La novela se convierte en la inspiración de la TV norteamericana
Por Rodrigo González M.
La Tercera (Chile)
17 de julio de 2009
HBO hará una miniserie de la elogiada novela Middlesex, tal como lo hizo con Empire falls. Hasta ahora Hollywood tuvo el privilegio para las obras literarias, pero la TV se revela al fin como el medio ideal: su formato en temporadas es ideal a la gran extensión de las novelas.
En una encuesta del año 2000, el British Film Institute ubicó a la miniserie Retorno a Brideshead en el lugar 10 entre los 100 mejores programas de la televisión británica. La serie basada en la novela más conocida de Evelyn Waugh fue un auténtico éxito en su país y logró gran popularidad entre los televidentes estadounidenses, que hallaron un paradisíaco refugio en la aristocracia inglesa descrita en esta serie de 12 capítulos de 1981. A Chile llegó a principios de los 90 y por las pantallas de Megavisión logró una fiel audiencia.
Elogiada por el escritor norteamericano Tom Wolfe (que la definió como una "plutografía", refiriéndose a su énfasis en las vidas de los nobles ingleses), la miniserie operó como una insoslayable sombra sobre la adaptación cinematográfica realizada el año pasado. The New York Times llegó a indicar: "Es imposible olvidar que Retorno a Brideshead fue contada antes en una forma mucho mejor".
El ejemplo entrega luces acerca de la ventaja que la adaptación televisiva ofrece sobre la versión fílmica, sobre todo cuando se trata de llevar a la pantalla novelas con muchas subtramas, personajes secundarios y callejones sin salidas que en el cine simplemente no tienen cabida.
En este contexto llama la atención el reciente anuncio de que la cadena HBO realizará una miniserie basada en la novela Middlesex de Jeffrey Eugenides. La celebrada ganadora del Pulitzer 2003 había coqueteado desde su publicación con una gran adaptación cinematográfica. Finalmente, sin embargo, HBO y la compañía Playtone de Tom Hanks) optaron por el formato en episodios de la televisión, la mejor forma según ellos de llevar a buen puerto las 600 páginas de este fresco protagonizado por un hermafrodita de origen griego y con un trasfondo de implicancias épicas.
Middlesex sigue así el camino de Empire Falls, miniserie del 2005 que HBO desarrolló a partir de la novela homónima de Richard Russo, triunfadora en el Pulitzer 2002. Empire Falls contó además con la última actuación de Paul Newman en el rol del vagabundo vejete Max Roby.
El proyecto de Middlesex es un síntoma de las tantas alternativas de HBO para encontrar un producto que le devuelva el espacio dejado por Los Soprano, su serie emblema hasta el 2007. Y la fuente literaria parece ser la apuesta segura.
En el intertanto una cadena rival como Showtime tiene a su serie Dexter, fenómeno de audiencia que relata las correrías de una suerte de Doctor Jeckill y Mr. Hyde contemporáneo, alguien que investiga asesinatos y también comete los propios. Ganadora de nueve premios Emmy hasta la fecha, Dexter se basó en las novelas homónimas del escritor policial Jeff Lindsay.
La activa hoguera creativa de la TV norteamericana también cobija varios otros proyectos basados en novelas, sobre todo en la ciencia ficción. A fin de año la cadena ABC estrenará Recuerdos del futuro, que toma una novela de Robert Sawyer para contar una trama con una premisa aventurada: que pasaría si toda la humanidad pudiera por dos minutos contemplar su futuro.
En HBO, por su parte, se prepara para el próximo año la miniserie Canción de fuego y hielo, inspirada en los siete tomos de la saga fantástica homónima de George R. R. Martin. Llamada alguna vez por los ejecutivos de HBO como "Los Soprano en la Tierra Media" (haciendo alusión al territorio donde transcurría El señor de los anillos), el espacio condensará cada tomo en una temporada anual.
Desde la cadena AMC (conocida por su exitosa producción Mad men) se maneja el proyecto Marte rojo, que lleva a imágenes la novela de Kim Stanley Robinson sobre la colonización del planeta rojo. Considerada por Arthur C. Clarke como la "mejor novela sobre la llegada de los hombres a Marte", ganó un premio Nebula, uno de los más importantes de la ciencia ficción.
LA LECCION EUROPEA
Si en Estados Unidos sólo recientemente se indaga en la novela como fuente literaria de la TV (en Hollywood siempre se exprimió al libro, en cambio), en Europa el camino es diferente, casi opuesto. Un ejemplo clásico es Berlin Alexanderplatz (1980), la serie de 15 horas dirigida por Rainer Werner Fassbinder y basada en la novela homónima del autor germano Alfred Doblin.
Durante casi 600 páginas y en un estilo que le debe algo al Ulises de James Joyce, Doblin no sólo relató la odisea del criminal Franz Biberkopf sino que además retrató con detalle el bajo mundo berlinés de los años 20. Su temática de oscuras pasiones encontró en el agridulce Fassbinder un canalizador adhoc, tomándose un año para rodar los 14 episodios de la maratónica producción. La serie se transformó en objeto de culto desde sus inicios y la escritora Susan Sontag la llamó la obra maestra del realizador alemán. "Fassbinder triunfó donde otros fracasaron. Fue capaz de hacer una serie con toda una novela, filmando virtualmente cada detalle", escribió la autora en 1983.
El país emblema en la adaptación novelística en TV es Gran Bretaña y sus ejemplos son múltiples. Sin el presupuesto de Hollywood, la industria británica optó históricamente por verter los grandes libros en el económico formato televisivo.
En la citada encuesta del British Film Institute, la serie Orgullo y prejuicio de 1995 también se ubica entre los 100 mejores programas de ese país. Hasta hoy la miniserie de la BBC basada en la obra de Jane Austen es considerada superior a sus versiones fílmicas (la de 1940 con Lawrence Olivier y la del 2005 con Keira Knightley.
Y uno de los ejemplos más recordados de adaptación fue la serie Yo, Claudio (1976), también a cargo de la BBC. Inspirada en las novelas históricas Yo, Claudio y Claudio el dios (ambas de Robert Graves) la serie repartió las mil páginas de la fuente narrativa en una miniserie de 13 capítulos sobre la vida del emperador romano Claudio. Emitida con gran éxito en Chile a fines de los años 70 por Canal 13, Yo Claudio tuvo un antecedente poco feliz en el cine con la inconclusa película del mismo nombre que en 1937 trató de realizar Joseph von Sternberg (El ángel azul).
Después de que la actriz principal dejara el rodaje tras un accidente automovilístico, el director se peleó con el protagonista y los productores pararon el financiamiento ante un costo que no paraba de subir. Deberían pasar 40 años para que la televisión le hiciera justicia a las novelas de Robert Graves. |