Al partido América vs Chivas le correspondió esta vez, la cruda responsabilidad de compartir adjetivo con el Liverpool vs Man United y el River vs Boca. Estos sí, clásicos patrimoniales del futbol mundial. Comparación antipática, pero necesaria en tiempos donde la pasión corre por banda ancha. Hoy, resulta imposible esconderse del satélite que vigila usos y costumbres de consumo. El aficionado moderno rastrea futbol y lo encuentra en todo tipo de formatos.
Anfield Road o colosos del mismo catálogo, con todo lo que en ellos suele suceder, son descargados junto al sillón formando parte del mobiliario. Esta misma madrugada, una sencilla computadora conectada a Internet nos instaló al Rose Bowl en el salón de casa con U2 cantando en directo sobre la plataforma independentista de You Tube. Así, las marcas globales, que son inmensos exploradores de mercado, van identificando digitalmente los sentimientos de una afición mundial. La música y el futbol como herramientas de penetración son los motores comerciales más poderosos que las nuevas tecnologías utilizan para revolucionar los medios audiovisuales convencionales.
En paralelo, Televisa, empresa de la que hemos de sentir orgullo como mexicanos en muchos aspectos y en otros no tanto, lanza la versión 3D del clásico América vs Chivas. Un esfuerzo técnico de magnitud internacional, pero con una pobre garantía de contenido. Si Raúl Arias y Chucho Ramírez son espantosos en dimensiones normales, verlos en 3D debió ser un espectáculo escalofriante. Oxidados para una propuesta tecnológica de tanto calado. Concluyendo, no es el medio lo que engrandece el espectáculo, sino al contrario. Reflexionemos sobre la teoría de Bono: I still haven´t found what Im looking for.
José Ramón Fernández Gutiérrez de Quevedo
Diario Milenio |