“Crecí alegremente cual una planta silvestre sorprendido
desde los primeros pasos por lo contradictorio,
lo incoherente, lo inquieto, lo desigual de mi temperamento”.
Enrique Gómez Carrillo
LA VOZ DEL PRINCIPE DE LOS CRONISTAS
Enrique Gómez Carrillo, es el seudónimo del escritor guatemalteco Enrique Gómez Tible, célebre por sus amores con Mata-Hari y su matrimonio con la cupletista Raquel Meller, es autor de crónicas con calidades líricas de valor impresionista. Exponente del modernismo y la bohemia y viajero infatigable, vivió mucho tiempo en París. Se le conoce como el “Príncipe de los Cronistas”. Recogió las impresiones de sus viajes en numerosos libros con un exquisito estilo en el que consiguió fundir los infinitos matices del idioma francés y la rotundidad del español. Ha sido un escritor polifacético y el más prolífico de todos los escritores guatemaltecos, con más de ochenta libros escritos a lo largo de su vida. Cultivó una prosa modernista, de notable valor, impregnada de lirismo y de un acentuado estilo impresionista. Visitó muchos países, de los que siempre deja estampas de sus escritos para los periódicos en que colaboraba.
Enrique Gómez Carrillo nace en Ciudad de Guatemala el 27 de febrero de 1873 y muere en París el 29 de noviembre de 1927. Hijo del historiador Agustín Gómez Carrillo, rector de la Universidad de San Carlos, y Josefina Tible Machado. En 1888 trabaja como dependiente del almacén La Sorpresa. En 1890 colaboró en El Correo de la Tarde, dirigido por Rubén Darío. Desde muy joven causó controversias en los círculos literarios guatemaltecos. Hasta el punto que le calificaron de enfant terrible y el presidente le concedió una beca con tal que se fuera a Europa. Estudió en Madrid. En esta ciudad publica su primer libro Esquisses (1892). En 1895 es nombrado académico de la Real Academia de la Lengua Española. En 1898, el presidente de Guatemala, Manuel Estrada Cabrera, le nombró cónsul en Paris, y, más tarde, en Hamburgo. Posteriormente, el presidente de Argentina, Hipólito Irigoyen, lo nombró cónsul de Argentina en Paris. Director de El Liberal madrileño (1916-1917) y corresponsal de ABC, de La Nación argentino, del Diario de la Marina cubano y de muchos otros periódicos hispanoamericanos, es un genuino representante de la “belle époque” del periodismo. En 1906, contrajo matrimonio con la escritora peruana, Zoila Aurora Cáceres Moreno, en 1919, con Raquel Meyer y en 1926, con la salvadoreña Consuelo Suncín Sandoval. En 1906, la Academia Francesa le concedió el premio Montyon, por su traducción al francés de su obra El alma japonesa. El mismo premio se le otorgó, por segunda vez, en 1917, por la traducción de En el corazón de la tragedia. En 1906, el Gobierno de Francia, la nombró Caballero de la Legión de Honor, y posteriormente lo ascendió a Comendador. La inmensa obra de Gómez Carrillo sigue siendo poco conocida en Guatemala. “Iré a Guatemala –murmuraba en su lecho de enfermo-. En Guatemala no me quieren, pero iré”. Casi a los cuarenta años de su muerte, en 1967, se le erigió un monumento en el parque Concordia de Guatemala al que se le dió el nombre del cronista.
Además de innumerables crónicas periodística fue autor de una extensa obra, entre la que cabe citar: Literatura extranjera (1895), Del amor, del dolor y del vicio (1898), Bohemia sentimental (1899), Maravillas (1899), La Grecia eterna (1908), El Japón heroico y galante (1912), La sonrisa de la esfinge (1913), Jerusalén y la Tierra Santa (1914), La gesta de la Legión y el encanto de Buenos Aires (1914), En el corazón de la tragedia (1916), El evangelio del amor (1922), cuyo escenario es la Bizancio decadente de 1300, y en la que exalta la vida, la sensualidad y el amor, El misterio de la vida y de la muerte de Mata-Hari (1923), Las cien obras maestras de la literatura universal (1924), Les nostalgies andalouses (1927) y La nueva literatura francesa (1927). Y después de tantas obras, hemos de recordar lo que nos dejó dicho el “Príncipe de los Cronistas”: “Si alguien me hubiera dicho entonces: tú has nacido para escribir, para pasar horas y horas sentado ante una mesa, para velar noches y noches leyendo historias de monjes para producir tantos libros como tiene tu mamita en la vitrina de su budoir. Si alguien me hubiera dicho eso, me habría reído de él”.
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Escrito desde Dec 19, 2006, 10:23 PM de la dirección IP 212.59.212.18