MATEO ALEMAN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

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MATEO ALEMAN
(1547-¿1614?)

“Conténtese vuestra señoría con tener sesentas cuentos
de renta más que yo, sin también querer mentir más que yo:
déjeme en mi pobreza mentir como quisiere, pues no le pido
a nadie, ni le defraudo su honra ni hacienda...”
Mateo Alemán. Guzmán de Alfarache.

LA VOZ DEL PICARO MAS REPRESENTATIVO

Con la publicación de la Primera parte de Guzmán de Alfarache en 1599, la novela picaresca renace –al medio siglo de su aparición- y produce a la vez la obra más representativa y arquetípica del género. Su autor, Mateo Alemán, es escritor de pocos libros y tardíos, pero le fueron suficientes para alcanzar su plenitud. El ingenio de Alemán, su claro lenguaje y su rica experiencia, produjeron una obra maestra en la literatura picaresca española. El Pícaro, denominación popular de la obra, se hizo famoso en la Europa occidental, se tradujo a varios idiomas e influyó poderosamente en la novela posterior sobre todo, en El Buscón de Quevedo. “Esto mismo le sucedió a este mi pobre libro –escribía Mateo Alemán- que habiéndolo intitulado Atalaya de la vida humana, dieron en llamarle Pícaro, y no se conoce ya por otro nombre”.

Mateo Alemán nació en Sevilla el 28 de septiembre de 1547, casi en los mismos días que Cervantes veía la luz en Alcalá. Su instrucción fue muy cuidada desde la niñez, y no cumplidos los diecisiete años se graduó de Bachiller en Artes y Filosofía en la llamada “Universidad de Maese Rodrigo”. Matriculóse luego en la escuela de Medicina de Sevilla, estudió el segundo curso en Salamanca y el tercero en Alcalá. Pero la muerte del padre debió dejar a la familia muy corta de recursos, y Alemán abandonó sus estudios de Medicina.

Mateo Alemán volvió a Sevilla, donde anduvo en amores con una joven, doña Catalina de Espinosa, hija natural de un rico sevillano. Alemán recibió de éste cierta cantidad en préstamo, a condición de casar con doña Catalina si no devolvía la suma en el plazo convenido. Alemán gastó el dinero pero no pudo esquivar su compromiso con la joven.

A partir de entonces Mateo Alemán ganó su vida con diversos empleos: primeramente fue recaudador del subsidio de Sevilla y su Arzobispado; luego, en Madrid, obtuvo el de Contador de Resultas, y unos dos años más tarde (1573) regresó a su ciudad, donde anduvo por algún tiempo metido en negocios de varia índole. Pero Alemán era poco prudente en sus gastos y todavía menos ordenado en sus cuentas, por lo que en octubre de 1580 reclamado por sus acreedores, dio con sus huesos en la cárcel. Puesto en libertad al cabo de año y medio, volvió a sus negocios, y en 1586 estaba nuevamente en Madrid donde vivió de cualesquiera asuntos que le vinieran a las manos, con tal que diesen algún dinero.

Durante estos años en la corte, Mateo Alemán fue escribiendo su libro. El éxito de la Primera parte del Guzmán de Alfarache fue extraordinario (se hicieron de él hasta 26 ediciones). Numerosos escritores –Lope, Espinel, Hernando de Soto- alabaron el libro con sincero entusiasmo. Sin embargo, medio entrampado, tuvo que regresar a Sevilla donde prosiguió sus viejas actividades comerciales, y, nuevamente contrajo deudas que le llevaron una vez más a la cárcel (1602). Aquel mismo año experimentó Alemán otro rudo golpe, que fue la aparición de la falsa Segunda parte de su libro, editada en nombre de Mateo Luján de Saavedra, seudónimo de Juan Martí. En 1604 publicó Alemán su Vida de San Antonio y marchó a Lisboa con ánimo de venderla en el vecino país. Llevaba también consigo el manuscrito de la Segunda parte del Guzmán, que hizo imprimir en Lisboa a fines de aquel mismo año.

Vuelto a Sevilla y como sus andanzas mercantiles no anduvieran más próspera que de costumbre, en 1608, decidió pasar a las Indias, embarcándose con dos hijas, habidas fuera de su matrimonio, y con un dama, doña Francisca Calderón, mujer de gran belleza, con quien vivía maritalmente desde hacía algún tiempo, y a quien hizo pasar en el expediente para el embarque como una hija más. Alemán se estableció en México, donde su vida –había cumplido los sesenta años- se fue apagando rápidamente. Allí publicó su Ortografía castellana que, al menos en su mayor parte, había compuesto en España, y los Sucesos de fray García Guerra, arzobispo de México (1613), tras lo cual perdemos el rastro de su existencia, que ya no debió prolongarse mucho.

Lo que conocemos de la vida de Mateo Alemán permite ver que no pequeña parte de sus andanzas inspiraron las complicadas aventuras de su héroe, aunque las de éste aventajaron a las de aquél en amplitud y malos resultados. Sin embargo, el pesimismo del novelista procede tanto de sus fracasos personales como de su peculiarísima condición mental, nacida de su penetrante talento, de su capacidad de observación y sobre todo de su implacable lucidez para escrutar la miseria humana, comenzando por la propia. Por todo ello, más nos parece Alemán un pesimista cerebral que un sufridor en propia carne; y, por esto mismo, más profundo y sincero, ya que su concepto de los hombres y su visión de la vida no hubiera cambiado aunque la suerte le hubiera favorecido con alguna mayor largueza. Gracián decía de Mateo Alemán en Agudeza y Arte de Ingenio: “por eso ha sido tan leído y celebrado, que a gusto de muchos, y entendidos, es el mejor y más clásico español”.

Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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Gracias.





Escrito desde Sep 25, 2006, 2:31 PM

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