“¿Qué somos? Aristas
que arrebata la brisa fugaz.
Pasamos, pasamos,
como pasan las olas del mar...[...]
hagamos, hagamos,
menos triste la vida infeliz.
¡Escánciame vino!
y la muerte suspenda el festín.”
Ricardo Palma.
LA VOZ DEL RENACIMIENTO DE LA ALEGRIA
El poeta, novelista y filólogo peruano Ricardo Palma construye un discurso a fin de que el
romántico abandone su actitud fúnebre ante el mundo y a cambio ofrezca su aporte en favor del
concepto de la vida sosegada y esperanzada en la felicidad. En la breve composición
denominada “Bacanal” -cuatro cuartetos- se refiere no sólo a la poesía, sino al ser humano en
general de su época, a quien invita a un cambio de actitud. En el largo período romántico en el
campo de la lírica, que es una expresión desaprensiva de la melancolía, se le figura a Palma
como el “festín de la muerte”, que hay que suspender en favor de una vida llevadera y en la que
quepa la posibilidad de la alegría. Reconoce, ciertamente, que el ser -por su índole, por otra
parte, propia del género mortal- tiene una vida pasajera (“pues somos esencias / que se pierden
en vaga espiral, / pues somos iguales / a las nubes que vienen y se van”); y acaso precisamente
por esa condición, añade, debe esforzarse por hacer la vida menos triste.
Ricardo Palma nace en Lima el 7 de febrero de 1833. Estudia Filosofía y Letras en la
Universidad de San Marcos de Lima. Por razones políticas es desterrado a Chile. Cuando regresa
a su patria participa en la batalla de El Callao (1866), que consolida la independencia peruana.
Director de la Biblioteca Nacional (1833), como filólogo redacta Papeletas lexicográficas
(1903) y Neologismos y americanismos (1895), del que la Academia Española ha incorporado
muchos a su Diccionario. De su labor como poeta recordamos Armonías (1865), Pasionarias
(1870), y entre sus dramas, La hermana del verdugo (1851). Sin embargo, su originalidad
literaria y fama radica en las Tradiciones peruanas (1872-1910), compendiadas en nueve series.
Son cuadros plásticos, en los que revive, en episodios breves, dramáticos o satíricos, la vida
colonial y contemporánea de su país. Su prosa esta llena de modismos y refranes castizos, no
exenta de socarronería. Ricardo Palma falleció en Lima el 6 de octubre de 1919.
El estilo de Palma es tan inconfundible, que, a pesar de los muchos intentos, no ha podido ser
imitado en su originalidad.
Se advierte en su poesía un temple romántico que todavía reconoce cierto fatalismo: la
infelicidad de la vida. Hagamos menos triste la vida infeliz, dice. Como si quisiera decir que
precisamente porque la vida es y ha de ser siempre infeliz, los hombres deben empeñarse de
forma tenaz por hacerla menos triste. La invitación al goce y a la embriaguez bacanal no deja de
ser un escape de la infelicidad sentida: un recurso para atenuar eficazmente la desventura de la
existencia y hallar fortaleza para el espíritu debilitado por la melancolía. No obstante, tampoco
está seguro si el bardo de su tiempo ha de abandonar su melancolía característica, pues reconoce
la fatalidad en la existencia del lírico.
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