- Quiero que me respondas sinceramente... ¿De verdad crees que la felicidad de un matrimonio no es posible sin hijos?
Isabella lo mira a los ojos, Fernando espera lo peor.
- Isabella, enternecida - Un hijo es el sueño dormido de toda mujer. Duerme en nosotras desde siempre esperando que el amor lo despierte a la vida.
- Fernando, con dolor - ¿Y si, por cualquier motivo, ese niño no llegara a nuestra vida?
- Isabella lo acaricia. Sus palabras son como una revelación - Ese niño ya va de tu corazón al mío en su caballo de madera, llevando sus ejércitos de soldaditos de plomo, su trompo de colores. Ese niño es nuestro amor.
- Te noto triste como si no hubieras sido un niño feliz?
- He sido muy feliz de niño. Solo que he crecido.
Fernando e Isabella sonríen. Luego se ríen los dos. Se abrazan. Fernando toma su rostro entre las manos y la mira a los ojos.
- Fernando, serio pero enamorado - Como quisiera ser absolutamente sincero contigo.
- Déjame beber hasta la última gota de tu tristeza para que todo sea luz entre nosotros.
Fernando la mira con intensidad, con amor. A cada instante se sienten más enamorados el uno del otro.
- 2 -
Clara y Sebastián están abrazados. Él la mira desconcertado.
- ¿Has pensado bien lo que vas a hacer? ¿Le vas a contar toda la verdad a Fernando?
- Sí. Él tendrá que aceptarme tal cual soy.
- No estoy seguro de que eso suceda. Es muy difícil aceptar a esta nueva Clara.
Alejandra Marina entra a la habitación, trae champagne y copas.
- ¿Qué celebramos ahora?
- Nuestra partida a Cádiz. El viaje es largo y necesitamos mucho ánimo para llegar bien.
- Nadie te ha invitado a ir a Cádiz que yo sepa.
- Eso lo decide Claire.
- Ya no estoy tan segura de cómo recibir a Fernando. Ahora no sé si él me aceptará.
- Por supuesto que sí. Y si no, ¿qué importa? ¿No eres acaso infinitamente más feliz en tu estado actual? ¿Más libre? ¿Más dueña de tu vida?
- Sí. Lo soy. Pero no sé si él pueda entender lo que tengo que revelarle.
- Para que lo entienda, tienes que mostrarle el camino del placer. Es la única forma en la que el pobre pueda redimirse.
- Pero ¿quién te crees tú para guiar la vida de los demás? ¿Crees de verdad que has hecho la gran obra con Clara? ¡Mírala! Es un remedo absurdo y patético de la que fue.
- ¿Y por qué la sigues como un perro faldero entonces?
- Porque mi amor está destinado a sobrevivir todas las vidas que le toquen vivir. Pero Fernando... no sé si su destino sea el mismo.
- Clara, autosuficiente - Fernando no tiene más destino que el que yo le señale. ¿Vienes conmigo a Cádiz o no, Sebastián?
Sebastián duda. No sabe si su amor por Clara le abre las puertas del paraíso o del infierno.
- 3 -
En una comisaría, Mariana y el administrador del hotel están frente al comisario.
- No sé cómo es que la señorita pudo usurpar el lugar del alguien de posición social mayor.
- ¡No le permito! - Al comisario - Ya le he explicado que mi novio es un hombre muy rico y yo tampoco soy pobre.
- Entonces pague usted la cuenta y san se acabó.
El comisario le da la cuenta a Mariana, que mira la cifra impresionada.
- ¡Imposible! No puedo pagar todo esto.
El comisario le ordena a un guardia que se apersone en el domicilio de la señorita Patricia. Ordena a su subordinado que antes encierre a Mariana.
- Usted se queda en una celda hasta que esto se aclare.
- 4 -
Clara prepara su maleta con la ayuda de Alejandra Marina. Sebastián sigue tomando.
