo incorporó.
Rebeca, preparaba tostadas francesas y se sobresaltó cuando oyó, "El buenos días" de Dairiens y al tiempo vio aparecer en el vano de la puerta de la cocina a Rosalía. Tenía una carita de niña y parecía feliz . Rebeca siempre la recordaría así: Con sus lagañitas de aquella mañana, el pelito revuelto y los dos hoyuelos cuando sonreía. Metida en su remera más pequeña y con su "famoso" Dairiens, diciendo las cosas que a ella le hubieran costado un poco más, porque era tímida.
Desayunaron como reinas mientras en el Abasto, la Dorrel se preguntaba ¿por qué? Qué carajo pasaba que no podían dejar de recordar. La Noy había hablado con el fantasma de Walter...Cada tanto imitaba algunas de sus actuaciones que pasadas por su estilo resultaban aún
más "transgresoras" como les gusta decir a las que entregan el culo luego de muchas vueltas.
"Hombres todos que entran en el baño del Botánico. Vienen y van sin ton ni son. Como zombis llevan sus cuerpos tras el deseo que nunca podrán satisfacer por más garompas que les pasen por la cara y el culo. Una constante: la mayoría son esos medio regordetes como porteros con várices. A veces alguno muy flaquito y con flequillo lacio. La vida también es eso y también los árboles vivos y la tierra, el cielo y los gatos, todos vivos por ahora. Señores mayores que salen tocándose las braguetas, qué asco, con sus anteojos de ver de cerca puestos. Hombres herrumbrados, hechos pedazos, con las almas descuartizadas en varios pedazos. No se consuelan con el llano del vacío ni dejan nacer nada, van tras de la muerte con ahínco.
El viento, que es el soplido interno de la vida, mueve las sombras de los enormes añosos árboles.
Junto a mi pie danza una hormiga y canta. Monstruos con peluquines separados de las molleras.
No sé si serán abedules o ciervos. No sé si tendrán raíz o alas.
No sé si tejerán las marañas de las hojas o perderán el aliento haciendo pozos. Insectos, luces, bocinazos, estatuas, niños, piedras, bolsillos vacíos, recuerdos, transpiración de malos olores, la vida entera respira y la inteligencia gigante mueve los hilos”.
El recuerdo de Walter, las imágenes míticas del circo y los tangos se mezclaban y la Noy seguía atrapada allí sobreviviente y fulgurante.
Quizás ser argentino hoy sea recordar, recordar para siempre como si el reloj biológico se hubiera vuelto loco y estuviéramos todos refugiándonos en el pasado. Darle la mano a Borres, hacer el amor bajo los puentes, buscar el sexo en el cine Loare mientras pasaban “Morir en Madrid” o “Los cuatrocientos golpes” y rebelarse hasta las últimas por que esos milicos de mierda y el destino generacional y esa oscuridad final. Las garras de un país asesino, de viejos de la bolsa que se llevaban a los niños.
Lo que aparece y desaparece.
El miedo, el miedo que a ella la hacia cantar sobre su sombra y no haber un Dios ante el cual morir sin muecas. La Pizarnik! ¿Me podés decir por qué carajo cambiás el encuentro mil veces...? Por qué el día de lluvia en el café La Paz , ya no existe ¡ ¡Cambiaste todo y ahora ella bajó en ascensor! ¿Por que decís que tenías guita a patadas? Si nunca tuviste un mango, si siempre fuimos pobres...
“Pobre de vos que no tenés orgullo” dijo la Noy como una reina mientras la Dorell lloraba sin poder parar.
“A mi nadie me ve llorar ...Yo me río de todo y de todos: Hasta de vos que llorás por que te vas. Te vas por que estás quebrada”.
¿Y vos? No te fuiste cuando...
“Para que no me mataran...”
Y ahora quién está vivo en esta Puta ciudad? ¿Quién...?
La Dorell se acordó cuando fue con los compañeros a las fosas comunes y metíamos las manos en la tierra y si encontrábamos un hueso lo poníamos en una bolsa negra y que la cabeza le estalló cuando pasaron el juicio a los hijos de puta por la tele y que tenía sed de justicia y lo único que hacia era pedir agua y nunca se le pasaba la sed hasta que terminó ante el siquiátra que le dijo que ella tenía una muela picada y que los militares eran la miel que había entrado en la muela podrida y que por eso dolía.
¡La concha de tu madre!
Y no podía salir de un ambiente a otro sin ver a los milicos y sentir terror...Pero ya no había milicos era una alucinación sicótica.
¡La puta que los parió!
La Noy parecía una Buda eterna que mientras la Dorell se desgarraba , ella empezó a cantar:
“Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños
prometieron a sus ansias...
Sabe que la lucha es cruel
y es mucha pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina...
Uno va arratrándose entre espinas,
y en su afán de dar su amor
sufre y se destroza hasta entender
que uno se ha quedao sin corazón...
Precio de castigo que uno entrega
por un beso que no llega
o un amor que lo engañó...
¡Vacío ya de amar y de llorar
tanta traición!...Si yo tuviera el corazón,
el corazón que di...
Si yo pudiera como ayer
querer sin presentir...
