En su habitación, Fabián estaba ordenando su maleta también. En un momento, le dan ganas de ir al baño.
- ¿Fabián? -apareció Silvana en su pieza.- ¿Fabián, has visto ese libro que usamos para la broma del cementerio?
En eso, Silvana queda sorprendida al ver dentro de las pertenencias de Fabián un pequeño rifle a postones. Ella lo toma en sus manos.
- ¿Qué andas buscando? -le preguntó Fabián, quitándole el arma.
- ¿Para qué andas con un rifle a postones? -le preguntó Silvana, curiosa.- Oye, ¿tú fuiste el que le disparó al caballo de Guido?
- ¿De dónde sacas esas cosas? -le dijo Fabián, nervioso.- ¡Estás loca!
- Sí, tú fuiste -dijo Silvana, cerrando la puerta, para hablar con más tranquilidad.- ¿Qué onda, Fabián?... Oye, está bien hacer una broma, pero con ésta te fuiste al chancho, a Guido pudo haberle pasado algo.
- Te dije que yo no fui -insistió Fabián.
- Mira, loca puedo ser, pero no soy tonta...
Fabián queda en silencio, mira a Silvana a los ojos y luego sonríe en forma maliciosa.
- Ya, está bien, voy a confiar en ti -le dijo Fabián, con una voz distinta a la escuchada hasta ese momento; una voz como diabólica.- ¡Me apesta ese hueón!, y le disparé al caballo pensando en que se iba a caer y se iba a tener que quedar acostado unos días.
- ¿Estás hablando en serio? -le preguntó Silvana, temerosa.
- No quería seguir escuchando sus comentarios de mateo ahueonao y casi lo conseguí, si no hubiera sido por ese huaso amigo de la Carola.
- Me estás asustando, de verdad... Si es una actuación, te salió súper bien, pero ya conozco tu forma de hacer bromas.
- ¿Me estás viendo sonreír acaso?... De hecho, te conté esto porque me caes bien, y después de lo que hicimos con el cementerio indio te agarré confianza... Incluso, me gustaría ayudarte...
- ¿Ayudarme? -preguntó Silvana, intrigada.- ¿Ayudarme a qué?
- Yo me doy cuenta de todo lo que pasa con nuestros compañeros y he notado que estás verde por Daniel, ¿o me equivoco?
- No te equivocas sí me gusta, Daniel, ¿y qué? -le preguntó Silvana, levantando un poco la voz, pues le habían tocado su punto débil.- ¿Qué tiene que ver eso?
- Nada, nada malo por lo menos... Al contrario, eres muy valiente al reconocerlo... Y yo te voy a ayudar a conseguir lo que quieres.
- ¿En serio?
- Sí, pero tú tendrás que ayudarás a mí...
- No te entiendo... ¿A qué necesitas que te ayude?
- Yo separo a Daniel de Mariela y tú me ayudas a separar a Benjamín de Aline, eso es todo... No es tan difícil de entender.
- ¡Ay, Fabián, pareces malo de comedia mexicana!... Además, Daniel ya no está bien con Mariela...
- De todas formas, piénsalo... Piénsalo bien, y me respondes...
En otro lugar, Benjamín estaba con Andrea. Ella estaba revisando la carpeta de "Corazones de Papel", la novela que escribía Benja con la historia de sus amigos. Andrea estaba súper concentrada en la lectura.
- ¡Qué interesante está este diálogo! -le dijo Andrea, sonriendo.- Gonzalo llega a la universidad en busca de Andrea y conoce a Benjamín.
- Sí, es así como imaginé el momento de encontrarme con tu pololo.
- A ver, deja leer el diálogo en voz alta... "Benjamín, quiero presentarte a Gonzalo", se supone que dije yo -leía Andrea, mientras sonreía.- "Hola", se saludaron ambos, "así que tú eres el famoso Benjamín", "sí, soy yo, y te felicito porque tienes una gran mujer como pareja", "¿ah, sí?", dijo Andrea, "siempre lo he pensado", "bueno, fue un gusto", se despidió Gonzalo, "el gusto fue mío", y se despidieron.
- ¿Qué te pareció?
- Bastante frío, la verdad -le dijo Andrea, sonriéndole.- No me gustaría que la relación entre ustedes fuera de esa forma. Tú eres mi mejor amigo.
- No será así, te lo aseguro... Recuerda que en mi novela no había la mejor onda entre Gonzalo y mi personaje, ya que Andrea tuvo un romance con los dos.
