
Capitulo 27
ANA ABANDONA A XERXES
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Ana y Xerxes gritan de felicidad y placer el uno en brazos del otro. La joven no es demasiado consciente de quien le está haciendo el amor: si Xan o Xerxes pero goza como una loca y es muy feliz. Él la acaricia i le habla dulcemente mientras se mueve dentro de ella dándolo un placer loco y apasionado.
Mientras, Brigi se siente frustrada después de haber hecho el amor con su esposo. Al menos agradece que haya sido tan breve. El anciano duerme satisfecho, la gordita llora amargamente y piensa excitada en las dos veces que hizo el amor de verdad. Piensa en Francisco y Vicente. Pagó un precio muy alto por estar con ellos pero no se arrepiente de nada, lamente que su dicha haya durado tan poco.
--Por tu culpa, todo por tu culpa –dice golpeándose el vientre con rabia.
Ana y Xerxes se miran satisfechos después del placer. Ella se siente bien alimentada de él pero Xerxes tiene otro tipo de hambre y se levanta para hacerse un bocadillo. Feliz como hace mucho, Ana mira como camina el guapo joven desnudo. Xerxes se sienta al lado de la joven a comer y Ana no deja de mirarlo hechizada. Cuando él ya a recobrado las fuerzas vuelven a hacer el amor.
Finalmente caen reventados de placer el uno en brazos del otro. Ana besa el pecho del atractivo joven. Se siente como en un sueño. Él la acaricia y con dulzura le dice:
--Hacía tiempo que no me sentía así, tan feliz, tan vivo. Me hundí tras la muerte de mi madre y ahora por fin, gracias a ti, he visto la luz.
--Todo esto me parece un sueño, hoy he vuelto a nacer –ella.
Xerxes se siente feliz por las palabras de Ana y la besa. Ella piensa en Xan.
Don Augusto y doña Ana llegan al hospital llenos de angustia.
--¿Mi hijo? ¿mi hijo? ¿dónde está mi hijo? Augusto Vico Sobirat... Me dijeron que estaba aquí –pregunta el hombre.
La mujer abraza a su marido rota de dolor.
Habla la enfermera:
--Ah sí, el joven que tuve el accidente mientras hacía el amor.. Pero que pena... Ella murió pero por suerte se pudo salvar a la bebita... Es muy pequeñita no llega a los 500 gramos pero de momento está bien.
El matrimonio no entiende nada.
--Perdona pero se trata de un error, yo busco a mi hijo... No sé nada de una mujer embarazada –Augusto.
--Ay perdón, pero como el accidente sorprendió a la pareja haciendo el amor pues supuse que ustedes serían los abuelos de la bebita... La madre murió y no sabemos quien es.
Los padres de Augusto no salen de su asombro. Doña Ana suplica saber de su hijo.
--Ahora viene el doctor y les da todos los detalles.
--¿pero está bien? –pregunta Ana muy nerviosa.
Ana y Xerxes se han quedado dormidos el uno en brazos del otro. Ana se siente refugiada en brazos de ese joven que hasta hace unas horas no existía para ella. Ana duerme relajada y tranquila como hace meses. Sueña con Xan.
Ella está en un circo. Pasa la cuerda floja con dificultad. Se tambalea y finalmente cae. Grita y unos brazos la salvan. Es Xan. La sonríe. Después están en un parque. Ella sube a un gran columpio. Él está detrás empujándola con suavidad. Hay mucha armonía entre ellos. Son muy felices. Finalmente ella sabe que se tiene que ir. Tiene varios caminos delante y no sabe cuál debe tomar. Es Xan quien le indica el correcto. Él no la acompaña. Es queda al comienzo del camino. Está contento, los dos lo están.
El doctor habla con los padres del accidente.
--¿Así su hijo no tenía una relación estable con esa mujer? ¿No saben si la niña es suya? –doctor.
--Mi hijo es muy macho y no comparte a sus hembras... Seguro que esa niña es mi nieta pero ¿y él? ¿cómo está? –Augusto.
--Acaba de despertar, pregunta por su chica pero no ha dicho nada de la bebita y nosotros hemos preferido que sean ustedes quien le pongan al corriente de todo –doctor.
Doña Ana tiene muchos deseos de ver a su hijo. El doctor los acompaña a dónde está el joven.