- Acepto acompañarte a Cádiz. Pero con una sola condición. Que Alejandra Marina se quede acá. Si ella va, entonces yo no iré.
- Alejandra Marina, riéndose - Por mí no te preocupes. Me da lo mismo. Más bien deberías ir pensando cómo le vas a explicar a Fernando tu presencia allá. ¿Le vas a decir que eres parte de un acto de magia?
- Eso es asunto mío.
- Lo único que lamento de no ir con ustedes es perderme el momento en que comiences a temblar delante de Fernando - Parodiando a Sebastián - "Soy el amante de tu esposa, Fernando, pero no te molestes. Mira, te tengo que explicar la teoría del placer absoluto..."
- No diré una sola palabra. Es Clara la que tiene que decidir qué le dice a Fernando.
- Partiremos mañana temprano entonces.
Alejandra Marina sale ofendida de la habitación. Antes de salir se voltea hacia ellos.
- Suerte. Estoy segura que la van a necesitar.
- 5 -
Victoria está inquieta, camina de un lado a otro de la casa buscando a su esposo. Nadie sabe donde está. Crece su angustia.
Augusto y Amelia se aman apasionadamente en el cuarto de ella.
- La cama es un poco angosta, ¿no?
- Tú puedes hacer que sea más grande. ¿Qué te parece la cama que está en el ático? Es grande y lujosa.
- No pensé que fueras tan avezada. ¿Te atreverías a tener una aventura conmigo ahí?
- No estoy diciendo eso. Lo que digo es ¿por qué no ordenas que me traigan esa cama acá?
- Augusto, sorprendido - Vas muy rápido y picas muy alto.
- Quien pide al cielo y pide poco, está loco. Y te advierto que la próxima vez tienes que aparecerte con algún regalito. Si no, no entras. Ya sabes.
- Augusto sonríe con picardía y la abraza - ¿Qué mejor regalo que yo?
- No estás mal, pero no me contento con eso. Tengo debilidad por los perfumes. Los caros, no me vayas a traer esas aguas baratas que se encuentran en cualquier bazar de chinos.
- Está bien. Te traeré un perfume carísimo, pero con una condición.
- ¿Cuál?
- Que sea yo quien te lo eche.
- 6 -
En casa de Patricia, Juan está frente al guardia. Se siente intimidado.
- Pero la señorita Armendáriz sí vive acá.
- Esta es su casa, efectivamente.
- Llámela, necesito hablar con ella.
- Pero a estas horas, ella...
- Mire, hay una persona detenida por este caso y creemos que la señorita es la única capaz de desenredar este lío.
- Tal vez yo pueda ayudarlo. No quisiera molestar a la señorita. Ella está un poco indispuesta.
- Mire esta es la cuenta que se adeuda al hotel, que alguien tiene que pagar. Hay una muchacha detenida y...
Juan siente un vahído al ver la cuenta.
- ¿Se siente bien?
- No es nada. Mire, en realidad no sé si la señorita tenga algo que ver con esto.
- Ese es el problema, señor. Al parecer nadie tiene que ver con esta cuentita. Ni la señorita Armendáriz, ni el inubicable Martínez del Pozo, ni la sospechosa que tenemos tras las rejas. Así que me parece que vamos a tener que molestar a su patrona, no más.
- Ella está verdaderamente mal, señor. No lo puedo atender ahora.
- Esto no le va a gustar a mi teniente. No va a quedar otra que hacer cargos contra esa muchacha. Habrá que ir a juicio. Pobre. Es bonita ¿sabe? Y hasta se la ve decente. La verdad, no me la imagino en la cárcel.
Juan está en una gran angustia. Daniel, que ha escuchado escondido toda la conversación, se ve pálido, acorralado.
- 7 -
Sebastián pone aceite en el cuerpo de Clara, que está sentada frente al espejo.
- ¿Lo ves? Las manchas están desapareciendo.
