
Capitulo 38
ORIOL PIDE MATRIMONIO A ANA

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Ana está feliz en brazos de Xerxes. Él se separa con brusquedad y le dice:
--Ya has tenido de mi lo que buscabas... Ahora vete y no vuelvas más. No quiero arriesgar mi matrimonio por una mujer como tu.
Ana lo mira dolida y le suplica:
-No me trates así .
El hombre responde muy alterado:
--¿Porque has venido ha destruirme la vida?... fuiste tú quien me dejaste... Si sólo quieres sexo no me busques a mi, no me comprometas más...Hay muchos hombres que desearían tener una mujer que sólo ofrece sexo.
Ana lo mira herida:
--No soy una cualquiera.
Él la mira con desprecio y le dice:
--Pues tus actos dicen lo contrario... Así ningún hombre te respectará.
--Pues tu tío se ve muy interesado en mi –dice altanera.
Xerxes la mira amenazante:
--¡No te acerques a mi tío... No eres mujer para él¡ Además mi tío sólo quiere pasar el rato... cuando se acueste contigo te dejará.
Ana se levanta y se viste con vergüenza. Él la mira aturdida. Antes de irse, la mujer lo mira llorosa y le dice:
--no me verás más... desapareceré de tu vida tal y como te lo prometí...
Ana se va triste y dolida. Xerxes la mira intranquilo. La desea pero siente que a su lado las cosas no serán fáciles, está seguro que la mujer sólo busca destruir su matrimonio.
En tierras gironinas, Augusto y Raquel entran corriendo al un hospital. Los dos se ven preocupados por igual. El hombre está muy angustiado y la mujer no deja de decirle que no corra tanto, que no lo puede seguir. Augusto la toma del brazo y la lleva casi arrastras mientras le dice que se apure. Llegan a información. Habla él que siente que se le va la vida.
--¡Susana Montana¡ ¿dónde está? Me llamaron diciendo que había sufrido un accidente. ¿Está bien? –el Vico se angustia recordando el accidente en el que murió Berta.
--¿son ustedes familiares? –enfermera.
--¡claro que somos familiares¡ ¡sino porqué íbamos a preguntar por ella¡ --Augusto.
La enfermera le pide que se calme. Raquel está muy preocupada y se refugia en su pareja. Le sorprende pero le conmueve su preocupación por su hermana. No entiende lo que está pasando en el corazón de él.
--Yo soy su hermana, ¿cómo está? ¿qué pasó? –pregunta la mujer con un hilo de voz.
--Chocó en su coche, ahora aviso al doctor –enfermera.
Augusto se siente morir. No soportaría perderla.
Emilio pasa por uno de sus peores momentos. Desde hace semanas, Rafael no quiere saber de él. Rafael duerme en el sofá para no compartir cuarto con él. No permite que ni lo roce y mucho menos que lo vea desnudo. Su padre está pensando en otras cosas y los deja hacer. Ernesto y José han tratado de mediar entre ellos:
--vosotros siempre os llevasteis bien ¿qué os pasó? –preguntan.
Rafael no dice nada. Emilio ha intentando acercarse a su primo pero éste no ha querido hablar con él para nada pero acaba explotando y le reclama a su primo. Se siente traicionado
--¡Me faltaste al respecto... Yo me desnudé ante ti pues te veía como un hermano... Me debiste decir que me veías como hombre... Llevamos la misma sangre... es algo antinatural¡ --Rafael.
--Tú sabías que a mi he gustaban los hombres... –Emilio.
--¡Sí pero somos familia yo no imaginé como eras¡ ¡Para ti no soy un hombre¡
--Los lazos de sangre son lejanos y yo... No lo pude evitar... Yo me he conformado con amarte a la distancia durante todos estos años y si tu no me hubieras dado de beber Nunca te habría enterado.
--Ojalá nunca me hubiera enterado... lo habría preferido... Ahora nunca más podremos ser amigos... Esta no es tu casa... tú tienes dinero lo mejor sería que te fueras... No tiene sentido que vivas con nosotros. Aunque mi padre insista si no respectas vete. A lo mejor así se podrán arreglar las cosas entre nosotros.
