Aún sorprendido por la reacción de Silvana, Daniel caminaba rápidamente en busca de sus compañeros. ¿Qué sería eso tan importante que debía confesarles?
- ¡Daniel, Daniel, estoy tan feliz! -le gritó Mariela, abrazándolo de improviso y besándole los labios reiteradas veces.
- Me doy... cuenta... que... estás contenta -le dijo Daniel, en forma pausada a causa de los besos de su polola.- ¿Qué onda? ¿Qué pasó?
- ¡Salieron las notas de la tercera prueba de álgebra!... ¡Me saqué un 5.8 y aprobé!
- ¡Qué buena, mi amor! -le dijo Daniel, muy contento.- ¿Ya salieron las notas?
- Recién, hace como veinte minutos que las publicaron en el muro de los lamentos... A ti no te fue muy bien, te sacaste un 3.8, pero igual aprobaste.
- ¿¡3.8!?... Ya, filo, lo importante es que aprobamos... ¿Cómo le fue a los demás?
- Bien, aprobaron todos, unos mejor que otros eso sí.
- Ya me imagino de quien estás hablando... La felicito, mi vida, por lo menos sus papás estarán más tranquilos.
- Y nosotros también -le dijo Mariela, besándolo.
- Mmm... oye, necesito que me ayudes a reunir a los chiquillos -le dijo Daniel, interrumpiendo el romántico momento.- Silvana nos va a...
- ¿¡Silvana!? -preguntó Mariela, no muy contenta.
- Sí, Silvana... Pucha, Mariela, sé que no te gusta que hable con ella, pero necesitaba aclararle ciertas cosas... Y ahora es ella la que necesita hablar con nosotros, no está nada de bien...
En el muro de los lamentos había un ambiente denso, comparable a un funeral de personas muy queridas. Los universitarios pasaban en grupo a revisar su carnet de identidad en las planillas donde se publicaban las notas de determinado ramo. Los rostros iban de extremo a extremo: las bajas notas se reflejaban en la tristeza, amargura, rabia e impotencia; las buenas, en la alegría y emoción, que muchas veces no podían aflorar en el instante en respeto de quienes no estaban igual de contentos.
- No sé para qué vienes a ver tu nota si ya estabas aprobado desde la segunda prueba -le dijo Fabián a Guido, que buscaba su rut incansablemente.
- ¿Y quién dijo que estaba revisando mi nota? -preguntó Guido, altanero.- Hace rato vi mi insuperable 6.2.
- O sea, aprobaste relajado... ¿¡No me digas que te preocupa si alguien te ganó!?
- ¡Claro que no!, sólo hacía una estadística mental de cómo anduvo el nivel de enseñanza...
- Ya oye... A ver, déjame ver la mía...
Fabián comienza a buscarse en la lista: su dedo índice comenzó a recorrer la planilla, de arriba hacia abajo, hasta detenerse cerca de la mitad... Sus ojos parecieron abrirse más y en su cara se dibujó una tremenda sonrisa.
- ¡I’m king of the world! -gritó Fabián, imitando a Di Caprio en Titanic.- Parece que tu insuperable 6.2 sí fue superado... y por mi indiscutible y espectacular 7.
- ¿¡Tú fuiste el 7!? -le preguntó Guido, sorprendido y notoriamente molesto.
- Sí, y sacando el promedio final, parece que estaría aprobando con una nota mejor que la tuya... ¡Una pena, Guido amigo mío!... jajaja...
Cerca del lugar, sentada en una cuneta, Catalina no estaba muy feliz con su resultado en la prueba.
- ¿Y esa carita? -le preguntó Luciano, al darse cuenta de su bajón.
- Lo que tenía que pasar no más, me voy al examen en álgebra -dijo Catalina, un poco más asumida.- ¡Me fue pésimo!
- ¡Buuu, yo pensé que ibas a aprobar de una!
- No seas mentiroso, era obvio que no me la iba a poder -dijo Catalina, poniéndose de pie.- Los números son el peor invento humano.
- ¡Qué manera de cagarme de la risa!... ¿Cómo puedes decir una cosa así?... Aparte que necesitabas como un 6 para aprobar, ¿cómo te fue en la prueba?
- Me saqué un 4.8...
- ¡Pero es bueno igual!... A lo mejor no necesitas tanto para el examen, yo puedo estudiar contigo si quieres.
- El gusto de perder el tiempo, si sabis que soy nula con los vectores y esas cosas que... ¡ya ni me quiero acordar!
