A pesar que no lograba salir de su asombro, Carola toma del brazo a Manuel y sale con él a la calle.
- ¿Qué haces aquí? -le preguntó Carola, nerviosa, preocupada y muy molesta.- Pensé que en nuestra última conversación había quedado todo claro.
- Lo que quedó claro es que hablaste con rabia -le dijo Manuel.- No puede haber dejado de quererme de un día para otro.
- No ha sido un día para otro, Manuel, yo te quise harto, sufrí harto, y ahora estoy comenzando una etapa distinta... Por favor, entiéndelo.
- ¿Qué quieres que entienda?... Yo sigo queriéndote, te extraño, y me arrepiento todos los días de haberte engañado... Carola, tú eres la mujer que yo amo, la que mejor me conoce, la que me ha apoyado en los momentos más difíciles...
- Nuestros caminos comenzaron juntos, pero ya no lo están... Es cierto lo que dices, tal vez sea la mujer que más te conoce, quizás seas tú el hombre que más me conoce a mí... Pero el sentimiento rico que me producía el verte ya no está... Y no fui yo la que lo terminó...
- Perdóname -le dijo Manuel, mientras una lágrima corría por su mejilla.- Dime que me perdonas, vuelve conmigo... Te quiero...
- Me haces las cosas muy difíciles...
- Carola, no me dejes -le dijo Manuel, abrazándola.
En la fiesta, Ignacio estaba en el jardín y Benjamín sale a hablar con él.
- ¿Incómodo? -le preguntó Benjamín.
- ¿Pregunta estúpida? -le respondió Ignacio, con otra pregunta.
- Sí, en realidad estúpida... Mejor ni conversar contigo, sé bastante bien quien creó el universo...
- ¿Sabes lo que me da rabia? -le dijo Ignacio, de improviso.- No saber qué hacer... ¿Qué tengo que hacer?, ¿salir y pegarle un combo a ese tipo?, ¿esperar a que Carola me diga que decisión tomó?, ¿irme a mi casa y esperar unas disculpas?...
- ¿Por qué no haces lo que sientes?
- Nunca he sido tan espontáneo como para demostrar mis sentimientos.
- Bueno, somos dos... Espera entonces, espera que te den ganas de hacer alguna cosa y házla...
Mientras tanto, Mariela conversaba con Alejandra y Martín.
- ¿Así que ése es Manuel? -preguntó Mariela.
- Sí, ¡qué lata la situación! -dijo Alejandra, sentimental.- ¡Todos los hombres son unos estúpidos!
- ¿Queris pelear conmigo? -le preguntó Martín.
- No tengo ningún interés, fíjate -le dijo Alejandra, sonriéndole en forma antipática.
- Bueno, el cabro se la quiere jugar, hay que dejarlo -opinó Martín sobre Manuel.
- ¡Eso mismo! -dijo Mariela.- A lo mejor le hace falta a Ignacio jugársela más por Carola, ¿no fue él quien tiró la toalla cuando supo que estaba pololeando?
- Sé que tienen razón, hay varios que deberían tener el valor de arriesgarse y cruzar el río -dijo Alejandra, mirando a Martín.- Pero de todas formas, me preocupa qué vaya a pasar después de la conversación de Carola... Se está demorando mucho...
- ¡Oye, Martín! -lo llamó Luciano.
- ¿Qué pasa? -le preguntó Martín, curioso.
- Habla más bajo -le dijo Luciano, riéndose.- ¿Curemos a Guido?
- ¡Yaaaaa!
En la radio, comienzan a tocar una antigua canción de Bon Jovi, Never Say Goodbye.
- ¡Qué buen tema! -dijo Silvana, sonriendo en forma maliciosa, acercándose a Daniel que estaba junto a Mariela.- ¿Bailamos, Daniel?
- Claro -dijo Daniel, mirando nervioso a Mariela.
En otro lugar de la misma sala...
- ¡Qué rico que hayas venido conmigo! -le decía Aline a Álvaro, mientras miraba a Fabián.- Aunque te he notado bastante distraído...
- Sí, disculpa, tengo la cabeza en otra parte -le dijo Álvaro.
- ¿Sigues preocupado por lo del paro?
- Parece que va para largo...
- Pero relájate un ratito -le dijo Aline, haciéndole cariño en el pelo.- No pienses en otra cosa que en la fiesta, imagina que estamos nosotros dos solos aquí...
Aline le da un beso a Álvaro en la mejilla. Fabián miraba molesto la escena.
