JOAQUIN XIRAU POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

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EN EL 60 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE
JOAQUIN XIRAU (1895-1946)

“Sólo es capaz de vivir en otro
quien es capaz de vivir en sí mismo.”
Joaquín Xirau.

LA VOZ DE LA CONCIENCIA AMOROSA

El mundo de la filosofía es el de la totalidad de la experiencia, pues su aspiración no puede ser otra que hacernos vivir en una plenitud vital, donde todas las cosas hallan su lugar y todos los valores su jerarquía.

Ahora bien, la plenitud vital se da en el amor; de aquí la importancia de determinar el significado formal de la “conciencia amorosa”; para Xirau, ésta es una actitud radical que no debe identificarse con ningún contenido concreto; se trata, por el contrario, nos dice, de “una forma peculiar y permanente del espíritu, una actitud radical de la vida que condiciona los fenómenos y los contenidos y les presta una orientación y un sentido”. Y entre las diversas formas o actitudes que puede adoptar la actividad de la conciencia, la más decisiva es la que se mueve entre el amor y el rencor, hasta el punto de que la estructura entera de la persona cambia según se halle dominada por la conciencia amorosa o por la conciencia rencorosa. El amor a que Xirau se refiere es, pues, este tipo de “amor puro” que constituye en definitiva una realidad específica e irreductible, de carácter profundamente ontológico.

La personalidad y la obra de Joaquín Xirau nos sitúan en el eje de la Escuela de Barcelona; a no haber sido por la guerra civil y el exilio posterior, probablemente hubiera ejercido un magisterio filosófico en el mundo catalán muy parecido al que Ortega y Gasset ejerció en la Escuela de Madrid.

Joaquín Xirau nació en la ciudad gerundense de Figueras en 1895 y murió en México el 10 de abril de 1946. Estudió Filosofía y Letras en Barcelona, ampliando después estudios en Madrid, donde siguió un curso con Ortega y mantuvo relaciones de amistad con los hombres de la Institución Libre de Enseñanza; de ahí arranca su interés por el tema de educación y su admiración por los krausistas, bien patente en su libro: Manuel B. Cossío y la educación en España. El doctorado lo hizo en la Universidad de Madrid: tanto en Filosofía, en 1922, como en Derecho, 1923. Los filósofos que más influyeron en él fueron Max Scheler y el pensamiento francés de aquel momento: Brunschvicg, Bergson, Meyerson, Landsberg, etc. En la enseñanza obtuvo un primer puesto en Lugo como profesor de Segunda Enseñanza, pasando después por las Universidades de Salamanca y Zaragoza, hasta situarse en la de Barcelona en 1929; desde ella inicia una extraordinaria actividad impulsando el desarrollo de la filosofía y la pedagogía. Es miembro encargado de la enseñanza en el Consejo de la Cultura de la Generalitat, se le nombra decano de la Facultad de Filosofía y Letras, es elegido miembro del Consejo Internacional de los Congresos de Filosofía, a muchos de los cuales asiste.

Aunque con un profundo fondo cristiano, que se refleja en toda su obra, políticamente milita en el socialismo y colabora en la revista Hora de España. En 1939, acompañado de su mujer, Antonio Machado y la madre de éste, y otros más, se ve obligado a emprender el camino del exilio; primero en Francia, después, en México, donde sigue escribiendo y publicando sobre temas filosóficos, dejando allí el fruto granado de muchos años de meditación a pesar de su muerte prematura en 1946.

Entre sus libros y publicaciones es importante destacar los siguientes: El sentit de la veritat, Descartes y el idealismo subjetivista moderno, La teoría de los valores en relación con la Etica y el Derecho, Amor y mundo, Lo fugaz y lo eterno, El pensamiento de Luis Vives, Vida y obra de Ramón Lluch....

“Sólo es capaz de vivir en otro quien es capaz de vivir en sí mismo –decía Xirau-, de estructurar la propia personalidad y respetarse y estimarse como persona. Para poder estar realmente fuera de sí es preciso previamente estar en sí”. En una palabra: el entregarse exige el poseerse, así como el diálogo supone una intimidad que comunicar,

Amor al ser y amor al valor se vinculan estrechan e indiscerniblemente, ya que el hombre que ama las cosas y crea valores en ella; en ese condicionamiento dialéctico entre el ser y valor se engendra el sentido de la vida humana sobre la tierra. La conciencia amorosa impone así su realidad, descubriéndonos la raíz y el sentido ontológico del amor, mediante el que orientamos nuestra vida en el mundo.


Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias


No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.

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Gracias.










Escrito desde Apr 20, 2006, 6:57 PM

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