En la hacienda "Los Volcanes", el sol apareció después de varios días fríos y nublados. La puerta del dormitorio principal se abre de repente y entra Carola, con una bandeja con el desayuno de sus papás.
- Mira el sol, como sale, por detrás de las montañas, la cabaña ya se abrió, ¡qué bien!, junto a las cabritas correré -entró Carola cantando la melodía final de la antigua serie Heidi.- ¡Ya poh, viejos pelotúos!, despierten que les traigo el desayuno.
- Amaneciste contenta parece -dijo Julieta, acomodándose en la cama.- Tomás, enderézate o te vas quemar.
- Ya, ya -dijo Tomás, bostezando.
- Todo lo que les gusta -dijo Carola, dejando la bandeja en la cama.- Té, jugo de naranja, galletas de soda y mermelada... ¿Me faltó algo?
- Sí, un besito para mí -le dijo Julieta, agradeciéndole a su hija.
- ¡Ups, sorry! -dijo Carola, saludando de beso a sus papás.- Ya, yo me voy a tomar desayuno con los chiqui...
- Espere un poco, mi niña, quizás no volvamos a tener esta oportunidad -le dijo Tomás, dejando su taza en el velador.- Quería preguntarle algo, si no es mucha curiosidad... Siéntate un ratito con nosotros.
- Tomás... -le dijo Julieta, ya sabiendo el comentario que su esposo haría.
- Lo siento, Julieta, pero necesito saberlo... ¿A qué se refería Benjamín con su comentario del asado?, ¿qué quiso decir con eso de "hay compañeros que te cuidan más que otros"?
Carola sonreía nerviosa, sin contestar.
- ¿O no nos tienes confianza? -le preguntó Tomás, sonriéndole.- Si no quieres, no respondas, no me voy a sentir mal.
- A ver -dijo Carola, dando un suspiro.- Ustedes saben que mi relación con Manuel tuvo un final un tanto... abrupto, por decirlo de alguna forma... Yo lo pasé muy mal, lloré harto, y andaba con toda la depre... Pero hubo alguien que me prestó su hombro para llorar, que me apoyó muchísimo, que...
- ¿Estás pololeando con uno de tus compañeros? -le preguntó Julieta, interesada en el tema.- ¿A eso quieres llegar?
- Ehhhh... sí... ando con uno de los chiquillos -les dijo Carola, bajando la cabeza.- No se los había querido contar porque... no sé porqué... Pero estoy bien, les aseguro que me siento súper contenta.
Tomás mira a Julieta, sin decirle una palabra. Carola estaba incómoda con la situación, el único pololo que sus padres habían conocido era Manuel.
- ¿Cuál de los chiquillos es? -le preguntó Tomás.
- Ignacio -dijo Carola, sonriendo.- Es lindo, ¿cierto?
- Mi niñita -le dijo Julieta, tomándole la mano.- Mientras usted esté contenta, nosotros también lo estaremos. No podíamos esperar que Manuel fuera el único hombre en tu vida, ¡qué fome hubiera sido!
Carola se pone a reír y abraza a su madre.
- ¡Los quiero mucho! -les dijo Carola, con su gran sonrisa.
Fuera de la casa, Mariela caminaba, sin mucho ánimo. Daniel se le acerca.
- Mariela, necesito que hablemos -le dijo Daniel, un poco nervioso.
- No quiero hablar contigo, Daniel, mejor ni te acerques -le dijo Mariela, fría y con rabia en su mirada.- Y si los chiquillos preguntan algo, diles que fue una pelea típica, ¡me carga que se metan en mis cosas!
- Pero no fue una pelea, fue un mal entendido, o sea, yo...
- ¡Y en especial me carga que me mientan!, es algo que no perdono. Daniel, no puedes decir que fue un mal entendido porque no lo fue. ¡Tú ibas buscando a Silvana!... ¡A Silvana!
- Me llegó una nota de ella, ¡fue una trampa!
- ¡Claro que fue una trampa!... Yo misma te envié esa nota, y gracias a eso me pude dar cuenta de como eres realmente... Ahora déjame sola, no quiero seguir hablando contigo.
- Pero...
Mariela lo deja solo, y Daniel la miró alejarse. Mientras tanto, desde la ventana de la casa, Silvana miraba la escena, muy satisfecha.
En la cocina, Alejandra estaba lavando las tazas del desayuno. En eso, alguien la abraza por la espalda.
