HABLAR A GRITOS POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

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HABLAR A GRITOS

“¡Cuál gritan esos malditos!
Pero, ¡mal rayo me parta
si en concluyendo la carta
no pagan caros sus gritos!”
José Zorrilla.

LA VIOLENCIA VERBAL

Algunas veces, en la cafetería, en el autobús, en una reunión cualquiera, observo cómo hablan nuestras gentes. ¿Por qué gritamos tanto los españoles? No se trata sólo de gritar, sino que , además, nuestra vociferación se acompaña de vehementes ademanes. Se nota que el gesto quiere subrayar la energía de la voz, como si no confiásemos en su eficacia. Si escuchamos estas palabras, observamos todavía más: no sólo gritamos con vehemencia y gesticulamos con un cierto frenesí, sino que adjetivamos estentóreamente. Nuestro modo de calificar las cosas es siempre superlativo -tanto para el elogio como para el denuesto-; lo cual, en fin de cuentas, es una cómoda manera de simplificar. Tanto es así que designar algo como “colosal” nos ahorra los infinitos matices de una calificación afirmativa, como acuñar con el mote de “horrible” nos brinda una parecida esquematización de nuestro gesto de menosprecio.

Lo primero que aprendemos, cuando hablamos con gentes menos vehementes que nosotros, es que las cosas no son estupendas o deleznables, sino que existe una inmensa gama de valores de que se hace el entendimiento de las personas civilizadas. Cuando, después de nuestra calificación abrupta y absoluta, alguien, desde fuera, nos hace notar distintos grados de estimación, que no desembocan necesariamente en el arrebato, nos sentimos un poco avergonzados de nuestros modos radicales y pensamos que, en último término, el arte de dialogar se hace de esta fina matización que permite un juicio ecuánime de los valores que se ponen a nuestro alcance.

El hecho es mucho más importante de lo que parece. No se trata de una cuestión de “buenas maneras”, que debe vedarnos, por principio, lo violento o lo estentóreo. Sino que lo que evidencia es el concepto de un modo de convivir, ya que, aun sin tener plena conciencia de ello, manifestamos una convicción que se parece al fanatismo.

Cuando se llega a la conclusión de que la verdad es simple y se encuentra en un solo lado, fatalmente, propendemos a querer imponerla. Por eso contemplamos melancólicamente cómo las gentes que dibujan sus programas para un porvenir más o menos lejano nos amenazan, ya desde ahora, con hacernos partícipes de un mundo en que una verdad tendrá toda la vigencia y la otra será objeto de dura persecución. La intransigencia española, desde la Inquisición para acá, padece el grave pecado de que cada uno de los bandos en pugna cree poseer una verdad radical, absoluta y necesaria. Por eso el español de conciencia tranquila y ánimo equilibrado sufre espiritualmente ante lo por venir.

Hablar a gritos implica, aunque sea una paradoja “pensar a gritos”. La violencia verbal es una consecuencia de la violencia del alma. Propugnemos todos por una España a media voz en las que las expresiones individuales puedan ser matizadamente expuestas y donde la brutal simplificación del blanco y el negro, pueda ser sustituida por la gama maravillosa de los siete colores que figuran en el arco iris, que simboliza, como sabéis, la luminosa paz que subsigue a los períodos de tormenta. Y es que, como dijo el poeta: “Cuando pasé por tu casa / “¿quién vive? al verme gritaste, / sólo con la mala idea / de, si aún vivía, matarme”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias

No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL:
http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm

Gracias.





Escrito desde Nov 3, 2003, 2:10 PM

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