
Capitulo 14
ANA FINGE UN EMBARAZO
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Carmen pasea con sus bebés mientras se dirige a casa de Susana. Su corazón se acelera cuando ve que Marc camina hacia donde está ella. No se esperaba verlo y siente miedo. Mira a sus hijos y piensa en esconderse pero no tiene tiempo. Él la mira sorprendido y mientras hace mimitos a los bebés, cosa que encanta a la joven, le pregunta de quién son esos gemelos.
--¿son tus hermanitos o trabajas cuidándolos? –pregunta él.
Carmen no sabe què decir.
Ana mira a Xan aterrada.
--¿volver? ¿volver a nuestras casas? Pero mi amor, nos van a separar –dice ella muy angustiada..
él intenta tranquilizarla y convencerla de que eso es lo mejor.
--No podemos seguir así –dice el joven señalando a su alrededor—Esto no es para nosotros, no es la vida que yo quiero para ti. No me gusta que tengas que ser mi sirvienta. Yo quiero que vivas como una reina, que tengas lo mejor y lo mejor no es precisamente esto.
--Pero yo soy muy feliz así –defiende con desesperación.
--Pero tú sabes que esto es provisional, sólo para navidad.
--¡trabajaremos, si estamos juntos todo saldrá bien¡ --ella.
--Pero no ves que no podemos pasarnos la vida huyendo.
--sólo hasta que seamos mayores de edad.
--Pero a mi aún me queda bastante para eso y a ti aún te falta 4 meses... Nos van a encontrar y nos van a separar. Lo mejor es que seamos nosotros los que demos el primer paso. Así seremos nosotros los que pongamos las condiciones.
Ella lo mira insegura. Él la acaricia enamorado y dice:
--Les hemos dado un buen susto y les hemos estropeados las fiestas. No les quedará ganas de seguir oponiéndose. Además –ahora pone cara seductora—con lo que nos hemos esmerado haciendo los deberes lo más seguro es que ya estés esperando un hijo mío. Confía en mi, todo saldrá bien.
La sonrisa de él la vence.
--Venga, que aún tenemos unas horas para asegurar la cosa --dice él picarón.
Muy nerviosa, Carmen dice a Marc al que no deja de mirar enamorada:
--Son mis primitos.
--que detalle que los saques a pasear –dice haciendo caras a los niños.
A Carmen le vuelve loca esa faceta paternal de su chico. Se siente culpable por negarlos pero está entusiasmada por tener a Marc por él.
--Bueno, yo me voy ya –dice él.
Se iba a ir pero se gira de repente y dice:
--Feliz navidad.
Y para alegría de la joven le da dos besos en la mejilla y luego se va. Carmen está paralizada por la emoción. Se toca la mejilla y ve como él se va hechizada.
Carmen llega a casa de su amiga muy excitada.
--¡Ha sido una pasada¡¡ Me he deshecho al sentir su cuerpo casi pegado al mío. Ha sido como si hiciéramos el amor. He tenido su rostro más cerca que nunca y sus labios han tocado mis mejillas¡ –se toca esa parte suspirando –¡Ha sido fantástico¡ --dice Carmen muy agitada.
--¿Te olvidas que tiene novia?
--A mi esa cualquiera no me importa, ¡lo amo¡ Estoy muerta de amor por él.
--¿y entonces porqué no vas con la verdad?
--¿de qué hablas?
--Sí dices que tu amor es sincero deberías ser sincera con él. Dile que lo amas y que eres madre.
--Pero no puedo hacer eso, pensaría que soy una cualquiera –Carmen.
--Te pareció aberrante cuando tu padre te obligó a hacer pasar a tus hijos como tus primos y ahora tú eres la que los niegas ¡y por un hombre¡
Carmen la mira en silencio.
Lorenzo está solo en su casa. Llaman a su casa. Es Luisa. Lorenzo se queda de piedra.
--¿Qué haces aquí?
--Bueno, quería saber sí ya ha parecido Ana y su novio.
Lorenzo sonríe y con ironía dice:
--¿y no hubiera sido mejor que fueras ha su casa?
Ella se siente descubierta:
--No te enfades conmigo. Es que me has dejado sola esta navidad. Te he echado de menos.
--¿y tu hija?
--Ya sabías que la iba a pasar con el padre y yo no quise ir con ellos. Quería estar contigo.
--Pero mi familia es muy tradicional, no le hubiera gustado que no estuviera con ellos.
--Si pero, Lorenzo, no me podías haber llamado.
--Tengo miedo, miedo a quererte aún más. Miedo a que seas la razón de mi vida y te pierda.
La mujer mira feliz, se siente emocionada por las palabras de su joven amante,
--Yo no te voy a dejar –dice ella. Lo acaricia pero en seguida se separa para no incomodarlo.
--¿Quieres que me vaya? –pregunta ella.
Él sonríe y dice:
--No, pasa... Mis padres tardaran en llegar.
Luisa lo besa con pasión y casi no tienen tiempo de llegar al dormitorio de él donde hace salvajemente el amor.
