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Capítulo 19: El Viajar Es Un Placer

May 30 2002 at 3:45 AM
Zergipio 



Domingo 5 de mayo, 11:00 hrs. AM
El teléfono sonaba insistentemente y logró despertarla. Carola aún estaba dormida, y sus tíos, en la misa, no podían cuidarle el sueño.
- Aló -contestó Carola, dando un bostezo, y refregándose los ojos.
- ¡Feliz Cumpleaños, mi niña! -le dijo su madre, emocionada de escucharla.
- ¡Mamita, gracias, qué rico que llamaaaaaaste! -y volvió a bostezar.
- Parece que estuvo bueno el carrete anoche... ¿Lo pasó bien?
- Sí, bien, todo bien... Vinieron casi todos mis amigos de la U, y mis primos también, hasta el Julito se apareció.
- Me da tanta pena que no esté conmigo hoy día, estaba acostumbrada a llevarle el desayuno a la camita, con tortita de chocolate, que le gusta tanto...
- Ya, no me diga eso, que voy a terminar llorando.
- Véngase unos días pa'cá, no importa que pierda unas pocas clases... ¿o tiene prueba por estos días?
- No, nada, de hecho estamos en paro...
- ¡Ya poh, entonces qué espera para venirse conmigo unos días!... ¿Por qué no invita a sus compañeros y conocen la hacienda?
- ¿Hablas en serio?
- Claro, invítelos y se vienen todos para acá...

En Ñuñoa, Ignacio sale al patio a conversar con Karina; mientras Elisa los miraba desde la ventana, muy emocionada.
- ¡Sigues igual que siempre, Ignacio! -le decía Karina, caminando por el jardín.- Hay que sacarte las palabras con un tirabuzón.
- ¿A qué volviste? -le preguntó Ignacio, bastante serio.
- ¡Claro, cuando lanzas las preguntas difíciles sacas el habla!... Volví porque me ofrecieron un buen proyecto en la Ucem, voy a coordinar el crédito de apreciación cinematográfica... ¡Ya sabes!, con mis estudios en la University of Southern California tengo el puesto seguro.
- Me imagino que sí... ¿Y no había ningún otro país o centro de estudio que le interesara contar con tus enormes conocimientos? -preguntó Ignacio, irónico.
- Sí, pero quise estar más cerca de ti...
- ¡Sabes que esto es una farsa!, mi mamá y tu papá han querido vernos juntos desde que éramos cabros chicos, pero una cosa es lo que ellos piensen y la otra...
- ...la otra -lo interrumpió Karina, sonriendo.- La otra, depende de nosotros...
- No hay un nosotros, y lo sabes... Y mejor anda a sacar tu apestoso gato del living, o lo echaré a la basura, ¡me cargan los gatos!
- Es gata, y tiene nombre... Se llama Baby Jane, como el personaje de la Bette Davis en su película "What Ever Happened To Baby Jane?", que supongo no has visto por estar más interesado en el Hombre Araña y Las Guerras Clónicas.
- Mucho más interesante que tu cine en blanco y negro... Y ahora voy a salir un rato, antes que comience a patear tu súper mascota. Nos vemos.

Lunes 6 de mayo, 12:00 hrs.
Daniel venía llegando a la Universidad, y se encuentra con Alejandra.
- ¿Y cómo te fue el sábado? -le preguntó Alejandra, maliciosa.- ¿Pudiste atinar con Silvana o no?
- ¿Y esa pregunta? -le dijo Daniel, fingiendo sorprenderse.- Si lo dices porque me quedé en la fiesta, te dije que fue para...
- ¡Ay, por favor, no soy tan gil!... ¡Todos sabemos que a Gabriela la iría a buscar su chofer!, así que no vengas a mentir con tu repentina caballerosidad.
- Na'que ver, andai cagando fuera del tiesto... ¿Has visto a Benja? -preguntó Daniel, tratando de cambiar el tema.
- Lo vi hace poco con la Andrea... Deben estar en los pastos...
Efectivamente, sentados en los pastos, Andrea y Benjamín resolvían unos ejercicios de álgebra.
- ¿Tienes el libro que recomendó el profe? -le preguntó Andrea.
- Sí, está en la mochila, sácalo -le dijo Benjamín, concentrado en su ejercicio.
Andrea abre el bolso y se extraña al encontrar una cuidada carpeta celeste.
- ¿¡Corazones de Papel!? -exclamó Andrea, bastante extrañada.
- ¡Oye, deja eso ahí! -le dijo Benjamín, guardando la carpeta en su mochila, y sacando el libro de álgebra que ella necesitaba.
- ¿Estás escribiendo una novela sobre nosotros?... O sea, ¿sobre nuestro curso?
- Mmm, me carga que se sepan mis secretos sin haberlos contado yo... Sí, es una historia con nosotros como personajes, y bueno, le agregué otros ficticios y le saqué otros que no aportan mucho a la novela.
- ¿Puedo echarle una miradita?... Te prometo que la leo y la guardo al tiro.
- ¡Ya!, léela no más, pero no le contis a nadie, ¿ok?
- Prometido -dijo Andrea, comenzando a leer la novela, mientras Benja retomaba su ejercicio.

