“Camino lleva de aurora
la soledad de mi pecho.”
Juan Panero.
POETA DE UNA SOLA CUERDA
La muerte injusta de un poeta conmueve a la creación entera. Miguel Hernández nos dijo: “Muere un poeta y la creación se siente / herida y moribunda en las entrañas”. La muerte se llevó a Juan Panero antes de tiempo, y su palabra, y no sólo sus poemas, nos ha quedado en borrador.
Juan Panero es poeta de una sola cuerda, la de la soledad del hombre ahondada por el amor. Pero a esa cuerda pertenece también su meditación de la muerte como vida eterna en compañía de su amada. Juan Panero, por lo tanto, no es poeta de este mundo, sino de otro mundo mejor que sólo podemos alcanzar después de la muerte. Y a la amada perecedera de este mundo tiene que convertirla con su palabra en amada imperecedera del otro.
Para encontrar en la lírica europea un planteamiento idealista del amor semejante al de Juan Panero, tendríamos tal vez que remontarnos hasta Novalis. Porque en Novalis se trata todavía del planteamiento platónico-petrarquista, pero con importantes correcciones románticas, no sólo de orden sentimental o intelectual, sino existencial más amplio. Panero llega a coincidir con Novalis en lo que podríamos llamar su vivencia mística de la amada.
Antes de su muerte, en 1937, Juan Panero no ha publicado más que un pequeño libro de versos: Cantos del ofrecimiento (1936). En este libro hay cinco sonetos y cinco poemas extensos. Después de su muerte, en el primer número de la revista Escorial, se publicaron otros cinco sonetos y dos poemas amorosos. En borrador, y sin publicar ni terminar por el poeta, nos ha quedado una colección de doce poemas del año 34, y otra colección de nueve, de los años 35 y 36.
Inmerso en la amada y en el misticismo de la amada, Juan Panero la canta como amada inmortal desde su inmortalidad de hombre, pero también desde su soledad. Y en esa soledad se entrega a la contemplación de la naturaleza para idealizarla en su palabra a través de la exigencia de su pasión amorosa
El amor humano de Juan Panero se consume en el ansia y la necesidad de seguir siendo amor humano después de la muerte. La amada aparece sólo como amada. El poeta la ama desde su soledad de hombre, esperando el auxilio de su voz para recibir de ella la voz de su destino. Un destino que no consiste más que en merecerla desde la verdad desnuda de su vida, o en amarla pidiéndole inmortalidad a su amor.
“Ay, los ojos me llevan más allá de la mar”, es el primer verso de uno de sus poemas. En realidad, ya está dicho todo. Es lo que sucede siempre, lo mismo en amor que en poesía, en la mirada del enamorado que en la del poeta, y por partida doble en la del poeta enamorado: que la atención amorosa y creativa de la mirada le lleva a uno más allá de las apariencias convencionales.
Decía al principio que Juan Panero es el poeta de la soledad del hombre ahondada por el amor. En el poema “Manantial de la gracia” es donde se plantea más radicalmente su amor humano como soledad. “Sólo la voz del hombre que solo, en soledad, le rebosa su hombría / y sabe de la voz callada de la muerte”.
Adolescente en sombra llama Leopoldo Panero a su hermano Juan -un año escaso mayor que él- en el poema que le dedica. Adolescente en sombra es retrato de cuerpo entero, que en este caso quiere decir también de alma entera. El poema empieza con este par de estrofas: “A ti, Juan Panero, mi hermano, / mi compañero y mucho más / a ti, tan dulce y tan cercano, / a ti, para siempre jamás / A ti, que fuiste reciamente / hecho de dolor como el roble, / siempre pura y alta la frente / y la mirada limpia y noble”.
Frente alta y pura, mirada limpia y noble... Son precisiones del hombre y por eso mismo del poeta. Porque el poeta Juan Panero no existe como artista del verso, sino como expresión valiente y secreta de una manera de ser hombre: “A ti, valiente en la inocencia /a ti, secreto en el decir...”
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