- Deja que yo administre mi tiempo libre. Además, me servirá para relajarme de otras cosas que me están pasando.
- ¿Quieres contarme qué onda?
- En la casa tuve una discusión fuerte con mis papás, ¡estoy chato que se metan en lo que no les importa!
- ¿En qué? -preguntó Catalina, interesada en lo que le pasaba a Luciano.
- Prefiero no hablar del tema... Ya tengo decidido irme a vivir solo.
- ¿En serio?... Piénsalo bien, tienes que tener plata pa’arrendar alguna pieza, comer, vestirte, las fotocopias de aquí...
- Ya lo tengo todo pensado, voy a hablar con Benjamín para que me guarde lugar en la pensión donde él vive...
En el kiosko de Informática, Karina estaba comprando un jugo de naranja.
- ¿Anda light la señorita profesora cultural? -le preguntó Fabián, irónico.
- ¡Te has convertido en mi sombra! -le dijo Karina, no muy contenta de verlo.- ¿Has escuchado el típico dicho: “me sales hasta en la sopa”?... Te juro que empezó a tomar sentido desde el día que te conocí.
- ¿Y tú has escuchado “cuando el río suena es porque piedras trae”?
- ¡Claro que lo he escuchado!... ¿Qué tiene que ver con esto?
- No sé, pero no puedes negar que le dio un tono especial a esta conversación... No todo funciona de forma lógica.
- Mmm -suspiró Karina, sonriendo.- ¿Sabes, Fabián?... A pesar de todos los malos ratos, no deja de sorprenderme y atraerme la mente retorcida que tienes.
- Algo es algo... Pasito a pasito se conquistó el mundo entero.
- Lo veo difícil, ya perdiste tu oportunidad... en realidad, ¡nunca te la di!... Y menos ahora que fui recontratada en el departamento de cultura... Ignacio ya no es mi pololo, ¿qué te parece?
- Me parece apropiado en tu situación... Pero si un simple llamado anónimo te dejó de patitas en la calle, otro puede dejarte muchísimo peor.
- ¡No te atrevas a meterme en problemas otra vez!
- No hay nada ni nadie que me lo impida... Un beso... profe...
En la sala 304, Guido estaba en un rincón, amurrado, furioso por su altercado con Fabián en el muro de los lamentos. Su celular comienza a sonar y él lo contesta, sin revisar quien llamaba.
- ¿Qué pasa? -contestó Guido, enojado.
- Parece que no llamo en buen momento, disculpa, no te molesto -dijo Ramiro, colgando el teléfono.
- Ramiro... Rami... ¡pucha!
Guido marca el número de Ramiro. Aunque en un comienzo duda en presionar el botón “enviar”, termina por hacerlo.
- Aló, Ramiro, disculpa por contestarte de esa forma -le dijo Guido, más tranquilo.- No sabía que eras tú el que me llamaba.
- ¿Te pasó algo? -le preguntó Ramiro, preocupado.
- Mmm... Cosas mías... o sea, no es que no quiera contarte lo que me pasa... a ver, es que yo soy un poco complicado en ciertos sentidos.
- Ya me he dado cuenta...
- Me refería al estudio... En fin... ¿Para qué me llamabas?
- Nada en especial, quería saber cómo estabas.
- Aquí estamos... Bien, gracias por preocuparte, pero ya te dije que estoy y estaré perfectamente.
- Tendré que creerte... En todo caso, antes de colgar, te vuelvo a insistir que cuentas conmigo si de repente necesitas hablar de lo que te pasa... ¿ok?
- Ehhh... sí... ahora te tengo que dejar, nos vemos.
Guido colgó, miró a su alrededor, nervioso y preocupado de que alguien hubiera estado escuchando su conversación... Se tranquilizó al no ver a nadie cerca, dio un suspiro y guardó el celular.
Alejados de la 304, los compañeros y amigos más cercanos se habían reunido a conversar sobre algo importante, pero ninguno sabía de qué se trataba. “Tenemos que escuchar a Silvana, no está muy bien y quiere contarnos algo”, fue la invitación que recibió uno a uno por parte de Daniel y a la que habían acudido sin pensarlo dos veces.
- ¿Qué pasa? -preguntaba Benjamín, ansioso.- No es por ser curioso, pero igual me intriga saber para qué nos llamó Silvana.