Es posible que a tus ojos
que me gritan su cariño
los cerrara con mis besos...
Sin pensar que eran como ésos
otros ojos, los perversos,
los que hundieron mi vivir...
Si yo tuviera el corazón...
el mismo que perdí...
Si olvidara a la que ayer
lo destrozó y pudiera amarte...
me abrazaría a tu ilusión
para llorar tu amor...
Pero Dios te trajo a mi destino
sin pensar que ya es muy tarde
y no sabré como quererte...
Déjame que llore
como aquel que sufre en vida
la tortura de llorar su propia muerte...
Pura como sos habrías salvado
mi esperanza con tu amor...
Uno está tan solo en su dolor...
Uno está tan ciego en su penar...
Pero un frío cruel
que es peor que el odio,
punto muerto de las almas,
tumba horrenda de mi amor,
maldijo para siempre y me robó
toda ilusión...”
La Dorell, le vio la cara redonda de luna transpirada y el rimel corrido mezclado con las lágrimas y se acordó de aquellos días...Y se volvieron a abrazar, después él la echó y ella cerró la puerta para no volver.
Rosalía y Rebeca se limpiaron la boca al unísono con las servilletitas de papel y dieron por concluido el desayuno cuando, Rebeca se levantó, y con un gesto la invitó a Rosalía a ocupar un lugar a su lado en el sillón. La miró profundamente y le pidió que le contara detalladamente lo que le hizo ese tipo y Rosalía sintió terror de recordar todo aquello y dijo "NO" al tiempo que empezó a contar aquello que no quería cuando vio el brillo del pito dorado que colgaba del cuello de Rebeca Iriarte y ésta le contó de sus años de servidora pública, de su retiro y el descubrimiento de su vocación de justicia. Rosalía había empezado a transpirar, se sentía ingenua al no haberse dado cuenta que esta mujer era una cana y de repente vio los cuadros donde Rebeca Iriarte, lucía el uniforme orgullosa y también Rebeca Iriarte notó la incomodidad de Rosalía y se puso muy nerviosa y le preguntó si era por "los trabucos" y "las tortas" con las que trataba. Pero Rosalía dijo que no, que no era por eso...Que la gente de Verdor era buena gente, que vivía de su trabajo y nunca hacía mal a nadie.
¿Entonces? Le preguntó Rebeca con los ojos inyectados y sudor en la frente.
-Lo que pasa es que me vino el período y me siento descompuesta-.
Rebeca salió rápida y volvió con un paquete de algodón y Rosalía se puso a llorar y no quiso dar más explicaciones .Quería irse a su casa cuanto antes.
Pero Rebeca lo impidió: Le explicó que no estaban allí para pelotudear y que no le importaban los putos y las tortilleras. Hablaba muy alto y retumbaba en toda la casa.
Rebeca Iriarte vociferó que estaban allí las dos reunidas para algo fundante! Para una causa justa y más que eso: “ Para que la justicia se cumpla”.
Rosalía insistió en salir de allí... Pero Rebeca no lo soportó y le dio un golpe con la muñeca un poco más abajo de la sien. Rosalía perdió el conocimiento en el acto y ella la miró desvanecida, tenía un hilito de sangre que asomaba por la nariz. Entonces la llevó hasta la cama, cerró el cuarto con llave y se fue a caminar, luego de pensar un momentito.
Joaquín Roca, inquilino del cuarto del fondo del departamento de Rosalía, comentaba con Doña Asunta, la vidente que alquilaba el cuarto que fuera de la madre de Rosalía: “Ella no es de pasar la noche afuera
y aunque fuera una artista tenía el alma de una novicia”. Por eso decidieron denunciar su desaparición aquella misma mañana a la Policía.
Mientras Asunta Martínez, viuda de Rivas, y Joaquín Roca denunciaban la desaparición de Rosalía Ortiz . El inspector Vilaqua, por debajo de la mesa se rascaba un huevo, hasta que preguntó sobre la ocupación o desempeño de la presunta y Joaquín dijo "ventrílocua".
El inspector recordó a “Chasman y Chirolita”, aquel muñeco que hizo la delicia de tantas horas y que ahora se había perdido. Les preguntó que había sido de “Chasman y Chirolita” y ni Asunta ni Joaquín, preocupados como estaban por Rosalía Ortiz, le supieron responder. La cuestión es que se fueron seguros que al menos le interesaban los ventrílocuos y dejaron el número de la extensión que compartían con el vecino del tercer piso, un viejo bueno y solitario.
El inspector Vilaqua, usó la computadora y buscó “Chasmán y Chirolita”. Lo primero que encontró fue la noticia de la muerte de l ventrílocuo.
LA VIUDA DE CHASMAN QUIERE SUBASTAR A CHIROLITA
Buenos Aires, 29 de agosto (ANC-Utpba). - Cuando pasó poco más de un año de la muerte del famoso ventrílocuo Mister Chasman, su viuda, Noemí Farías, anunció su intención de subastar al muñeco Chirolita, que durante más de 40 años formó parte de uno de los más populares dúos del espectáculo conocido como de "variedades".
