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  • Capítulo 26: Lazos Familiares (II parte)
    • Zergipio
      Posted Aug 22, 2002 2:22 AM



      En la 304, Ignacio estaba en su puesto, mirando el ventanal, pensando en todas las ocasiones que caminó junto a Carola por los pastos, felices, de la mano...
      - ¿Interrumpo algún pensamiento oscuro? -le preguntó Silvana, sentándose junto a él.- Te estuve mirando todo el día y tu estado es demasiado notorio... ¿Qué pasó?, ¿pelearon con la Carol?
      - No quiero hablar del tema -le pidió Ignacio, sonriéndole.
      - Hace bien sacar estos nuditos que tenemos dentro y que no nos dejan respirar bien... ¿Qué onda?
      - Ya te lo dije... prefiero quedarme con esos nuditos.
      - ¿Pelearon?... ¿Ella tiene a otro?... ¿Tú le pusiste el gorro?... Sorry, pero tengo tantas hipótesis que barajar mientras me cuentas cuál es la cierta.
      - Terminamos, ¿conforme? -le dijo Ignacio, apenado.- Terminamos por culpa mía, no le conté algo y lo supo por otro lado... En fin, no me hagas hablar más...
      - Ignacio, Ignacio, Ignacio -le dijo Silvana, tomándole la mano.- No voy a tratar de consolarte diciendo que esto va a pasar, sólo quiero que tengas algo muy claro: Carola no es la única mujer en el mundo.
      - Es la única a quien quiero a mi lado...
      - Ahora piensas así porque está muy recién el problema, pero acuérdate de mí, a esta edad ninguna relación es tan seria... Te dejo con tus recuerdos.
      Silvana se levanta, le da un beso en la frente a Ignacio y se va.

      En un banco cercano a la sala, estaban conversando Benjamín y Daniel.
      - ¿O sea que estuviste a punto de volver a la soltería? -comentaba Benjamín, sonriendo.- Menos mal que la convenciste a tiempo.
      - Es que es ilógico que terminemos por sus estudios -le dijo Daniel.- Yo demás que puedo ayudarla en lo que está mal.
      - Yo que ella me pongo a pololear con Guido, por lo menos, sería un mucho mejor apoyo que tú y me aseguro con Cálculo, jajaja...
      - No huevées, que es serio... Los problemas recién están empezando. Estamos juntos, sí, pero ahora lo saben sus papás y eso seguro nos va a complicar bastante.
      - ¿Y por qué no intentas ganártelos?
      - Eso pienso hacer... Si ayudo a que Mariela pase todos los ramos, tendré a mis suegritos comiendo de mi mano.
      - Así se habla...
      - Y tú, ¿no podrías hacer lo mismo con los papás de Andrea? -le preguntó Daniel, sonriendo.- A veces se gana mucho conquistando a los suegros.
      - No me interesa ganarme a los papás de Andrea -le dijo Benjamín, poniéndose más serio.
      - Obvio que no, debes partir conquistándola a ella... Parece algo difícil, pero no creo que sea tanto, igual deberías jugártela más, estás muy quedao últimamente.
      - ¿Y qué quieres que haga?... ¡Cuesta tanto ser amigo de alguien que te gusta!, de repente quiero saber qué le pasó con Gonzalo, saber por qué terminaron, quiero verla contenta... pero por otro lado, no sé si estoy siendo sincero...
      - ¿Crees que estás buscando tu beneficio?
      - Sí, eso es precisamente lo que creo... Y definitivamente no me gusta el papel que estoy jugando en todo esto...

      Más tarde, en las afueras de la 304, Catalina salía de la sala y se encuentra con Cristian.
      - No es por ser copuchento, pero vi cuando Álvaro llegó con Aline -le dijo Cristian, sonriendo malicioso.- ¿Ustedes no estaban pololeando?
      - Sí, estábamos, tiempo pasado -contestó fríamente Catalina.- ¡Ah!, y por si acaso, yo fui la que le pegó la cortá, él me sigue queriendo, no vayan a creer que me dejó por Aline...
      - Yo no he dicho nada, sólo hice una pregunta... Igual te noto como tristona estos días, a ver, dame tu mano... Este dedito es un niño, este otro es un cocodrilo, este otro es una isla y este otro es un barco...
      - ¿Y el que falta? -preguntó Catalina, interesada en el cuento de Cristian.
      - No sé, inventé esa tontera para poder tomarte la mano...
      - ¡Pesao! -le dijo Catalina, quitándole su mano.- Igual, gracias por tratar de subirme el ánimo, lo tendré en cuenta...
      - Deberías tener en cuenta que soy entretenido, tierno y amoroso todo el día... toda la semana... todo el mes y...
      - ¡Todo el año tan cuentero! -le dijo Gabriela, bastante molesta, interrumpiéndolo.
      - ¡Gabriela! -se sorprendió Cristian.
      - La misma -dijo ella, mientras se arreglaba la chasquilla.- Toma, tienes cuatro llamadas perdidas en tu celular, parece que a alguien le urge hablar contigo.
      - Permiso -dijo Cristian, tomando su teléfono y apartándose del lugar.
      - ¡Cuidadito tú con andar haciéndole ojitos! -le dijo Gabriela a Catalina, mirándola desafiante.- ¡Ya, nos vemos!
      - ¡Bah, no estoy ni ahí con tu Cristian! -le gritó Catalina, mientras Gabriela se alejaba del lugar.

