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Capítulo 24: Crónica de una Separación Anunciada

August 1 2002 at 11:33 AM
Zergipio 


Miércoles 12 de junio.
Eran exactamente las 18:15 hrs. Ya había anochecido y el ambiente estaba bastante húmedo. Ignacio estaba pálido, su madre siempre le produjo una mezcla de temor y respeto, y sabía que su presencia en la universidad no era uno de sus arranques ultra cariñosos. Carola, por su parte, trataba de mantenerse relajada.
- ¿No me vas a presentar a tu amiga? -le preguntó Elisa a su hijo, con un cierto tono de ironía.
- Sí, claro -le dijo Ignacio, incómodo.- Mamá, ella es Carola, mi...
- Una compañera y amiga -acotó Carola, con una sonrisa.- Su hijo es un siete, tía.
- Ya lo sé, igualito a su madre -dijo Elisa, sonriendo.- Y te pediría que no me llamaras tía, no es en mala, es por un asunto "familiar".
- ¡Pero mamá! -reclamó Ignacio.
- No importa, Ignacio -dijo Carola, sumisa.- Y yo me estaría retirando...
- ¿Nos vemos mañana? -le preguntó Ignacio, cerrándole un ojo.- Si mi mamá vino a buscarme debe ser por algo importante.
- No te preocupes, no me pasará nada de aquí a Alameda -le dijo Carola, despidiéndose de Ignacio con un tibio beso en la mejilla.- Un gusto... señora.
Carola comienza a caminar, mientras Ignacio miraba furioso a su madre, con la misma rabia que ella lo miraba a él.
- ¿Es ésa? -le preguntó Elisa, mal humorada.
- ¿De qué estás hablando? -le preguntó Ignacio, fingiendo no entender.
- No te hagas, yo sé bien que tienes una "amiguita" aquí en la universidad, ¡y agradece que no te pillé con las manos en la masa!, porque de lo contrario...
- ¡Mamá, yo sé lo que hago!
- ¡Mientras más grande, más insolente te has puesto! -levantó la voz Elisa.- No te estoy pidiendo respeto para mí, sino para Karina, que sigue siendo tu polola, ¿o ya lo olvidaste?
Ignacio se queda callado, sin saber qué responder.
- ¡Deberías tener un mínimo de sentido común! -siguió Elisa, sin calmarse.- Karina ha sido lo mejor que te podía pasar, una niña tan linda, tan dama, tan buena, tan...
- ¡Me tienes chato con tus tan tan tan! -le dijo Ignacio, molesto.- No quiero hablar más del tema... ¿Viniste en auto?, ¡qué bueno!, así no gasto plata en micro...

22:00 PM.
En la pensión “La Doña”, Benjamín contesta el teléfono para atender a Daniel, quien deseaba contarle grandes novedades.
- ¡Estoy pololeando con Mariela! -le comentó Daniel, muy contento.
- ¡Naaaaaaa! -exclamó Benjamín, sorprendido.- ¿Daniel Gálvez pololeando?... ¿No estarás jugándome una broma en “La Gran Sorpresa”?
- No, hueón, en serio, arreglamos nuestra situación hoy y ahora podría decirse que somos una “pareja estable”... ¿Qué tal, eh?
- Pues te felicito, de verdad, me alegro mucho por ti... En estas cosas yo nunca me equivoco y podría apostar que ella está tan feliz como tú.
- Gracias, gracias... Estoy muy contento, ¡como emocionado!... Eres el primero y único en saberlo, así que no le cuentes a nadie.
- No te preocupes, ¡a quién podría contarle! -exclamó Benja, pensativo.
- Bueno loquillo, era un llamado cortito... Te debo dejar, quedé de llamarla como a esta hora y no quiero partir con la imagen de irresponsable.
- ¡Ya, oh, macabeo! -se despidió Benja, riéndose.- Nos vemos mañana en la U.
- Chauuu...
Apenas Daniel corta el teléfono, Benjamín marca el número de Andrea.
- ¡Tengo la última papa! -le dijo Benjamín cuando ella contestó.