- ¿Salgamos al patio? -le pidió Álvaro a su pareja, tomándole la mano.
- Vamos -le dijo Aline, sonriéndole.
- Éjale -le comentó Benjamín a Andrea.- Parece que tendremos harto de qué hablar el lunes...
- ¡No seas copuchento, Benja! -lo retó Andrea, sonriéndole.
Ya en el patio...
- ¡Aquí estamos! -le dijo Aline, sonriéndole a Álvaro.- ¿Quieres decirme algo que nadie escuche, tal vez?
- Sí, la verdad es que sí, y no muy agradable -le dijo Álvaro, bajando la cabeza.
- ¿Qué onda? -preguntó Aline, preocupada.
- Yo estoy pololeando con Catalina hace algún tiempo... De hecho, acepté venir a la fiesta para darle una sorpresa, pero no se apareció.
Aline se sintió pésimo, pero lo disimuló con una sonrisa.
- ¡Ah, no sabía que estaban juntos! -dijo Aline, fingiendo alegría.- ¿Y cómo se llevan?, ¿bien?, ¿la tratas bien?
- Nos llevamos bien, pero no hemos querido dar a conocer nues...
- Permiso -dijo Aline, interrumpiéndolo y entrando rápido a la casa.
En la cocina, Martín y Luciano le convidaban tragos a Guido, quien ya no ponía resistencia.
- Recuerdo cuando el profe Catalán vio el teorema del supremo -dijo Martín, sonriendo.- Fue espectacular esa clase.
- Súper buena -dijo Guido, entusiasmado con la conversación.
- Brindemos por el supremo -dijo Luciano, levantando su vaso.- Para todo copete, rico, heladito, y tan fuerte como usted lo desee, existirá alguien que tomará menos que el supremo... ¡Salud!
- Salud -decía Guido, tomando de su vaso.
- ¡Pero al seco poh! -le decía Martín.- Todo sea por el perro.
- Todo sea por el profe -decía Guido, siguiendo el juego de sus compañeros.
- ¿Y recuerdas cuando el profe nos dijo bípedos implumes, Martín? -le preguntó Luciano.- ¡Es la talla más original que ha dicho algún profe!
- ¿Merece un brindis? -dijo Martín.
- Sí, lo merece -dijo Luciano, sirviéndole más a Guido.- ¡Por las tallas que tira el perro Catalán!
- Por las tallas -decía Guido, volviendo a tomar...
Alejandra se acerca a Ignacio, que aún estaba en el patio.
- Ignacio -lo llamó Alejandra.
- ¿Qué? -preguntó él, sin ningún entusiasmo.
- Carola está en la calle... Me pidió que te viniera a buscar, porque quiere hablar contigo...
Ignacio se levanta y comienza a caminar lentamente hacia donde se suponía estaría Carola... Se le pasaron miles de ideas por la cabeza, desde encontrarla abrazada a Manuel hasta recibir la noticia que volvería a Osorno.
- Ignacio -le dijo Carola, con lágrimas en los ojos.
- Carola -le dijo Ignacio, sonriéndole en forma tierna.
- ¡Ay, Ignacio, Ignacio! -le dijo Carola, abrazándolo.- No me dejes sola, por favor.
- ¿Y Manuel?
- Le pedí que volviera a Osorno, no quiero verlo más, me hace daño... Estoy empezando una nueva etapa en mi vida, y en ella tú eres parte importante...
Carola le toma la mano y le da un beso.
- Quería decirte que todos tenemos nuestro pasado, y que muchas veces nos va a perseguir por donde quiera que vayamos -le dijo Carola, mirándolo fijamente a los ojos.- A pesar de eso y de cualquier cosa, no dudes nunca te quiero...
- No lo dudo... Y era de eso mismo que quería conversar contigo hoy...
- ¿Mi regalo de cumpleaños?
- Espero que no sea eso, sino un regalo de todos los días... Carola, me gustaría mucho que fueras mi polola...
- ¿Tu polola? -repitió Carola, sonriéndole.- Mmm... voy a tener que pensarlo... pero no mucho...
Carola se acerca a Ignacio y le da un beso, contenta, en señal de aceptar su propuesta. Él, por su parte, se sentía muy feliz y, por qué no decirlo, enamorado.
En otro lugar, estaba Alejandra conversando con Mariela.
