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Capítulo 26: Lazos Familiares

August 22 2002 at 2:19 AM
Zergipio 

 


Lunes, 24 de junio. 12:40 PM
El sol había salido después de varios días en Santiago; sin embargo, el frío en el ambiente era insostenible, advertencia de cómo sería todo el invierno capitalino. Pocos habían asistido a las primeras clases, obviamente prefirieron quedarse bajo el calor de una frazada regalona a congelarse en una fría sala de clases. Recién al mediodía la universidad comenzó a tomar vida.
- ¡Discúlpame, Carol, pero tu actitud es bantante pendeja! -le dijo Alejandra, furiosa, al enterarse que su amiga pretendía regresar a Osorno.- No hay otra palabra que exprese mejor lo que pienso de tu viajecito.
- No me digas eso, Ale, me costó bastante tomar esta decisión -le dijo Carola, triste, pero decidida.- No quiero estar cerca de Ignacio...
- No te puedes echar a morir por un mino -le dijo Alejandra, comenzando a lagrimear.- O sea, tienes tanta gente que te quiere en Santiago, aquí mismo incluso... ¡Mira a tu alrededor!... Ignacio es sólo uno de nosotros.
- Lo sé, lo sé, pero me siento... tan sola -le dijo Carola, llorando.- Extraño tanto un abrazo de mi mamá cuando estoy triste, extraño un reto de mi papá cuando me equivoco, extraño caminar por la hacienda cuando tengo pena, extraño mi casa, mi pieza, mi cama... Mis tíos han sido un siete conmigo, no puedo ser mal agradecida y negar eso, pero ha sido tan fuerte el cambio y lo de Ignacio es la gota que rebalsó el vaso... Y no te equivoques, sé que tengo a Mariela, a los chiquillos, ¡a ti, por supuesto!, pero necesito más que eso ahora... Necesito sentirme bien y en Santiago no lo voy a estar...
- ¿Sabes algo, Carol?... Yo te quiero harto -le dijo Alejandra, abrazándola.- Y si lo mejor para ti es volver con tu familia, voy a aceptarlo y te apoyaré de la misma forma como si estuvieras a mi lado.
- Gracias, de verdad, muchas gracias... Eres una de las razones por las cuales me quedaría, yo también he aprendido a conocerte y considerarte una amiga, quizás la persona que me devolvió el concepto de amistad que creía perdido... Gracias por estar conmigo...

En la 304, Cristian estaba sentado cómodamente, con lentes negros, aprovechando de “vitrinear” a las mujeres que pasaban por el ventanal.
- Mira lo que tengo aquí -le dijo Gabriela, poniéndose frente a él y mostrándole el encendedor que había perdido.
- ¡Mi encendedor! -exclamó Cristian, contento, quitándoselo de las manos.- ¿Dónde lo encontraste?
- No vas a creerlo, estaba en la pieza de mi mami...
Esa frase neutralizó a Cristian, quien deja caer el encendedor de los puros nervios.
- ¿De... de tu mami? -preguntó Cristian, agachándose a recogerlo.
- Sí, ¿por qué tanta sorpresa?... Según ella quería fumar y encontró tu encendendor en mi chaqueta de jeans Maui, que es la más cara... ¡Tú que eres tan volao debiste haberlo dejado allí poh!
- Es lo más seguro -dijo Cristian, mirando hacia un costado.

En el departamento de cultura: Karina llega extrañada ante una citación urgente a la oficina de dirección. Ennio Zuccar, connotado director teatral, estaba encargado de todos los asuntos administrativos del departamento. Su oficina era verde clara y en el ambiente se respiraba la tranquilidad propia del aroma que emana un incienso de lila. Ennio estaba en su cómodo sillón tras un desordenado escritorio.
- Siéntate, Karina -la invitó cortésmente Ennio, mientras la miraba de la cabeza a los pies.- No perdamos el tiempo.
- ¿Qué pasa, Ennio? -le preguntó Karina, curiosa por el llamado, al momento que se sentaba frente a su “jefe”.
- Prendí un incienso de lila para que exista mucha paz espiritual durante este ritual.
- ¿¡Ritual!?
- Ritual le llamo a todas las reuniones administrativas, que Dios sabe bien que detesto. De esa forma siento que estamos llevando a cabo cambios necesarios para la manifestación de algún objetivo mágico...
Mientras hablaba, Ennio se sirvió agua mineral en un vaso plástico que había sobre el escritorio, sin ofrecerle a Karina.
- ¡Estás despedida! -le dijo Zuccar, de repente, sin anestesia, tomando un sorbo de su vaso.
- Despe... ¿Despedida? -preguntó Karina, totalmente sorprendida.- ¿¡Pero cómo!?, ¿qué hice?, no... No entiendo, apenas estoy preparando lo que se hará el segundo semestre, ¡ni siquiera he tenido contacto con mis alumnos!
- Espera, espera, wait a moment -la interrumpió Ennio, sin alterarse.- Es justamente ése el motivo del despido, que sí has tenido “contacto” con uno de los alumnos... Llamaron al departamento diciendo que Karina Mancilla, nuestra futura profesora de Apreciación Cinematográfica, tiene relaciones con un estudiante de ingeniería, hecho que no podrás negar, ¿o sí?
Karina se mordió los labios. La rabia, la incertidumbre y la impotencia se apoderaron de ella y le impidieron hablar.
- Es lamentable que nuestro convenio haya terminado así -prosiguió Ennio, sin perder la calma un momento.- Pero las reglas dentro de la Universidad, y Dios también sabe que las odio, son reglas.
- ¿Quién le dijo todo esto? -preguntó Karina, serena, pero furiosa.- ¿Quién llamó?
- El autor siempre es importante cuando su obra trae consecuencias nefastas, pero en este caso, su nombre quedará por siempre en el anonimato... Lo siento, Karina, no puedo hacer más por ti... Pasa a buscar tu cheque a secretaría y luego vienes a despedirte de mí para el descenlace de este capítulo de tu vida.
- Eso haré -dijo Karina, levantándose de su puesto y caminando hacia la puerta.
- Mierda, mierda, mierda -le dijo Ennio, al despedirse, deseándole suerte.
Karina se voltea hacia su jefe y lo mira en forma extraña, como si una idea se le hubiera ocurrido en ese preciso momento.
- ¿Y si termino con mi pololo? -preguntó Karina, sin ninguna seguridad.
Ennio subió los hombros y suspiró, pero no le respondió.

