Amor Deambulante
(a una arecibeña)
Llegaste de mañana
en un extraño sueño
a agitar mis angustias,
que dormían guardadas
en un plafón tan viejo
cual tu eterno desdeño:
cubiertas por arañas
y en ruinas empolvadas.
Regresas joven, llena
de la gracia que el tiempo
invariable le quita
a un ángel celestial...,
Es extraño que vuelvas
con gracia tan bonita
que una cadena de años
no pudo marchitar.
¿Has regresado ahora
a decirme tranquila
lo que por tantos años
resuena en mis sentidos?:
Que a mí tú no me quieres...
¡Como si yo quisiera
agitar desengaños
o despertar latidos!
Enconado el recuerdo
por la tristeza eterna
de un querer tan antiguo
como la misma vida,
el tiempo no disipa
la falla sempiterna
de ser fiel a tu imagen
tan grácil y querida.
Y muy de cuando en cuando
te acercas a turbarme
el olvido anhelante
que busca el corazón,
y entonces me convenzo
que el amor nunca muere,
y que ser deambulante
es su única misión.
26 dic 2004 |