Sentadas en los pastos de Informática, Gabriela estaba conversando con Catalina.
- ¿¡A Peñaflor!? –preguntó Gabriela, sorprendida.- O sea, las cosas van por buen camino, Cata. ¡Topísimo!
- Sí, estuvo todo el sábado conmigo –le dijo Catalina, suspirando.- Es tan cariñoso conmigo. Aunque no quiso conocer a mi familia, todavía.
- Eso no importa, están recién empezando... Fíjate bien cuando te haga regalitos que sean de Village, y no esas porquerías chinas que venden en los persas.
- Me da lo mismo, no me interesa lo material.
- Deberían importarte: no son pruebas de cariño, pero sí detalles bien especiales para una... A todo esto, ¿me vas a decir quién es?
- No tendría que hacerlo, pero...
En ese momento, suena el celular de Gabriela.
- ¡Qué mal momento para llamar! –dijo Gabriela, tomando su aparato.- Es mi mamá, ¿qué querrá?... ¿Aló?
- Gabrielita –le dijo Diana, su madre.- Te llamo cortísimo. Te aviso que voy saliendo a un remate de obras de arte a beneficio de la Fundación “Niños sin Juguetes”, ¿me quieres encargar algo?
- No creo, prefiero tener otros adornos más fashion en mi pieza.
- Como quieras, linda –le dijo su madre.- Nos vemos entonces, ta tá.
Y colgó... Gabriela guarda su celular, y sigue hablando con Catalina.
- Sigamos –dijo Gabriela, ansiosa.- Me ibas a decir con quien andas...
- Sí, pero me arrepentí –le dijo Catalina, mirando a otro lado.- Prefiero no tener problemas con él... Le preguntaré si te puedo decir.
- Espero que diga que sí. Dile que soy tu mejor amiga, ¿ok?
- Se lo diré...
En la 304, estaban conversando Alejandra y Daniel.
- Estoy convencido que le gusto a Silvana –le dijo Daniel, sonriendo.
- ¿Estás seguro? –le preguntó Alejandra, sorprendida.
- Casi...
- Y a ti, ¿te gusta ella?
- Pos pa’que te digo que no, si sí...
- ¿¡Cómo que sí!? –le dijo Alejandra, un poco molesta.- ¿Y Mariela?
- También me gusta...
- ¡Ah, no!, no voy a permitir que le hagas daño a mi amiga, ¿me oíste?
- No quiero hacerle daño... Al contrario, quiero estar seguro antes de tomar una decisión... ¿Tú crees que yo le gusto a la Mariela?
- No voy a responderte eso, averígualo tú mismo.
- Ok –le dijo Daniel.- Eso haré.
En otro lugar de la Ucem, Fabián caminaba de la mano con Aline, y ella lo suelta repentinamente.
- ¿Pasa algo? –le preguntó Fabián, extrañado.
- Sí, pasa algo –le dijo Aline, muy firme.- No puedo fingir que no me molestan tus actitudes... Tengo mucha pena, Fabián, no me siento querida por ti.
- ¿Ya empezamos con estupideces?
- No son estupideces... Yo no soy adivina, ¿cómo puedo saber si en verdad quieres estar conmigo o me estás usando para pasar el rato?
- Te repito lo que te dije hace bastante tiempo... Si crees que voy a pasarme el día entero dándote besitos, estás perdiendo el tiempo.
- ¿Por qué eres así conmigo?
- Si no te gusta, terminamos ahora...
Hubo un silencio entre los dos.
- Fabián –le dijo Aline, mirándolo a los ojos.- Yo te quiero de verdad.
- Yo también, pero a mi manera...
- No se nota.
- Entonces, dime qué quieres hacer... ¿Terminamos o no?
Aline queda en silencio, sabía lo que tenía que hacer.
- Pienso que deberíamos darnos un tiempo –le dijo Aline, muy apenada.- Así nos daremos cuenta si estar juntos es lo mejor para ambos.
- ¿Un tiempo? –preguntó Fabián, sonriendo en forma antipática.- Si crees que es lo mejor, está bien...
Fabián comienza a caminar, dejando sola a Aline.
- Parece que hubieron problemas –le dijo Cristian a Gabriela, mientras miraban la escena.- Fabián debe haberla pateado.
- ¡Por favor, Cristian, esas palabras! –le dijo Gabriela, arreglándose la chasquilla.
- ¡Bah!... Oye, ¿qué vas a hacer en la noche?
- Nada, estar en mi casa, probándome unas tenidas fashion que me compré el fin de semana en el Alto Las Condes... ¿Por qué?, ¿me vas a invitar a alguna parte?
- Pensé que podríamos ir a tomarnos algo, así nos despejamos de todo esto... Y además, me gustaría contarte algunas cosas que he pensado sobre mi “trabajo”.
- Schhht, ¡que nadie escuche que estás trabajando! –le dijo Gabriela, nerviosa.- Me parece buena tu idea de salir en la noche, ¿me pasas a buscar como a las 20:00 hrs.?
- Déjame anotar tu dirección...
Cerca de la sala, estaban conversando Carola y Mariela.
- ¿Así que se fueron tomados de la mano? –preguntaba Carola, riéndose.- ¡Tenis que puro agarrártelo!
- ¡Ay, Carola, las cosas que dices! –le dijo Mariela, poniéndose roja.
- Dime que no te gustaría...
- Oye, Mariela –le dijo Alejandra, apareciendo de repente.- La otra vez te dije que me gustaría Daniel para ti, pero ahora lo dudo... Mejor que no te entusiasmes.
- ¡Qué onda! –dijo Carola, sorprendida.
