
Capitulo 33
ANA Y XERXES SE REENCUENTRAN 8 AÑOS DESPUÉS

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Ana entra a la sala de partos muy alterada. Llora y suplica al médico que salven a su hijo.
--Yo no importo, yo no importo pero salven a mi hijo... –suplica adolorida.
Los médicos le aseguran que harán todo lo posible. Ana suplica a su Xan que no la desampare ni a ella ni a su hijo.
Xerxes ha preparada una romántica cena en su casa para celebrar que hace que él y Marta hace seis meses que se conocen. Se ven muy enamorados. Después bailan y se besan.
--tú eres la mujer con la que soñé. Te amo y tengo deseos de expresar con mi cuerpo todo lo que siento.
Marta lo mira asustada. Él con ternura le dice:
--Me gustaría que pasaras la noche conmigo. ¿No quieres?
--Si –dice con timidez—pero es mi primera vez.
--¿en serio? –dice sorprendido pero feliz.
Ella hace que sí con la cabeza. Él la besa satisfecho.
--Tranquila, voy a ser muy dulce.
Ella lo mira llorosa:
--Te amo.
--Y yo.
La joven se deja llevar al dormitorio mientras Xerxes la va desnudando.
Y mientras Ana grita de dolor trayendo a su hijo al mundo suplicando a su difunto amor que le de fuerzas, Xerxes grita de placer mientras hace el amor con Marta.
Ana llora de emoción al oír llorar a su hijo y le pregunta si está bien. Es muy pequeñito y los médicos no le dicen nada. La joven suplica que le digan si está bien.
Xerxes cae reventado de placer en brazos de Marta. La pareja se mira enamorada. Ella siente vergüenza.
--No tienes nada de lo que avergonzarte... Lo que hemos es algo natural.
--Júrame que no me vas a dejar, júramelo..
él se siente feliz por la desesperación de la joven por perderlo.
--No me vas a perder, te juro que no te pienso dejar escapar.
Marta se refugia en brazos del joven que sonríe satisfecho. La pareja no tarda en quedarse dormido.
Idalina mira una foto de su hijo muerta. Lleno de odia piensa.
--Yo sabía que esa era una cualquiera y no te quería... Te usó y después de ti no le costó encontrar a otro. Ojalá ella y su bastardo se mueran o sino que muera solo el bebe para que ella averigüe en sus propias carnes todo el dolor que ha provocado.
Amanece y Xerxes es feliz al ver que Sandra duerme a su lado. La despierta con mucho amor. Marta se angustia al saber que pasó la noche con su amante y le preocupa lo que dirá a sus abuelos. Sonriendo Xerxes le dice:
--Yo hablaré con ellos, les voy a pedir tu mano.
Marta no cree que haya oído bien. Sonriendo el joven dice:
--Me quiero casar contigo. ¿no quieres?
--si, sí. Te amo tanto... Eres un sueño para mi.
Xerxes la mira feliz y la besa.
Ana, en una silla de ruedas, mira con angustia a su hijo que está en la incubadora. Su madre y su hermano le da ánimos.
--Es que es tan pequeñito –dice angustiada la joven madre.
--Pero es mucho más grande que mi Bertita y mira lo bien que salió adelante ella–dice el joven.
Pensar en ese hace sentir mejor a la joven. Ana no quiere moverse del lado de su hijo pero los médicos la mandan descansar. La joven madre recibe la visita de su amiga Raquel que lleva fatal su embarazo y está deseando que acabe.
En el vestíbulo, Raquel se encuentra con Augusto. El joven quiere hablar con ella.
--Llevo meses detrás de ti y tú me ignoras... Sólo quiero saber una cosa. ¿la hija que esperas es mía? –Augusto.
La chica iba a decir que no pero piensa en las duras palabras de Mariano la última vez que se vieron en las que él le decía que quería un varón igual a él y dice:
--Sí, tu eres el padre de la hija que voy a tener. De mi Elisa.
Augusto se ve contento.
--¿Elisa? ¿la vas a llamar Elisa?
Ella dice que sí. El pone su mano sobre el abultado vientre de ella y dice:
--Yo te quiero responder aunque no me apetece casarse... He pensado vivir solo con mi hija Berta, ¿te parece si te vienes a vivir conmigo?
Raquel no está nada segura pero dice que sí.
Ana tiene en su mesita una foto de Xan y una estampa del Sant Crist de Balaguer. Pide a los dos que salven a su hijo y hace la promesa de llevar a su hijo a conocer la ciudad que le dio la vida.
8 años después...
Ana viaje en autocar rumbo a Balaguer. Está muy nerviosa. Los recuerdo de sus amores de juventud vividos en esa ciudad revolotean por su mente. La mujer mira orgullosa a su hijo Xan que está a su lado. El niño ha oído mucho hablar de esa ciudad y tiene muchas ganas de conocerla.
--¿y voy a ver mi a mi papá? –pregunta el niño.
Ana lo mira tensa.
