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Capítulo 25: Una Desilusión

August 11 2002 at 2:55 AM
Zergipio 


Jueves 20 de junio. 13:30 PM.
Había llovido toda la semana en Santiago, el ambiente estaba frío y bastante húmedo. La universidad era acogedora en invierno, solía reunir a la mayoría de los compañeros en sus salas obligándolos a compartir más de lo común. En un rincón de la 304, Carola conversaba con Alejandra.
- Pensé que ibas a venir ayer -le dijo Alejandra.- ¿Te pasó algo?
Carola se quedó en silencio unos momentos y miró a su alrededor, como si tuviera nostalgia por algo.
- Sí, algo tienes -le insistió Alejandra, preocupándose.- ¿No me quieres contar?
- Ayer me pasó algo súper estúpido -le dijo Carola, sonriendo emocionada.- Me puse a ver la tele y estaban dando Rojo y Miel, ¿te acuerdas de ella?
- Sí, con la Ángela Contreras y el Bodenhöfer, ¿cierto? Ella venía del campo y se encontraba con Camiroaga, que actuaba pésimo... Me cargó esa teleserie.
- Es mi favorita. Ayer la estuve viendo un rato y... te sonará extraña esta pregunta, pero: ¿no te parece familiar la historia?... Una joven llega de provincia a Santiago para realizarse como profesional, dejando atrás al amor de su vida y conociendo a otra persona que le haría tambalear su relación.
- ¿Me estás hablando de la teleserie o de tu vida?
- Eso mismo fue lo que pensé... Es mi historia, es mi vida, soy una tipa del sur que dejó su pololo, que se enamoró de otro, que quiere convertirse en una profesional... o sea, ¡soy yo!... Es mi teleserie.
- ¿Y qué viste que te dejó tan impactada? -le preguntó Alejandra, interesada en el tema de conversación.
- En que Javier, bueno, el Camiroaga, se veía muy simpático, muy caballerito, y era na’que ver el hueón, ¡era un maraco! -dijo Carola, como si estuviera enojada.- Y no pude dejar de compararlo con Ignacio.
- ¡Pero Ignacio es más bueno que la leche materna! -exclamó Alejandra, convencida de sus palabras.- No es capaz de matar ni una mosca.
- Ayer tuve miedo, Alejandra... Miedo de conocerlo tan poco... Además, ya sabes como es, así como pa’dentro, siento que se guarda cosas, que algo quiere decirme pero no se atreve... No sé, tengo un mal presentimiento...

En las afueras del departamento de cultura, Fabián estaba esperando a Karina. Tenía frío, pero las ganas de verla eran más fuertes.
- Eres bastante insistente, Fabián -le dijo Karina, coqueta, al salir del departamento.- Mira el frío que hace y tú aquí, congelado esperando recibir unas palabras mías.
- Me encantaría que no fueran sólo palabras -le dijo Fabián, sonriéndole.
- Lo siento, ya sabes que únicamente puedo ofrecerte mi amistad y quizás... no, sólo amistad, ya que mi corazón tiene dueño y se llama Ignacio, mi amoroso pololito.
- No estás muerta, eso me da una esperanza contigo. A lo mejor tu “amoroso pololito” no te valore tanto como podría hacerlo yo.
- No hables de lo que no conoces, me siento muy valorada... Tu mente humana no alcanzaría a comprender mi apreciación del valor.
- Si tu Ignacio te valora tanto como dices, estaría más pendiente de ti... Nunca, nunca te ha venido a buscar aquí y mucho menos se ha mojado tanto esperándote.
- El mojarse esperando a la pareja es un acto muy cursi y no va conmigo, sorry... Además, él debe estar ocupado, ya te dije que estudia informática aquí...
- ¿Ingeniería Civil?
- Sí, civil, igual que tú... ¡quizás lo conoces!... Se llama Ignacio Zuanic y es un amor de persona.
- ¿¡Zuanic!? -preguntó Fabián, casi sin creerlo.- Me habías dicho su nombre, pero no su apellido...
Fabián da una sonrisa maliciosa, seguramente algo perverso se le había ocurrido.
- Me suena, pero no creo conocerlo -le dijo Fabián.- Puede que lo haya visto en alguna lista, supongo que debe ser siempre el último... Ese Ignacio Zuanic tiene mucha suerte al tener “una” polola como tú... Mucha suerte...

