En el baño de mujeres, mientras se miraban al espejo, las "bad girls" aprovechaban de compartir sus problemas.
- Ignacio se porta muy extraño -les decía Carola, algo preocupada.
- ¿Crees que te esté escondiendo algo? -le preguntó Alejandra.
- Temo que sí -dijo Carola, dando un suspiro.- No sé qué hacer... Me da lata que no me tenga confianza... a lo mejor, estoy puro pasándome rollos.
- Debe importarte mucho para que te pongas así -le dijo Mariela.
- Ustedes son mis amigas y saben todo lo que me pasa -les dijo Carola.- Siento algo tan fuerte por Ignacio, no se los podría explicar... De repente miro atrás y veo mi historia con Manuel, y es bonita, sí, pero ahora... es como si mis sentimientos fueran más profundos... ¡no me pesquen mejor, estoy hablando puras hueas!
- Al contrario, te entiendo súper bien -le dijo Mariela, un poco triste.- A mí me pasaba eso con Daniel, pero ahora...
- Ahora Daniel te quiere más que antes -le dijo Carola, tomándole el hombro.- ¡Eres tú la que no se ha dado la oportunidad de arreglar las cosas!
- Es fácil decirlo -dijo Mariela, tomando su bolso.- Mejor voy a la biblioteca, tengo que pedir un libro. De ahí las veo... Bye.
- Nos vemos -le dijo Carola, mientras miraba a Alejandra.- ¿Y tú?... No has dicho una palabra...
- Pensaba en ti y en mí -le dijo Alejandra, dejando escapar una lágrima.- No nos podemos hacer las tontas, tú estás enamorada de Ignacio y yo de Martín... Ése es nuestro problema...
En la biblioteca, Mariela estaba pidiendo unos libros que necesitaba para estudiar. A la salida, se encuentra con Daniel, que la esperaba.
- ¿Podemos hablar? -le pidió Daniel, con un tono de voz bastante tierno.
- No tenemos muchos temas de conversación tú y yo -le dijo Mariela, no muy convencida, siguiendo su camino.- Prefiero que me dejes sola.
- Es importante, necesito aclararte ciertas cosas...
Mariela queda un momento en silencio y detiene su paso.
- A ver, ¿qué quieres decirme? -le dijo Mariela.
- ¡Hasta que decidiste escucharme! -exclamó Daniel, sonriendo.
- Te estoy escuchando, dale...
- Mariela... Me haces mucha falta -le dijo Daniel, mirándola a los ojos, de una forma honesta y cariñosa.- No puedo negar que cometí errores, que te fallé, pero... te extraño, estoy siendo lo más sincero posible... De verdad te quiero y creo que tú me quieres también... Perdóname por haber sido tan tonto, por favor...
Mariela no decía palabras.
- Lo reconozco -siguió Daniel, bajando la cabeza.- Quise conquistarte mientras hacía lo mismo con Silvana, pero eso mismo me hizo darme cuenta que eres tú lo más importante para mí...
- ¿Y qué más?
- ¿¡Qué más!? -preguntó Daniel, sorprendido.
- No voy a dejar pasar lo que hiciste así como así -le dijo Mariela, sonriendo en forma pícara.- Necesito estar segura que realmente quieres estar conmigo, que sea algo más que hacerse cariños y darse besos cuando el otro quiere... Un poco más comprometido, no sé si me entiendes...
- ¿Quieres pololear conmigo? -le preguntó Daniel, sonriendo.
- Me encantaría -dijo Mariela, acercándose a él y dándole un beso en los labios.
En otro lugar, Andrea conversaba con Silvana.
- ¿Y Gonzalo? -le preguntó Silvana, sin darse cuenta de su inoportuno comentario.
- Terminamos ayer -le dijo Andrea, tranquila.
- ¡Me carga meter las patas, me carga!... Sorry, de verdad, no tenía idea.
- Y no tenías por qué saber... Te pediría, eso sí, que no me vuelvas a preguntar por él, ¿bueno?
- Parece que fue fuerte...
- Muy fuerte -le dijo Andrea, poniéndose triste.- Esta vez sí que es definitivo.