14:00 hrs.
En las afueras de la sala 304, los compañeros se reúnen a conversar. No habrían clases, todavía las puertas estaban bloqueadas con las sillas.
- ¡Hasta cuándo estaremos en el aire! -decía Guido, muy molesto.- Deberían sacar estas sillas y comenzar con ejercicios. No es lo mismo estudiar solo a que un profesor te dirija... Además, no todos estudian las ocho horas diarias, ¡ni tres siquiera!
- Sí -le dijo Luciano, riéndose.- Estúdiate otra cancioncita será mejor, porque "dos y dos son cuatro, cuatro y dos son seis", es bastante añeja... jajajaj...
- No entendí tu broma, Luciano -le dijo Guido, caminando hacia otro lugar.
- ¡Nos vemos, ebrio! -le gritó Martín, poniéndose a reír.
- Tengo que darles una buena noticia -dijo Carola, muy entusiasmada.- En realidad, puede ser buena para algunos y para otros no mucho...
- ¿Qué onda? -le preguntó Silvana.
- Mi mamá me pidió que me fuera al sur unos días, antes que termine el paro -siguió Carola.
- En ese caso, la noticia sería mala para Ignacio no más -acotó Benja.
- No he terminado aún -siguió Carola.- Lo que pasa, es que mi mamá quiere que vaya con ustedes a la hacienda... Y yo estoy súper contenta de pensar que me acompañarán a Osorno, aunque no sé si todos podrán ir... por la plata, digo yo...
- Gracias por la invitación -le dijo Fabián.- ¿Cuándo nos vamos y a qué hora?
- Ehhhh... A las nueve el miércoles, en el terminal sur... Llámenme en la noche, y me confirman si van...
- Eso, eso mejor -dijo Mariela, sonriendo.- Mira que yo tengo que hablar con mis papás...
- Yo también -dijo Alejandra.
- Cuenta conmigo -dijo Silvana, sonriendo.- Y con Andrea también...

Más tarde, Daniel se acerca a Silvana, que estaba sola, revisando unos apuntes.
- Oye, ¿qué onda? –le preguntó Daniel, un poco molesto.
- ¿Qué onda con qué? -le preguntó Silvana, haciéndose la inocente.
- Me hiciste una seña para que me quedara en la fiesta y así lo hice, y cuando te busqué, ya no estabas...
- ¡Ay, Daniel!, para mí que entendiste mal, yo no te hice ninguna seña...
- ¿No?... Ya, sabis que más, ¡me cansaste!, chao.
Daniel llega rápidamente al lado de Mariela y Alejandra.
- No hay nada más que hacer en la universidad -dijo Daniel, sonriéndoles.- Me voy a mi casa, ¿nos vamos?
- Yo me quedo un rato con Martín -dijo Alejandra, mirando a Mariela.- No sé tú...
- Vamos, Daniel -le dijo Mariela, sonriendo y cerrándole un ojo a su amiga.
- Hasta mañana, Alejandra -se despidió Daniel.
- Cuídense -dijo Alejandra, mirándolos alejarse.

Justo en ese momento, aparecen tomados de la mano Álvaro y Catalina.
- ¡No, me muero, me muero! -decía Gabriela, llevándose una mano al pecho, mientras trataba de respirar.- ¡Álvaro Fadic era el pololo secreto de Catalina!
- ¡Hasta que lo supiste! -le dijo Cristian, mirando a la pareja.
- ¿Tú ya lo sabías?... Si me dices que sí, no vuelvo a hablarte nunca más... ¡Aún no puedo creerlo!... es... es... ¡es espectacular!
- ¿Y por qué te emocionas tanto?
- ¡Bah!, tendré mis razones... Tómalo como que soy una gran amiga, y me alegro que ella haya encontrado su media naranja.
- Una media naranja que no fui yo -dijo Cristian, sonriendo triunfante.- No lo niegues, Gabriela, te da lo mismo el pololo con tal que no se hubiera metido conmigo... Estabas celosa, siempre fue eso.
- ¡La humildad de Cristian Rosemberg sale a relucir! -dijo Gabriela, con ironía.- ¿No tendrás origen argentino, de casualidad?
- Puedes decir lo que quieras, pero no me harás cambiar de idea... Estabas celosa de Catalina, y ahora te sientes más segura.
- Nada que ver -dijo Gabriela, arreglándose la chasquilla.- Ya, me cansé, toma tu mochila Wrangler y me acompañas a mi casa.
- Bueno...
Comenzaron a caminar hacia la Alameda, y aunque Cristian no dejaba de sonreír con la infantil actitud de Gabriela, miraba con cierta rabia a Álvaro Fadic; él tampoco podía negar que Catalina siempre le atrajo.