Es ya de noche. Xan duerme tranquilo. Ella no puede dormir. Él joven está tan seguro de que todo saldrá como él quiera que ya ha recogido las cosas de ambos. Ana tiene miedo. Se relaja con su diario. Y escribe en él:
“No entiendo como Xan puede estar tan tranquilo, mañana nos jugamos nuestro futuro. Si de verás estoy esperando un hijo no pasará nada pero ...¿y si no estoy embarazada? Xan es el hombre de mi vida y prefiero morirme antes que vivir sin él”.
Es ya muy tarde cuando la joven logra conciliar el sueño refugiada en brazos de su amado. No duerme demasiado ya que teme que alguna cosa salga mal. Sus intranquilos movimientos acaban despertando a Xan.
--No seas tonta, todo saldrá bien –dice él.
El joven se pone mimosón y acaban haciendo el amor para acabar con los nervios. Después ella se levanta a prepararle del desayuno. Él parece muy seguro y eso tranquiliza a la joven. Xan espera a que sea la hora en que su padre llegue a la empresa.
--¿Y si no va a trabajar él? Si la empresa es suya lo más lógico es que haga fiesta –Ana.
--Aunque sea el presidente de la empresa, mi padre estará allí... Te lo digo yo.
Ana angustiada:
--¿Estás seguro que es buena idea?
Él la abraza:
--Todo saldrá bien –dice él.
Se despiden con un beso y Xan baja a buscar una cabina de teléfono. Ana quería ir con él pero él ha preferido ir solo y Ana queda en la casa sola mientras los nervios lo devoran.
Juan está en la empresa, en Barcelona. Conoce a su hijo y está seguro que esté se pondrá en contacto con él. No le sorprende entonces recibir la llamada. Pero sí se queda helado cuando Xan, con firmeza, le dice:
--Ana está embarazada, espera un hijo mío.
Juan se lleva las manos a la cabeza y pregunta si están seguros. Xan responde:
--Yo mismo la acompañé al médico, por eso huimos. Ana está muy asustada como para enfrentar a sus padres.
--entiendo –Juan preocupado.
--Díselo a sus padres y sólo volveremos si aceptan que sigamos juntos.
--¿Tú estás dispuesto a casarte con ella? –Juan.
--Es lo que más deseo –responde enamorado.
Juan piensa que su hijo está equivocándose pero le da su apoyo.
Ana espera angustiada. El corazón se le sale del pecho cuando oye la puerta. Xan entra contento y con una rosa en la mano. Ana no presta atención a la flor. Sólo desea saber cómo le fue.
--Me fue muy bien, hemos quedado que en una hora lo vuelvo a llamar para saber que han dicho tus padres. Todo saldrá bien.
Ana está más animada. Xan se pone con ganas de guerra.
--¿Ahora? ¡No estoy de humor?¡ --dice ella.
--Uno rápido, mira que se supone que estás embarazada, no podemos perder el tiempo.
Ana no dice nada y él, sin esperar respuesta, se abalanza sobre ella y caen al sofá.
Doña Ana está en su casa angustiadísima y se sorprende al ver que su marido llega pronto del trabajo.
--¿Qué pasó? –Pregunta angustiada.
--¡La cualquiera de tu hija está preñada¡ dice el hombre con desprecio.
Doña Ana se muere de angustia.
--¿Y ahora? No puedes seguir oponiéndote a la relación –dice ella.
--Claro que no, ella es una perdida. Lo único que podemos hacer es casarla para sacarnos ese problema de encima –molesto.
A pesar de todo, doña Ana está feliz:
--Vamos a emparentar con los Noguera –dice encantada –Ana sí que ha tenido suerte, va a hacer un muy bien matrimonio.
Xan llega eufórico al piso donde ya lo espera Ana. La abraza a ella dando saltos y gritando que ya todo está arreglado.
--¿De verás? ¿Pero que dijeron mis padres? –pregunta ella.
--¡nos casamos¡ ¡nos casamos¡ --dice sin dejar de saltar.
Él se ve muy seguro pero ella teme que sus padres no cumplan con su promesa.
Xan la abraza y dice:
--Tus padres no se pueden echar atrás, todo saldrá bien. Tú lo único que tienes que hacer es jurar y perjurar que estás embarazada.
--¿y si descubren que no es cierto? –pregunta asustada.
Él la mira pícaro y dice:
--Pero nosotros no sabemos si es cierto o no, sólo tenemos que intentarlo mucho para que así sea.
--Pero ¿y si me llevan al médico? –ella.
--Pues le dices que no... confía en mi... Y vamonos ya. No quiero seguir no un segundo más en este infierno.
Xan se va sin mirar a atrás. Ana sí lo hace. Antes de meterse en el taxi que los ha ido a buscar, Ana mira por última vez el viejo edificio que ha sido su primer hogar con Xan. Ha sido muy feliz allá y le asusta pensar en lo que la espera al llegar a casa. Xan la abraza enamorado, le asegura que lo que la espera es un feliz futuro a su lado.
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