En algún lugar oscuro, tenebroso, con mucha neblina y ninguna luz en los alrededores, Guido caminaba temeroso, atento a cada sonido, desconfiado, deseoso de escapar de allí lo más rápido posible... Era inútil, seguía dando vueltas por el lugar, sin encontrar ninguna salida. Sus cuerdas vocales no funcionaban y sus gritos pidiendo auxilio no eran escuchados. Sus suelas pisaban el vacío de las tinieblas, sin encontrar indicios que abrieran su camino. Escuchaba voces en ese barrio del silencio, voces que no le ayudaban a calmarse... Tenía miedo, mucho miedo... Estaba detenido, sin moverse, su alma estaba inquieta, ansiosa del refugio de una luz que nunca llegó... Los nervios, los escalofríos y el sólo hecho de sentir que estaba solo, obligaban a Guido a vagar por la oscuridad... hasta que a lo lejos divisó algo resplandeciente, titubeando caminó lentamente hacia esa luz que podría ser su única esperanza... La tranquilidad comenzó a reinar en su cuerpo y en su corazón, ese efecto luminoso lo llamaba a la paz, a la armonía... las tinieblas se fueron diluyendo y la confianza se hizo sentir... Había alguien que lo esperaba... Alguien que le ofrecía su mano, que lo llamaba... Guido se acercó a ese ángel celestial y estando muy cerca de él pudo observar su rostro y reconocerlo... ¡Era Ramiro!
Exaltado, sudado y sin entender lo que acababa de pasar, Guido se despertó de su sueño... Y no pudo volver a dormir esa noche...

Jueves 13 de junio, cerca de las diez de la mañana, Gabriela y Macarena llegan al séptimo piso de un céntrico edificio. La intención de Gabriela era darle una gran sorpresa a Macarena: le iba a mostrar en qué trabajaba Cristian, su pololo, razón por la cual estaba tan difícil su relación... Se suponía que él estaba con una mujer pronta a casarse, a quien debía complacer después de celebrar su despedida de soltera... Gabriela nunca imaginó que en realidad estaba con Diana, su cuica madre.
- No entiendo para qué vinimos a este edificio -decía Macarena.
- Ten paciencia y la sorpresa será mucho mayor -decía Gabriela, decidida a lograr su objetivo.- ¡Nunca olvidarás este momento!
Unos minutos después...
- Allá se está abriendo la puerta -dijo Gabriela, sonriendo maliciosa, mientras se arreglaba la chasquilla.- Te sorprenderás al ver quien sale por allí...
- ¿Quién es esa mujer? -preguntó Macarena, sin entender nada.- Gabriela... Dime... ¿Quién es esa señora?... ¡Gabriela!
Gabriela estaba furiosa, no le salían las palabras.
- ¡No es posible! -dijo Gabriela, con mucha rabia.- ¡Cristian me dio una dirección equivocada!... No tengo idea quien es esa vieja, pero no es la que estábamos buscando... ¡Me las va a pagar!
En otro edificio, cerca de allí, Cristian despierta con el sonar de su celular.
- Aló -contestó Cristian, aún dormido.- ¿Quién es?
- ¿Dónde estás, cínico mentiroso? -le gritó Gabriela, aún furiosa.
- Oye, estoy durmiendo, hablamos después mejor...
- ¡Nada de después!, ¿por qué me mentiste?... Me dijiste que ibas a estar en un departamento en...
- ¡Mira, la señora cambió el lugar de encuentro!, ¿conforme?... Ahora déjame dormir, que estoy cansadísimo, tú entiendes el porqué -dijo Cristian, y colgó.
Cristian mira el velador de la pieza y encuentra sobre él mucho dinero que seguramente le dejó Diana antes de marcharse...
- Y con esto termino de pagar el semestre -dijo Cristian, contando el dinero, y luego vuelve a quedarse dormido, muy tranquilo.

