
Capitulo 25
ANA Y XERXES SE CITAN

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Ana se ha quedado blanca mirando al que le parece el fantasma de Xan sin afeitar. Muy amable él le pregunta:
--¿te encuentras bien?
El joven se siente atraído por Ana y la mira muy sonriente. Ana está paralizada.
Su rostro, su mirada, su sonrisa, su voz... Es Xan.
--¿ya salías? –le pregunta él.
Ella hace que sí con la cabeza. Aún no está muy segura de que el chico sea real.
--No te había visto nunca y yo vengo todas las semanas. Tengo aquí a mi madre ¿A quién tienes tú? ¿por quién estás tan triste?–dice él.
Ana siente deseos de tocar a ese joven para darse cuenta que no es un fantasma. Es el quién la toma de la mano y ella se estremece.
--¡pero si estás temblando¡ ¿vamos a tomar un café?
Ana ha quedado muy impresionada por ese joven, lo encuentra muy atractivo y simpático.
--No me he presentado, perdón... ¡Me llamo Xerxes¡ Xerxes Baldrich Nonell.
Ana finalmente reacciona.
--¿Xerxes? Extraño nombre.
--Es de origen persa y significa gobernante justo –dice él bien orgulloso.
El joven la mira como si esperara algo y Ana no entiende. Xerxes sonríe y ella se deshace en ver esa sonrisa. Era una sonrisa que creía que jamás volvería a ver. Le parece que está viendo a Xan.
--No me has dicho tu nombre –dice él muy simpático.
Ana se disculpa.
--Ana, me llamo Ana.
--¿sólo Ana? –intenta indagar.
--Sí, Ana simplemente.
--¿Y que haces por aquí?
--He venido a pasar el fin de semana, he entrado por curiosidad.
--¿No eres de Lleida no?
--No, soy de Barcelona –dice ella.
--Se te nota en el acento –él.
--Tú también, tienes un acento muy de Lleida.
El acento y la barba es lo único que le hace diferenciarlo de su Xan. Xerxes nota que ha impactado a Ana y se siente contento.
En ese momento, en Mataró, Brigi vestida de novia y con cara de amargada está llegando a la iglesia del barrio con su madre. Brigi se niega a bajar. Llora de infelicidad. Matilde sonríe para que la gente no se de cuenta que pasa algo.
--No me obligues a hacer un escándalo... Si te hubieras comportado como una señorita decente nada de esto estaría pasando ¡loca, que eres una loca¡ ¡una inconsciente¡–Matilde.
--¡No quiero, no me quiero casar con ese viejo¡ --llora la gordita.
--Yo no voy a quedar como la madre de una cualquiera por tu culpa. ¡te casas porque te casas¡
--Pero me podías haber buscando uno más jovencito... Si parece mi bisabuelo –protesta.
--Es el único que ha querido cargar contigo... Además tiene una casita, estaremos muy bien ahí.
Brigi sale llorando de amargura y entra en la iglesia echa un mar de lágrimas y camina hacia el altar del brazo de su madre.
--es la emoción –se va justificando la mujer ante el escandaloso llanto de la pobre gorda.
Xerxes y Ana salen del cementerio. El cementerio comunica con la iglesia de Santa María y salen por ahí.
--Así que no es la primera vez que vienes a Balaguer –él.
--No –dice con tristeza.
--entonces ya debes conocer esta iglesia.
--Pues la verdad es que nunca había entrado, la había visto de fuera. Se ve por toda la ciudad.
--Pero esto no puede ser, hay que arreglarlo.
Él toma de la mano a la joven y dan una vuelta por el templo. Ella no se fija en el lugar, sólo tienes ojos para el atractivo joven.
Se produce un silencio cuando el cura pide a la infeliz novia, Brigi que no deja de llorar, si desea tomar como marido al hombre que tiene a su lado, un anciano que la toma de la mano feliz. Matilde, que está al lado de la gordita, mira amenazante a su hija que dice que sí llorando rota de dolor. La joven gorda no deja de llorar en toda la ceremonia. Matilde sonríe aliviada cuando está concluye. El anciano besa a su esposa que responde con asco y un fuerte llanto.