"La mujer está pensando en subastar al compañero de toda la vida de su esposo, por ahora depositado dentro de su infaltable valija en una bóveda de seguridad de un banco", escribió el periodista Alberto López Girondo, en un completo trabajo publicado en el portal de Internet El Sitio.
"Me ofrecieron varias personas quedarse con Chirola, pero nadie me garantiza que vayan a respetar su historia", le dijo a López Girondo "Mimí" Farías, viuda de Ricardo Gamero, como se llama en la vida real Míster Chasman.
"A mí me entusiasmó la idea de hacer una fundación, o armar un museo, pero me resulta impracticable. Y a medida que pasa el tiempo la parte emotiva vuelve a surgir. Y yo quiero cerrar un ciclo", añade, antes de revelar, con espanto: "Me llegaron a sugerir que lo enterrara junto a Chasman, una barbaridad".
Chirolita "es como la guitarra de un músico o el bandoneón de Pichuco. La persona se fue pero queda un elemento que era propio", continúa Farías. "Por eso pretendo cerrar ese capítulo. Lo que no sé es cuál es la mejor manera, porque mis hijos pretenden un gran homenaje a su padre, algo que aún nadie ha hecho como merecía un artista de su envergadura".
Mister Chasman murió el 20 de mayo de 1999 en el hospital Argerich, víctima de una severa cardiopatía. Cinco años antes, el equipo de René Favaloro le había hecho cuatro by-pass. Fumaba mucho. Era uno de sus toques característicos cuando actuaba junto a su muñeco. Fumaba mientras el "atorrante" de Chirola desplegaba su rutina humorística, rememora López Girondo.
Desde entonces, el muñeco duerme dentro del maletín que lo hiciera famoso. En poco tiempo, si prospera el proyecto de Noemí Farías y los hijos del ventrílocuo, habrá un sitio de Internet en el que se contará la vida del dúo de artistas.
Mister Chasman era hijo de un linotipista y su mandato familiar era continuar con la tradición, ligada a heroísmos anarquistas y a olor a papel de diario. Trabajó en una imprenta, pero del papel sólo sacó la mezcla (con harina y agua) necesaria para hacer a Chirolita, ese personaje con cara de monito y aires de porteño sobrador con el que recorrió todos los países de habla hispana.
La relación entre ambas mitades del dúo tuvo momentos difíciles, como cuando por los años setenta Chirolita fue secuestrado y debieron pagar un rescate, en el Monumento a los Españoles, con una cifra que Farías dice no recordar. Otro secuestro, que más bien fue un robo, tuvo final feliz.
"La segunda vez que se lo llevaron, habían violado la cerradura del coche y se llevaron la valija. Horas después recibimos un llamado telefónico. Nos equivocamos, Chasman, dígannos por dónde se lo dejamos, dijeron. Pensaban que iban a encontrar dinero, pero admiraban a Chirolita y cuando vieron que era él lo devolvieron".(ANC-Utpba)
Hasta víctima de los amigos de lo ajeno fue el pobre Chirolita ...Y ahora huérfano...Quizás a esta mujer la secuestraron o quizás secuestraron al muñeco que es su arma de trabajo...Y el caso de la ventrílocua se convirtió en algo interesante para el inspector que estaba harto del mundo de los pungas, los fiolos y los que lloran por que les robaron el pasacasetes o por que le abollaron el capó. Lo primero que se le ocurrió fue llamar al amigo que tenía en policiales de Crónica para que su investigación tuviera cierta repercusión y luego habló con el comisario para que le entregara el caso.
Cuando Rosalía volvió en sí, una humeante tasa de té la esperaba y la mirada triste de Rebeca Iriarte que parecía más vieja y más cansada, le dio pena y miedo.
Rebeca le dijo que ella también había sido violada, que se pasó la adolescencia corriendo el ropero para trabar la puerta del cuarto, pero que el tío Roberto, cuando podía se metía por la ventana y si no había nadie tiraba la puerta abajo y que ella siempre le abría. Por que le daba miedo y a veces hasta por que le gustaba. El tío Roberto, gozaba metiéndole la reglamentaria entre las piernas y le gustaba más cuando le sacaba el cerrojo y parecía que se la iba a disparar adentro.
“Mi vieja sabía lo que pasaba”, pero no tenía carácter y más desde que supo que mi viejo se acostaba con una puta y que ésta le daba buena guita. “Siempre tuvimos miedo que nos abandonara”.
Cuando entré en la policía y me empecé a poner gorda, el hijo de puta me dejó en paz, pero siempre me mira de esa forma y yo siempre pensé que por más que fuera de la familia no tenía derecho y que ese crimen...
¡Por que es un crimen!
Había quedado impune, como el tuyo, como el de tantas otras a las que nos joden y nadie dice ni hace nada. Entonces se me ocurrió que podíamos crear una organización y darles su merecido.
¿ Qué relación hay entre vos y mi tío Roberto?
¿ Por que vos podrías matarlo?
¿Por que yo podría matar al hijo de puta ese que me decís que vive lo más campante en Ramallo?
¡Justicia! “Buscar a las víctimas y que digan el nombre de los hijos de puta para mandarlos al otro mundo después de pedir perdón”.