- Sí, algo han mejorado.
- No eches más. Lo que me está curando es la libertad. Fernando me amará, me aceptará tal como soy ahora. Así podremos ser felices los dos.
- ¿Los dos? Pensé que el juego sería siempre de a tres.
- Tú si que eres divertido, mi querido Sebastián.
Sebastián la toma del brazo, la jala violentamente contra sí y la besa. Ella responde. Él quiere ir más lejos, pero Clara se deshace del abrazo.
- No. Ahora no. Debo mantenerme pura para Fernando.
- ¿Lo amas?
- Estoy más allá del amor. Dejemos eso para los románticos empedernidos como tú.
- ¿Y si Fernando no resulta tan romántico?
- Fernando será mío, siempre mío y de nadie más.
- Pretendes que él te deje libre para buscar el placer con el primero que pase delante, pero quieres que Fernando solo te pertenezca a ti. Francamente no creo que comparta esa manera tan tuya de quererlo.
- Le guste o no, tendrá que entenderlo.
- Mientras tanto, podríamos despedir París con algo especial, ¿no te parece?
- Te he dicho que no. Vete ahora. Debemos descansar. Mañana partimos muy temprano.
Sebastián sale derrotado. Clara se contempla en el espejo. Su imagen es patética, pero ella no lo sabe.
- 8 -
Fernando e Isabella retozan en la cama desnudos. El ambiente es mágico. Se contemplan muy enamorados.
- Fernando, suave - "El amor te prohibe no amar... tu dulce mano busca la cercanía de la mía... tus ojos dicen te amo, cuando tus labios callan".
- Es verdad lo que dicen esos versos. No puedo dejar de amarte. Es imposible huir de un amor así, tan pleno. En él no cabe la voluntad o la razón. Te amo a pesar de lo que sé que voy a tener que enfrentar por amarte.
- No podemos huir de nuestro destino, Isabella. Y francamente yo no quiero huir de él. Al contrario, quiero que todo se precipite para ser de una vez y para siempre tú y yo solamente.
- Quisiera poder decirte que no te amo. Pero mi alma se aferra a ti como la hiedra al muro.
- Quiero que siempre seas parte de mí. No me abandones nunca, Isabella. No podría soportarlo.
- No lo hago, pero no puedo dejar de pensar en la mujer que tal vez te está esperando en aquél puerto. En ese puerto al que nunca quisiera llegar.
- Nadie me espera, más que tu amor.
Se besan apasionadamente.
- 9 -
Daniel está sumamente angustiado, frente a su padre, que está sentado, muy debilitado por la tensión.
- ¡Ella es la sobrina de un importante hacendado...! ¡Lo único que debe de hacer es pagar la cuenta de sus gastos en el hotel!
- A lo mejor no quiere que su familia se entere de lo que está pasando.
- Pues entonces, habrá que esperar. No creo que esté dispuesta a quedarse allí toda la noche.
- Ella debe estar segura que tú irás para allá. ¡Pueden hacerle un juicio y meterla en una celda por largo tiempo!
- Me siento con las manos atadas. No sé qué debo hacer...
- Lo que cualquier hombre haría en un caso como este: dejar de ser un cobarde y enfrentarse al problema.
Daniel lo mira nervioso.
- No siga con sus reproches, papá. Es demasiado. Además de qué serviría presentarme en la comisaría y contarle la verdad. Eso no paga la deuda con el hotel.
- Pues no le queda otro camino, señor Daniel Martínez del Pozo, que hablar con su prima... Busca a la señorita Patricia, y cuéntale lo que has hecho. ¡Ella es la única que ahora te puede ayudar! Es a la señorita Patricia a quién le tienes que confesar antes que a nadie, la verdad.
- 10 -
Rafael está delante del comisario, que toma nota. Marquitos lo acompaña.
- La persona que usted busca, se encuentra aquí.