Sentados en sus habituales puestos en la 304, Ignacio y Carola estaban abrazados, mientras él le hacía cariños en la cabeza.
- Has estado muy callada -le dijo Ignacio, sonriendo.
- Pensaba en ti y en mí -le dijo Carola, mirándolo a los ojos.- En que me siento feliz de estar contigo, muy feliz... Y es por eso que me preocupa tu poca confianza.
- No es poca confianza, yo te quiero mucho, te amo.
- Y yo te amo a ti -le dijo Carola, emocionada, hablaba con el corazón.- De verdad, Ignacio, estoy sintiendo cosas muy lindas por ti...
Ignacio sólo atina a darle un tierno beso en los labios a Carola, en señal de lo significativas que eran sus palabras.
- Cuando terminemos la carrera, nos vamos a casar -le dijo Ignacio, bromeando.
- Si es que la termino... lo dudo mucho...
- Eres rica e inteligente... Y bueno, si algo no sabes, voy a estar yo para ayudarte.
- Y si hay algo que tú no sepas... pregúntaselo a Guido, porque creo que yo tampoco lo sabría...
En la 304, Martín estaba junto a Alejandra, tomados de la mano.
- Se me había olvidado comentarte algo -le dijo Martín, abrazándola.- Este sábado estoy de cumpleaños y voy a hacer una fiesta en mi casa.
- ¡Qué buena onda! -le dijo Alejandra, dándole un beso en los labios.- Ese besito fue un regalito anticipado... Oye, ¿y vas a invitar a los chiquillos?
- Sí, pero no será algo grande... Por eso necesito que me ayudes a avisarle a los más cercanos no más.
- No te hagas problemas, yo les digo...
A la salida de la Ucem, Gabriela caminaba rumbo a la Alameda y se encuentra con Macarena, quien se notaba apenada.
- ¿Estás esperando a Cristian? -le preguntó Gabriela, acercándose a ella.
- No, Gabriela, a ti -le dijo Macarena, casi llorando.- Necesito conversar contigo de Cristian, quiero que alguien me escuche y tú eres la única en que puedo confiar...
- Parece que tienes problemas con él.
- Muchos problemas... Desde un tiempo a esta parte ya ni lo reconozco, no es el mismo Cristian que conocí, buena onda, jugado, tierno, y esa extraña mezcla entre romántico y seductor.
- La gente cambia y no siempre es para mejor -le dijo Gabriela, arreglándose la chasquilla.- Puede ser que Cristian esté pasando por un buen momento en su vida, y si tú lo ves de otro modo, es sencillamente porque no soportas la idea de perderlo... Tienes que entender que ya no eres la polola.
- ¿Quién te dijo que no lo era?
- Cristian... Él me dijo que habían tenido una pelea, que había terminado contigo y que tú no querías aceptarlo.
- ¡Eso es falso! -lloraba Macarena.- Cristian y yo seguimos juntos, pero parece que nuestra relación se ha enfriado por no sé qué... No lo entiendo, y trato de hacerlo, no creo que esté dedicándose tanto al estudio como para no llegar en las noches y estar cansado toda la semana... Tú eres su amiga, por eso recurrí a ti, quizás puedas decirme algo que yo no sé...
Gabriela no decía palabras, estaba furiosa.
- ¿Me juras que Cristian nunca ha terminado contigo? -le preguntó Gabriela.
- Te lo juro por el amor que siento por él, que es lo más lindo que tengo -le dijo Macarena, con ansias de escuchar las palabras de aliento de Gabriela.
- Escúchame bien lo que vamos a hacer...
En otro lugar, Silvana conversaba con Fabián, su "socio".
- ¿Estás segura de lo que me dices? -le preguntó Fabián, un poco incrédulo.
- Sí, me lo contó la misma Andrea -le dijo Silvana.- Terminaron con Gonzalo y esta vez parece ser definitivo.
- ¡Excelente noticia!
- ¡Cómo haces ese comentario, Fabián!
- Era lo que necesitaba, con Andrea libre, será más fácil utilizarla para separar a Benjamín de Aline.
- ¿Sigues con esa idea?