21:30 hrs.
En casa de Ignacio, estaba cenando toda la familia Zuanic. Rolando, en la cabecera de mesa, se dedicaba a comer, al igual que Jéssica, su hija menor. Elisa, mientras tanto, conversaba con Karina sobre el proyecto en la Ucem, ante la incomodidad evidente de Ignacio.
- No había querido comentar nada -dijo Ignacio, de repente.- Pero el miércoles en la mañana, me voy con mis compañeros al sur.
- ¿Qué cosa? -preguntó Elisa, notoriamente molesta.- ¡Cómo se te ocurre que vas a viajar justo que tu novia está en Santiago!
- ¡Elisa, por favor! -le dijo Rolando, evitando una discusión.- ¿Alguna gira de estudios o simplemente un paseo?
- Paseo, papá -le dijo Ignacio.- Una compañera nos invitó a...
- ¡A ninguna parte! -lo interrumpió Elisa.- Karina vino especialmente para estar contigo y tú...
- ¡Elisa, por favor! -dijo Rolando, levantando la voz y golpeando la mesa.- Estoy hablando yo con mi hijo.
- Tía Elisa, no se preocupe por mí -le dijo Karina, sonriendo y tomando la mano de su “suegra”.- Yo el miércoles debo viajar en sentido contrario, a La Serena, porque quedé de presentar el proyecto de apreciación cinematográfica en la Universidad de allá.
- ¿Ves que se pueden solucionar las cosas sin ser tan negativo? -le dijo Rolando a su esposa.- ¿Necesitas plata, Ignacio?, después me dices para pasarte...
- Gracias, papá -dijo Ignacio, contento, a pesar de la furia de su madre.

Y en casa de Gabriela...
- ¡Así no se hace! -le decía Gabriela a Cristian, mientras estudiaban en el comedor.
- Lo siento, pero estoy un poco distraído -le dijo Cristian, sonriéndole.
- ¿Por qué?, ¿te quedaste pensando en la relación Catalina y Álvarito?
- No, distraído porque no puedo dejar de mirarte...
Cristian se acerca de improviso a Gabriela y le da un beso en los labios.
- ¡Ya córtala, Cristian! -le dijo Gabriela, limpiándose la boca.
- ¡Tanto escándalo que haces y estás muerta de ganas que te dé otro! -le decía Cristian, muy seguro.- Yo te aconsejaría aprovecharme...
- Me está cargando tu actitud ególatra, egocéntrica y estúpida.
- Hola, niños, ¿cómo están? -les dijo Diana, apareciendo de repente, con una gran sonrisa en el rostro.
- ¿Cómo está, señora? -la saludó Cristian, bajando la voz.
- Bien, bien, un poco tristona porque Leonardo llega el miércoles, anda en Ecuador por unos negocios... ¿Van a estudiar hasta muy tarde?
- No creo -dijo Gabriela, levantándose.- Espérenme, voy a buscar jugo...
Mientras vuelve, Diana aprovecha de sacar ochenta mil pesos de su billetera y la deja en el bolsillo de la camisa de Cristian, ante su sorpresa.
- ¡Aquí está! -dijo Gabriela, trayendo unos vasos y un jarrón con jugo de frutilla.- A tu pregunta mamá, es difícil, después Cristian no encuentra locomoción...
- No te preocupes por eso, hija -dijo Diana, cerrándole un ojo a Cristian.- Acabo de ofrecerle a tu amigo que se quede a dormir en la pieza de invitados y aceptó.
- ¿Te vas a quedar? -le preguntó Gabriela a Cristian, bastante extrañada.
- Esteee... La verdad es que... no creo que pueda, señora, gracias por su ofrecimiento, pero debo volver a mi casa -dijo Cristian, sacando el dinero de su camisa y dejándolo sobre un mueble, sin que Gabriela se diera cuenta.- Tal vez en otra oportunidad...
- Difícilmente se den otras oportunidades -le dijo Diana, mirándolo enojada.- Cuando mi marido está en casa, odia el bullicio después de medianoche...
- Lo tendré presente -dijo Cristian, aún nervioso.


 

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