Rafael respira aliviado, pero a la vez extrañado. El comisario ordena que traigan a Mariana.
- Suerte para la joven que usted haya acudido a nombre de la familia. ¡La señorita Linares Mariana se ha metido en un gran problema, señor!
- 11 -
Victoria, que baja las escaleras nerviosa, se encuentra con Leandra, que está apagando las luces.
- ¡Leandra!
- ¡Señora! ¿Ocurre algo?
- Victoria inquieta, mirando a todos lados - Me temo lo peor, Leandra. Nuevamente discutí con mi marido...¡Y ahora no sé dónde está! Todos los autos están en el garaje... A lo mejor el señor Augusto se fue a caminar y sabe Dios si volverá...
- Tranquilícese, señora. Hace unos momentos observé que la puerta del cuarto de huéspedes estaba cerrada. Me dio la impresión que alguien dormía allí... Le confieso que pensé que se trataría de su esposo, pero no quise incomodarla a usted y...
- No es posible. ¡Fue el primer lugar donde lo busqué!
- Tal vez en ese momento estaba en el baño o quizás en el despacho... No lo sé... Pero puedo asegurarle que quien duerme en esa habitación, plácidamente, debe ser su marido.
Victoria, confundida, vuelve a subir las escaleras. Leandra todo lo sabe.
Victoria abre la puerta del cuarto. Augusto está durmiendo. Queda desconcertada.
- 12 -
Patricia mira con el gesto perdido por la ventana. Daniel entra en la habitación dispuesto a decirle toda la verdad.
- Señorita Patricia... Ha ocurrido algo muy desagradable... Abusé se la confianza que usted me ha dado en estos años... Hice algo que no debía...
- ¿Qué puede ser tan grave?
- Daniel está asustado, decide inventar
- Se trata de unos parientes... Vinieron a la capital desde Piura... Sin saberlo mi padre, los llevé a la habitación que usted alquiló en el hotel... Son gente pobre... al parecer no se midieron en nada - Titubea - Quería pedirle si me puede prestar el dinero para saldar la cuenta con el hotel. Yo le juro, que trabajaré todas las horas adicionales que usted me pida y no le pediré un centavo de mi salario hasta no cancelarle la deuda.
- ¿Tú sabes para qué alquile la suite?
- Sí, señorita. Usted pensaba recibir a toda la prensa allí y...
- No. Esa habitación la escogí para encontrarme con el amor de mi vida... con Fernando de Alvear.
- Sí, es un lindo lugar para eso...
- Patricia lo mira, con tranquilidad - ¿La amas?
- Daniel, desconcertado - Disculpe... no sé a qué se refiere...
- Podré tener síntomas que para ti son extraños, pero te advierto que no soy ninguna tonta. Cuando yo me mostraba impaciente por encontrar a Fernando, tú lo estabas aún más... Y es esa impaciencia, precisamente, la que te delata. Tú estás enamorado y yo lo sé.
Daniel baja la mirada, ella mantiene la distancia pero habla con calidez, con cierta ternura.
- Los que amamos, solemos reconocernos... ¿Con qué derecho te atreviste a usurpar aquello que estaba preparado para el mayor encuentro de amor de mi vida? ¿Con qué derecho entraste a mi edén?
- Usé ese mismo derecho del que usted habla... El que nos da el amor...
- Patricia, sonríe - Esa respuesta me basta... No hay nada más puro y más honrado que cometer un error por amor. Puedes estar tranquilo. Pagaré la cuenta... Yo sabré guardar tu secreto de amores...
Daniel la mira sorprendido, no le salen las palabras. Patricia vuelve a su ventana, a esperar como siempre a Fernando.
- 13 -
Clara está echada en la cama, algo bebida. Llama por teléfono a la mansión Alvear, contesta Leandra, que ya se disponía a ir a descansar.
Contesta apurada, nerviosa...
- Aló... ¿Eres tú, Clara?