- Todo producto de tu imaginación -le dijo Andrea, sonriendo.
- Sí, todo lo imaginé... pero en mi novela yo soy el amo y señor, y puedo complacer todos mis deseos frustrados...
- Benjamín... Nosotros...
- Nada, no sigamos con el tema mejor... De ahí conversamos...
En la habitación de Cristian, él estaba descansando en su cama.
- Cristian, necesito preguntarte algo -le dijo Gabriela, asomando su cabeza por la puerta.- Espero que no te enojes por esto, pero la verdad es que me ha dado vueltas desde que te vi la idea de...
- Ya, ya, menos bla bla -dijo Cristian, riéndose.- ¿De qué se trata?
- El dinero que estabas contando en la mañana, ¿lo sacaste realmente del cajero o estuviste "trabajando" en Osorno?... Tú me entiendes.
- Lo saqué del cajero, Gabriela -le dijo Cristian, haciéndose el molesto.- ¿Tú crees que me ando ofreciendo en todas las partes adonde voy?
- No quise decir eso, por lo mismo te pedí que no te enojaras con la pregunta.
- Es plata del cajero y punto... No quiero hablar más del tema.
- Pucha, lo siento... Mejor te dejo descansar, bye.
En la cocina de la casa, Ignacio se servía un vaso de bebida.
- ¿Cómo lo pasaste aquí, Ignacio? -le preguntó Julieta, apareciendo de repente.- ¿Te gustó la hacienda?
- Sí, muchas gracias -contestó Ignacio, notoriamente nervioso.
- Son un grupo de amigos bien simpáticos, me alegra mucho que la Carito los haya conocido... A propósito, ya me contó que entre tú y ella... bueno, ya sabes.
- Sí, si me contó que ustedes ya sabían.
- Lo único que te pido es que la cuides harto, es lo que más quiero y tenerla lejos me hace pensar tanta tontera.
- No se preocupe por eso, señora. Yo amo a su hija.
Julieta regaló una sonrisa a su "yerno".
Benjamín estaba leyendo una revista y Fabián se sienta a su lado.
- No había querido hablar esto contigo, pero filo -le dijo Fabián.- ¡Deja de ser tan tonto!, Aline me sigue amando.
- No estoy ni ahí con eso -le dijo Benja, sin apartar la vista de la revista.
- ¿De verdad no te importa?
- ¿Estás celoso?
- No, de ninguna manera. Me considero tu amigo y no quiero verte llorando después, eso es todo.
- ¡Ah, por favor! -dijo Benjamín, cerrando la revista.- Eso no te lo cree nadie.
- ¿Qué quieres decir?
- Si estás tratando de convencerme para dejar a Aline, pierdes tu tiempo, porque no pienso hacerlo.
- Pero ella anda contigo para olvidarme o para sacarme celos, una de dos.
- Déjala que lo haga, mientras a mí no me importe, no hay drama.
- Es estúpido lo que estás haciendo, Benjamín -le dijo Fabián, levantándose del lugar.- Muy estúpido.
En su dormitorio, Carola arreglaba su maleta, mientras conversaba con Alejandra.
- Estoy preocupada por Ignacio -le decía Carola, ordenando un jeans.- Desde que le pregunté por sus padres, anda como raro.
- A lo mejor tiene miedo de decirles que anda contigo -le dijo Alejandra.
- Debería tenerme más confianza, yo lo entendería. Por lo que sé, su mamá es bastante complicada.
- Entonces pregúntaselo, dile que te hable con la verdad.
- Sí, eso haré... O no sé, quizás no me quiera hablar de su familia por otras razones, ¿será porque soy del sur?
- Na'que ver, ¡me extraña que digas eso!... Ignacio no mira esas cosas.
- Sí, tienes razón -dijo Carola, pensativa.- Mejor no insistiré con el tema, a no ser que siga portándose extraño... A todo esto, ¿no deberías aprovechar de estar más tiempo con Martín?
- Esteeee... no, mejor que no -dijo Alejandra, bajando la cabeza.
- ¿Tuvieron problemas?... Mira que con la carita de Mariela me basta y me sobra.
- No, no es problema, ¿o sí?... no sé... Pucha, estoy complicada, amiga.
- Tú de repente te ahogas en un vaso de agua, cuéntame qué te pasa.
Alejandra se queda callada un momento, mientras una lágrima comienza a caer por su mejilla.
- Tengo miedo, Carola -le dijo Alejandra, triste.- Tengo mucho miedo.