En los pastos de informática, el profesor Román Poblete se reúne con sus alumnos para entregarles las notas del control de álgebra.
- ¿Y por qué no los entregó en la 304? -le preguntó Aline, curiosa.
- Porque se me quedó el cuaderno con los apuntes en mi casa, CHanCHita, y sin ellos no puedo hacer la clase -le respondió el profesor, subiéndole las cejas.- A no ser que usted se reúna conmigo en mi oficina unos minutos y preparamos unos ejemplitos.
- No, muchas gracias -le dijo ella, apartándose rápidamente de su lado.
- ¡Guácala, viejo asqueroso! -le decía Carola a Mariela.
En ese momento, llegan Alejandra y Martín, tomados de la mano, pisando el jardín.
- ¡Oigan, no pisen el pasto! -les reclamó Daniel.
- La única parte donde no se puede pisar en la universidad es en el pasto -dijo el profesor, con esa voz seductora que lo caracterizaba.
- ¡Bien, me saqué un 6.2! -dijo Guido, muy contento.
- Yo tuve un 6.7 -dijo Aline.
- ¡Pura copia! -pensó Guido.
- Y a ti, Mariela, ¿cómo te fue? -le preguntó Carol, sonriéndole.
- No me preguntes -dijo Mariela, arrugando la hoja.- No me fue...
- ¿Qué onda, amor? -le preguntó Daniel, acercándose a ella de inmediato.
- Ya dije que no me pregunten, déjenme sola un rato -dijo Mariela, apartándose del grupo y comenzando a caminar hacia el baño.

Eran cerca de las 16:00 hrs. Gabriela se tomaba un café, en un rincón de la 304. En eso, llega Cristian y se sienta junto a ella.
- ¿Conversemos? -le pidió Cristian, tomándole sus manos.
- No tengo nada que hablar contigo -le dijo Gabriela, en tono antipático, mientras se arreglaba la chasquilla.
- Pucha,, no quiero que estés enojada... Gabriela, yo te quiero harto, eres mi mejor amiga aquí en la universidad y aunque no lo creas, la que mejor me conoce en todo sentido.
- Pues si soy tan amiga como dices, deberías comenzar a demostrarlo con hechos, con la confianza que siempre te he dado y que no has sabido valorar.
- Está bien, te voy a contar la verdad -le dijo Cristian, en forma más sincero.- Sólo espero no herirte porque es una de las cosas que menos quiero... Nunca terminé con la Maca, estoy enamorado de ella hasta las patas y no podría alejarme de ella por ningún motivo.
Gabriela estaba impresionada... La invadían sentimientos de rabia, de celos, de tristeza: a ella siempre le ha gustado Cristian.
- ¿Y por qué no me dijiste eso desde un principio? -le preguntó Gabriela, conteniéndose para no explotar.- Yo lo hubiera entendido, de hecho, lo entiendo... Pero lo que no llego a comprender es el porqué callar tus sentimientos.
- ¡Porque soy caliente poh! -le dijo Cristian, con mucha naturalidad.- Si las minas de aquí saben que tengo polola, que la amo, que no pienso dejarla y todo eso, no iba a tener la oportunidad de hueviar con ninguna...
- ¡Qué top, qué topísimo! -le dijo Gabriela, furiosa, mientras buscaba un cigarro en su bolso.- ¿O sea que me querías para hueviar?
- Na’que ver, contigo fue distinta la cosa, de hecho, por algo te estoy contando todo esto... Te tengo mucha confianza, te quiero como amiga y cada beso que te di lo sentí de verdad, no me eres indiferente...
- No sé qué pensar de ti -le dijo ella, pidiéndole que le encendiera el cigarro.
- Sorry, se me perdió mi encendedor la semana pasada, mientras atendía a una clienta... Pero créeme, yo te quiero mucho... Y necesito tu amistad.
- No sé, Cristian -dijo Gabriela, caminando hacia la puerta de la sala.- Déjame ordenar mis ideas, de ahí hablamos...

En un banco cercano, Fabián estaba sentado, jugando con su celular.
- Hola -lo saludó Aline, acercándose a él con una sonrisa.- Me dijiste que hablaríamos esta semana.
- Sí, sí recuerdo haberte dicho eso -le dijo Fabián, levantándose de su puesto.- Pero nunca imaginé que Benjamín te hubiese dejado tan urgida.
- Fabián... qué...
- Mira -la interrumpió Fabián, mirándola con aires de triunfador.- Mejor será que no me molestes y yo te aviso cuando tenga un par de minutos para ti, ¿oka?
- Pensé que las cosas entre nosotros iban a mejorar.
- Pues te equivocaste... Aparte, yo no te he dado ningún motivo para que sigas alimentando esperanzas conmigo... Vírate ahora.
Aline queda desconcertada con su respuesta y decide alejarse rápidamente de él.

