LA EXPLOTACION INFANTIL POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

by

 

LA EXPLOTACIÓN INFANTIL


“Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor,
es una corona grave
de sal para el labrador.”
Miguel Hernández.


EL RESURGIMIENTO DEL TRABAJO INFANTIL

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) fue fundada en 1919 para luchar contra las injusticias sociales engendradas por la revolución industrial del siglo XIX. Una de esas injusticias era la explotación económica del trabajo infantil. Resulta pues interesante en los albores de este milenio comprobar los resultados de las medidas para combatir la plaga de la explotación infantil.

¿Cuántos niños trabajan en el mundo? Nadie puede contestar a esta pregunta a ciencia cierta, por varias razones. En primer lugar, una elevada proporción de niños trabajan en plena ilegalidad, esto es, en violación de las leyes que rigen la edad mínima de admisión al trabajo o la escolaridad obligatoria. En segundo lugar, la inmensa mayoría de los niños trabajan en la agricultura, el sector urbano no estructurado y el servicio doméstico, por lo que resulta particularmente difícil registrarlos estadísticamente. Por último, muchos niños que trabajan van al mismo tiempo a la escuela por lo que figuran en la población escolar y no cuentan en las estadísticas de la población económicamente activa. No obstante, se puede afirmar sin temor a equivocarse que el trabajo infantil es un fenómeno considerable por el número de niños afectados. La propia OIT lo cifra en unos doscientos millones de niños.

El trabajo infantil no sólo no ha desaparecido en los países industrializados, sino que se asiste a un resurgimiento. En España y otros países del Sur de Europa, el trabajo infantil siempre ha sido muy elevado, en particular en las empresas familiares, los talleres artesanales, las explotaciones agrícolas y en el marco del trabajo a domicilio, asimismo el empleo de niños es bastante numeroso en otros sectores, como la construcción.

Cuando se habla de trabajo infantil, el número de niños no es el único indicador pertinente. Otro indicador de gran importancia es la gravedad de los abusos que padecen esos niños y de los riesgos que corren. Los niños trabajan cada vez más en unas condiciones que menoscaban su desarrollo físico, intelectual y moral.

Hay otros motivos de preocupación. En primer lugar, se pone a trabajar a los niños a una edad cada vez más temprana, en ocasiones a los seis o siete años. En segundo lugar, es cada vez más corriente que el trabajo sea para los niños una necesidad permanente que difícilmente cabe compaginar con la continuación de los estudios escolares. Finalmente, hemos de señalar que a los niños se les somete a horarios de trabajo desmesuradamente largos y a cargas y ritmos de trabajo excesivos, corriendo enormes riesgos de accidente o de enfermedad.

Al consentir que se perpetúe el trabajo infantil, la sociedad desperdicia hoy unos recursos humanos que le harán falta mañana. Sin embargo, la explotación infantil resulta muy provechosa para quienes recurren a ella, en particular para las innumerables empresas no declaradas e infrautilizadas. A los niños que trabajan se les puede despedir más fácilmente, son más dóciles, cuestan menos y no cotizan a la seguridad social.

Hasta la fecha se ha hecho muy poco para la abolición de la explotación infantil, y desde luego, nadie duda que la legislación por sí sola, no puede impedir el trabajo infantil. La legislación no es el final sino el comienzo de un largo combate, que exige intervenciones en otros muchos planos.

La educación es una norma esencial en la lucha contra el trabajo infantil. A este respecto, cabe lamentar que la situación de la educación en muchos países, después de decenios de progreso, está empezando a decaer, e incluso a empeorar. El déficit es más cualitativo que cuantitativo, en el sentido de que la escuela se está quedando cada vez más desfasada de las necesidades de la economía y de la sociedad. Una escuela que la gente percibe como creadora de futuros desempleados pierde rápidamente la utilidad que se le venía atribuyendo.

Se hace menester terminar con la pasividad y la resignación de los ciudadanos y, por ende, de los responsables políticos en este campo. La lucha contra la explotación infantil exige la voluntad política de combatirla y no se progresará en esta lucha mientras los gobiernos no definan un plan de acción específico, con la finalidad de liquidar urgentemente situaciones intolerables a la que están sometidos los niños explotados. La explotación infantil conlleva un coste enorme: para los niños, en primer lugar, y luego para todo el conjunto de la sociedad. La lucha contra la explotación infantil nos concierne a todos. Sin embargo, todavía siguen teniendo plena actualidad los interrogantes formulados por Miguel Hernández: “¿Quién salvará a este chiquillo / menor que un grano de avena? / ¿De dónde saldrá el martillo / verdugo de esta cadena?”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias


Puedes leerme en Liceus, El portal de las Humanidades.

http://www.liceus.com/cgi-bin/ac/pu/Francisco_Arias.asp


Gracias.







Escrito desde Apr 11, 2006, 10:36 AM

Respond to this message

Goto Forum Home

Create your own forum at Network54
 Copyright © 1999-2009 Network54. All rights reserved.   Terms of Use   Privacy Statement