Rosalía, no podía pensar, tenía un vacío en la cabeza y pidió tiempo, tiempo para pensar. Rebeca negó con la cabeza. Lamentablemente las cosas serán como tienen que ser: Justas, yo no voy a estar al pedo en esta vida y vos tampoco, pichona, vos tampoco!
Rosalía no pudo contener el llanto y el abrazo de Rebeca Iriarte, la contuvo.
Rebeca Iriarte, dejó bajo llave a Rosalía Ortiz y fue a darle de comer a la gatita y trajo flores a la casa y compró un peceto ya relleno de ciruelas para poner al horno. Tenía la sensación fantástica de tener un hogar.
Rosalía en la casa sintió que el teléfono sonaba y tal como le dijera Rebeca no lo atendió y tampoco se atrevió a avisar ni al Mono, ni a Doña Asunta...Sintió que estaba viviendo una aventura y aunque sentía miedo
también confiaba en aquella mujer tan gorda.
Rebeca Iriarte vio, regresando a la casa la foto de Rosalía Ortiz con Dairiens en su falda , en la primera página del diario y en letras de molde negrísimas.
VENTRILOCUA DESAPARECIDA MISTERIOSAMENTE .
El corazón le pegó un brinco y sintió como un deslumbramiento.
¿Pero qué hacer? Era el momento indicado para que Rosalía Ortiz, reventara al hijo de puta del tío Roberto. Era el gran momento! Pero sería capaz Rosalía de hacer lo que ella le pidiera? Rebeca pensó que si viajaba a Ramallo y mataba al otro hijo de puta; Rebeca se sentiría en deuda y regresó a la casa dispuesta a preparar un bolsito de mano y dando vueltas en su cabeza interrogante el arma que utilizaría para matarlo. Se sentía contenta y así la recibió Rosalía.
Esa noche en Verdor, no entraba ni una mosca y La Noy se negó a presentar el show mientras repetía " Yo soy la antipropaganda" . "El mono", había hecho contacto con una loca de la policía: “El correcaminos” y le dio lo suficiente para que se pusiera a investigar. De manera que se hicieron dos identikit de Rebeca Iriarte uno oficial y totalmente falso para el comisario Vilaqua y otro que tenía algo de Toulousse Lautreac, que era exacto y quedó en manos de "El correcaminos".
Rebeca, le dio las flores a Rosalía y la besó en la mejilla, le dijo que esa noche salía para Ramallo y que le iba a traer los huevos de ese hijo de puta en una bolsita para que los viera.
Rosalía, le dijo que No. Que “Por favor, dejara las cosas como estaban, que ella ya ni pensaba en eso” y que en cierta forma , si bien a veces se sentía sola, era feliz a su manera. Le ofreció su amistad y notó que Rebeca estaba decidida cuando rápido armó un bolso y metió en el una cuchilla de cocina. Le acarició la mejilla y le dio un beso cerca de la boca antes de salir para matar al hombre que la había violado cuando tenía 12 años.
En el tren Rebeca respiró aliviada por que en el diario de la noche salía un identiquit de la persona relacionada con el secuestro de la ventrílocua y en nada se parecía a ella. De manera que se puso los diarios en el pecho para no tomar frío y se durmió hasta la estación de Ramallo. Rosalía no sabía que hacer y tomó a Dairiens y de inmediato este le preguntó. Qué hacés acá, boludita? Con una lágrima cayendo por su mejilla, Rosalía musitó: ...No sé...
Dairiens le dijo: ¿Vamos, no pensarás cagarme la vida, no? Rosalía negó con la cabeza y lloró a gusto al tiempo que declaraba: Siento tanta pena de todos nosotros.
Dairiens: Nosotros somos vos y yo: Que no te engrupa esa gorda!
Rosalía: No me refiero a ella si no a todos y empezó a decir los nombres de cada uno de los seres que conocía hasta que Dairiens se durmió y ella pudo pensar a solas.
Una angustia terrible le apretaba el cuello y sintió que convulsionaba y se tiró en el piso, jamás le había pasado esto pero entró en otra zona, una zona de humo de presencias invisibles y caricias maternales. Mientras el cuerpo se agitaba y golpeaba una y otra vez contra el piso.
Rebeca, llegó a Ramallo y fue a la estación de servicio...Estaba cerrada y golpeó en una oficinita donde dormía un hombre ya viejo.
Qué quiere?
Severino Tamayo, reclamó Rebeca.
¿No vio el cartel de cerrado por defunción?
Quién murió preguntó, Rebeca, al borde del espanto y el viejo respondió: “Tamayo, lo están velando en la Rotonda aunque él hubiera querido que lo velaran acá, en la estación de servicio, que fue su vida”.
Rebeca se fue como el rayo y pronto estuvo ante el cadáver y nadie la pudo detener mientras gritaba, hijo de puta! Hijo de puta! Al tiempo que sacó la cuchilla y se la clavó en el pecho al muerto.
El tío Roberto vio llegar a Rebeca Iriarte a sicopatología del Churruca enchalecada y echando una baba espumosa rosada que salía como copos por la nariz y la boca. Rebeca ni lo vio parecía petrificada cuando la puerta se cerró y solo oyó un grito que no podía asegurar que fuera de ella.