Rafael ha sido muy hiriente y se va. Él queda solo y muy triste.
Silvia está haciendo la maleta. Doña Roberta está con ella.
--¿Otra vez vuelves a Tarragona... Nunca me habrías hablado de esa tía... y ahora te la pasas viajando a esa ciudad –doña Roberta.?
--Pero es que está tan enferma y yo soy lo único que tiene. Es hermana de mi padre y como él ya murió mi madre no se hace cargo... Si ni se hace cargo de mi ni de mi hija... –Silvia.
Doña Roberta que sospecha que miente y la acaricia con ternura.
--Eres tan recta, tan buena... La hija que me hubiera gustado tener... Si te parece nos podríamos ir a vivir con tu tía todas una temporada.
Esto molesta mucho a la Castillo pero lo disimula y dice:
--Gracias doña Roberta pero entonces se descuidaría las tumbas de sus hijos y yo no quiero que le falten las rosas semanales.
--A pesar de los años sigues amando a mi hijo y manteniéndote fiel a su recuerdo –doña Roberta satisfecha.
--No quiero que otro hombre me toque.
La madre de los difuntos gemelos está complacida.
--Tú eres la esposa con la que siempre soñé para uno de mis hijos –se rostro se llena de odio— ¡Maldita sea Ana Vico...¡ Pero la vida la ha castigado... Nadie la ha tomado en serio... aunque es una lástima... Si se enamorara tú se lo podrías quitar y esa sería la mejor venganza.
Las dos se miran con odio.
Augusto y Raquel hablan con el médico. Los dos se angustian mucho cuando le dice que las lesiones son serias y que tardará en recuperarse aunque les tranquiliza que su vida no esté en peligro. Augusto siente que se ha sacado un buen peso de encima.
--Ahora –habla el doctor—lo que más nos preocupa es su hijito... El riesgo de aborto es muy alto.
Augusto y Raquel se han quedado de piedra. En especial Augusto.
--¿De que hijo habla? –Augusto.
--La paciente recién despierta y es posible que ni ella misma lo supiera pero está en sus primeras semanas de embarazo.
A Augusto se le ilumina la cara y le gusta ocultar su emoción.
--No puede ser, mi hermana no tenía pareja... Me consta que se ha mantenido fiel a su difunto marido –dice una incrédula Raquel.
--Ya le digo que es muy reciente pero que la paciente está embarazada, lo está –el doctor.
--No sé ...¿la violarían? –dice ella mirando a su hombre para que le de su opinión.
--Un hijo –dice Augusto para sí—Susana me va a dar un hijo. Un hijo...
El hombre está muy emocionado, casi sonríe.
--¿Y el bebé está bien? ¿se va a salvar? –Augusto.
--Eso no lo podemos saber... lo importante es que esté en reposo pero haremos todo lo posible para que no lo pierda –doctor.
--tiene que nacer –se dice Augusto—un hijo mío y de Susana, eso nos uniría para siempre.
Raquel está demasiado aturdida con todo lo que ha pasado como para prestar atención a la cara de su pareja. El está emocionado por saber que va a ser padre de nuevo, pero le duele la posibilidad de perderlo.
Emilio entra en un bar muy triste. Piensa en Rafael y empieza a beber para ahogar sus penas. Un hombre muy atractivo se le acerca con mirada seductora.
Susana está muy débil en la cama. Se siente mal al ver entrar a su hermana con Augusto que le cuesta controlar los deseos de besarla. Raquel acaricia a su hermana.
--Todo va a estar bien... te vas a recuperar... Estás embarazada, ¿lo sabías? --Raquel.
Augusto mira a las hermanas a la expectativa. Susana fulmina a su amado con la mirada.
--No, no puede ser ... –Susana desesperada.
Augusto desea consolarla pero no se atreve por Raquel.
--El médico ha dicho que no hay duda... ¿quien es? ¿Mariano? –Raquel con celos.
Susana mira a Augusto y llora desesperadamente. El hombre quiere calmarla pero ella llora y le pide que se vayan, que quiere estar sola.
Augusto no se quiere ir, pero Raquel le pide que respecten la decisión de su hermana. En la sala de espera discuten.
--en estos momentos no debemos dejarla sola –Augusto.