13:55 PM.
Más tarde, Álvaro Fadic llega conversando con Aline a la 304. Se notaba mucha empatía entre ellos: ambos tenían una gran sonrisa dibujada en el rostro.
- Ya, loco, ¿no tienes clase tú también? -le preguntó Aline, entusiasmada.
- Sí, pero teoría de sistemas vale hongo -le dijo Álvaro, sin ganas de dejarla.- De hecho, química tampoco es muy interesante...
- Ni lo pienses, no voy a dejar de entrar a clases por ti.
- No seas malita, hazlo como una travesura personal sino quieres hacerlo por mí -le decía Álvaro, mientras le hacía cariños en el pelo.
- No, no y no, déjame, soy una niña muy estudiosa y responsable...
- Yo también y podría ayudar a esta niñita a que le fuera mucho mejor, claro, si ella quiere que le ayude...
- Hola Álvaro -lo saludó Catalina, hablando de repente.
- ¡Cata! -exclamó Álvaro, sorprendido al verla.- ¿Hace cuánto que estás ahí?
- Lo suficiente, pero no te preocupes, sigue ayudando a las niñas estudiosas y responsables, permiso -dijo Catalina, haciéndole un desprecio y entrando rápidamente a la sala.
Álvaro se quedó mudo y volvió su vista a Aline.
- ¡Fuerte lo de ella! -dijo Aline, sonriendo una vez más.- Aprovecho de entrar yo también, nos vemos más rato.

En otro lugar de la sala, sentadas en un rincón, Andrea conversaba con Silvana.
- ...y saliendo del tema -le dijo Silvana, sonriendo curiosa.- Algo de tiempo ha pasado desde que terminaste de pololear, ¿no has pensado en intentar algo con el Benja?
- ¿No crees que es muy repentino hablar de eso? -le contestó Andrea.
- Pero ya no estás con Gonzalo.
- No terminé para empezar algo con Benjamín.
- Él te quiere, se le nota...
- ¡Ay, Silvana, no me hagas hablar! -le pidió Andrea, subiendo un poco su tono de voz.- No estoy lista aún para estar con nadie, ¿ok?
- Bueno, bueno, ok... pero no te pongas así.

En otro lugar de la universidad, Mariela caminaba de la mano con Daniel... Algo raro ocurría con ella... y se notaba.
- Algo muy importante querrás decirme para que no hayas querido entrar a clase -le dijo Daniel, abrazándola.- Espero que sea algo bueno, sí...
- La verdad , no es algo muy agradable, de hecho, no sé si quiero decírtelo...
- Pero Mariela, a mí me puedes decir lo que quieras, cualquier cosa... Oye, yo soy tu pololo, te amo...
- Yo también, Daniel, pero... pero... eso no es suficiente...
Ella dio media vuelta y comenzó a alejarse de Daniel, que quedó de una pieza al escuchar esas palabras de Mariela.
- Espera, ¿qué onda? -le preguntó Daniel, tomándola del brazo.- O sea, ¿qué cosa no es suficiente?... No entiendo... Si estás tratando de terminar conmigo, una, sé más clara, y dos, ¡explícame qué pasa!
- Mis papás se enteraron que estoy pololeando contigo -le dijo Mariela, con la voz temblorosa, pero sin derramar ninguna lágrima.- No me preguntes cómo porque ni yo misma lo sé, pero de un día para otro lo supieron... Y obviamente hicieron un escándalo que prefiero olvidar.
- Pero, amor, ¿vas a darte por vencida tan fácil?... Estoy pololeando contigo, no con ellos... Yo te quiero a ti, tú me quieres a mí, ¡qué importan los demás!
- A mí sí me importa...
- No puedes darles en el gusto en todo lo que se les ocurra. Tú tienes vida propia.
- Daniel, me está yendo mal aquí, ¡con suerte he visto un azul en mis pruebas!... Mi papá tiene razón, debo dedicarme a subir las notas y después a pololear... Si es cierto que me quieres tanto como dices, entiéndeme.
- Te entiendo, pero me siento... decepcionado -le dijo Daniel, dando un suspiro.- Esperaba más de tu parte y con esta reacción me estás demostrando que no te la juegas por mí.
- ¿Y qué puedo hacer?... Dame alguna alternativa...
- Confía en mí, ¿no se te ocurrió eso?... Mariela, podemos estudiar los dos y salir juntos de esto, tú y yo, como pareja... Podemos hacerlo, pero necesito que me tengas confianza o no podré ayudarte.
- Te tengo confianza, Daniel, pero también tengo miedo... miedo a mi papá, a echarme ramos... No voy a tener nuevas oportunidades... No voy a...
En ese momento comenzó a llorar, pero el abrazo tierno, seguro y apretado de Daniel la hicieron sentir que no estaba sola, que había alguien dispuesto a compartir con ella el miedo y convertirlo en una esperanza.