- ¿Por qué me dices eso? –le preguntó Mariela.
- Daniel puede hacerte daño...
- No creo que Daniel pueda hacerle daño a alguien.
- Créeme, lo mejor es que dejes de pensar en él...
- ¿Pero por qué no hablas más claro, Ale? –le dijo Carola.- O sea, la Mariela tiene derecho a saber qué onda con Daniel.
- Mmmm –dijo Alejandra, mirando a sus dos amigas.- Yo cacho que Daniel no sabe lo que quiere... Nadie dice que tú no le gustes, pero...
- ¿Silvana? –preguntó Mariela.
- Sí –dijo Alejandra, mirándola a los ojos.- Yo creo que tienes que cuidarte de ella...
En otro lugar, Daniel estaba comprando en el kiosko, y Silvana llega a su lado.
- ¿Con quién te fuiste el viernes en el metro? –le preguntó Silvana.
- ¡Bah! –le dijo Daniel.- ¿Me estás controlando?
- ¿No me vas a responder?
- Me fui con los chiquillos, como todos los días... ¿Algún problema?
- Me contó un pajarito que te fuiste de la mano con Mariela todo el camino, ¿es verdad?
- Sí, ¿qué tiene?
- Está bien –le dijo Silvana, algo molesta.- Decide ahora mismo... Mariela o yo...
Daniel queda muy sorprendido con la pregunta; Silvana esperaba su respuesta.
- ¿Decidirme? –preguntó Daniel, sonriendo.- Pero si yo no tengo compromisos ni contigo ni con ella.
- ¿Y quieres tenerlos?
- A lo mejor, pero más adelante.
- Puedes perder...
- Si me quieres, me esperarás...
- ¿Tú crees?
- Sólo si quieres estar conmigo...
- Bueno, ya lo veremos –dijo Silvana, retirándose.
Daniel sonreía complacido, su doble juego había resultado tal como lo había planeado: conquistó a Mariela y a Silvana. Ahora, sólo faltaba esperar cual de ellas se decidía primero.
17:20 PM.
La clase había terminado. Ignacio y Carola habían salido juntos. Él iba mirando a su alrededor, como si buscara algo.
- ¿Qué ocurre? –le preguntó Carola.- ¿Esperar ver a alguien?
- La verdad, sí –le dijo Ignacio.- Pensé que Manuel podría estar esperándote otra vez.
- No te preocupes por eso. Benjamín me contó que se fue a Osorno ayer en la tarde.
- ¿Entonces era cierto que se quedó en su pensión?
- Aunque no lo creas... Pero en fin, deja de preocuparte de Manuel, ¿ok?, ya no molestará más... Espero.
Saliendo de la sala, Benjamín conversaba con Daniel.
- Creo que te estás pasando, Daniel –le dijo Benjamín, serio.
- ¿Lo dices por Mariela y Silvana? –le preguntó Daniel, sonriendo.- A mí me gusta el jueguito, y pienso que está dando los resultados que yo esperaba.
- ¿No te importan los sentimientos de ellas?... O sea, estás conquistando a las dos para saber cuál cae primero... Si así fuera, ¿qué pasará con la otra si queda enganchada contigo?
- No creo que eso pase –le dijo Daniel, bajándole el perfil a la situación.- Tampoco soy un Brad Pitt pa’que las dos queden enamoradas de mí.
- Eso espero, le tengo cariño a ambas y no me gustaría verlas sufrir...
- Mejor cambiemos el temita –dijo Daniel, comenzando a caminar con su amigo.
Tras la puerta, estaba Silvana escuchando la conversación.
- ¿Así que ésas eran tus intenciones? –dijo Silvana, furiosa.- Lamento decirte que tu jueguito llegó hasta aquí no más, Daniel...
20:00 PM.
En casa de Gabriela, tocan el timbre y Jaime sale a abrir. Era Cristian.
- Adelante, joven –le dijo Jaime, haciéndolo pasar a la sala.- La señorita viene de inmediato, está terminando de arreglarse.
- Gracias –dijo Cristian, sentándose en el sofá.- ¡Mansa casita!
- ¿Le sirvo algo?
- No, no se preocupe Jaime, gracias.
- Lo dejo entonces...
En ese momento, se siente un portazo.
- ¡Maldición! –gritó Diana, la madre de Gabriela.- ¡La Ornella Rossini me ganó el cuadro de la Frida en el remate!... ¡Jaaaaaime!... ¡Perdí el cuadro más brutal!
Diana venía mal humorada, no había sido un buen día. Comienza a caminar lentamente hacia la sala y queda muy sorprendida al encontrarse con Cristian.
- ¿¡Qué estás haciendo aquí!? –le preguntó Diana, molesta.- ¡Estás loco!, ¿cómo se te ocurre venir a mi casa?
Cristian estaba mudo de la impresión.
- ¿Queris más plata? –siguió preguntándole Diana.- Si vienes a conversar con mi esposo, pierdes tu tiempo, no te creerá ni una palabra... Voy a sacar mi chequera y te daré otro poco de...
- ¡Hola mamá! –dijo Gabriela, apareciendo, muy sonriente.- ¿Ya conociste a Cristian?... Es compañero de la universidad.
- ¿Es tu compañero? –preguntó Diana, horrorizada.
- Bueno, es mi amigo también –dijo Gabriela, saludando a Cristian.- ¿Nos vamos?
- Sí, vamos –dijo Cristian, levantándose de su puesto, todavía nervioso.- Nos estamos viendo, señora.
- Chao, mamá –dijo Gabriela, saliendo de la sala con Cristian.
Diana no respondió, se quedó helada en el lugar que estaba.
- - CONTINUARÁ - -
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