“El correcaminos” se presentó en Verdor y El mono le dio unos pesos para que le contara que la mujer que se fue, llevándose a Rosalía, estaba del marote y que había intentando matar a un muerto de una cuchillada y que era cana retirada y que estaba en El Churruca. Al Mono no le pareció tranquilizador el informe porque no sabían dónde estaba Rosalía. Pero “El correcaminos” dijo que mañana tendría ya la dirección del femenino llamado Rebeca Iriarte y el otro femenino ubicado.
“Cómo explicar que partió de mi un barco llevándome” estos versos de Pizarnik, dichos por la Noy, dieron inicio al Show. Mientras allí se quebró una copa que no era de cristal.
El tío Roberto esperaba el informe del siquíatra en el pasillo del Churruca, pero la enfermera dijo que esa noche no iba poder ver a su sobrina y que mejor le trajera las cosas necesarias. Doña Asunta viuda de Rivas estaba frente a la computadora de Rosalía, quizás allí hubiera algún indicio y con Joaquín se pasaron leyendo archivos, los libretos que Rosalía escribía para Dairiens, los mensajes que recibía de un tal Quirón Alvar que era una mezcla de poeta anarquista y volado que al gusto de Doña Asunta parecía subversivo. De manera que hicieron clic para saber más sobre
http://www.civila.com/Cultura/islote/99.htm
Los dos parecían animados cuando tocó el timbre el inspector Vilaqua y amargado les confesó que los de ese antro le habían dado carne podrida y que las posibilidades de llevar adelante una investigación exitosa se parecían más a un sueño juvenil que a otra cosa. Pero a Joaquín le llamó la atención un mail de Rebeca Iriarte y al solo nombrarla Joaquín , el inspector hizo saltar por el aire el café que le servía Doña Asunta: “Rebeca Iriarte, La asesina del muerto de Ramallo “ dijo con todas las letras y la vida se iluminó para él.
El tío Roberto abrió la puerta del departamento de Rebeca y un olor a otra lo alarmó, sacó la reglamentaria y avanzó hasta el cuarto silenciosamente y era más intenso ese olor a otro mundo. Se asomó y vio a esa mujercita menuda dormir y junto a ella en una valija un muñeco de cartón que de tan real parecía un hijo muerto. Se quedó allí y sintió que el pito se le paraba y se paso la mano por el bulto duro como hacia mucho tiempo. Dejó la reglamentaria en la mesita de luz y se acostó pegado al cuerpo de la mujercita menuda que se hacia la dormida mientras él en un va y viene frotaba su pene que se había vuelto un arma mortal. No quería coger. Le parecía inédito aquello que sentía, estaba maravillado y quiso gozarse allí mismo y Rosalía comenzó a rezar silenciosamente el avemaría mientras el tío Roberto se masturbaba al tiempo que podía ver claramente la imagen de su madre muy joven amamantando a su hermanito, el padre de Rebeca. La bella imagen y el placer de la cercanía de esa mujer menuda que se fingía dormida lo excitaron tanto que tuvo que gritar cuando todo salió de él y se quedó allí vaciado con su mano que intentaba detener el semen que chorreaba y que llevó hasta los cabellos de Rosalía, embardunándolos ,y sin atreverse a más se levantó y fue al baño a lavarse.
Rosalía, saltó de la cama y fue a la cocina a poner la pava en el fuego y a preparar unos mates para ofrecerle al tío Roberto que pronto apareció buscándola y que sonrió malicioso cuando ella le preguntó: ¿Usted es el Tío Roberto? Ella sabía y ocultaba bien el miedo y tuvo ganas de cogerla como un macho cabrío pero se acordó de Rebeca cuando Rosalía le preguntó por ella.
Entonces el tío Roberto le contó que se había vuelto loca en Ramallo donde Dios sabe porque fue a clavarle una cuchillada a un muerto y Rosalía no pudo evitar reírse. Reírse sin parar.
La Noy sintió aquella noche un vacío extraño, una falta de ángel de la guarda y de placeres dulces. Se había entregado a la pasión para que no doliera la falta del amor eterno y el cuerpo fuera la historia
de noches en llama. Pensó en Carei su hijita brasilera y no sabía si era real o si era su más sublime invento imaginario. La desaparición de Rosalía lo había llenado de presagios como el anuncio de la partida de la Dorell...Como si los ángeles hubieran tomado por mandato supremo la decisión de ausentarse de Buenos Aires...La Noy coleccionista y buscador de ángeles en lo oscuro, solo reconocidos por la suavidad de la piel en las tinieblas y la inocencia intacta en los amaneceres pensaba en Walter novia del presidiario, pensaba en todos aquellos que vaganban por Corrientes sin pensar en el futuro y se le aparecieron tantos muertos, tantos jóvenes muertos como estrellas en el cielo se hubiera puesto a contar.