Raquel no lo escucha. Está convencida que Mariano es el padre del hijo que espera su hermana y se muere de rabia. Pide irse.
--¿Estás loca? No podemos dejar así –augusto.
--Aquí están los médicos y las enfermeras... Yo quiero ir a descansar.... mañana volvemos... Ella no es nada tuyo ¿porqué tanta preocupación?
--Es hermana y tía de mis hijas...Yo no lo voy a dejar sola... Vete tú, yo me quedo.
Raquel está demasiado rabiosa y no objeta nada. Le dice que como quiera y se va.
--Un hijo, Susana le va a dar un hijo a Mariano –dice con rencor.
Susana llora tocándose el vientre. Augusto entra en ese momento con ganas de abrazarla. Se acerca a ella pero ella no se lo permite.
--¿y ahora que voy a hacer? ¿Qué estará pensado mi hermana de mi? Esto es un castigo de Díos ..dice angustiada.
--No, no... Un hijo nunca es un castigo... Es una bendición... Raquel tendrá que comprender... Ella no me ama y tú me vas a dar un hijo... Ya no me vas a poder rechazar...
Susana lo mira con ojos llorosos:
--pero ¿que clase de hombre tiene un hijo con la madre y dos de sus hijas...?
Augusto la mira con amor:
--tú eres la mujer que amo... Te amo...
El hombre intenta besarla pero ella lo rechaza y le pide que se vaya.
--Soy el padre de tu hijo y no me vas a poder echar de tu lado... Me voy a quedar contigo...
Susana está muy angustiada, él la acaricia y ella no lo rechaza. Los dos se estremecen.
--Todo va a salir bien, todo va a salir bien... –dice él.
Los recuerdos de Mariano llenan de excitación a Raquel cuando entra en la casa de su hermana. Se acerca a la puerta que comunica con la casa vecina. Aún existe aunque hace años que no se abre. Está cerrada, busca la llave. La encuentra, abre y pasa a la casa de al lado. Oye la ducha, se acerca al baño... Puede ver a Mariano duchándose... El hombre la ve, sonríe seductor lo que derrite a la mujer.
--Sabía que volverías pero te tardaste... Ven... vamos a hacerlo en la ducha –dice él.
Ella está hechizada pero no quiere volver a caer. Él repite la invitación. Ella tiene tentaciones pero no quiere volver a caer, se da la vuelta, le tira una toalla y le dice brusca:
--No vine para hacer el amor contigo... quiero que hablemos... te espero en el comedor ...
Ella se va, él sonríe divertido:
--ya tengo plan para esta noche –se dice picaron.
Sale desnudo, Raquel le pide que se vista pero él se niega:
--¿Desde cuando te volviste decente? No te reprimas yo sé lo que les gusta a las tipas como tú... Lo está deseando...Ven a mi...
Él le hace señas. Ella se gira pero todo su cuerpo vibra al sentir como él se acerca. Tiembla de excitación y dice con voz temblorosa:
--Mi hermana está embarazada ¿es tu hijo no?
Mariano abraza a Raquel por la espalda y ella se estremece.
--Así que estás celosa –dice divertido—Yo nunca he estado con tu hermana y no porque yo no haya querido... Mejor le preguntas a tu maridito que es el único hombre que ha estado en casa de tu hermana.
Raquel se gira y él la besa. Ella está apunto de rendirse.
--¿de verás nunca has estado con mi hermana? –jadea ella.
--Te lo juro... No sé si voy a tener un hijo pero seguro que tu hermana no es la madre...
Él siente poderoso al ver como ella lo desea y lucha por no caer pero casi no puede. Raquel no quiere perder la dignidad una vez más. Es una guerra de besos y caricias. Él no deja de besarla e intenta desnudarla... Ella no quiere dejarse arrastrar por la pasión y aunque se está muriendo de ganas lucha por rechazarlo.
--No me has preguntado por nuestra hija... Yo te di una hija –Jadea ella.
Él la mira con ironía:
--Esa niña es problema tuyo, yo sólo quiero un varón... Vamos a intentarlo ahora... Si me das un hijo macho como yo le daré mi apellido y podrás tenerme siempre que te apetezca...
