“Es de noche, se platica
al fondo de una botica.”
Antonio Machado. . .
UN FABULOSO INSTRUMENTO DE EDUCACIÓN
La convivencia ha estado vivificada siempre por la existencia de la amistad. Ha sido ella la que ha mitigado las luchas y rivalidades, la que ha templado la competencia económica o profesional; ha sido la creadora de sentimientos favorables entre personas muy distintas, que de otro modo serían, en el mejor de los casos, indiferentes. En suma, la amistad es una gran potencia civilizadora, y no parece claro cuál ha sido o es, en los diversas sociedades, su frecuencia, su intensidad , su estructura, sus contenidos internos.
Normalmente los amigos son ajenos a la familia, Por eso, en sociedades muy densamente familiares, la amistad no es muy frecuente. La amistad, en principio, es elegida aunque las circunstancias le favorezcan e impulsen a ella.
El origen más frecuente es el grupo: la escuela, más adelante la comunidad de estudiantes en niveles superiores; o la unidad de los compañeros de trabajo. Una forma particularmente interesante, de gran importancia en España, es la tertulia, amistad de un grupo, selectiva pero en cierto grado casual, desinteresada y que se reduce casi exclusivamente a la conversación. Los miembros de una tertulia no hacen nada juntos, aparte de hablar; hasta el punto de que normalmente no tienen ningún trato fuera de la tertulia, saben poco unos de otros, y sin embargo, esa singular amistad tiene el atractivo, que en muchos casos las vidas se polarizan hacia ella, y en tiempos en que había más holgura no eran raras las largas tertulias cotidianas de varias horas, y que en algunos casos se reunían un par de veces al día.
He dicho que la tertulia suele ser desinteresada; hay que agregar otro ingrediente necesario para su plenitud: la generosidad. Los contertulios no pueden “guardar” para sí o para una utilización ulterior lo que se le ocurre –un chiste, una frase ingeniosa, una idea-; en ciertas formas de gran estimación de lo literario o intelectual no es probable que perezca la tertulia porque se piensa en publicar oportunamente lo valioso, en una revista o un libro, en lugar de “malgastarlo” en una conversación volandera.
Cuando se da esta generosidad, la tertulia se convierte en un fabuloso instrumento de educación, y así ha ocurrido en España durante muchos años, lo cual ha remediado muchas deficiencias institucionales.
Desde el punto de vista de la “educación”, la verdadera amistad constituye un instrumento capital de educación mutua, en el sentido de que los amigos se hacen juntos, se enriquecen y perfeccionan, se descubren e interpretan. Se podrá decir que, al ver al otro, cada uno de ellos aprende a conocerse, como en un espejo.
Pero hay una objeción permanente, muy común entre los que opinan que no es posible verdadera amistad entre un hombre y una mujer: piensan que es posible –algunos crees que inevitable- que se convierta en amor. Inevitable, por supuesto no, ya que el amor es único o muy limitado en número, a diferencia de la normalidad de amistades múltiples. Ni siquiera es probable. Posible, ciertamente; pero ¿es una objeción?
Si la amistad es verdadera amistad, y es amor, y no otra cosa, aquello en que se “convierte”, la amistad no se destruye, sino que pervive.
En todo caso, como casi todo lo humano que vale la pena, hay una cualidad indispensable en la amistad entre hombre y mujer: la generosidad, la capacidad de efusión y donación. Y como decía, García Lorca a su amiga Margarita Xirgu: “Si me voy, te quiero más, / si me quedo igual te quiero. / Tu corazón es mi casa / y mi corazón tu huerto”.