¿Quién no se enamoró del dulce Rubén en "Mª Emilia" o del sencillo Pichón en "Pobre Diabla"? Pues ahora podremos disfrutar de nuestros dos idolos juntos en "Soledad" !!!!! Gabriel como "Juanjo" y Renato como "Koki"...
 


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EL AMOR ES MAGIA --CAPITULO 157

December 29 2003 at 7:48 AM
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CAPITULO 157
BODA DE EUGENIO Y LUCIA MARIA
GALERIA:
http://ar.geocities.com/tresamer2000/cap157.html
Xénius ha hecho un lecho de hojas. LA pareja yace encima y duerme bien abrazada. Ana se siente en el paraíso. Dormir entre los brazos de su amado es todo un regalo para ella: lo siento como si estuvieran haciendo el amor. Él se despierta temprano, justo con los primeros rayos del sol. Tiene muchas ganas de trabajar. Ella lo mira enamorada:
--gracias, gracias por esta maravillosa noche... hacía muchos, pero muchos años que no era tan feliz...
Él la mira sorprendido pero sonríe:
--pero sí solo hemos dormido.
Ella le acaricia la mano:
--Pero es que para mi eres tan especial, es tan grande no sentir ya tu desprecio que sólo estar a tu lado ya es un regalo para mi. Poder acariciarte es una felicidad muy grande para mi.
Al guapo joven le conmueve el amor que le muestra la que cree su madrastra. Ya no la juzga. Sin que él se diera cuenta, se ha roto la barrera que él mismo había construido alrededor de su corazón.
--me muero por darte un beso – Ana.
Él la mira coqueto:
--No veo que nadie te lo impida.
Ana no se puede creer que su amado le dé esa libertad. Lo besa y lo abraza. Y lo vuelve a besar una y otra vez hasta que él se cansa de la pasión de ella y se retira sin ser brusco. Ella lo mira feliz, le repite una y otra vez que lo ama. Él agarra un poco de fruta de la que encontraron el día anterior y se sienta en el suelo. Ana va a su lado. Él le da un pieza de fruta y empiezan a comer. Ella no deja de mirarlo hechizada y feliz.
--voy a buscar una manera de hacer una bandera... por si vemos un barco, un avión... que nos puedan divisar de lejos...
--¿pero no será peligros, Xènius? Nos pueden ver algunos salvajes...
--Pues sí pero ni modo... de todas formas yo creo que estamos solos...Hay que hacer muchas cosas. Lo más importante es la comida. Creo que con paciencia podré hacer una balsa para ir a ver si pesco agua...
--mientras no pesquemos una pulmonía –dice con ironía.
Él sonríe:
--hablo en serio.
--perdón.
--No nos podemos alimentar solo de frutas y no me apetece nada comer bichos...
Ella lo mira, se siente tan protegida.
--pero no estás solo. Yo te quiero ayudar. No quiero que todo el peso lo lleves tú.
--ya contaba contigo.
Los dos se sonríen.