--Es tan sensible y está tan feliz –dice Matilde mientras da codazos a su desdichada hija para que no llore tan fuerte.
Ana y Xerxes han ido a desayunar a una cafetería. Él no deja de hablar y ella está fascinada. Le cuenta que trabaja de mensajero y que es el tercero de tres hermanos. Ana lo escucha hechizada.
--Yo soy el pequeño –sigue Xan—y comparto habitación con el mediado... Es unos años mayor que yo pero parece un crío... ¡Que ganas que se case¡ Pero no tiene novia ni nada.
La joven sonríe recordando a su Xan. Todo le resulta tan extraño. Muchas veces cree que es Xan el que está a su lado.
--Mi familia está rota desde que murió mi madre hace un año, suerte de mi tío Oriol. Es el hermano de mi madre y es médico, él ha sido más que un padre para mi. Con mi padre no me llevo muy bien, en realidad mi tío es el único que me entiende y también mi madrina doña Sole, es como mi abuela.
Ana lo escucha con excitación.
--Yo he hablado mucho, porque no me cuentas algo de ti –Xerxes.
--No sé cuantos años tienes, si trabajas o estudias...
--Ni trabajo, ni estudio y acabo de cumplir los 18.
--Soy mayor que tú, tengo 20.
El joven la mira muy sensual y pregunta:
--¿Tienes novio?
El rostro de Ana se llena de dolor. Ana se levanta.
--Perdón, no quise ser indiscreto –dice levantándose también.
--No, si no es indiscreción... Pero ya me tengo que ir...
--¿tan pronto?
Ella hace que sí con la cabeza.
--Quiero volver a verte... ¿te va bien esta tarde a las 4? Aquí mismo.
Ana está muy aturdida y no contesta. Ella se va.
--Te esperaré, ¡ven por favor¡ --dice él.
El joven está encantado pero se culpa por haberla asustado y teme no volver a verla más.
Ana llega muy agitada a la pensión y en seguida abraza el retrato de Xan al que mira confundida.
--¿cómo es posible que dos personas que no tienen nada que ver se parezcan tanto? –se dice aturdida.
Después de comer y lavar los platos, como cada día, Berta va a bajar la basura y aprovecha para escaparse con Augusto a hacer el amor a un descampado. Después del placer la pareja se mira en silencio sentados en el coche. Se miran enamorados.
--Quien me iba a contar que a mi edad me iba a ver enredada en una historia como esta... Jamás había sido tan feliz –Berta.
--Me gustaría que algún día no nos tuviéramos que ocultar –dice él acariciándola.
--Me imagino las caras de tus padres y de mis hijas y de Ramiro –dice divertida.
--¿De verdad soy importante para ti? ¿No soy un juego para ti? –Augusto.
--Estoy enamorada de ti –dice mirándolo a los ojos.
--¿Y porqué no lo dejas? Deja a tu marido si me quieres a mi.
Berta lo mira emocionada.
--Pero yo no he trabajado en la vida y de qué voy a vivir.
--Yo trabajo...
--Pero con tu sueldo no nos dará para todos los gastos que comporta una vida en común... ¿O de verás te crees capacitado para ser un padre de familia? –Berta.
Hay un silencio.
--Pero tu y yo no tenemos hijos y no los vamos a tener, sólo somos tu y yo y si nos queremos no nos tiene que preocupar pasar necesidades.
Berta está preocupado pero también feliz.
--Y si yo te dijera que quiero tener un hijo tuyo... –dice con nerviosismo.
Augusto se altera.
--¿aún puedes tener hijos? ¿Pero te estás cuidando?... No quiero ni pensar que te quedes embarazada... No me puedes hacer eso... Yo no estoy preparado para ser padre y además para ojos de la ley sería de tu marido.
Berta está decepcionada.
--Pero hace años que Ramiro no me toca, si me quedara embarazada no tendría dudas que el hijo es tuyo.
Augusto la nota triste y la acaricia para tranquilizarla.
--Lo sé, sé que yo soy tu hombre... Pero yo tengo 19 años... No estoy preparado para ser padre.
Berta lo mira con amor.
--Pero a mi me haría mucha ilusión darte un hijo, tener un varón tan guapo como tú... Y no tengo tiempo, si no me quedo embarazada ahora jamás podré tener un hijo tuyo.