- No lo entiendo, te juro que no lo entiendo -le decía Mariela.- En un momento está a mi lado, mostrándose tierno, haciéndome cariños... y mira ahora, cinco minutos después, se porta igual con Silvana... ¿Es un juego o qué?
- Aún no conozco tan bien a Daniel para darte una opinión... Quizás sea su naturaleza, qué se yo...
- Lo mismo me dijo él, que es su naturaleza... ¡Me carga su naturaleza!
- Oigan, chiquillas -les dijo Andrea, acercándose algo preocupada.- ¿No se les estará pasando la mano con Guido a Martín y Luciano?
- ¿Se curó? -preguntó Alejandra.- A ver...
Efectivamente, Guido estaba en la cocina, junto a Martín y Luciano, que no dejaban de reírse.
- Dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciseis -cantaba Guido, muy mareado.
- Oye, Martín -le dijo Alejandra.- Ten cuidado con Guido, se nota que no está acostumbrado a tomar...
- Ya se le pasará, a todos nos ha pasado -le dijo Martín, tomándola del brazo.- Ven, salgamos de aquí mejor...
Martín y Alejandra llegan al jardín a conversar.
- Yo pensé que no ibas a venir a la fiesta -le dijo Alejandra, sin mirarlo a los ojos.
- ¿Por lo del crédito? -preguntó Martín.- Pensé en quedarme acostado en mi casa, amargándome solo y acumulando más rabia de la que tenía... Entre eso y verte la cara, preferí lo último...
- Eres último de antipático -le dijo Alejandra, molesta.- Eso me pasa por querer conversar contigo.
- Son bromas... Quise venir por relajarme un poco, por estar con amigos... Aunque no lo creas, igual te considero como amiga...
- Yo también -y le sonrió.
- ¡Qué bueno!... Tenemos que conocernos más para entrar en confianza, eso sí; no soy de los que cruzan el río tan fácil, como decías hace rato...
- Te haría falta... A veces es bueno hacer las cosas para, por último, no quedarte con el bichito de saber que pudiste haberlo hecho y no lo hiciste... ¿Se me entendió?
- ¡Uyyyy, tengo de compañera a toda una filósofa -dijo Martín.
- Antipático -le dijo Alejandra, mirándolo a los ojos.
- Tonta -le dijo Martín, comenzando a acercarse a ella.
- Idiota...
- Estúpida -le dijo Martín, acercándose más.
- Estúpido -le respondió Alejandra, comenzando a acercarse también, a medida que avanzaban los insultos.
- Estúpida -le susurró Martín.
- Estúpido -le dijo Alejandra.
- Estúpida...
- Estúpido...
- Estúpi... -y en ese momento, sus labios se juntaron y comenzaron a besarse... Ambos se notaban felices, habían esperado el momento y habían elegido uno de los más oportunos para ambos.
Fabián estaba sentado en un sillón y Aline se le acerca.
- ¿Bailamos, Fabián? -le preguntó Aline, bastante nerviosa.
- ¿Bailar contigo? -le dijo Fabián, en tono burlesco.- ¿Y por qué?, ¿no te resultó con Álvarito?... ¡Pucha, qué pena!... En todo caso, yo no estoy como pañito de lágrimas de nadie, así que si quieres bailar el rato que falta, búscate a otro... permiso...
Aline bajó la cabeza, tenía ganas de llorar. En eso, alguien la abrazó y comenzaron a caminar juntos hacia la puerta de calle.
- Ni te molestes en derramar una lágrima por él -le dijo Benjamín.
- Me siento tan tonta -decía Aline.
- No estás sola, Aline... No estás sola...
Martín y Alejandra llegan de la mano al lado de Mariela.
- Nosotros nos vamos -le dijo Alejandra a su amiga.- ¿Te pasamos a dejar?
- Ya, muchas gracias -dijo Mariela.- Le preguntaré a Daniel si se va con nosotros... ¡Daniel!, Alejandra y Martín se van, yo me voy con ellos... ¿te vas o te quedas?
- Yo me...
Daniel no alcanzó a responder... Miró a Silvana, quien le cerró un ojo y le regaló una sonrisa cómplice.
- ...me quedo -dijo Daniel.- Le dije a... Gabriela que la encaminaría al taxi... Pucha, tenía ganas de irme contigo.
- No te preocupes, encamínala no más, como buen caballero debes cumplir tu palabra -le dijo Mariela, despidiéndose.
- Te veo el lunes...
En otra parte, Alejandra se encuentra con Gabriela.
- Nos vemos -le dijo Alejandra, despidiéndose.
