EN EL 59º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE MANOLETE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
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EN EL 59º ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE
MANOLETE (1917-1947)
“El torero más valiente
no es el torero más bravo,
sino el que tiene más miedo
y sabe disimularlo.”
Miguel Hernández
LA EMOCION DEL TOREO
Ahora, el 28 de agosto de este año, se cumple el cincuenta nueve aniversario de la herida mortal del torero cordobés Manuel Rodríguez Sánchez, más conocido como Manolete. Sufrió una cornada mortal, al entrar a matar, a un toro de Miura, de nombre “Islero”, en la plaza de Linares. Casi tres generaciones después, recordamos a este gran torero. Pues no podemos olvidarnos de quien fue un verdadero “fenómeno” y sintió el toreo de manera verdaderamente “fenomenal”.
Este raro, misterioso espectáculo español de las corridas de toros -para muchos espectáculo bárbaro y cruel; para otros en cambio espectáculo maravilloso cuya extraña belleza supera o traspasa esa crueldad o barbarie- va ya para una tradición de más de dos siglos.
Con curioso paralelismo a lo político, las corridas de toros siguen siendo muy castizamente españolas. De esta manera nos parece que ahora, como antes, en España, lo político y lo taurino se corresponden. Aunque naturalmente en ambas cosas hayan sucedido, y sigan sucediéndose, con los tiempos diferencias notables. Sin embargo, toros y toreros, público y políticos han cambiado poco en España.
En el espectáculo del toreo ¿hay algo más que el hermoso espectáculo aparente que enmascara de luces ese más? El espectáculo de una corrida de toros, cuando es algo más que un espectáculo lamentable, y diríamos que hasta cuando no lo es, nos parece siempre ejemplar.
El espectáculo de las corridas de toros que ha cambiado muy poco con el tiempo en su apariencia, es más que un mero espectáculo, es más que un horroroso o maravilloso (o las dos cosas a la vez alternativamente) espectáculo del que hubiese podido decir Goethe. “¡Qué bello espectáculo, pero no es más que un espectáculo!”
Todo lo que es arte, juego, fiesta, en el toreo pertenece al mundo mágico de la emoción: que puede ser horroroso o maravilloso, según el objetivo que lo motiva. De tal modo, que lo verdaderamente horroroso o maravilloso desaparece cuando el cerco mágico desaparece.
En el espectáculo mágico de la corrida, la presencia de la muerte está exclusivamente vinculada, al toro, y al torero, las luces de razón irracional, que se encienden y apagan en su traje enmascarador, le disfrazan de inmortalidad. En cuanto un torero nos expone, voluntaria o involuntariamente, su valentía, o su miedo, la emoción mágica de su arte desaparece por completo. Porque la emoción del toreo es únicamente emoción de arte.
El hombre busca la escapatoria del tiempo en el tiempo mismo, como la de la muerte en la muerte, y la del amor en el amor. Hermanos, juntos en el tiempo, a un mismo tiempo o por el mismo tiempo, decía Leopardi que eran el amor y la muerte.
El tiempo transcurrido desde aquella muerte de Manolete, rodeada de elementos populares y oficiales, no nos esconde ni nos calla su recuerdo, sino que lo aviva y acrecienta, como identificándose con todos esos años pasados de nuestra propia vida. Y es que, como dijo el poeta: “¡Con qué amargura tan honda / con qué tristeza y qué pena / se queda la plaza en sombra!”
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Gracias.
Escrito desde Aug 23, 2006, 10:13 PM de la dirección IP 212.59.207.181