- Ahora más que nunca -le dijo Fabián, muy seguro.- Sin querer, las cosas se facilitan para mí...
En una banca cercana a la sala, Andrea estaba leyendo un libro, y Benjamín se sienta a su lado.
- ¿Cómo estás? -le preguntó Benjamín.
- Bien, pero no quiero hablar del tema -le pidió Andrea.
- ¿No me quieres contar?
- Si quieres verme achacada, insísteme con el tema... Si me quieres ver sonreír, te pido que respetes mi silencio, ¿bueno?
- Pero... Andrea, yo quiero apoyarte -le dijo Benja, tomándole la mano.
- A ver, parece que estás confundiendo algo -le dijo Andrea, separándose un poco.- El que yo haya terminado con Gonzalo no significa que...
- Es que yo creí...
- Lo siento, Benja -le dijo Andrea, levantándose de su puesto.
Daniel y Mariela caminaban de la mano, muy contentos.
- ¿Le vamos a contar a los chiquillos que estamos pololeando? -le preguntó Daniel, bien entusiasmado.
- Mañana mejor, esperemos un poquito... Preparémoslos para la sorpresa.
- Bueno, pero a Benja le contaré hoy mismo, si no te importa... Tú puedes contarle a la Alejandra, que es tu mejor amiga.
- Ok -le dijo Mariela, sonriendo.
- Y a tus papás, ¿les vas a contar? -le preguntó Daniel, sonriendo.
- Daniel, despacio con eso -le dijo Mariela, soltándole la mano y poniéndose nerviosa.- Mis papás no pueden saberlo... ¡Por ningún motivo!
- ¿Por qué no? -preguntó Daniel, sin entender.
- Ellos no lo entenderían, quieren que me dedique exclusivamente a estudiar, y si por alguna razón me llego a echar un ramo o me saco un rojo, culparían a nuestra relación y no quiero amargarme con eso.
- Pero algún día tendrán que saberlo...
- Por eso, despacito mejor -le pidió Mariela.
- Como tú digas, pero en mi casa sí voy a contar, ¿ok?...
Cerca de la 304, seguían conversando Andrea y Benjamín.
- ¡Ya poh, háblame de otra cosa! -le dijo Andrea, sonriendo.- Eres especialista en subir el ánimo, imítame a algún profe o no sé... No creo que no tengas más temas de conversación, ¡hasta de la parroquia conversemos si quieres!
- La verdad, estoy como sin mucha imaginación hoy -le dijo Benja.
En ese momento, Fabián se acerca a ellos.
- Hola, Andrea -le dijo Fabián, sonriéndole.- ¿Te hiciste algo?... Estás como más bonita hoy...
- Mentiroso -le dijo Andrea, riéndose.- Debo estar con una cara de veinte metros.
- ¡Uy, que andas caballero! -le dijo Benjamín, molesto.
- Es que Andrea y yo somos amigos -le dijo Fabián, con una cínica sonrisa.
- ¿¡Amigos!? -preguntó Benja, sin creerlo.- ¡Perdón!, ¿me perdí de algo?
- ¿Cierto que somos amigos, Andrea? -preguntó Fabián.
- Cierto -dijo Andrea, mirando enojada a Benjamín.- No tiene nada de raro...
El profesor no llega, y los compañeros comienzan a irse a sus casas. Ignacio le toma la mano a Carola, y comienzan a caminar.
- ¿Qué pasaría si no le gustas a mis papás? -le preguntó Ignacio, dándose valor.
- No sé, supongo que pololearía contigo a escondidas... No sé.
- ¿Aceptarías eso?
- Al principio quizás sí, pero no para siempre... ¿Por qué?... ¿Quieres decirme algo que no me hayas dicho?
- No, son suposiciones no más -le dijo Ignacio, suspirando.- A propósito... eres muy linda, ¿te lo había dicho?
- Sí, mi amor -le dijo Carola, poniéndose roja y dándole un beso.- Y si no me lo hubieras dicho, no importa... ya lo sabía...
En Ñuñoa, casa de los Zuanic, Karina veía una película, mientras acariciaba a Baby Jane, su hermosa gata blanca.