--Alguno de ustedes debería ir a ver si reconoce el cadáver de ella para avisar a la familia – dice antes de entrar el doctor.
--Sí, vamos yo veré si conozco a esa pobre niña –Augusto.
--Bueno de niña nada, la señora pasa de los 40 –doctor.
Doña Ana y don Augusto se han quedado de piedra.
Así que mientras don Augusto va a ver el cadáver de la amante de su hijo y comprueba con sorpresa que es doña Berta, doña Ana se reconforta al ver que su hijo está fuera de peligro. El joven pregunta por su amada. Está muy angustiado. La mujer lo intenta calmar.
--Hijo, tuviste un grave accidente... Es un milagro que estés bien.
Augusto suplica a su madre que le diga la verdad.
--MI Berta, ¿cómo está mi Berta?
--¿Berta? ¿La Berta que yo conozco? –sorprendida.
--Sí mamá, me enamoré... La amo... Ya sé que está casada pero hace años que no hay nada entre ella y su marido.
--Entonces ¿tu eres el padre de su hija?
Augusto no entiende nada.
--¿una hija? ¿de que hija hablas mamá?
--¿No sabías que estaba embarazada? Entonces el padre debe ser el marido.
Augusto se derrumba recordando la decepción de la mujer cuando él le dijo que no quería ser padre. Se siente muy culpable.
--Ahora lo entiendo todo... ¡que imbécil fui¡ Trató de decírmelo pero yo no la dejé... Pero es mi hija, sólo yo puedo ser el padre de esa hija ¿pero ya la tuvo? ¿están bien las dos?
Doña Ana no sabe que decirle.
Don Augusto está en la incubadora. Una pequeñísima bebita lucha por vivir.
--Es mi nieta, seguro que es mi nieta –dice con orgullo.
De pronto nota que ocurre algo, las enfermeras se acercan a la bebita y se la acaban llevando. Muy preocupado el hombre pregunta qué pasa pero no obtiene respuesta.
Aunque no lo tenía especial cariño a la mujer, a doña Ana le duele decir que murió ya que sabe el daño que le hará a su hijo. Habla sólo de la niña.
--Yo no la he visto pero me han dicho que tienes una hija muy pequeñita pero está bien.
--¿y Berta? ¿y mi Berta?
Doña Ana se arma de valor. Acaricia a su hijo y dice con ojos llorosos:
--tienes que ser fuerte... murió...
Augusto grita loco de dolor. Está enloquecido y su madre con dificultad logra impedir que no se levante.
--¡No, no puede ser¡ ¡Mi Berta no puede estar muerta¡¡ ¡¡Dónde está quiero verlo¡¡ --grita con la voz desgarrada.
Muy afectada por el dolor de su hijo la mujer le dice:
--Lo siento hijo, tienes que calmarte ya no puedes hacer nada y tienes una hija...
.Augusto insiste en querer levantarse.
--¡Has tenido un accidente muy grave, no te puedes levantar --ella.
Augusto llora roto de dolor en brazos de su madre.
Don Augusto está muy angustiado por su nieta. Al fin sale el doctor.
--Lo siento, pero hubo complicaciones... La niña necesita una transfusión de sangre urgente pero no tenemos de su tipo... ¿Si fuera su nieta...? –doctor.
--Estoy seguro que es mi nieta, hágame las pruebas... Mi sangre le valdrá...
El doctor pide que lo acompañe.
Augusto duerme gracias a un calmante. Doña Ana ha sabido lo de su nieta y que su marido le está donando sangre.
Muy triste Ramiro llega al hospital con sus hijas. La atiende la misma enfermera.
--¡Mi esposa, la señora Berta¡ ¡No puede estar muerta¡ --dice
--¡Ah usted es el marido entonces tal vez es usted el padre de la niña que ha tenido¡
Todos están muy sorprendidos.
--¡usted está loca¡ Mi esposa y yo hace tiempo que no tenemos relaciones... ¡pero eso a usted no le importa¡ Mi esposa no estaba embarazada. Entonces es un error, no es mi mujer – dice el hombre.
Todos se quedan más tranquilos seguros que ha sido un malentendido.
Doña Ana se acerca al hombre algo asustada.
--Ella es la madre, ella es la madre del joven que estaba con su esposa –dice la enfermera señalando a la mujer.
