GOMEZ MANRIQUE POR FRANCISCO ARIAS SOLIS

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GOMEZ MANRIQUE
(1412-1490)


“En un pueblo donde moro
al nesçio fazen alcalde;
hierro preçian mas que oro,
la plata danla de balde.”
Gómez Manrique.

LA VOZ DEL PRIMER DRAMATURGO CONOCIDO

La mayoría de los escritos de Gómez Manrique consiste en composiciones líricas de tipo cortesano que reflejan los gustos y tendencias de la época. Más importantes, sin embargo, son sus aportaciones al drama primitivo, que parecen cerrar el vacío entre el Auto de los Reyes Magos y la dramaturgia del siglo XV. Como dramaturgo escribió entre 1458 y 1481 Lamentaciones para la Semana Santa y Representación del Nacimiento de Nuestro Señor que es, en la historia del teatro español, la primera obra de autor conocido y la más antigua después del Auto de los Reyes Magos.

Gómez Manrique, noble de gran alcurnia y de una estirpe de hombres de letras, era sobrino de don Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana y hermano del maestre Rodrigo Manrique, el protagonista de las famosas Coplas a la muerte de su padre de su sobrino Jorge Manrique. Nació en Amusco, provincia de Palencia, en 1412 y murió en Toledo en 1490. Participó siendo un adolescente, en el sitio a la fortaleza de Huéscar, acompañando a su tío el Marqués de Santillana, e intervino en diversas banderías políticas. Enemigo de Álvaro de Luna, partidario del príncipe Alfonso, peleó contra Enrique IV y se sumó, posteriormente, al bando de Isabel la Católica, a quien entregaría Ávila y Toledo cuando era de esas ciudades corregidor. Estuvo presente en el pacto de los Toros de Guisando (1468) y reconstruyó el puente de Alcántara, así como las casas consistoriales toledanas en las que hizo grabar la famosa inscripción: “Nobles, discretos varones / que gobernáis a Toledo, / en aquestos escalones / desechad las aficiones, / codicia amor y miedo. / Por los comunes provechos / dexad los particulares. / Pues vos fizo Dios pilares / de tan riquísimos techos, / estad firmes y derechos”.

Dejando a un lado su teatro, podemos dividir en dos grupos las 108 composiciones conservadas, que él menospreciaba por considerarse más guerrero que poeta: unas obras amorosas de raíz galaico-provenzal y cortesana y varios poemas doctrinales siguiendo la huella de Mena y Santillana a cuya muerte dedicaría un planto o elegía fúnebre medieval. Las composiciones del primer grupo muestran un Gómez Manrique tan hábil en virtuosismo como los restantes poetas del cancionero; de ellas merecen citarse “Vuestros ojos me prendieron”, “A ti, señora, de quien”, “Con la beldad me prendisteis”, etc.

El segundo grupo de mayor calidad, agrupa el Regimiento de Príncipes, doctrinal de buen gobierno dirigido a los Reyes Católicos; la Exclamación o querella de la gobernación, en que censura la situación del país en tiempos de Enrique IV; el Planto de sus virtudes de carácter alegórico dantesco a imitación de la Comedieta de Ponça; la Coronación de Mosén Jordi, y sobre todo los Consejos a Diego Arias Dávila, uno de los precedentes formales y temáticos de las Coplas de su sobrino. Como éstas, el poema de Gómez Manrique es una lección de filosofía estoica sobre inestabilidad de las grandezas humanas y sobre la vanidad del mundo, forma su fondo una violenta sátira política contra Enrique IV y Diego Arias Dávila, contador real, de quien el autor había recibido ofensas. Sin alcanzar la rotunda sobriedad de su sobrino Gómez Manrique olvida los convencionalismos e intenta escribir en un idioma sencillo; en cuanto a la forma métrica, se trata de una copla de pie quebrado, aunque la combinación sea distinta que en Jorge Manrique:

Gómez Manrique es el primer dramaturgo cuyo nombre conocemos. El espíritu dramático que anima algunas de sus poesías como Batalla de amores es el preámbulo a sus dos ensayos teatrales: la Representación del Nacimiento de Nuestro Señor, compuesta a instancias de su hermana “vicaria del monasterio de Calabaçanos “. Mezcla de relato y de canciones, la pieza comienza austera con notas populares de gran realismo como los celos de San José, o las escenas en que, con el nacimiento al fondo, van pasando la soga, la columna, los azotes y otros instrumentos de la Pasión, para concluir con una gozosa “Canción para acallar al Niño”, preñada de lirismo. Las Lamentaciones para la Semana Santa, de mayor simplicidad, se limitan a presentar varias escenas de la Pasión, pero su dramatismo es más narrativo, es decir, menor, con gran desarrollo del elemento lírico.

En su composición Exclamación o querella de la gobernación, hay versos tan dignos de recordarse una y otra vez como estos: “Al tema quiero tornar / de la çibdad que nombré, / cuyo duró prosperar / quanto bien regida fue; / pero después que reinaron / cobdicias particulares, / sus grandezas se tornaron / en despoblados solares”.


Francisco Arias Solis
e-mail: aarias@arrakis.es
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Paz, queramos paz.

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Gracias







Escrito desde Nov 1, 2006, 3:47 PM
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