      En otro lugar, Andrea conversaba con Aline, quien se notaba contenta.
      - Es como extraño -le comentaba Aline, sonriendo.- Igual me tiene entusiasmada lo de Álvaro, pero es como ahí no más, ¿cachai?
      - Sí, te cacho -le dijo Andrea.- Lo importante es que logres sacar de tu corazón el fantasma de Fabián.
      - Eso estoy tratando... Tú deberías hacer lo mismo y darte una oportunidad junto a Benjamín.
      - ¡Otra más!
      - ¿Cómo que otra más?, ¿ya te habían hecho el comentario?
      - Sí, la Silvana... Oye, yo puedo vivir sola, no necesito tener una pareja a mi lado para sobrevivir... Aparte que no me siento preparada todavía.
      - ¿Qué fue lo que pasó con Gonzalo? -le preguntó Aline, curiosa.- Algo grande tuvo que pasar ahí para que hayas cerrado esa puerta tan de golpe.
      - Fue una estupidez, pero me prometí a mí misma que no hablaría del tema, así que te pido, por favor, que no me preguntes sobre eso...

      En el baño de hombres, Cristian marca el número de Diana desde su celular.
      - ¡Ya te he pedido que no me llames aquí! -le dijo Cristian, un poco enojado.- Si sé que le dirás a Gabriela que no contestaba su celular, pero de todas formas me pongo nervioso, o sea, ¡es tu hija!, ¿cachai?... y es mi amiga más encima... Sí, no me digas eso, ya sé que no puede ser de otra forma, pero igual me siento mal... Oye, no he dicho tal cosa, sé que me pagas bastante bien y no me saques eso en cara porque los valgo, ¿o no?... ¿A qué hora?... Sí, a las nueve está bien, ¿te parece en el mismo departamento que ocupamos la otra vez?... Ese mismo, el 728, Providencia 2453... ¡Obvio que séptimo piso!... Ya... Yo también, chao... Lleva la pla... ¡colgó!
      Cristian borra la lista de llamadas, guarda el teléfono en el bolsillo de la chaqueta y sale del baño... En ese momento, se abre una de las casetas y aparece Fabián, que había escuchado toda el monólogo de Cristian.
      - ¡Quién lo hubiera dicho! -dijo Fabián, mientras sonreía malicioso.- Cristian y la mamá de Gabriela, ¡qué parejita!...

      Más tarde, en el casino de informática, Luciano y Catalina se habían juntado a estudiar álgebra.
      - ¡Ya poh, concéntrate! -le dijo Luciano, molestándose.- Llevamos media hora en este ejercicio, así no se puede.
      - Lo siento, sorry, no estoy en mi mejor día -le dijo Catalina, tomándose la cabeza con ambas manos.- Tengo la cabeza puesta en otra parte.
      - Entonces no estudiemos... ¿prefieres contarme qué te pasa?
      - No, mejor que no... Álvaro llegó a la sala coqueteándole a Aline, y eso me cargó... pero prefiero no contarte nada, ¿no te enojas?... Igual me dio lata eso, o sea, na’que ver lo encontré de su parte... pero esas cosas las reservo para mí, me carga andar contando lo que me pasa...
      - ¡Qué manera de cagarme de la risa! -exclamó Luciano, ante la confusión de ideas de Catalina.
      En ese momento, se abre la puerta del casino, y entran tomados de la mano Ennio Zuccar, director del departamento de cultura, con Irene Delpiano, la sicóloga. Caminan y se acomodan en una mesa muy cercana a la puerta, ante la mirada incrédula y furiosa de Luciano.
      - ¿Qué te pasa, Luciano? -le preguntó Catalina, dándose cuenta del malestar de su amigo.- ¿Por qué te pusiste así?
      - Nada, quiero irme -dijo Luciano, tomando su mochila.- ¿Te vas?
      - Sí, me voy contigo, no creo que avancemos mucho con los ejercicios...
      - Ya, vamos entonces...
      Luciano comienza a caminar rumbo a la salida, y cuando pasa junto a la mesa de la sicóloga, deja caer la mochila.
      - Disculpen, ¿eh? -les dijo Luciano, mientras miraba fijamente a Irene.
      - No te preocupes -le dijo Ennio, sonriendo.- Sería bueno que te compraras un buen libro y lo pusieras en tu cabeza, a ver si te ayuda a caminar mejor.
      - Permiso -dijo Luciano y salió del casino, seguido por Catalina, que no entendió que había pasado.