15:25 PM.
La clase de química había terminado y el profesor se había retirado cinco minutos antes del final de la hora. Los compañeros empiezan a salir de la sala.
- Deberíamos habernos quedado haciendo ejercicios -reclamó Guido, enojado.- Si el profesor Catalán hubiera estado aquí, nos habría dicho que estudiáramos las ocho horas diarias necesarias para...
- ¡Ya cállate! -le gritó Fabián, sin soportarlo.
En ese momento comenzó a sonar el celular de Guido.
- Los salvó la campana -dijo Guido, buscando el celular en su bolso.- Si no, hubiese seguido motivándolos a estudiar...
- ¿Quién te llama, el perro? -le preguntó Silvana, sonriendo con ironía.
Pero Guido se puso blanco, nervioso, obviamente el ver el nombre de Ramiro en su teléfono lo descolocó... Guido lo apaga.
- ¿Quién era? -le preguntó Fabián, insistente y con un tono muy desagrable.
- ¡Qué te importa! -dijo Guido, y se fue rápidamente del lugar.

16:00 PM.
Más tarde, Fabián estaba fuera del departamento de cultura, como en tantas otras ocasiones, esperando a Karina.
- ¿Qué estás haciendo aquí, Fabián? -le preguntó Karina, de mal humor.- Te has convertido en mi monito porfiado... A pesar de los golpes, vuelves siempre a mí...
- No me parece nada de gracioso tu comentario -le dijo Fabián, con cierto cinismo.
- Si no quieres escucharme, puedes irte por el mismo camino por el que llegaste...
- Estás más idiota que de costumbre... ¿Qué pasó con tu humor siempre atinado?, ¿acaso tuviste un mal día?
Esas últimas preguntas le abrieron los ojos a Karina y le ayudaron a adivinar quien había sido la persona que la había acusado frente al director.
- ¿Estás enfermo del mate, Fabián? -le gritó Karina, furiosa.- ¿Cómo pudiste llamar al director para decir que estaba pololeando con un alumno de aquí?
- ¿Ya te descubrieron? -preguntó Fabián, fingiendo la más inocencia.
- ¿Sabes cuánto trabajo costó que aceptaran mi proyecto aquí?... No tienes idea de todas las horas que gasté tratando de armar este nuevo ramo... ¡Desgraciado!
- Nada de ofensas, señorita profesora... O además podrían manchar su currículum por no saber tratar a sus alumnos.
- No tenías porqué hacerme esto -le dijo Karina, acercándose a él e intentando golpearlo nuevamente.
- Nunca más te atrevas a tocarme, ¿entendiste? -le dijo Fabián, mirándola furioso, mientras agarraba su brazo fuertemente.
- Suéltame, me estás lastimando...
- Ojalá que con esto aprendas que conmigo no puedes jugar, ¿escuchaste bien?
- Suéltame...
- ¡Suéltala, te dicen! -le gritó Cristian a Fabián, apareciendo de repente, dándole un empujón que lo botó al piso.- ¿No te enseñaron a tratar una mujer?
- Mujeres, sí -dijo Fabián, levantándose del piso, mientras sacudía su ropa.- No completaré la frase, pero asume que venía lo peor... Nos vemos.
- ¡Maldito! -le gritó Karina, con mucha rabia, mientras le agradecía el gesto a Cristian.- ¡Maldito y diez mil veces maldito!
- ¿Qué te pasó con Fabián? -le preguntó Cristian, curioso.
- Eso no te importa, mi héroe -le dijo Karina, haciéndole un desprecio y entrando una vez más al departamento de cultura.


 
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Zergipio

Actuación Especial

August 22 2002, 2:21 AM 

Bastián Bodenhöfer
Ennio Zuccar

 
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