- Muere de viejo y no de sapo -le dijo Alejandra, mirándolo enojada.- Parece que la Silvana no está muy bien... A lo mejor está enferma y nos va a contar de qué.
- No creo -dijo Andrea.- Yo soy la que ha estado más cerca de ella, el año pasado y éste, y nunca la he visto quejarse de nada... por lo menos en lo que es salud.
- Con tal de no ir a clase, yo la escucho todo lo que quiera contarme -dijo Cristian, riéndose.- A propósito, ¿no invitaron a Guido?
- No quiso venir -dijo Daniel.- Le pregunté y me dijo que le faltaban cuatro horas de estudio...
- ¡Tan cuadrado que se pone a veces! -dijo Gabriela, arreglándose la chasquilla.
- Tampoco vienen Luciano y Catalina -aportó Carola.- Ella quedó pa’l examen de álgebra y Luciano aprovechará de engrupírsela... jajaja, digo de ayudarla...
- Yo tampoco hubiese venido -dijo Mariela, incómoda.- Pero Daniel insistió...
- Schtttt -la hizo callar Aline.- Ahí viene la Silvana...
- Hola chiquillos -los saludó Silvana, en un tono totalmente nuevo para ellos.- Les pedí que vinieran para aclararles muchas cositas... ¡ufff, ni se las imaginan!
- ¿¡Muchas cositas!? -repitió Benja, sonriendo curioso.- ¡Parece interesante!... No te preocupes, tira pa’rriba y cuéntanos todo lo que quieras.
- No sé ni como empezar -dijo Silvana, dando un suspiro y mirando al cielo.- ¿Les cae mal Fabián?
- ¡Pésimo! -dijo Alejandra, con rabia.- Sorry, pero no lo soporto...
- ¿Quieres saber nuestra opinión de Fabián? -le preguntó Aline, sorprendida.- Si es así, no entiendo para qué nos llamaste... o sea, no tengo ninguna intención de hablar de él.
- Es que tú no sabes todo -le dijo Andrea.- Si Fabián actúa como actúa, es porque...
- ¡Porque es malo! -la interrumpió Silvana, con un tono definitivo y muy seguro.- Ustedes no tienen idea de lo que es capaz de hacer, no lo conocen bien... Bueno, a mí tampoco me conocen, porque yo lo ayudé en varias cosas...
- ¿Qué tan malo ha hecho Fabián? -preguntó Mariela, un poco molesta.- Disculpen por lo que voy a decir, pero si su relación con Aline no funcionó, no es motivo para tacharlo de desgraciado...
- No entiendes, Mariela -le dijo Silvana.- Fabián me pidió que lo ayudara y él me ayudaría a mí... a quitarte a Daniel.
- ¿Cómo? -preguntó Daniel.
- ¿¡Le gusta la Mariela!? -exclamó Benjamín, emocionado.- ¡Éjale, siempre lo supe!
- Nada que ver, Benja -dijo Silvana.- Fabián quería otras cosas...
- ¿Por qué aceptaste? -le preguntó Andrea, más calmada.
- No sé... por rabia, por celos... la verdad es que no sé... estaba emputecida por como habían resultado las cosas con Daniel y lo único que tenía en la cabeza era quitárselo a Mariela y después dejarlo botado yo...
- ¿Pero qué hizo poh? -preguntó Aline, subiendo la voz.- O sea, has dicho que Fabián es aquí y allá, pero todavía no nos cuentas qué fue exactamente lo que hizo.
- Les puso trampas a todos ustedes -confesó Silvana, mirando a los ojos de Mariela.- Fue él el que llamó a tu casa haciéndose pasar por Daniel y le dijo a tu mamá que estaban pololeando.
- ¡Maldito! -exclamó Alejandra.- ¡No fue Benja como pensábamos!
- ¡Buena oh! -dijo Benjamín.
- ¿Así fue como supieron? -le preguntó Daniel a Mariela, quien no terminaba de entender lo que estaba escuchando.
- Eso debió ser -dijo Mariela, pensativa y recordando ciertos momentos.- De otra forma, nunca se hubieran enterado...
- Después vino lo de Carola -continuó Silvana.- Fabián se enteró que recibirías una enorme herencia de tus padres y quería quitártela.
- ¿Soy rica? -preguntó Carola, sorprendida.
- Muy rica -le dijo Ignacio, a su lado.
- ¡Cállate, maraco!