      En Alameda, Cristian caminaba de la mano con Macarena, su polola, rumbo a su casa. A pesar de sus inseguridades, ella lo amaba... De repente, Cristian se detiene.
      - ¿Qué te pasa? -le preguntó Macarena, curiosa.
      - ¡Mi celular no está! -dijo Cristian, buscando entre su ropa.- Estoy seguro que lo metí en mi chaqueta... ¿o en la mochila?
      - ¡Eres muy volao!, menos mal que tienes la cabeza donde debes... ¿No se lo habrás dejado a Gabriela?
      - No, na’que ver... ¿o sí?... ¡Puta, no me acuerdo!, lo más seguro es que ella lo ande trayendo... Tendré que pedírselo mañana.
      - ¿Tenías que hacer una llamada ahora? -le preguntó Macarena, sacando su teléfono.- ¿Quieres ocupar el mío?
      - No, mi amor, gracias -le dijo Cristian, dándole un beso en los labios.- No es nada urgente...
      Mientras tanto, en una micro hacia Ñuñoa, Gabriela escucha su celular... Había recibido un mensaje.
      - “No digas nada, no preguntes nada, sólo siente y déjate llevar. Te espero a las nueve y media en Providencia 2453, 728. Cristian”.
      Gabriela se sorprendió, pero algo muy profundo hizo que una sonrisa se dibujara en su rostro. Guardó el celular y siguió su viaje pensando en su esperado encuentro con Cristian.
      - ¿Cambiaste el celular? -le preguntó Silvana a Fabián, mientras éste mandaba un mensaje.
      - ¡Me asustaste! -le dijo Fabián, tomándose el pecho.- No, me encontré este celular botado y estaba mandando un par de mensajes... ¡Había que aprovechar!, jajaja...
      - Bueno, yo me voy, nos vemos mañana...

      20:30 PM.
      En la casa de Ignacio, él estaba absorto en su computador, jugando a las carreras de autos... Cada vez que se presentaba algún problema, decidía mantener la mente ocupada jugando: era su forma de relajarse.
      - ¿Te molesto? -preguntó Karina, abriendo la puerta sin haber golpeado.
      - Sí... desde hace muchísimo tiempo es lo único que haces -le dijo Ignacio, sin apartar la vista de su juego.
      - ¿Tienes desodorante ambiental?, quedó pasado a ironía... Mira, Ignacio, yo venía a decirte algo bastante grave que me pasó... ¡Me despidieron!
      - ¿Ah, sí? -preguntó Ignacio, dejando su juego de lado.- Pero ni siquiera habías comenzado las clases.
      - Se enteraron que yo pololeaba con un alumno de la universidad y eso va contra las normas del departamento... O sea, es tu culpa...
      - ¡Ja!, eres muy fresca, Karina... Más encima la culpa es mía... Si fuera por mí, no tendría ningún lazo contigo... ¡Eso!... Es la oportunidad exacta para fingir que terminamos tal como hemos fingido que hemos estado pololeando.
      - Yo no estoy fingiendo nuestro pololeo.
      - Nuestra relación se acabó en el mismo momento que preferiste viajar por Europa a quedarte conmigo.
      - Era mi carrera... Decías quererme mucho, pero nunca entendiste que yo también necesitaba crecer como profesional, porque tienes la mente chica y cerrada.
      - No fue sólo eso como decidiste crecer... Ahora sale de mi pieza, ya te diste cuenta que molestar es lo único que haces...
      Ignacio volvió su vista al monitor del computador y continuó su juego, mientras Karina salía de la pieza dando un portazo.