Aunque es una dura batalla, Raquel la gana. Logra arrancarse de los brazos de un hombre que la vuelve loca y acalorada dice:
--¡Eres un egoísta y no volveré a caer...¡
--Pues tú te lo pierdes –dice con cinismo.
Ella se va corriendo sin mirar atrás, entra en la casa y cierra la puerta. Está muy excitada, se siente feliz por la victoria aunque por otro lado le duele no haber estado con ese hombre de nuevo.
Es ya muy tarde, Ernesto está preocupado pues Emilio no llegó. Rafael finge que no le preocupa pero no puede dormir y sólo espera la llegado de su primo.
--Él nunca salió sólo ¿y si hizo una locura? –Ernesto.
--Emilio va a estar bien... Ya es mayor, sabe cuidarse solo... vete a dormir... –Rafael fingiendo indiferencia.
--Pero papa no está y no le va a gustar nada saber que no nos preocupamos por Emilio --Ernesto.
--Yo hablo con papa, ¡ahora vete¡ --Rafael.
Ernesto vuelvo al cuarto, Rafael procura serenarse. Se siente culpable por lo duro que ha sido con su primo en las últimas semanas y no se perdonaría que le pasara algo...
Emilio se levanta de una cama frustrado. Con él está el joven que conoció en el bar. Los dos están desnudos.
--Debiste decirme que eras primerizo... Hubiera ido con más suavidad... ¿te dolió mucho? –dice el joven acercándose a Emilio.
El hombre lo mira serio:
--No importa –saca unos billetes—esto es lo que acordamos... tu ya cumpliste con tu trabajo.
El joven toma el dinero y se viste contento. Emilio se viste en silencio y se va muy triste.
Rafael está mirando por la ventana. Llega Emilio que se siente sucio por lo que acaba de hacer.
--¿dónde te metiste? ¿No puedes desaparecer así como así? –Rafael.
Emilio se siente frustrado y con rencor dice a su primo:
--¡tu tienes la culpa de todo, ahora soy yo quien no te quiere volver a ver...¡
Emilio se va al cuarto dejando a Rafael con la palabra en la boca y muy preocupado. No se atreve a preguntarle nada más.
A la mañana siguiente, Ana está en la playa con su hijo. El niño juega con dos niños más pequeños que él. Ana camina pensando en Xerxes. Está muy dolida por todo lo que ha pasado. Oriol se acerca a ella. Le excita ver a la mujer en traje de baño. Ella no lo ve llegar, él la abraza por la espalda. Ella se gira sorprendida. El hombre le resulta muy atractivo y le excita verlo con solo un pequeño y sexy bañador. Sin decir nada lo besa, es un beso que deja al hombre sin aliento. Un beso llevado por el coraje y la excitación.
--Lo siento, no sé que me pasó –dice ella aturdida mientras se separa.
El hombre se toca los labios satisfechos y le dice excitado:
--desde que te conozco deseaba saber a que saben tus labios.
Él desea volver a besarla pero ella no se lo permite.
--No soy una mujer con la que todos los hombres de tu familia se pueden divertir y después rechazar --Ana.
Oriol no está dispuesta a dejar que la mujer se le escape.
--Yo siento algo muy fuerte por ti y tu hijo lleva mi sangre... No puedes desparecer de nuestras vidas así como así.
--Xerxes opina lo contraria.
--él está casado pero yo no... ¡cásate conmigo¡
Ana no creo lo que oye.
--Ya sé que es repentino pero yo te quiero y además deseo demostrarte que no todos los hombres de mi familia somos iguales. Yo no sé lo que pasa con mi sobrino pero tú me interesas mucho y aunque todo empezó como un juego yo no te quiero perder... Estoy seguro que con el tiempo me llegarías a amar. Tu hijo necesita un buen padre y ¿quién mejor que yo dado que su padre no se hará cargo?
Ana piensa en las duras palabras de Xerxes sobre que nunca un hombre la tomaría en serio y en la advertencia que no se acerca a su tío.
--¿y bien? ¿cuál es tu respuesta? Te estoy proponiendo matrimonio Ana.
Ana mira a su hijo que juega con esos niños ajeno a todo y luego mira al hombre incrédula.
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