- ¿Miedo de qué, Ale? -le preguntó Carola, tomándole la mano.
- Martín es mi primer pololo, ¿sabes?... Fue tan lindo como se dieron las cosas, estoy muy feliz con él... bueno, era feliz hasta que alguien dijo que me estaba enamorando.
- ¿Es malo sentirse enamorada?
- No sé, no creo que sea malo, pero me aterra la idea de perderlo -le dijo Alejandra, apenada.- No sé qué hacer, Carol.
- Disfruta el momento -le aconsejó Carola.- Estás recién empezando con Martín, vive a concho tu pololeo... Además, se nota que Martín también te quiere.
- Ay, amiga, gracias por tus palabras -le dijo Alejandra, abrazándola.
En las caballerizas, Guido llega de improviso a conversar con Ramiro.
- ¿Qué haces por aquí, Guido? -le preguntó Ramiro, un poco frío.
- Vengo a despedirme -le dijo Guido, sonriendo, pero de todas maneras se le notaba algo de nostalgia.- Y aprovecho de agradecer todo lo que hiciste por mí estos días.
- ¿Lo dices por lo del caballo?
- Por eso y por escucharme... No tengo buena relación con mis compañeros, supongo que te diste cuenta de eso... con ninguno de ellos he podido entablar una conversación agradable.
- ¿Y conmigo sí pudiste?
- Sí, y eso que apenas te conozco... Por eso querías darte las gracias.
- Pues de nada -le dijo Ramiro, dándole la mano.
Guido le sonríe y le da la mano. Luego, se voltea y comienza a alejarse.
En el living, Mariela estaba viendo televisión y Benjamín se acerca.
- ¿Puedo decirte algo, Mariela? -le preguntó Benjamín.
- Dime -le dijo Mariela, sonriendo.
- Espero que no te moleste el tema... es sobre Daniel...
- No quiero hablar de ese tema con nadie, ¿ok?
- Pero escúchame al menos... No conversemos, está bien, pero escúchame... Soy amigo de Daniel, y sé lo que les está pasando.
- Si eres tan amigo de Daniel y sabías lo que estaba haciendo, quedaré con una imagen bastante mala de ti también.
- Sabía lo que estaba haciendo, y no lo aprobaba... pero tómalo de esta manera: ¿quién no busca de una u otra manera una persona que sea la indicada?
- No era la forma...
- Estamos claros que no... Pero ya lo hizo, y el estar contigo lo ayudó a aclarar sus sentimientos, ¡eso tienes que reconocerlo!
- No entiendo lo que quieres decirme.
- Que Daniel está sufriendo en estos momentos... y por ti, ¿cachai?, porque se dio cuenta que te quiere... Mariela, todos cometemos errores y corregirlos es lo más importante... Sé que te sientes mal por lo que Daniel hizo, pero todos merecemos una segunda oportunidad.
Mariela se queda pensativa, era una sorpresa lo que Benjamín le estaba diciendo.
- No sé, Benjamín -le dijo Mariela, mirando el piso, triste.- Yo también estoy mal por lo que pasó... No sé qué pasará de ahora en adelante.
Tras la puerta, Silvana escuchaba la conversación, bastante molesta. Se dirige rápidamente a la habitación de Fabián.
- Fabián -le dijo Silvana, muy decidida.- Acepto tu propuesta... Yo te ayudaré en lo que quieras, pero si necesito de tu ayuda, tendrás que apoyarme.
- Hecho -dijo Fabián, sorprendido, pero sonriente.
Y con un apretón de manos se concreta el pacto entre ambos.
Días después, en Santiago. Lunes, 10 de junio, 18:15 PM. Era una tarde bastante fría.
- Estoy muerto -decía Benjamín, caminando junto a Andrea hacia la Alameda.- ¡Qué clase más fome!
- Sí, ya no daba más -decía Andrea.- ¡Qué manera de escribir!
En ese momento, aparece Gonzalo y sorprende a su polola.
- Hola Andrea -le dijo Gonzalo, dándole un beso en los labios.
- ¡Gonzalo! -exclamó Andrea.- ¿Y esta novedad?
- Me dieron ganas de verir a buscarte, y aquí estoy...
- No te esperaba -decía ella, sonriendo.
Benjamín no estaba muy cómodo con la situación, y Andrea se da cuenta.
- Benjamín, déjame presentarte a Gonzalo -le dijo Andrea, también incómoda.
- Hola -le dijo Benjamín, saludándolo de la mano.