La Noy volvió a pensar en Carei y hubiera querido como el padre de la Patria escribirle una máximas a su hija...Que horrible y cierto le sonaba aquello de "serás lo que debas ser o sino no serás nada" Pero cómo arreglar este fillicidio? ¿Serás nada hasta que quieras ser? "Serás cuando quieras y hasta cuando no quieras" Serás aquello que quieras Ser...Pensó con tristeza en los que forman parte de los ejércitos...Pero San Martín exiliado y viejo en Boulogne Sur mer no era de bronce, asmático como el Che, cocainómano como tantos para aliviarse un poco cruzó los Andes alucinado y nunca imaginó a Videla ni a Pinochet ni imaginó la cantidad de plazas que lo tendrían en bronce y a caballo. La Noy pensó que era la única forma que los hombres tenían para huir de la banalidad de las obligaciones y rutinas familiares...Se rió de sí mismo pensando en San Martín y en el degradando en su imaginación a quién cometió la osadía de imaginar a América del Sur libre, libre de buitres y cuervos. Entonces el recuerdo del prócer se volvió dulce como el olor de cierta hierba y comenzó a pensar las máximas para Carei...
"No roces manos de yeso por que cuando se quiebran traen años de desgracia"
" No obligues a los gatos"
"Ríndete solo ante lo suave y alegre"
"No te entregas más que para rescatar el corazón robado"
"Entrégate siempre"
Aquella lista era absurda como la vida sin deseo y estrujó el papel imaginario en que estaban inscriptas y pidió perdón y quiso que esto no figurara en el registro akásico dónde toda vibración del alma y el pensamiento quedan selladas y más aún las palabras poderosas. Esa noche decidió que moriría en Buenos Aires que sería el gran ángel confundido con un albatro! La loca-ángel de las plumas en esta ciudad mutándose, transvertida en Gardeles y Pichucos...En Maradonas y Piazzollas...En madrugadas Pizarnik, en abismos Borgianos En desayunos Barea...En puchero Orozco...Todos devorados por esta madre guacha...Por esta patria desdentada y frágil como una sirvientita que una noche da el mal paso y se vende por cinco pesos al primero que le provoca miedo.
La noche tenía los dientes de la Rinaldi, la tristeza futuro y la rabia de Monzón y La Noy por eso decidió dormir en la Plaza Córdoba. Odiaba la idea de morirse y que tiraran la puerta abajo como hacían los putos milicos, esas locas malas, esas guarangas inhumanas! Por las dudas que le inspiraba la vida esa noche decidió dormir a la intemperie.
El inspector Vilaqua despertó al portero del edificio donde vivía la ex servidora de La Ley. Fue con un patrullero y dos subalternos y exigió que le abrieran la puerta de la unidad 12 del cuerpo interno del edificio y el encargado sin preguntar obedeció. El inspector Vilaqua entró sabiendo que no había nadie y revisó con la mirada y encontró a Dairiens como Moisés fue encontrado en la cesta navegando en ese mundo mohoso, lo incorporó por la espalda y le preguntó "dónde está tu madre", Giró y vio al encargado que lo observaba y le sonrió para después preguntarle sobre todo lo que sabía. Rebeca Iriarte estaba pasando su noche en el infierno. Esa sala oscura sin límites, sin salida al exterior: Sin salida ni poder: Sin poder abrirse a no ser desde el poderoso afuera.
Sus compañeras de naufragio en su mayoría adictas en su primera noche de abstinencia que deliran y golpeaban los cuerpos unos contra otros como lobos que presintieran el fin y solo supieran del hambre sin consuelo. Alguien le mordió la boca y enchalecada se incorporó e imaginó la sangre que sentía manar y se desmayó un buen rato hasta que alguien abrió la puerta y le aflojó el chaleco y le inyectó halopidol y la empujó hacia fuera donde recién abrió los ojos y vio a la virgen del Rosario y se abrazó a ella que la recibió como lo hubiera hecho sus misma madre mientras el tío Roberto no pudo evitar esa puta lágrima.
Aquel día la madre de Rebeca Iriarte ubicó en el cielo a la madre de Rosalía Ortiz y le pidió que intercediera por Rebeca y a la muerta le dio tanta pena la pobre bregando por su hija que Rosalía pudo oír la voz de su madre mientras abrazaba a Rebeca, la voz de su madre que le repetía: "No la abandones".
El tío Roberto, se había hecho responsable de la enferma cuando el secretario del juzgado pasó a buscar la firma de invalidez de Rebeca Iriarte. Él era su responsable ahora y no quiso que ella siguiera en el hospital policial con esa desnudez suprema ante sus superiores y sus compañeros en esa carrera de mierda que había signado a toda la familia. El tío Roberto , que había acosado y violado a Rebeca hasta que se puso obesa, sentía vergüenza de ella y ni siquiera buscó una clínica pasable por la obra social. La llevó al Moyano, el gran depósito de locas que parece ponerle fin a la ciudad. Allí dijeron que la enfermedad tenía vieja data y que ahora se había mostrado en sus síntomas más floridos y que lo único que alentaba al jefe de Servicio era que el delirio tenía sus variantes. En esos quince días Rebeca vio a la Virgen del Carmen, a la del Perpetuo Socorro, a la del Valle, A la Virgen Niña, A la Virgen de Lourdes, a la Desatanudos, al La inmaculada Concepción, a la virgencita de Luján, a Nuestra Señora de Guadalupe,A La virgen de la Cruz y a la que tuvo en su regazo el cuerpo mortal de Dios antes de la resurrección.