- Oui...
- ¿Estás bien?... ¿Se encuentra bien madame Claire?
- Sí... Aló... ¿Me escucha, madame? ¿Se encuentra bien de salud...?
- Perfectamente... Estar lejos de todo me ha ayudado mucho... Este viaje está logrando sanarme, recuperarme para siempre. ¡Estoy muy feliz!
- ¿Ya llegó su marido? ¿está con él?
- No, Leandra. Estoy con Sebastián... Él me ha hecho sentir la verdadera reina de París.
Leandra calla, no puede oír más.
- Sé que estás allí, intrigante sirvienta... Para que sufras más por mí, quiero que sepas que viajaré a Cádiz a buscar a Fernando... Para mi buena suerte el inofensivo Sebastián me ama tanto, que me acompañará hasta España... ¡Soy muy feliz, Leandra, muy feliz sin ti, sin Fernando, sin mi pasado...!
Clara cuelga bruscamente y sonríe. Leandra ha quedado destrozada.
- 14 -
Mariana se echa a los brazos de Rafael y llora.
- Tiene que sacarme y ayudarme a buscar a Daniel. Él fue quien me invitó... Me llevó a un hotel, uno muy lujoso y permitió que me hospedara. No vaya a pensar usted nada malo. Él debe estar en su casa... No sé en qué lío estoy metida, don Rafa. ¡Nadie me cree!
- Estoy al tanto, Mariana. Para poder sacarte de que, primero tenemos que pagar una fuerte suma de dinero.
- Yo veré que se le devuelva todo, don Rafael, pero lléveme de aquí de una vez.
- Imposible. ¿De dónde podría sacar tanto dinero? Ni siquiera sé si Rosario podrá afrontar tremenda suma...
- ¡No quiero pasar la noche en la cárcel! No me deje aquí, don Rafael se lo ruego.
- Rafael, dirigiéndose al comisario - Sería posible que la muchacha se vaya conmigo, con el compromiso de regularizar la cuenta mañana temprano?
- Si por mi fuera... pero el hotel insiste y no lo veo viable. Lo siento.
El comisario recibe un llamado telefónico del gerente general del hotel. La cuenta ha sido cancelada, Mariana podrá irse.
- ¿Fue Daniel, señor? ¿Fue mi novio quién se hizo cargo de mis gastos?
- Sólo sé que en ese momento usted queda en libertad.
Mariana sonríe aliviada.
- 15 -
Daniel camina nervioso, su padre, que viene de entregar el cheque de la cuenta, lo mira mortificado.
- Me avergüenza mirarte a los ojos y saber que tengo frente a mí a un hijo cobarde, incapaz de enfrentar sus propios actos.
- Usted no me comprende... Yo sólo quería...
- Quiero que escuches bien a tu padre: ¡Yo te puedo ayudar, siempre y cuando vea que te mantienes en un camino derecho, y si no lo haces, no vuelvas a contar conmigo nunca más! ¡No estoy dispuesto a quedarme sin trabajo! ¡Sí tú quieres hundirte, hazlo, pero sólo! ¿Me entendiste? ¡Tú solo!
Juan sale, Daniel queda consternado.
- 16 -
Mariana llega a la casa de tía Adelaida, que la abraza. Ella apenas la corresponde y se va a su cuarto sin decir palabra.
- ¿Ay, Señor... qué le pasó a la criatura?
- Ahora ella no desea hablar con nadie.
Adelaida prende una velita en su pequeño santuario, dirigiéndose a Rafael y a Marquitos:
- ¿Y ninguno de ustedes dos me va a decir qué es lo que ocurrió?
- Es una larga historia, señora... Estuvo a punto de pasar la noche en la comisaría y...
- Por favor, Marcos... Yo le explicaré todo a la señora.
- Yo ya estoy vieja para esto, don Rafael. Si usted viera lo que me cuesta la preocupación: canas, nervios y velas a cada rato para mis santos...