      Cerca de la casa de Aline, Álvaro y ella caminaban juntos, mientras conversaban sobre sus vidas.
      - ...y así terminamos -decía Aline, no muy contenta.- Fabián por su lado, yo por el mío, pero tendremos que vernos las caras por varios años más.
      - ¡Qué mala eso de tener que ver a quien no quieres por obligación! -le dijo Álvaro, mirando el cielo.- Lo importante es que consigas cerrar ese capítulo.
      - Estoy haciendo lo posible.
      - ¿Eres rencorosa?
      - No sé si rencorosa, no creo... Pero no puedo olvidar de la noche a la mañana algo que fue significativo... ¡muy significativo!
      - ¿Lo que pasó en la fiesta de la Carola lo fue?
      - ¿Significativo?... No, no te puedo echar la culpa... Tú aceptaste ir conmigo para verte con Catalina y yo quería sacarle celos a Fabián... Que yo me haya entusiasmado con el jueguito es culpa mía.
      - ¿Y sigues entusiasmada con el jueguito? -le preguntó Álvaro, abrazándola y mirándola a los ojos.
      - No lo sé, no tengo claro si son jueguitos los que quiero tener.
      - ¿Tienes ganas de jugar ahora?
      - Mmm... tal vez sí...
      Álvaro acerca sus labios a los de Aline, tenía muchas ganas de besarla... pero cuando iban a hacer contacto, ella corre la cara.
      - ...tal vez no -dijo Aline, caminando.- Lo siento, Álvaro, no creo que sea el momento preciso para iniciar el partido... Gracias por acompañarme...

      Recostada sobre su cama, Andrea leía “Lazos de Amor”, otro libro de Brian Weiss, mientras escuchaba una suave música instrumental.
      - Andrea, te llama el Benja -le gritó Lorena, su hermana menor.
      - Gracias -dijo Andrea, levantando el auricular.- ¿Cómo estás, Benja?
      - Bien, bien, aquí estamos -le dijo Benjamín.
      - ¿Qué onda?
      - Nada...
      Benjamín quedó en silencio. Andrea tampoco supo qué decir.
      - ¿Pasó un angelito? -le preguntó Andrea, en forma tierna.- ¿Quieres decirme algo?
      - No sé, quería escucharte no más... Eso era todo.
      - ¿Y para eso estás gastando teléfono?... ¡Ufff, qué raro viniendo de ti!
      - Hablando en serio... no quiero ser cargante, pero a veces pienso en ti y me dan...
      - Benja... a ver -le dijo Andrea, interrumpiéndolo.- Yo tampoco quiero ser dura, no quiero lastimarte, en serio, pero... por favor, no estés pensando en cosas que no van a ser.
      - ¿Por qué no?... Dame razones para no intentarlo por último... ¡Razones válidas!, no me vayas a salir con que no quieres perderme como amigo.
      - Justamente, ésa es una de las razones... “Para que nada nos separe, que nada nos una”... Cuesta entenderlo, pero es lo mejor ahora, para ambos...
      - ¡Claro que cuesta entenderlo!
      - Si quieres, lo hablamos en persona... Este tipo de conversaciones me gusta tenerlas mirando a los ojos, así por teléfono no me gusta...
      - Está bien, mejor hablemos mañana... ¡Pero no te vayas a correr!
      - No, mañana hablaremos bien de todo esto... Y le daremos una solución definitiva, ¿te parece?...

      En su dormitorio, Guido estaba sentado en el piso mirando fijamente la cubierta de su cama: sobre ella estaba su celular, que no había parado de sonar... En eso, sacó fuerzas de su interior, tomó el teléfono y contestó...
      - Aló, ¿Guido? -preguntó Ramiro, llamando desde Osorno.
      - Sí, Ramiro, soy yo...

      21:25 PM.
      Sin avisarle a nadie, Gabriela había salido de su casa con la ropa más fashion que encontró en su closet. El que Cristian la haya citado a un departamento a solas no podía significar otra cosa: quería algo más con ella... Estaba feliz, emocionada, como si estuviera caminando entre nubes; claro, sin dejar de arreglarse la chasquilla... Llegó al séptimo piso del edificio de Providencia y, como si fuese una novela, encontró la puerta del 728 entre abierta... Despacio y sin meter ningún ruido, terminó de abrirla y caminó sigilosamente al dormitorio con una idea fija en la mente, concretar ese encuentro que había anhelado por varias semanas... Recostado sobre la cama estaba Cristian, vestido sólo con unos jeans y con el pelo mojado, como si hubiera salido recién de una ducha... sintió cosquillas en el estómago, la emoción no la dejaba ni siquiera respirar en forma normal, su corazón latía más rápido... él la estaba esperando... esperando por ella... cerró sus ojos, emocionada, muchas imágenes pasaron por su mente en ese par de segundos... sonreía, sonreía ansiosa... abrió sus ojos y el rostro de emoción que había en ella cambió... el mundo pareció caerle encima: se abrió la puerta del baño y apareció otra mujer... vestida solamente con un diminuto y llamativo baby-doll negro... Era Diana, su madre...


      - - CONTINUARÁ - -


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