- ¿Cómo amaneciste, amor? -le preguntó Martín, en su oreja.
- Llegas tarde a tomar desayuno -le dijo Alejandra, soltándose.- Vas a tener que prepararte solito.
- No hay problema, pero supongo que me vas a acompañar.
- Lo siento, Martín, estoy un poco ocupada -le dijo Alejandra, nerviosa, tratando de mirar a un costado.
- ¿Pasa algo?, ¿estás enojada? -le preguntó Martín, sin entender su actitud.
- No, ¿por qué me preguntas eso?, no me pasa nada... ¡Tan perseguido que me saliste, oh!
- ¡Ahhhh!, ¿queris pelear?... ¿Sabis que más?, mejor anda virándote para que me entre en provecho el desayuno.
- Como tú digas -le dijo Alejandra, caminando hacia su pieza.
- Pero... ¡oye!... Se supone que tenías que responderme... ¡Bah!, debe andar en sus días R...
En su habitación, Cristian estaba contando dinero... bastante dinero.
- Oye, ¿de dónde sacaste tanta plata? -le preguntó Gabriela, entrando a la pieza de improviso y sentándose junto a él.
- No sea curiosa, señorita -le dijo Cristian, guardando el dinero.- Fui ayer al cajero en Osorno, y saqué plata porque... quería comprarle un regalo a mi mamá.
- ¿Pero tanta plata?... ¿Qué le vas a comprar: una cocina, un refrigerador?... ¿No te saldría mejor comprárselo en Santiago?... Aquí aprovecha de comprar algún pedazo de palo que diga "Recuerdo de Osorno" y ¡zan, se acabó!
- Yo veré qué le compro, gracias por tus sugerencias.
- ¡Ay, que estás pesadilla hoy! -le dijo Gabriela, arreglándose la chasquilla.- Mejor me iré a dar una vuelta y respirar aire puro.
- Ya, chao -dijo Cristian, nervioso.
En las caballerizas, Carola llega a conversar con Ramiro, que estaba lavando a Joshua, su caballo regalón.
- Oye tú, chico lindo -le dijo Carola, sonriendo.- Tengo que hablar contigo de algo muy serio. ¿Tienes un minuto?
- Para ti, todos los que quieras -dijo Ramiro, limpiándose las manos.
- Igual me da un poco de lata -dijo Carola, cerrando la puerta.- Es sobre mis compañeros... y sobre Guido...
- Ya, ¿qué pasa con eso?
- Supe que tuvimos un héroe en la hacienda -dijo Carola, molestándolo.
- ¡Héroe, jajaja!... Na'que ver, hice lo que tenía que hacer no más, ayudarlo cuando su caballo salió corriendo.
- Lo único que te pido es que no andes mostrando la hilacha en frente de mis compañeros, loquillo, ¿eh?... No quiero que anden hablando de ti a mis espaldas.
- No te preocupes, nunca se me ha notado lo que soy.
- Pero es que Guido se ha acercado mucho a ti.
- ¿Tiene algo de malo en que seamos amigos?... Oye, ni tú ni tus amigos lo pescan, es lógico que converse conmigo que, por lo menos, lo escucha.
Carola se queda callada y sonríe, un poco incómoda.
- Sí, tienes razón -le dijo Carola, dando un suspiro.- No me tomes en serio, lo hago porque no quiero que te anden pelando... conozco a mis compañeros y son muy buenos para tomar todo pa'la chacota... Y en realidad, si Guido te gusta, yo...
- No me gusta -le dijo Ramiro, molestándose un poco.- Yo no me acerco a todo el mundo queriendo una relación, ¡me extraña que me digas eso!
- Sorry de nuevo, estoy puro metiendo las patas -dijo Carola, abrazándolo.- No me pesquis, ¿okey?
Tocan la puerta de la habitación de Aline, y ella abre la puerta... Era Fabián.
- ¿Podemos hablar? -le preguntó Fabián, mirándola a los ojos.
- Ya te lo dije, no tenemos nada que hablar tú y yo -le dijo Aline.
- Pero...
- Y deja de arrastrarte, ¿bueno? -le dijo Aline, cerrándole la puerta, muy contenta.
Fabián quedó sin habla en ese momento. Humillado y furioso, apretó su puño mirando la puerta recién cerrada.
- Me las vas a pagar, Aline -prometió Fabián, en su mente.
En el patio trasero, estaba Daniel mirando el río. Benjamín lo nota triste, y se acerca a conversar con él.
