“Salen las barcas al amanecer.
No se dejan amar
pues suelen no volver
o sólo regresan a descansar.”
José Gorostiza.
LA VOZ MEXICANA DE LA POESIA PURA
México constituye, junto con el Río de la Plata y las Antillas, uno de los centros más importantes de creación poética de la América de lengua castellana.
La poesía de Vanguardia encontró en México terreno propicio; los “ismos” de posguerra se difundieron, encontrando intérpretes valiosos en poetas que conquistaron merecida fama. El grupo más significativo fue el que se reunió en torno a la revista Contemporáneos (1928-1931).
De los poetas que pertenecieron al grupo de los “Contemporáneos” , los más destacados fueron Carlos Pellicer, Xavier Vlllaurrutia y José Gorostiza. Carlos Pellicer fue un brillante colorista. Poeta de la nostalgia de la muerte es Xavier Villaurrutia. José Gorostiza es el representante de la poesía pura.
José Gorostiza nació en Villahermosa , Tabasco, el 10 de noviembre de 1901 y falleció en Ciudad de México el 16 de marzo de 1973. Profesor de Literatura Mexicana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, de Historia Moderna en la Escuela Nacional de Maestros y jefe del Departamento de Bellas Artes de la Secretaría de Educación Pública. Desempeñó funciones diplomáticas en Londres, Copenhague y Roma. Fue asesor del representante de México ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Presidente de la Comisión Nacional de Energía Nuclear. En 1954 fue elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua correspondiente de la española y en 1968 recibió el Premio Nacional de Letras.
La poesía de Gorostiza es diáfana y colorista, constructor de extensos poemas en los que rescata las formas tradicionales. Persigue una perfección que tiene como maestros a Garcilaso, Góngora y Juan Ramón Jiménez, y que se manifiesta en los matices cristalinos, en atmósferas que cortan los contactos con lo finito para fijarlos en regiones donde los elementos anuncian el paso breve hacia las alturas celestes.
Canciones para cantar las barcas (1925) es su primer libro. En él, el poeta llevó a cabo una valiente eliminación, una “liquidación espiritual” como la definió, de su producción juvenil, salvando sólo una veintena de composiciones. La atmósfera es de una extraordinaria fineza, las sensaciones de color son sutiles, el ritmo mesurado, espontáneamente musical; la reflexión lleva al poeta a ver, a través de sentimientos y formas, una realidad única que domina la vida del hombre: la muerte, a la que preside la melancolía de las cosas, la soledad y el silencio. La vida no presenta sonidos frente a la muerte. Gorostiza canta la tristeza del corazón, la belleza del mar y del cielo como acentuación del dolor.
Sus colores son tenues, esfumados, melancólicos. Pero en Muerte sin fin (1939), poema que se ha relacionado justificadamente con el Primero sueño de Sor Juana y con Le cimetière marin de Valéry, construye sutiles andamios metafísicos para expresar una alta región del espíritu. En 1964 publicó Poesía y en 1988 apareció Poesía y poética, que además de algunos poesías dispersos incluye artículos de critica literaria, unas “Estampas mexicanas” , una breve pieza teatral escrita en su juventud y algunos textos de una novela inacabada.
En Muerte sin fin a través de un simbolismo aparentemente oscuro, el poeta celebra el sentido panteísta del eterno morir que es el vivir eterno, y de la vida que es “muerte sin fin”. Y como dijo el poeta: “Sobre esa libertad enardecida / que se agobia de cándidas prisiones”.
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