17:30 PM.
En el casino de Informática, estaban estudiando álgebra Luciano y Catalina, tal como habían quedado en el cumpleaños de Martín.
- ¡No hay caso, no hay caso! -repetía Catalina, tomándose la cabeza con ambas manos.- No cacho nada de esto, me voy a echar el ramo, me lo voy a echar.
- Oye, no seas tan pesimista, falta todavía pa’la prueba -le dijo Luciano, dándole ánimos.- Si seguimos estudiando de esta forma, demás que te va bien.
- Gracias por tu paciencia pero no estoy siendo pesimista, sino realista. Cada día que pasa me pregunto si hice bien en entrar a estudiar algo con matemáticas, que definitivamente no es mi fuerte.
- ¿Y por qué te metiste a ingeniería si no te gustan las matemáticas?
- Era la carrera top, ¡informática, la carrera del mañana!... Aparte, es plata segura, todo está funcionando con computadores, ¡todo!
- Pero te tiene que gustar también poh, piensa que tendrás que ser ingeniera toda la vida... ¡Qué lata!
- Sí, pero no puedo llorar por la leche derramada, ya estoy en esto y voy a terminarlo de la mejor manera posible.
- Así se habla, ya no queda otra... ¿Sigamos estudiando?
- Ya, sigamos...
Catalina queda en silencio un momento mirando a Luciano, sin concentrarse en lo que él trataba de explicarle.
- ¿Qué me miras? -le preguntó Luciano, extrañado.
- Nada, sólo quería darte las gracias por esto -le dijo Catalina, sonriendo.- Es un gesto muy tierno de tu parte.
- ¡Ah, no te preocupes!... Y concéntrate ahora, ¿oka?

En el baño de mujeres, Mariela estaba muy triste. Alejandra la acompañaba.
- ¿Qué voy a hacer si me echo álgebra? -preguntaba Mariela, preocupada.- No puedo reprobar, no puedo, Alejandra... mi papá me mata...
- Pucha, amiga, no piense en eso, le va a ir bien -trató de animarla Alejandra.- Yo estoy segura que vas a aperrar en las últimas pruebas.
- Pero para eso debo estudiar mucho más que antes... Yo sé que me cuestan estos ramos matemáticos, debo ponerle más empeño, hacer más ejercicios...
- Bueno, pídele a Daniel que te ayude.
- No, no, ¡cómo le voy a pedir eso!... Además, gran parte de culpa en mis notas las tiene él.
- ¿Cómo dices eso? -preguntó Alejandra, sin entenderla.
- Debo preocuparme más de los ramos y dejar para después el pololeo, como siempre me ha aconsejado mi papá. A lo mejor, si no hubiera tenido mi cabeza puesta en el jueguito de Daniel y en las intrigas de Silvana, habría podido concentrarme más en álgebra, ¿no crees?
- No, para nada, no estoy de acuerdo contigo... Un pololeo es mucho más que pensar en lo que hace el otro, pueden ayudarse mutuamente también; si Daniel sabe que te está yendo mal, dile que necesitas ayuda... Debes tenerle más confianza y aprender que es él quien más te puede apoyar en tus momentos difíciles.
- ¡Guau, hablas como toda una experta en la materia! -le dijo Mariela, sonriéndole.- ¡Quién diría que Martín te haría cambiar tanto!

Karina estaba revisando unos videos en el departamento de cultura, y recibe un llamado telefónico de Fabián.
- ¿Adivinaste que era yo? -le preguntó Fabián, con un tono amoroso.
- Por supuesto, ya reconozco tu presencia a varios metros de distancia, incluso telefónicamente -le dijo Karina, sonriendo.- ¿Puedo ayudarte en algo?
- ¿Por qué eres tan fría siempre?
- Porque no me provocas ser de otra forma... ¿me captas, Fabián?... Ahora dime, ¿qué onda?
- Nada en realidad, quería pedirte si puedes pasar a buscarme a la salida... Estoy en clase en la 304 y la hora termina a las 18:20... ¿Puedes?
- ¿Y por qué no vienes tú para acá?, ya debes estar acostumbrado a esperar por mí.
- No tendría problema, pero quiero mostrarte donde estudio yo, ¿qué me dices?
- Mmm, está bien -dijo Karina, haciéndose la interesante.- Pero si son las 18:22 y aún no has llegado, me voy y te castigaré dos semanas sin contestarte el teléfono.
- Acepto el trato... Aquí nos vemos.
- Nos vemos, bye -dijo Karina, y cortó.
- No sólo a mí vas a ver a las 18:20 -pensaba Fabián, sonriendo malicioso mientras apagaba su celular.