- Chao, Alejandra -le dijo Gabriela, arreglándose la chasquilla.- Me hubiesen esperado un rato, y los hubiese encaminado a sus casas.
- ¿Encaminado en el taxi?
- ¿Qué taxi?... En mi auto, Jaime me viene a buscar en una media hora, más o menos.
- ¿Y no se supone que Daniel te iba a encaminar a....?
Alejandra se queda callada un momento y da una sonrisa, no de alegría, sino de decepción.
- Olvídalo, Gabriela -le dijo Alejandra, retirándose.
En la puerta de la casa, Carola estaba abrazada con Ignacio.
- No quiero que te vayas -le dijo Carola, besándolo.
- Es tarde -le dijo Ignacio, mirando el reloj.- Tú sabes que si de mí dependiera, me quedaría mucho tiempo más... Pero ya conoces como son en mi casa.
- Parece que me espera una suegra bastante especial.
- Ni te imaginas -dijo Ignacio, mientras se reía.- Te quiero... ¡Y muchas felicidades por el aniversario!
- ¿Por mi cumpleaños no será?
- No, por el aniversario... Llevamos una hora pololeando...
- Entonces, me debes un regalo -le dijo Carola, dándole un nuevo beso.
Dentro de la casa, Daniel buscaba algo... Se encuentra con Benjamín.
- ¿Viste a Silvana? -le preguntó Daniel.- No la encuentro por ninguna parte...
- Se fue con Andrea detrasito de Alejandra, Mariela y Martín... ¿No se despidió?
- ¿Cómo que se fue?
- Sí poh, se fue... ¿O pensabas que iban a tener un encuentro cercano a estas alturas de la fiesta?
- Na'que ver... Será, el lunes conversaré con ella...
- Sí, ándate a descansar será mejor, el lunes tendremos muchas cosas de qué conversar... Tendremos que ver qué pasará con las nuevas parejas del curso...
- ¿Cuáles nuevas parejas?
- ¿No viste a Martín con Alejandra?... Y aunque ellos no se dieron cuenta, vi cuando Cristian le dio un beso a la "no no, bueno ya"...
- ¿Quién es la "no no, bueno ya"? -preguntó Daniel, curioso.
- La Gabriela... Se hizo de rogar al principio, onda "no, no te acerques", y luego se entregó en cuerpo y alma a la pasión -dijo Benja, riéndose.
- ¡Eres último de copuchento!
- Bueno, sí... Entre otras cosas que también pasaron, pero en fin, de eso hablemos el lunes, ahora voy al auto de Gabriela que me irá a dejar... Nos vemos.
- Chao...
Al día siguiente, cerca de las dos de la tarde, alguien corre las cortinas en la pieza de Ignacio, dejando entrar un radiante sol. Ignacio se molesta, y lentamente abre los ojos.
- Todavía no -decía Ignacio, abrazando la almohada.
- Vamos, Ignacio, ya son las tres -decía Elisa, su madre, destapándolo.- Tienes que levantarte porque la espera se acabó.
- ¿De qué estás hablando, mamá? -dijo Ignacio, bostezando.
- El motivo por el cual estuve contenta toda la semana... ¡La sorpresa!... ¿No tenías tantas ganas de saber qué era?
- Sí, sí, pero... ¿no puede ser más tarde?
- Vamos al living, ahí está -le dijo Elisa, tomando la mano de su hijo y arrastrándolo a la sala.
Ignacio caminaba sin ningún ánimo, deseaba seguir durmiendo por lo menos un par de horas más... Sin embargo, ese sueño desapareció por completo al encontrarse con la "sorpresa" que su madre le tenía.
- Hola Ignacio -le dijo una joven que estaba frente a él, con un gato blanco en los brazos.
- ¿¡Karina!? -exclamó Ignacio, absolutamente sorprendido.
- La frialdad que te caracterizaba no ha cambiado en todo este tiempo -dijo ella, dejando su mascota en el piso y acercándose a Ignacio.
Karina le da un beso en los labios, le sacude el pelo y se aparta sonriéndole.
- Y te hace falta un buen baño -dijo Karina, buscando nuevamente su gato.
- Pero hijo, cierre la boca -dijo Elisa, muy satisfecha.
- Mándelo a darse una ducha, tía -le dijo Karina, riéndose.
- Ya escuchó a su novia... Vaya a bañarse y vuelve con su mejor pinta, supongo que tendrán mucho de qué conversar...