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Diario "El Comercio" (Perú) - 20 de Marzo de 1999

Christian Meier provocó histeria

El escenario estaba cubierto por un enorme telón negro. Cada cierto tiempo se dejaban escuchar los alaridos femeninos como si fueran Servando y Florentino los que subirían de un momento a otro. Prólogo de euforia juvenil para recibir a Christian Meier...
El público dividido en tres, sillas delanteras para los que pagaron más (varios claros apreciados); los sufridos 'stand up' atropellándose y amontonándose algo más atrás y los VIP en la parte alta hacia el fondo. Como aperitivo, música pop, muchas canciones de los Crash Test Dummies, intercaladas con los comerciales de la cerveza auspiciadora. Dos grandes columnas de globos de colores, cada una a un lado del escenario. Un despliegue importante de parafernalia y escenografía.

Las luces disminuyeron y aún con el telón abajo sonaron los primeros compases de la noche. Contra todo pronóstico, un blues. Era el tema "A ese infierno no voy a volver" de Arena Hash, que pasó del ritmo funky original al cadencioso blues.

Meier había aparecido luciendo un pegado bividí gris, suficiente para depertar la histeria femenina... "¡cuero!", "¡papacito!", "¡que tales brazos!" y otros chillidos irrepetibles.

Desfilaron las canciones de sus 2 discos. "Quién sabe" (primer sencillo de su último disco), "Frente a mis ojos", durante la cual saltaron 4 globos enormes en forma de ojos sobre el público, "Espérame en el tren", "Primero en mojarme" y algunas sorpresas como el tema de la novela "Torbellino", interpretado en ritmo de semi-balada. Música pop azucarada, comercial. Meier empezó con una guitarra acústica sobre los hombros, tocó la armónica y se sentó luego para enfrentar los teclados. Pero la voz del galán no estuvo a la altura debida. Su registro es bastante limitado, sobre todo al llegar a los tonos graves. Por momentos no se le escuchaba.

La fiebre de las asistentes subió más cuando otra canción de Arena Hash brotó por los parlantes, "Es que sucede así". Pero las manifestaciones histéricas llegaron a niveles patológicos (de esos que los psicólogos intentan aún descifrar) cuando sonó "Carreteras mojadas". Pudimos ver de reojo que Meier había bajado raudamente del tabladillo, por uno de las zonas laterales y terminó colándose entre el público. Las niñas colapsaron. Fue el único momento en que el muchacho se entregó a sus fans, pues antes y después permaneció muy estático, sin corresponder en igual medida a las sufridas muestras de devoción platónica que desparramaron sus seguidoras.

El ambiente que rodeó la presentación fue cuidadosamente elaborado. Fuegos artificiales, enormes globos tubulares que se inflaron sobre el escenario (que más tarde reventarían salpicando de papel picado a los presentes mismo ex-concierto de Ricky Martin). La acústica fue óptima logrando transmitir el sonido en buena forma. Son detalles que los exponentes musicales de nuestro país deberían exigir siempre. Ser tratados como se trata a la gente que viene de afuera que, en la mayoría de los casos, no presenta necesariamente un producto de calidad.

Lo que Christian Meier logró aquella noche fue confirmar su estatus de ícono juvenil, que posee una creciente legión de admiradoras y que está dispuesto a arrebatar todas las muestras de fanatismo esquizoide del momento. Y la música es un vehículo que, como la actuación, le sirve para ubicarse en vitrina.

- Rafo Valdizán.

Diario "El Comercio" - Perú (Lima)
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Escrito desde Mar 31, 1999, 12:38 AM

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