El joven la mira con dulzura.
--Me siento alagado pero yo te quiero toda para mi, no te quiero compartir con un hijo. Lo siento pero no quiero tener un hijo y me tienes que prometer que no te vas a dejar de cuidar.
Berta se toca el vientre asustada. El joven nota que lo rehuye. Se acerca a ella, la acaricia en el rostro y le dice:
--Prometeme que no me jugarás sucio... No me gustan las mujeres que usan un embarazo para atrapar a un hombre.... tú no necesitas caer en eso.. Yo soy tuyo, no necesitas darme un hijo para estar unida a mi.
Él la besa y la nota distante, con ganas de llorar.
--¿Estás enfadada? Si me tienes a mi, ¿para que quieres un hijo mío? Yo puedo ser todo para ti.
Berta oculta su dolor y dice:
--No pasa nada, pero ya es tarde... Llévame a casa.
Augusto la acaricia y le dice algo preocupado:
--¿seguro que no estás enfadada? ¿Nos vemos está noche?
Ella lo besa para tranquilizarlo, le dice que no pasa nada y se ven por la noche. Él se sonríe y ella lo abraza angustiada. Se despiden detrás de la casa de la mujer.
--¿Seguro que no te pasa nada? –le dice él antes que ella se vaya.
Ella le asegura que así es y él se va tranquilo.
Berta llega a su casa angustiada. Se encierra en su habitación y se acaricia el vientre.
--Nunca pensé que me alegraría tanto de estar gordita... Augusto no se enterará que va a ser padre hasta que tenga a su hijo en mis brazos. Si voy a perder a Augusto que sea cuanto más tarde mejor... Tú me darás fuerza, mi Augustito... Tú me ayudarás a vivir –se dice tocando el vientre.
Xerxes ha llegado al Mercadal ansioso. No deja de pensar en Ana, desea volver a verla. Ha llegado antes de la hora y no deja de mirar a todos los lados esperando a la chica. Se lamenta por no haber conseguido más datos para localizarla. También piensa que tal vez fue imprudente y eso lo asustó...
Ana está en la pensión muy alterada. No quiere ir a la cita, cree que es demasiado peligroso y teme dejarse arrastrar por los aires de seductor del joven y cometer un error del que se puede arrepentir pero algo de muy dentro la insta a ir.
--No es Xan, no es Xan –se repite inquieta.
Intenta no pensar en Xerxes pero le es del todo imposible. Los rostros de Xan y Xexes se van mezclando hasta llegar a confundirse como si fueran uno solo. La razón le dicta a Ana que no debe volver a ver a ese joven, que tome sus cosas y que regrese a su casa. Su corazón le dice que él la está esperando y no lo debe hacer esperar.
Xerxes mira lo hora. Ana se retrasa.
--No va a venir, no va a venir –se dice decepcionado.
Quiere irse pero decide dar unos minutos más a la joven por si a caso. Desea tanto volver a verla.
El joven no sabe que Ana finalmente ha decidido no ir a la cita. La joven ya ha recogido sus cosas y está apunto de abandonar la pensión.
De pronto piensa en Xerxes esperándola triste y le da pena. Los recuerdos de Xan y Xerxes se mezclan y no quiere dejar plantado al guapo joven. Decide ir a la cita. Sale corriendo de la pensión, teme llegar tarde.
Xerxes está convencido que Ana no irá a la cita. Cree que es por culpa de algo que ha hecho mal.
--Hace tiempo que una mujer como esa se fija en ti y lo has echado a perder... No todos los días se conoce un monumento así –se lamenta.
Decepcionada se va. Ana llega y lo ve a punto de salir de la prisa. Está girado. El joven lleva jeans viejos y muy ajustados. Ana queda enloquecida por el trasero de él y se reafirma en sus decisión de no pensar. Desea echarse en los brazos del joven sin pensar en las consecuencias. Él ya se está alejando. Ana lo llama. Él se gira y se pone muy contento cuando ve a la joven. Va hacía ella. Ella queda quieta esperándolo muy nerviosa. La sonrisa y la jovial mirada de él la tienen hechizada.
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