- ¿Tan solita que estás? -le preguntó Elisa, madre de Ignacio, sentándose junto a ella.- ¡Este hijo mío tan bueno para el estudio que me salió!
- No se preocupe, suegrita -le dijo Karina, sin apartar la vista de la televisión.- El cine clásico me hace olvidar todas las penas.
- ¿Qué estás viendo?
- “La loba”, una película de Bette Davis, más o menos de los’40. Se trata de una mujer, Regina, obviamente la Bette, que sacrifica a toda su familia con tal de alcanzar una mejor posición social. ¡Qué mala!, ¿cierto?... ¡Nadie puede ser así!
- Pero es una película -dijo Elisa, sonriendo.- ¡A ti te encanta este tipo de cine!... Deberías entusiasmar más a Ignacio, para que te acompañara más tiempo, no importa que pierda un par de cátedras...
- Para mí que no está en clases -le dijo Karina, venenosa.- Yo estuve revisando sus horarios y debió haber salido hace bastante rato... Además, hay que estar ciega, sorda y muda para no darse cuenta que no me valora ni me quiere, ni siquiera así un poquito, tía...
- Karina, no digas eso -le dijo Elisa, acariciándole la cabeza.
- Ignacio debe tener otra en la universidad... ¡Estoy segura!
En un edificio de Las Condes, Cristian baja del ascensor en un séptimo piso y camina hacia una puerta.
- Aquí es -pensó Cristian, mirando a su alrededor.- ¡Qué raro!, no se oye música, ¿me habré equivocado de dirección?
Cristian toca el timbre y la puerta se abre, invitándolo a pasar.
- ¡Buenas! -saludó Cristian, entrando al departamento.- ¿Aquí solicitaron los servicios de Cristian Rosemberg?
- Sí, aquí -dijo una voz femenina, cerrando la puerta.
- ¿Usted? -preguntó Cristian, al reconocerla.
- ¿Algún problema? -le preguntó Diana, la madre de Gabriela, vestida con una diminuta ropa interior negra, con encajes.- No veas rostros ni corazones, sólo haz tu trabajo y el pago será espectacular.
- ¿La despedida de soltera era una mentira?
- En el amor, en la guerra y en el sexo... todo vale, querido...
Diana se acerca a Cristian y comienza a besarlo apasionadamente, lo que él responde como solía hacerlo.
De vuelta en la universidad, Benjamín llega al lado de Aline, su pareja.
- No puedo creerlo -decía Benjamín, con rabia acumulada.- ¡Fabián y Andrea amigos!... ¡No entiendo nada!
- Debes haberte confundido -le decía Aline, riéndose.- ¿Te lavaste bien las orejas hoy en la mañana?
- Me molesta que se junte con él...
- Si fuera cierto, yo también me molestaría... ¡Después de todo lo que me hizo!
En ese momento, se pasean frente a ellos Fabián con Andrea, como si fueran amigos de toda la vida. Fabián se da cuenta que los observaban, y aprovecha de abrazar a su "nueva amiga".
- ¡Cómo que no me lavé las orejas! -le dijo Benjamín a Aline.
- Lo veo y no lo creo... ¡Pero cómo!... ¡No...!
- Habla con ella, Aline, dile que no se junte con él...
- Eso mismo voy a hacer -dijo Aline, furiosa.
Después de un largo día en la universidad, Ignacio caminaba de la mano con Carola, rumbo a la Alameda. A pesar de todo, se veían bastante felices.
- ¿Te acuerdas que de esta forma nos conocimos? –le preguntó Ignacio.
- Bueno, caminando no fue precisamente, fue en la Alameda -le dijo Carola, sonriendo.- Estaba esperando micro con Benjamín en el paradero, tú te apareciste de la nada y te subiste en la misma micro que yo... y ni te servía.
- Igual dio resultado la táctica, no lo puedes negar.
- Nadie lo está negando -le dijo Carola, acercándose a él para darle un beso.
- Buenas tardes -los saludó Elisa, la madre de Ignacio, poniéndose frente a ellos.
- ¿¡Mamá!? -exclamó Ignacio, sorprendido.