Susana y Raquel están muy sorprendidas. Ramiro se acerca a la mujer con rabia.
--¿qué significa eso?
Doña Ana muy triste les dice:
--Lo siento pero es cierto... Es Berta la que murió.
Raquel y Susana se abrazan llorando. Ramiro lleno de rabia pregunta a doña Ana:
-- ¿y porqué estaba con su hijo? ¿qué tiene su hijo con mi mujer?
El hombre se acerca a la madre de Augusto amenazante. Doña Ana está muy asustado. Ramiro la agarra para que hable y don Augusto llega en ese momento para defender a su esposa y enfrentarse a él.
--Tu mujer ha tenido una hija de mi hijo... Mi nieta... yo le he dado mi sangre para salvarla –Augusto.
--No puede ser, no puede ser –dice Ramiro.
El hombre se va maldiciendo.
--¡Pero papá tenemos que ir con mamá¡ --le dice Raquel.
--¡Que se queme en el infierno¡ --grita el hombre dejando a sus hijas solas y desconsoladas. Es doña Ana quien las acompaña a ver a su madre. Las hermanas se derrumba ante el cadáver de Berta y dona Ana les ofrece su ayuda para lo que necesiten.
Ana se despierta bien temprano. Está feliz. Está segura que ese sueño que ha tenido es señal que Xan la ha perdonado, que es feliz y desde el cielo hará todo lo posible para que ella sea feliz.
Xerxes duerme plácidamente. Ella lo mira con ternura. Le parece estar viendo a Xan y eso le hace muy difícil hacer lo que ha decidido. Tiene tentaciones de quedarse a su lado y aceptar los planes de futuro de él. Lo acaricia mientras dice:
--Pero no es Xan, yo busco revivir a Xan en él y eso no es justo... Simplemente es un chico que se le parece mucho pero no es él. Gracias a él ya me hice a la ilusión que mi Xan seguía vivo, ahora cada uno tiene que seguir su camino. No puedo atraparlo conmigo en mi pasado. Es un buen chico y se merece ser amado por si mismo.
Le cuesta tomar esa decisión pero se viste en silencio y se va sin ni siquiera mirar atrás. Sin ni dejarle una nota.
--Él ha sido un sueño sólo un sueño... algo que llega para hacerte feliz y pasa sin dejar consecuencias... –se dice para darse ánimos.
Le cuesta salir de ahí y cuando la puerta de cierra tras de ella se siente tranquila.
--él me olvidará, ya no nos veremos nunca más... –se dice.
A Ana le duele dejarlo pero sabe que no es por él sino por Xan. Ana no quiere volver a verlo. No quiere un doble de Xan, ha sido feliz por unas horas pero no desea seguir engañándose.
--Fue un hermoso sueño pero cuanto más durara, más duro sería el despertar –se dice mientras se dirige corriendo a su pensión.
Ana toma su bolsa y se dirige a tomar el autobús. Siente que ya se cumplió su ciclo en esa ciudad, que Xerxes ha sido la oportunidad que le ha dado la vida de despedirse de Xan.
--todo es muy reciente... Ahora no estoy preparada aún para una relación de pareja... Tengo que volver a vivir, volver a situarme –se dice.
El autobús llega pronto y ella se monta. Mira como se aleja la ciudad con tristeza y piensa en todos los momentos que ha pasado con Xan y Xerxes.
--Ya pasó, debo vivir sin Xan y Xerxes sólo fue un sueño... él no sabe dónde buscarme... y ya no lo veré más, encontrará otra que lo ame de verdad... He sido muy feliz en estas tierras pero ahora debo pensar en mi futuro... Ni xan ni Xerxes mi futuro aún no tiene nombre... Tal vez con el tiempo logre volver a amar a un hombre que no me recuerde a Xan.
Mientras Ana deja Balaguer con una sensación agridulce Xerxes se despierta feliz pero una amarga sensación se apodera de él al ver que Ana no duerme a su lado. Se levanta muy angustiado y llora al ver que Ana no está en la casa.
--Ni siquiera me esperó...Porque nunca me toman en serio... soy lo suficientemente bueno para la cama pero no para que me amen... –dice.
A Ana le duele imaginar lo que pensará de ella Xerxes cuando no la vea pero está segura qe a la larga eso será lo mejor para los dos.
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