- ¿Qué onda? -le preguntó Benjamín, preocupado.- Desde la mañana que te he notado medio raro, ¿tuviste problemas con Mariela?
- Sí, Benja, tuvimos una discusión bien fuerte -dijo Daniel, sin dejar de mirar el río.
- Bueno, entonces es momento de empezar a conquistar a Silvana -ironizó Benjamín.- Es lo que querías...
- No, no quería eso, nunca quise tener una y luego a la otra... O no sé... La verdad es que estoy confundido, no me entiendo, no entiendo por qué me afectó tanto el problema con Mariela.
- Está claro que te afectó, y harto... ¿Y por qué se enojaron?, ¿por la Silvana?
- No, ella no tiene la culpa, el hueón fui yo... Recibí una nota de la Silvana donde quería juntarse conmigo en la noche y yo partí, la abracé y empecé a tontear... y resulta que no era na'la Silvana...
- ¿Era la Mariela?... ¡Oops, qué fuerte!... Inteligente la muchacha y tan mensa que se veía... Ehhh, sorry no quise decir eso...
- Quiero recuperarla, Benja, no puedo perderla... Yo me sentía bien cuando estaba con ella, y ahora, más encima, debe estar sintiéndose súper mal por mi culpa.
- Yo te dije que tus líos con Silvana y Mariela no iban a terminar bien, pero por lo menos ya estás un poco más claro en lo que quieres... Porque la quieres, ¿cierto?
Daniel mira a Benjamín y responde afirmando con su cabeza.
- Entonces, vas a tener que esforzarte por recuperarla -le dijo Benjamín, tomándole el hombro.- Y eso tendrás que hacerlo con puras demostraciones de cariño...
Caminando por otro sector de la hacienda, Carola iba de la mano con Ignacio.
- Hay algo que no te he contado -le dijo Carola, sonriendo traviesa.- En la mañana tuve una conversación con mis papás.
- ¿Y de qué hablaron? -le preguntó Ignacio, intrigado.
- Me preguntaron por el comentario de Benja en el asado... Y no tuve más remedio que contarles que andaba contigo...
- ¿Les dijiste? -le preguntó Ignacio, nervioso.- ¡Con razón me miraban así en el almuerzo!... Pero, ¿qué te dijo tu papá?, ¿tu mamá?
- Ellos quieren que me case con Manuel -le dijo Carola, bajando la cabeza.
- ¿En serio?
- No, tontito -le dijo Carola, riéndose, mientras le daba un beso.- Ellos me dijeron que estaba bien si yo estaba bien, y la verdad, es que estoy muy contenta a tu lado... Gracias, Ignacio.
- ¿Gracias por qué?
- Por estar conmigo, por quererme... Por existir...
Ignacio se acerca a Carola y le da un beso en los labios, demostrando con eso todo el amor que sentía por ella... Porque Ignacio realmente estaba enamorado, desde hace muchísimo tiempo, exactamente desde el primer día de clases... Y Carola estaba sintiendo lo mismo por él.
- Te amo -le dijo Ignacio, mirándola a los ojos.
- Yo también -dijo Carola, con una sonrisa feliz.- Oiga, amor, y usted... ¿cuándo piensa decirle a sus papás que tiene una mujer regia estupenda al lado?
Esa pregunta quebró el momento, Ignacio se puso nervioso, de otra forma, sin saber qué responder.
- No sé, Carola, yo creo que pronto -dijo Ignacio, tomándole la mano y siguiendo su camino.- ¿Arreglaste tus cosas para el viaje?
Carola se dio cuenta del cambio de tema tan repentino, pero no hizo ningún comentario y siguió la conversación propuesta por Ignacio.
En la habitación, Andrea estaba arreglando un bolso y Aline llega a su lado, muy contenta, a contarle lo sucedido con Fabián.
- ¿Te está pidiendo que vuelvas con él? -le preguntó Andrea, sorprendida.- No entiendo a ese hombre, ¡te juro que no!
- Pero yo le cerré las puertas en las narices y le dije que dejara de arrastrarse por mí -le dijo Aline, muy orgullosa de lo que había hecho.- ¿Te das cuenta?, le dije lo mismo que él me decía... ¡Que sufra él ahora!
- No creo que esté sufriendo, a lo mejor, heriste su orgullo.
- ¿Ves?... ¿Ves que hice bien al ponerme a andar con Benjamín?
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