La misma tensión se respira en casa de Augusto y Raquel. La pareja vive una de sus habituales discusiones. Las niñas Berta y Elisa siempre lloran al ver a sus padres discutir.
--Yo me estoy sacrificando para que mis dos hijas tengan un hogar y a ti parece que no te importa nada de lo que hago.
--Nunca debí aceptar vivir contigo, yo no nací para vivir en pareja... Tú y yo no nos amamos. No tiene sentido que permanezcamos atados el uno al otro. Sabes que hace años que quiero irme de tu lado.
--Yo no te voy a permitir que salgas de mi casa con mi hija. Quiero vivir con mis dos hijas.
Raquel piensa en Mariano. Está a punto de decirle a su pareja que él no es el padre de su hija pero no le parece justo para la niña. Se arrepiente de haberse dejado llevar por el coraje y aceptar a Augusto.
Augusto, por sus hijas, intenta calmarse. Mira a Raquel.
--Si supieras que a quien amo es a tu hermana y sigo a tu lado pues sé que con ella no tengo nada que hacer y así al menos la tengo cerca –se dice.
--¿Porque no vamos a Cadaqués? –dice a la mujer procurando ser tierno.
Raquel se estremece cada vez que se menciona el pueblo y recuerda a Mariano.
--¿porqué no quieres ir por allí y ni dejas que Elisa vaya? A Susana le gustaría verla más seguida --Augusto.
Raquel se niega a que ella y su hija vayan a casa de Susana. Le dice que vaya el solo con Bertita como otras veces.
Ana mira a su hijo que es el vivo retrato de Xan y Xerxes lo que la llena de orgullo.
--Ya sabes que tu papá se fue de viaje lejos mucho antes que tu naciera...
--¿Y tú no le dijiste que yo nací?
--No pude, pues se fue muy lejos para no volver y yo no sé como ponerme en contacto con él.
Xan muy triste le dice:
--Me gustaría conocer a tu papa.
La mujer se siente algo culpable por esa carencia de su hijo a pesar que ella como madre se lo ha dado todo.
Susana se emociona al recibir una llamada de Augusto. El hombre le dice que él y su hija mayor pasarán el fin de semana en su casa. Susana se siente contenta. Después de colgar, mira una foto en la que está él con las niñas y piensa:
--¿por qué me tuve que enamorar del hombre de mi hermana?
Augusto también se siente feliz por el hecho de pasar un fin de semana con la hermana de su pareja. Le gusta sentirla cerca aunque no pase nada entre ellos.
Marc se preocupa al ver a su esposa en su oficina.
--¿Les pasó algo a los niños? –dice él.
La ilusión está escrita en la cara de ella. Lo abraza y le enseña un papel.
Él no entiende nada.
--¿Se puede saber que pasa? –Marc.
Ella le pide que lea el papel y él lo hace.
--¿Estás embarazada? ¿De verás estás embarazada? –dice con emoción.
--Si, sí por fin te voy a dar ese hijo que tanto deseabas.
Marc besa a su esposa con suavidad:
--Adrián y Gus son mis hijos, yo quiero tener una niña contigo. Una niña tan guapa como la mamá.
--Después del aborto que sufrí hace cinco años creí que jamás te podría dar un hijo y yo soñaba con llevar un hijo tuyo en mi vientre. Desde que te conocí sueño con eso. Te amo tanto.
--Mi amor...
El hombre la besa y le toca el vientre con suavidad. Carmen está entusiasmadísima.
Con un nudo en la garganta, Ana entra con su hijo tomado de la mano al santuario del Sant Crist de Balaguer. Ana mira al Cristo con emoción y le agradece haber hecho de su hijo un niño sano y feliz. De rodillas una mujer llora amargamente ante el Cristo. Es Marta. A Ana le conmueve su dolor.
A la salida, el pequeño Xan va a jugar al parque que hay al lado del santuario... Marta se pasea hacía allí. Ana, sin sospechar quien es, se acerca a ella para tratar de animarla. Las dos mujeres se caen muy bien en seguida.
--Es tan bello su hijo... Ojalá nunca se le enferme –Marta.
--¿Usted tiene hijos? –Ana.
Marta rota de dolor:
--Sí, una bebita de 10 meses y se me va a morir y yo no sé que hacer.
Marta rompe a llorar y Ana, muy conmovida, intenta darle esperanzas.
Marta se desahoga hablando con Ana:
--Es que necesita un transplante de médula pero no consigo a nadie compatible y ni su padre ni yo valemos. El médico nos dijo que lo ideal sería que tuviéramos otro hijo ya que la posibilidad de compatibilidad es alta y como al donante no le pasa nada... Pero el parto fue muy duro y yo quedé estéril... Y ya no sé que hacer para que mi hijita no se me muere.
Oyen un coche que se acerca. Marta mira y se seca las lágrimas.
--Es mi marido que viene a buscarme. Venga que se lo presentará –Marta.
Ana mira hacia donde está el marido de Marta y el rostro se le desencaja pues cuando este baja del coche se da cuenta que no es otro que Xerxes.
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