En Ñuñoa, Ignacio iba saliendo rumbo a la universidad. Se encuentra con Karina en la puerta de su casa.
- ¿Te vas tan temprano? -le preguntó Karina, sin dejarlo pasar.
- Sí, tengo que juntarme con unos compañeros a estudiar cálculo -le dijo Ignacio, en tono brusco.- ¿Algún problema?
- ¿Y mi besito de los buenos días?
- Saaaale...
- Tu mami nos está mirando desde la ventana, así que mejor dámelo o te atienes a las consecuencias...
Karina se acerca y le da un beso en los labios a Ignacio.
- Así me gusta -le dijo Karina, sonriendo.- Bueno, la tía nunca estuvo mirándonos, pero quería saber cuánto miedo le tenías... ¡Pórtate bien conmigo, Nachito!, o tu mami te va a castigar...

En uno de los patios de la universidad, Irene, la sicóloga más solicitada entre los alumnos, caminaba solitaria.
- ¿Cómo está, doctora? -la saludó Luciano, que apareció de repente frente a ella.
- Hola Luciano -le dijo ella, notoriamente nerviosa y mirando a su alrededor.
- ¿Qué le pasa?, ¿sus nervios la están traicionando?
- Eres muy impertinente, ¿lo sabía?... Créeme que siento mucho lo que está pasando contigo, eres un tipo bien simpático y me gustaba tenerte como paciente.
- Si fuera por mí, lo seguiría siendo.
- No es posible... Tú confundiste cosas y no me da confianza volver a tener nuevas sesiones en esta condición.
- ¿Confianza?... Usted lo que tiene es miedo, sabe que terminaría cediendo...
- Eso que acabas de comentar es una muestra clara de delirio de grandeza... Estás convencido de tu propia importancia y que podrás conseguir cualquier cosa.
- Y usted tiene paranoia -le dijo Luciano, sonriendo.- Está alucinando mientras trata de describir lo que está pasando entre nosotros... No siga calentándose la cabeza conmigo, doctora, usted es una mujer espectacular y eso me atrae, no tiene que darle más vueltas al asunto... Permiso, la dejo...
Luciano continúa su camino, mientras Irene se queda en su lugar, bloqueada, sin saber qué responder y lo que es peor, sin entender lo que estaba pasando.

En la biblioteca, Ignacio estaba abrazado de Carola.
- Oiga, amor -le dijo Ignacio, mientras acariciaba la cabeza de su polola.- Quería pedirle disculpas por la actitud de mi madre ayer... Ella es un poco... no sé, rara...
- Ya me lo habías dicho y espero no ofenderte, pero... ¡tienes toda la razón! -dijo Carola, largando una risotada.- Sorry, sé que es tu mamá.
- No sé a qué vino... ¡Quizás qué esperaba encontrar!
- A nosotros... ¿Tú crees que las madres son tontas?... No, no, no... Son las que mejor nos conocen y seguramente te ha notado algo distinto... ¿Actúas de otra manera en tu casa?
- Bueno, a lo mejor ando un poquito en las nubes... No todos los días uno se siente tan enamorado.
- Mmmm... yo también ando en las mismas -le dijo Carola, abrazándolo y dándole un fuerte beso en los labios.

Llegando a la 304, Aline se acerca a Andrea, con ganas de aclarar ciertas dudas.
- ¡Mala amiga! -le reclamó Aline, sin siquiera saludar.
- ¿Pero de qué hablas? -preguntó Andrea, sin entender.- ¿Qué te hice?
- Si crees que no me he dado cuenta lo que pretendes estás muy equivocada.
- ¿Te refieres a mi "amistad" con Fabián?
- Sí, a eso mismo me refiero.
- Fabián tiene problemas y se acercó a mí buscando quien lo escuchara.
- Pues para eso estoy yo.
- Tú estás para los problemas de Benjamín, que no se te olvide eso -le dijo Andrea, molesta.
Y Aline se quedó callada.

Mientras tanto, Benjamín hacía lo suyo con Fabián.
- ¿Qué pretendes acercándote a Andrea? -le preguntó Benjamín, en tono acusatorio.
- Yo nada, ¿y tú? -le respondió Fabián, con una pregunta en tono irónico.
- Ten cuidado, Fabián. Ella no está sola.
- En vez de preocuparte tanto de Andrea, podrías hacerlo de Aline... ¿O acaso el pobre mártir de Benja no ha podido sacarla de su corazón?
Benjamín se enoja, da media vuelta y deja solo a Fabián.



 

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