El tío Roberto no entendió porque tanta locura era un buen signo y le dio unos pesos a la amiguita de Rebeca que no la había abandonado en todos aquellos días desgraciados y le dijo que nunca le iban a faltar esos pesitos que les iba a dejar en el departamento de Rebeca y que si ella pasaba y abría las ventanas para que no se junte la humedad hacía una gran cosa. Por que esa iba a ser siempre la casa de Rebeca. Ella tomó el dinero y no volvió a ver al tío Roberto que si dejaba todas las semanas unos pesos en la cómoda entre la ropa íntima de Rebeca.
Rosalía Ortiz luego de declarar ante el inspector Vilaqua, vio como todo aquello que en principio parecía excepcional en su vida se fue convirtiendo en rutina. Se levantaba a las ocho y arreglaba la casa de manera que no tuviera ninguna queja de los inquilinos, luego iba a dar de comer a la gatita de su madre y regresaba a preparar alguna comida decente para Rebeca y tomaba el colectivo que pasaba por el Borda como un rayo y que la dejaba casi en el aire cuando se abre la calle que lleva hasta El Moyano...hacía quince días que iba y las loquitas la recibían con cariño, la acompañaban hasta donde estaba Rebeca, inmóvil, con los ojos vidriosos y deslumbrados de ver tanta belleza incomunicable.
Rebeca, casi siempre la esperaba en el parque y al ratito las locas la dejaban sola con Rosalía, mejor dicho cuando Rosalía les daba algo, unas frutas, cigarrillos, alguna golosina, sino permanecían allí con la mirada fiel de los perros.
Rebeca no decía nada, solo cuando la presencia de la Virgen le provocaba un temblor monótono en todo el cuerpo, entonces Rosalía sabía: Era la hora de recorrer los pasillos hasta la ventanilla donde dan la medicación.
"Nos dan esto porque no saben nada" dijo una mujer mientras abría las manos y mostraba unas pastillas
que se metía con rabia en la boca. Rebeca parecía siempre ausente, una gran muñeca de cartapesta, una Botero como la de los cuadritos que Rosalía tenía en el pasillo de su casa.
Rosalía se iba con tiempo para buscar a Dairiens, cuando caía la tarde y la tristeza era insoportable en aquel lugar del mundo donde chilla el límite del dolor humano, donde se lo reprime eléctricamente, químicamente, donde se olvida la última expresión, la más precisa, aquella que le quita su máscara a toda apariencia y queda en carne viva. Objeto de observación y olvido. Objeto de curación incurable. Objeto de estudio desconocido. Humano sin palabra válida. Humano con imagen a solas contra el mundo.
Rosalía le llevó una Biblia a Rebeca para que tuviera lo mismo que sus compañeras. El consuelo de la palabra de Dios. Pero Rebeca no leía solo esperaba sus visiones.
La Noy le preguntó a Rosalía qué carajo estaba haciendo con su vida y ella le acarició la mejilla y luego le dio un besito como si se tratara de una tía vieja y La Noy se sintió para la mierda y nunca más le preguntó. Como nadie preguntó en Verdor, por el contrario estaba contenta "El Mono" por que el misteriosos suceso de la crónica policial había llevado muchos curiosos al local. Los inquilinos se fueron tomando atribuciones y a Rebela poco le importó que avanzaran sobre la sala y usaran la computadora y más teniendo en cuenta que los viejos se hicieron cargo del pago de la factura telefónica. Resalía se acostaba tarde, solo estaba tranquila estando cerca de Rebela, al fin y al cabo ella había matado por ella. Imaginó su furia al no poder cumplir su deseo de vengarla y sintió su lealtad al atravesar con la cuchilla destinada al muerto. Rebeca la había liberado, ya no tenía esa angustia permanente y el chillido del asma ya no aparecía.
Rosalía decidió llevar semillas de flores y unos bulbos para plantar cerca de las piedras en las que aparecían las vírgenes de Rebeca; Estaba en eso cuando vio que un hombre se acercaba y se refería a Rebeca. Sintió pudor porque vio en su mirada algo extraño, más lagrimas, y un sentimiento amoroso. Sintió pena por él que parecía hablar a una estatua de piedra, a un ser ausente de
sí, sintió pudor por las palabras sueltas que le llegaba...y se acercó a él y le dio la mano al tiempo que decía: Soy Rosalía Ortiz, la amiga de Rebeca.
“El Chiche” se presentó a Rosalía, y sintió pudor de haber confundido el amor con esa húmeda piedad que embargaba aquel hombre que como si Rebeca hubiera muerto repetía: "La gorda era buena".
La cuestión es que “El Chiche” no sabía como irse de allí
con alguna gloria ya que no pensaba regresar. Rosalía, para facilitarle las cosas no le hablaba, entonces él dijo :"La gorda era buena" y limpiándose con la manga el agua que salía por su nariz se fue de allí puteando y con la corte de locas que se le sumaron, alentando a una que decía a viva voz: -¡Cojeme, papito, cojeme!