- ¿Así que tú eres el famoso Benjamín? -le dijo Gonzalo, dándole la mano con algo de desconfianza.
Andrea y Benjamín sonríen, se dan cuenta que estaba sucediendo lo mismo que estaba escrito en "Corazones de Papel".
- Sí, veo que te han hablado de mí -le dijo Benjamín a Gonzalo.- Déjame felicitarte porque tienes una gran mujer como pareja.
- ¿Ah, sí? -dijo Andrea, siguiendo con el diálogo.
- Sí, siempre lo he pensado -dijo Benjamín.
- Bueno, fue un gusto conocerte -dijo Gonzalo.- ¿Vamos, Andrea?
- Vamos -dijo Andrea, despidiéndose de su amigo.
- El gusto fue mío -dijo Benjamín, mirándolos alejarse.
En otro lugar de la universidad, en las afueras del departamento de cultura, Fabián estaba sentado en la escalera.
- ¿Me estabas esperando? -le preguntó Karina, saliendo de repente.
- No te lo puedo negar, es obvio que esperaba por ti -le dijo Fabián, sonriéndole.- ¿Te acuerdas de mí?
- Sí, pero tu nombre no está en mi prodigiosa memoria.
- Fabián, y que no se te olvide, ¿eh?
- No quiero ser pesada, Fabián, no es mi estilo, aunque todo el mundo piense lo contrario... pero no te entusiasmes conmigo. Tú no eres para mí.
- ¿Por qué no?... ¿Acaso estás ocupada?... Supongo que sí, no podría creer que una mujer como tú no tenga pareja -le dijo Fabián, coqueteándole.
- En realidad, algo hay... Se llama Ignacio, y estudia Informática, aquí mismo...
- ¿¡Ignacio!? -se sorprendió Fabián.
- Sí, no debes conocerlo... Olvida lo que dije.
Pero Fabián no olvidaría fácilmente ese comentario...
Martes, 11 de junio, 13:45 PM.
Los días estaban cada vez más fríos en la capital. En un banco, cercano a la sala 304, Alejandra estaba de la mano con Martín.
- Necesitamos hablar -le dijo Martín, un poco preocupado.- Desde que estuvimos en Osorno todo cambió entre nosotros.
- Lo sé, Martín, y es mi culpa -le dijo Alejandra, bajando la cabeza.
- ¿Te cuesta pedirme que terminemos?
- No, no es eso, no es nada de eso -le dijo Alejandra, dándole un beso en los labios.
- Entonces por qué te siento tan alejada, como si estuvieras huyendo de mí.
- Martín... En Osorno me di cuenta que estoy enamorada de ti...
Martín se sorprende con esa afirmación, y se le nota en su expresión.
- No me mires así, de verdad creo que estoy enamorada -le dijo Alejandra, poniéndose sentimental.- Y eso me asustó mucho... De hecho, me sigue asustando la idea de necesitarte.
- Pero, Ale, yo también te amo -le dijo Martín, dándole un beso.- No pienses en eso, yo no quiero hacerte daño, te necesito igual que tú a mí.
- Abrázame -le pidió Alejandra, y se sintió más segura.
En la 304, Aline estudiaba un rato para el control de Álgebra que tendrían luego.
- ¿Necesitas ayuda? -le preguntó Fabián, sonriéndole.- Si quieres, podríamos ir a otro lado y estudiar solitos.
- ¿Tú crees? -le respondió Aline, con otra pregunta.
- Claro, te aseguro que lo pasaríamos bien... y sólo estudiando.
- Lo siento, Fabián -le dijo Aline, con una sonrisa irónica.- Prefiero estudiar con MI pololo... Ahora, déjame tranquila...
Fabián se aparta un poco, furioso. Su paciencia se estaba agotando.
- ¿Benjamín no está contigo? -se escuchó la voz de Andrea preguntándole a Aline.
- No, Andrea, debe estar afuera -le contestó Aline.
- Si lo ves, dile que necesito conversar con él urgente...
- ¡Andrea! -pensó Fabián, mientras una sonrisa macabra se dibujaba en su rostro.- Es la forma perfecta de alejar a Benjamín de Aline... ¡Eres un genio, Fabián!
He aqui una descripcion: "Este es un espacio para los creadores de teleseries virtuales y para los interesados en esta nueva y extraña forma de hacer literatura. Si tienes algún aporte que hacer a la Comunidad, siéntete con toda la libertad de postear uno (o más) mensajes."