- Entonces Fabián le dijo a Karina, a quien conoció tiempo atrás, que viniera a buscarlo al salir de clase -contaba Silvana.- De esa forma, ustedes terminarían su relación y a él le quedaba el camino libre.
- Yo conocí a esa mina en el departamento de cultura -agregó Cristian.- De hecho, tuve una discusión con Fabián porque ¡puta que la trataba mal!
- ¿Pero quién es Karina? -preguntó Benja.
- ¡La polola de éste! -dijo Carola, enojada, apuntando a Ignacio.
- ¡No es mi polola, hasta cuándo quieres que te lo diga! -le dijo Ignacio.
- Fabián no puede ser capaz de todo eso -comentó Aline.
- ¡Y más encima sigues defendiéndolo! -dijo Gabriela, arreglándose la chasquilla.
- Cristian, ese empujón que le diste a Fabián te costó muy caro -le dijo Silvana.- Él te robó el celular y le mandó un mensaje a Gabriela para que ella se desilusionara de ti... Tú sabes de qué...
- ¿Él me mandó el mensaje? -preguntó Gabriela, enojada.- ¡Cómo pudo hacerme algo así!, o sea, yo no tuve ningún problema con él... ¿Qué le dio conmigo?
- ¡Hueón maricón! -exclamó Cristian.- En todo caso, quiso desquitarse conmigo, no contigo, Gabriela... ¡Puta, cuando lo vea...!
- A ver, chiquillos -dijo Andrea, levantando la voz y tratando de tranquilizar a sus compañeros.- No debería hacer esto, pero debido a como se están dando las cosas, me veo en la obligación de pedirles un poco de consideración a...
- ¡De qué consideración estamos hablando! -le discutió Alejandra.- ¿Acaso no acabas de oír todo lo que ha hecho ese gil!
- Es que ustedes no entienden -dijo Andrea.- Fabián hace poco descubrió a su papá con una mujer que no es su madre... Está desilusionado de la visión familiar que tenía, y eso me lo contó hace tiempo como una confidencia...
- Andrea, Fabián no tiene papás -le aclaró Silvana.
- ¿Cómo que no tiene papá? -preguntó Andrea, sin entender.
- El ganarse tu lástima era la única forma de acercarse a ti y convertirse en tu amigo -le explicó Silvana.- Estaba convencido que sacándole celos a Benjamín y a Aline juntos, lograría que se separaran... y de hecho, lo consiguió.
- ¿O sea fue todo una mentira? -preguntó Andrea, aún sin convencerse.
- Supongo que tú inventaste que Fabián y Andrea tiraron en el cumpleaños de Martín -le dijo Benjamín.
- Sí, todo era parte del plan... Todo... Ganarse a Andrea, sacarle celos a Benjamín, fingir arrepentimiento con Aline... Fabián nunca se convenció que Aline, lo cambiara por otro...
- Eso no es cierto, Fabián me quería -dijo Aline, con sus ojos llenos de lágrimas.
- Él quería tener a alguien a su lado y tú eras la única que le aguantaba todo -le dijo Silvana.- Cuando le dijiste que no volverías con él, heriste su orgullo, y no descansó hasta verte lejos de cualquier hombre...
- No puedo seguir aquí, permiso -dijo Aline, y salió corriendo mientras lloraba.
- ¿Y tú cómo caíste en su juego? -preguntaba Mariela, mientras Daniel le pegaba un codazo.- ¡Qué te pasa, Daniel!
- Lo siento, pedirles disculpas es poco, pero es lo único que les puedo ofrecer ahora -les dijo Silvana, bajando la cabeza.
- ¿Falta algo más? -le preguntó Alejandra.- Conmigo no se desquitó de nada parece...
- Bueno, disparó contra el caballo de Guido mientras estábamos en Osorno -les contó Silvana.- Según él, no lo soporta...
- ¡Nadie lo soporta! -dijo Benjamín.
- ¡Benja! -lo retó Andrea.
- Fabián merece un castigo -dijo Daniel, muy enojado.
- Hay que puro pegarle -dijo Cristian, también furioso.
- No, Cristian -le dijo Gabriela, arreglándose la chasquilla.- Lo único que conseguirías es ponerte a su altura.
- Hace mucho tiempo que no coincidía contigo, Gabriela -le dijo Andrea.- Pero esta vez, sin dudas, tienes toda la razón.
- No sé -dijo Daniel, tomándole la mano a Mariela y comenzando a caminar.- Por mi parte, esto no va a quedar así...