Fue la primera vez que Rebeca miró a Rosalía y le sonrió. No se necesitaba más. Todo estaba dicho entre ellas y Rosalía no se sentía atrapada, a veces la agobiaba lo no vivido. Su convivencia final con el muñeco de cartapesta , el show de Verdor, la gatita y Rebeca eran suficientes para llenar una vida sin expectativas. No le pasaba lo mismo a Joaquín Roca que cuando la vida y Rosalía se dormían se conectaba a Internet e iba a uno de esos grandes chat donde a su vez podía emprender una conversación individual. Iba todos los días por que alguien que firmaba como "Estrellita marinera" lo había hecho pensar en la soledad y en el amor otra vez. Esterilla Marinera, era española, mejor dicho gallega, nacida a orillas del Cantábrico y él que había soñado en su juventud conocer todos los mares, se sintió sumergido en una ensoñación oceánica desde el día que ella se presentó. Joaquín Roca se interesó en los autos rojos que les daban a los jubilados, en la buenaventura que vivían al otro lado del océano, pero dijo tener 40 años...Y ella dijo tener 28 y estar por separarse y el se dispuso a consolarla. A veces le preocupaba que aparecían recuerdos viejos. Le preocupaba que ella se diera cuenta que él era ya un viejo, que le dolía la espalda mientras tecleaba y más le dolían las horas en que vivió sin sueños, amargado, mirando pasar la vida, juzgando a los otros, esperando desgracias ajenas que justificaran la actitud despectiva con que la vida lo había tratado. la cuestión es que "Estrellita Marinera" Cambió su vida, cruzando el océano había una muchacha que imaginaba de senos pequeños y delgadita, según su descripción...
Joaquín Roca imaginó cada una de las formas y los rasgos de "Estrellita Marinera". La imaginó tanto que podía verla en cualquier momento del día de tan real que era para él. Así fue como la llevó al cine y comiendo pochoclos pudo sentir con una fuerza extraña su erección perdida hacía ya mucho tiempo y todo gracias a "Estrellita Marinera". La viuda de Rivas comentaba con Rosalía los cambios que Internet había provocado en Joaquín Roca, que dejó
de visitar a los parientes lejanos donde cada tanto iba a dar lástima por viejo y dejó de hacer esas cobranzas miserables y dejó de ir a jugar a las bochas a la plaza con otros más viejos...Durante el día buscaba temas de conversación en la web, recorría museos, leía poemas, los copiaba y preparaba minuciosamente su conversación de cada noche con esa mujercita que le había cambiado la vida.
Todo era absolutamente posible y de infinitas formas posibles.
Podía estar, Joaquín Roca, masturbándose frente a la computadora mientras veía aparecer las palabritas de “Estrellita Marinera” y podía distinguirse claramente la cara de asombro de la viuda de Rivas al espiarlo por primera vez.
Ahora la autora dice: La cortesía de la literatura es permitirnos ver del otro lado: “Esta historia terminó en el capitulo 12. Cuando las madres en el cielo hablan y Rosalía se hace depositaria de la Locura de Rebeca Iriarte. Qué más? Ya concluido el relato me fue dado ver que “Estrellita Marinera” era múltiple, una tilinguita de veinte que tecleaba, más la Meche, prima de 13 que se cagaba de risa, Toledito un tío de la tilinga y la mucama peruana que espiaba de reojo y se reía para dentro de ese boludo que no veía nada y cuando leían el saludo de despedida ya se meaban de la risa todos. Pero esa noche el viejo estaba pesado y ellos podían ver muy bien que era un pobre viejo el que pausadamente escribía:
“Usted es mi luz y mi vida sin usted sería tan oscura, no vaya a burlarse de mí que ya no esperaba nada y encontré todo cuando usted escribió su nombre... Ese nombre de fantasía que es todo para mí, que es la luz que me alumbra y mi alimento... No soporto un día más sin tocarla, pero se que si pudiera rozarla me moriría, si usted supiera, mi buena y dulce, Estrellita Marinera...”
Pero el grupo Jocoso ya se había aburrido de esa historia y aunando criterios escribieron: “NO AGUANTO MAS ESTA FARSA, SOY UN HOMBRE COMO USTED Y CREO QUE NO HEMOS ENAMORADO”
Joaquín Roca, tragó saliva, se rió sin saber que la viuda de Rivas lo miraba y escribió:
“SI LLEGO LA HORA DE LA VERDAD TENGO QUE DECIR QUE SOY UN HOMBRE VIEJO EN EL CUAL USTED HIZO RENACER LA IDEA DEL AMOR. MIS RESPETOS Y MI GRATITUD” Apagó la máquina y se fue a dormir. No le iba a dirigir la palabra ni a Rosalía, ni a la viuda de Rivas durante muchos días hasta que una suba de presión le provocaría una isquemia que inmovilizaría la mitad de su cuerpo. Pero como no tenía familiares que lo quisieran como para hacerse cargo, Rosalía y la viuda tendrían que dejarlo en un geriátrico. Donde un día no preciso moriría.
Todo era posible...
Pasar la noche en Verdor... Dejar divagar a la Noy y describir la forma en que la Dorell preparaba sus valijas. Pero si miramos mejor vemos que las deshace y que ha decidido quedars