En la 304, mientras esperaban al ayudante de álgebra, Ignacio estaba leyendo unos apuntes del ramo.
- ¡Oye, que estás estudioso! -le dijo Silvana, acercándose.- ¿Siempre eres igual?
- No, para nada, de hecho ni siquiera estoy leyendo -le dijo Ignacio, sonriendo.- Es como si lo estuviera ojeando por inercia.
- ¿Y no encontraste otra cosa más interesante que hacer por inercia?
- ¿Cómo que?
- ¡Ignacio, me decepciona la poca imaginación! -dijo Silvana, en un tono más coqueto.- Habiendo tanta cosa simpática que podrías hacer para combatir el aburrimiento...
- ¿Podría una experta en cosas imaginativas proponerme algo?
- Sí, podría -le dijo Silvana, dándole un beso en la frente y luego cerrándole un ojo.- Pero por el respeto que le tengo a la Carol voy a omitir todas las estupideces que se me ocurrieron.
Ignacio se pone rojo, mientras Silvana da media vuelta y se va, caminando en forma muy coqueta.

Minutos más tarde, Álvaro Fadic llega a la 304 y se encuentra con Aline.
- Hola, Aline, ¿cómo estás? -le preguntó Álvaro, con una sonrisa.
- Bien, ¿y tú? -le preguntó Aline, sin mucho interés en conversar con él.- ¿Qué estás haciendo aquí?, ¿viniste a buscar a Catalina?
- La verdad es que... con la Catalina terminamos hace tiempo -le dijo Álvaro con cierta extrañeza.- Pensé que ya lo sabías, como en tu curso las noticias vuelan.
- ¡Pucha, me carga meter las patas!... No tenía idea, a lo mejor escuché y no puse atención... He tenido muchas otras cosas en las cuales pensar.
- ¿Me las quieres contar?
- Primero respóndeme la pregunta que te hice yo, ¿qué haces aquí?
- Vine a hacer una ayudantía de álgebra, el profesor Poblete me pidió que les hiciera unos ejercicios.
- ¿Y? -le gritó Guido, desde su puesto, enojado.- ¿Vas a hacer ayudantía o seguimos estudiando solos?
- Voy -dijo Álvaro, despidiéndose con un beso de Aline.- De ahí te veo.
- No te despidas, me voy a quedar a tu ayudantía -le dijo Aline.
- Oka, hablamos a la salida -dijo Álvaro, con una sonrisa, mientras caminaba hacia el puesto del profesor.
Aline lo miró alejarse y se sentó en la última fila... A pesar que no fue algo importante en su vida, Aline no olvidaba lo que Álvaro le hizo durante el cumpleaños de Carola.

18:20 PM.
Puntualmente, Karina estaba en la puerta de la 304 en espera de Fabián. La hora de salir había llegado y los compañeros comienzan a salir con sus respectivos grupos. Ignacio salía de la mano con Carola y se encuentra frente a frente con su "otra polola", la impuesta por su madre. El rostro de Karina mostraba una sorpresa evidentemente feliz; en cambio, el rostro de Ignacio, sólo demostraba espanto.
- ¡Ignacio! -exclamó Karina, acercándose a él y dándole un beso en la boca.- ¿Cómo estás?, no esperaba verte aquí...
Obviamente, Carola quedó paralizada, en silencio debido a la impresión. Ignacio no le soltaba la mano, al contrario, la apretaba con más fuerza.
- ¿No me vas a presentar a tu amiga? -le preguntó Karina, sonriendo.
- ¿Quién eres tú? -le preguntó Carola, dándose valor.
- La Karina, ya debes conocerme de nombre... Supongo que Ignacio debe haberles comentado al menos el nombre de su polola, ¿o no?
En ese momento se despejaron todas las dudas de Carola. Recién entendió las extrañas reacciones de Ignacio y el porqué no fue presentada a su familia.
- Yo soy Carola, una amiga -dijo ella, soltándole la mano a Ignacio.
- Carol, yo puedo explicarte todo -le dijo Ignacio, nervioso.
- No tienes nada que explicar -le dijo Carola, firme.- Nos vemos, Karina... Chao, Ignacio, hasta mañana.
Carola comienza a caminar velozmente hacia Alameda, ante la extrañada Karina y un Ignacio, sin saber qué debía hacer.
- ¡Rara tu amiga! -le dijo Karina, sonriéndole y abrazándolo.
- ¡Suéltame! -le dijo Ignacio, quitándole los brazos de su cuello y corriendo tras Carola.- ¿Por qué tenías que venir hasta aquí?
- Oye, Ignacio... Ignacio... ¡Ignacio! -gritó ella, pero Ignacio no regresó.




    
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