- Puede estar tranquila. Mañana mismo, Mariana estará de regreso en la hacienda.
- 17 -
Leandra quiere conversar con Victoria.
- ¿Por qué me ha pedido que conversemos acá? Sabe usted algo de Fernando o de Clara?
- Anoche llamó madame. Las cosas están yendo de mal en peor. Clara me informó que partía a Cádiz de inmediato para darle el encuentro al señor Fernando... Pero no viajará sola hasta España, lo hará en compañía del señor Sebastián.
Victoria suspira asustada, justo en ese momento Augusto entra al despacho.
- Entonces Clara y él...
- Augusto, molesto - Por supuesto, ¿de quién más podrían estar hablando?
- Leandra, que se dispone a salir -Ordenaré el desayuno de los señores...
- No sé si pedirte perdón o pedir tu comprensión. Las cosas entre Fernando y Clara se complican, querido.
- Basta, Victoria. No puedo pisar un solo rincón de esta casa donde no se hable de ellos. Sólo quiero tomar desayuno y me voy al Club.
- ¿Qué es lo que haces todo el día allí?
- Si me estás interrogando te voy a responder: Voy al club para olvidar un poco que no sólo me he casado contigo, sino también con tu hermano y con tu cuñada.
- Estás siendo muy cruel conmigo... Estás tomando las preocupaciones familiares como pretexto para irte...
- El incidente de anoche me pareció provocado. Fui a buscarte al cuarto de huéspedes y no estabas. Te busqué por toda la casa.
- Si no me crees que dormí en la habitación de los huéspedes, puedes ir ahora mismo... Cama destendida, mi olor en las sábanas, hasta la ropa interior de ayer la puedes encontrar allí.
- ¡Eres un grosero!
- Tú también al dudar de mí. Dormí en ese cuarto, pero lo hice cuando me harté de estar hasta más de la media noche en el jardín, tratando de encontrar una estrella, una sola que me ayudara a sentirme mejor. Estoy harto de tu desconfianza...
- Tengo miedo de perderte... -Llorando - Qué sería de mí si sé que tú me engañas...
- ¡Me voy! Me duele en el alma que dudes de mi palabra, pero al menos tengo el consuelo de saber que piensas en mí y no en Fernando.
Augusto se va, Victoria queda deshecha.
- 18 -
Fernando e Isabella están abrazados en proa. La orquesta de señoritas toca para ellos. El capitán Davis está fascinado con lo que viven, brinda por ellos.
- ¡Por la vida y su gran acto de magia!
- ¿Cuál es esa magia, capitán...?
- Tomar los buenos aires, dejarse llevar por el mejor de los vientos y siempre dominar la travesía con éxito... Llegar a buen destino es tan idéntico como culminar el mejor acto de magia! ¡Y por supuesto un buen brindis para que mis pasajeros puedan ahora volar por nuevos vientos!
- Vientos que nos harán falta...
- Finalmente parece ser que usted si logró darle vuelta al destino, mi querido amigo.
(...)
Fernando e Isabella bailan.
- Daría mi vida para que este momento sea eterno.
- Ya lo es... y no le entregues tu vida a nadie más que a mí... Este momento dura ahora y durará mil vidas más...
Isabella se recuesta en el pecho de su amado Fernando.
- 19 -
Las maletas de Clara están listas. Se despide de Alejandra, conmovida.
- Mon amie... Mi hermana querida... me harás tanta falta. Hubiera preferido que me acompañaras tú...
- Es mejor que sea Sebastián quien lo haga...
- Tienes razón... Te prometo que regresaré con Fernando y sé que tendrás grandes sorpresas para él y para mí...
- Para todos nosotros...
Llega Sebastián, listo para partir.
- ¡Qué guapo se ha puesto el viajero amante!
- No son momentos para bromear.
Alejandra besa a Clara y le da un beso en la mejilla a Sebastián.
- Cuida a nuestra Claire... Tú ahora serás su fiel guardián.
Alejandra y Clara se miran cómplices al tiempo que se abrazan.
- Suerte... Aunque no me creas, también para ti.
Sebastián y Clara van saliendo, ella con un ligero sollozo.
- 20 -
La tía Adelaida abre la puerta a Daniel. La anciana comienza a hablar, molesta.
-¡Al fin el escurridizo enamorado se digna a aparecerse! ¿Cómo es posible que un hombre que se precia de ser caballero haya permitido que Mariana haya pasado el susto más grande de su vida? ¡Metida en una comisaría, rodeada de delincuentes y hampones! ¡No hay derecho, señor Martínez, no hay derecho ni nada que lo disculpe de tan bochornoso suceso! ¡Le prohibo que pise mi casa!
- Señora Adelaida, le ruego que me escuche. Estuve en una reunión de trabajo hasta muy tarde. No podía dejar a los embajadores y ministros en plena...
- ¡A quien no debió dejar ni llevarse a un hotel jamás, es a Marianita!
- ¡Yo no hice más que ayudarla en un momento de necesidad! Si la señora está pensando mal, créame que lo siento. Recién esta mañana me enteré de lo sucedido y...
- Mi sobrina es una joven bien criada, muy decente y merecedora de todo respeto.
- No le he faltado en ningún momento.
- ¡Pues anoche le hizo mucha falta! Si usted quiere verla, pues ya le digo que no va a poder. Mariana ya no está aquí, no está en su hotel ni en la capital. ¡Partió por órdenes expresas de su tía Rosario a la hacienda!
A Daniel le cae el mundo encima.
- 21 -
Francisco le muestra unos documentos a Victoria, que ella firma. Se ve muy nerviosa.
- ¿Sucede algo malo, Victoria?
- Victoria, decidida a hablar - Me alegra que hayas venido... Eres una de las pocas personas con las que me siento en libertad para hablar.
- Para lo que gustes, Victoria. ¿Qué es lo que te preocupa?
Francisco la toma de la mano.
- Se trata de Augusto... Sospecho que me está engañando... Puedo asegurarte que se ve con alguna mujer cada vez que sale de la mansión.
- ¿Estás segura? No sé, a mí me parece que vive pendiente de ti... Escúchame, puedo conseguir a una persona que le haga un seguimiento.
- ¡No, Francisco! ¿Cómo se te ocurre? Dime una cosa... ¿En estos últimos días, has estado con Augusto en el club? ¿Sobre todo en las tardes?
- Francisco, sonriente - Puedes estar tranquila. Sí, hemos jugado mucho tenis, algo de equitación, charlamos y lo he invitado a asistir a las reuniones políticas que vengo celebrando.
- Victoria, aliviada - Entonces era cierto...
- Justamente esta tarde tenemos otra reunión en el club.
- ¡Gracias a Dios...!
- 22 -
Fernando ha recibido un telegrama, que lee en su camarote. Su rostro expresa preocupación.
- Al sobregargo - ¿Cuál es la procedencia del mensaje?
- París, Francia, señor.
- A lo mejor todavía estoy a tiempo...
Fernando arroja el telegrama sobre la cama y sale seguido por el sobrecargo.
- 23 -
Don Rafael llega con Mariana a la hacienda, Rosario está de pie, esperándola.
- Felizmente ya estamos de regreso. No quiero entrometerme, pero Mariana está de pésimo humor. Tal vez lo mejor sea no hablar con ella de lo sucedido...
- Sí, don Rafael, descuide. No le preguntaré nada. Lo importante es que ella está sana y salva.
- Bueno, las dejo. Iré a mi chacra a darme un buen baño...
Don Rafael se va. Mariana y Rosario están frente a frente.
- Por lo que veo el clima de Lima no te asienta muy bien...
- ¡Lo que no me asienta es esta hacienda!
Rosario le estampa una bofetada.
- ¡Vete a tu cuarto! ¡Vete ya!
- 24 -
Juan pasa por delante de Daniel sin mirarlo ni detenerse.
- Papá, por favor. Perdóneme.
- No tengo nada que perdonar. Lo que has hecho está más allá de cualquier cosa que pueda hacer o decirte.
- He aprendido la lección, papá. Me está costando mucho, pero ya aprendí.
- ¿De qué sirve que hayas aprendido si no vas a ser sincero? Enfrentar la verdad es lo único que puede hacerte un hombre de bien.
- Es que me he dado cuenta que la única verdad, por la que he hecho todo esto, es que amo a Mariana. Estoy enamorado de ella. Y ahora la he perdido. Ella se fue a su tierra.
- No se trata de esa muchacha ni de mí, Daniel. Se trata de que tú no te mientas a ti mismo. El único que sale perdiendo eres tú.
- Me estoy enfrentando a mi verdad, papá. Por eso voy a ir a buscar a Mariana.
- ¿Para qué? ¿Para seguir mintiendo?
- No. Para decirle la verdad. Pase lo que pase.
- 25 -
Fernando con el Capitán Davis.
- Han acusado recibo del telegrama que ha enviado usted a su esposa al hotel en París. Pero no dicen nada de si la señora se encuentra aun ahí o ya partió.
- Pero ¿no ha pedido usted que le confirmen si ya partió?
- Hemos enviado un segundo telegrama con carácter de urgente, pero aun no hay respuesta. A veces eso puede demorar.
- Es muy importante que mi esposa no se encuentre con Isabella en el puerto. Debo evitar que ella vaya al puerto a recibirme.
- Lo entiendo y estamos haciendo todo lo posible.
Fernando mira preocupado al capitán. Siente que va llegando un final abrupto y violento a su vida.
- 26 -
Clara y Sebastián viajan rumbo a Cádiz.
- Más vale que cambies de cara, querido. Parece que fueras al patíbulo.
- No sé fingir.
- No se trata de fingir, sino de limpiar tu alma.
- ¿Tienes tú el alma limpia?
- Completamente, fortalecida. Fernando se quedó con la imagen de una Clara deshecha, enferma, que no podía ni siquiera mirarlo a la cara. Ahora se va a llevar una gran sorpresa cuando me vea.
- Con ironía - No lo dudo.
- 27 -
Victoria llega al club con la intención de hablar con Augusto, que está asistiendo a la reunión política.
- Victoria, susurrando - Necesito hablar contigo.
- Espérame afuera. ¿No ves que estoy en una reunión muy importante?
- No puedo esperar. Tengo que decirte ahora mismo que he venido a pedirte perdón por haber dudado de ti.
- Espero que te sirva de lección. Yo estoy muy enamorado de ti, Victoria. Espero que no vuelvas a desconfiar de mí.
- Te espero en casa. Voy a preparar una cena especial para ti. Adiós, amor.
Se besan, Augusto trata de disimular.
- ¿Qué perfume usas?
- Chanel nombre cinq ... ¿Por qué?
- Me encanta. Quiero regalarte muchos frascos.
Se besan nuevamente, Augusto regresa a la reunión.
- 28 -
El camarote de Fernando está vacío. Isabella se asoma.
- ¿Fernando?
Está por salir cuando repara en un papel que está sobre la cama. Lo levanta y lee.
- “Ansío verte más que nunca, mon amour. Parto a Cádiz para recibirte cuando llegues. Quiero abrazarte y decirte cuánto te amo. Más que nunca soy toda tuya. Claire Riveau de Alvear”
Isabella levanta la vista del papel, su expresión es de total y angustioso desconcierto.
- ¡Fernando de Alvear!
Está sobrecogida, no sabe que sentir. Todo se le viene abajo. Estruja el papel con rabia e impotencia.