Las dificultades son adversas pero poco a poco las van solucionando. Ana es feliz ya que siente que lentamente Xènius empieza a quererla. Se bañan juntos desnudos y nota que él ya no siente pudor en que contemple todo lo que quiera su cuerpo desnudo. LO besa y lo acaricia siempre que quiere, duermen juntos. Van siempre medio desnudo y Ana enloquece al poder ver siempre el cuerpo de su amado al descubierto. Para Ana esa isla es un paraíso. Xènius , con lianas, ramas y troncos, ha logrado hacer una balsa pequeño pero lo suficiente para soportar el peso del joven y introducirse en el agua. Con una palo acabado en punta y mucha paciencia, le chico pesca un pez bastante grande. Xènius grita de alegría alzando su presa que, con mucho orgullo, muestra a Ana. La mujer lo besa con pasión. Ana se excita al contemplar el pecho desnudo del joven mojado. Las velludas piernas del joven brillan ya que los pantalones que lleva poco tapan. Ana acaricia al joven con deseo. Él sonríe ya que está aplastando el pescado:
--vamos a hacer un mal olor –dice él.
Ella agarra el pescado y dice:
--yo lo cocinaré para ti.
--Me muero de hambre... iré encendiendo un fuego...
Ana coloca el pescado sobre una roca cerca del agua y con unos palos que son improvisados cubiertos se dispone a limpiarlo. La mujer devora con la mirada el atractivo trasero desnudo del chico. Xènius se ha sacado los pantalones para que se sequen y está totalmente al natural. Eso enloquece de deseo a la mujer. Una vez se ha encendido el fuego, Ana se acerca con el pescado clavado en un palo. Un hambriento Xènius lo acerca al fuego para que se cueza mientras Ana no le saca los ojos de encima al desnudo chico. Le encanta verlo tal y como lo parieron. Xènius huele el pescado con hambre y lo devora como el más exquisito de los manjares. Ella a penas come ya que quiere que su amado se alimente bien.
--Ya tenía ganas de comer algo que no sea fruta.
Ana, que lleva su vieja blusa hecha harapos, pone su mano sobre el desnudo muslo del guapo joven y lo mira con deseo. Cerca de ellos hay la bandera que ha preparado Xènius para hacer señales y que no es más que su camisa. El joven tiene esperanza que los encontrarán en seguida. Ana desea que los olviden para siempre y se pueda seguir quedándose en ese paraíso con su ángel. Una vez satisfecho, Xènius sobre el lecho, Ana se acerca a su lado. Él está nostálgico.
--¿qué debe estar pasando en nuestra casa? Deben estar sufriendo mucho... Mi padre nos debe estar buscando como un loco... ¿y mi hija?¿habrá nacido bien?
Ana se pone triste:
--¿tan mal estás aquí conmigo? Yo no quisiera que esto acabara jamás. Sé que después te perdería para siempre.
Él la mira con pena.
--pero eso no puede ser. No nos podemos vivir aquí por mucho tiempo. No sobreviviríamos. Además recuerda que yo tengo una hija que no sé si nació, si está bien.
Hay mucho dolor en él por no saber de su hija.
Ana se muere de celos.
--Piensas en ella... en Lucía Maria.
Él la acaricia con mucha dulzura:
--pues mira que no. Ella sólo es la madre de mi hija.
Ana se pone contenta:
--entonces ¿ ya no te casarías?
--Tú tenías razón, nunca me quise casar y no lo quería reconocer. Nunca la amé pero lo tengo que hacer... Aunque no me guste tengo que cumplir como un hombre.. Cuando regresemos me casaré con Lucía.
Ana se muere de rabia:
--¡eso sobre mi cadáver¡ --se dice.
Él se da cuenta que la mujer está molesta, la besa dulcemente.
--es que he estado el primero no la puedo abandonar.
--¡ella ya se debe haber buscado otro, seguro que ya te ha buscado sustituto¡¡habrá caído en brazos de cualquiera para que le reconozca a la muchachita¡
--¡Nadie me va a quitar a mi hija, Lucía María nunca me haría una cosa así¡
--Yo no me fío de ella...
Ahora el que está molesto es él. Da la espalda a la mujer. Ella lo abraza.
--perdóname. No quiero que nos enfademos por broncas del exterior... a lo mejor nunca vamos a salir de aquí y no soportaría que me despreciaras otra vez.
Él la acaricia y sonríe con melancolía. Se tumba y Ana a su lado. Su cuerpo pegado al de él. Arde de deseo. Las palabras de la falsa Rosa lo han atormentado. Le asusta perder a su hija. Poco puede imaginarse que en ese preciso momento, en la sala de su casa, un juez está casando a Lucía María con su padre. Es una boda muy triste en la que los novios se muestras fríos y distantes. El único contento es Rafael que abraza feliz a la nueva señora de Balanyà.
--has hecho lo correcto hija. Ahora eres una señora respetable y rica. Ni tú ni tu hija os tendréis que preocupar más de nada –le susurra.
Después es Emilio quien abrazada a su ahijada:
--espero que no te arrepientas de esto y puedas ser feliz. Yo vendré siempre que pueda a verte a ti y a la pequeña Emília –dice con orgullo.
--Yo me quedo con ella, no os preocupéis. Eugenio me ha dado un puesto en su empresa –dice Mauricio sonriente con deseo.
El hermano de Lucía María piensa que cuando Carolina vuelva de su viaje lo tendrá que ver forzosamente. El nuevo matrimonio se queda solo. El maduro hombre mira a su joven esposa con deseo. Ella tiene miedo. Lucía María pretende irse a su dormitorio pero él la retiene. La desnuda con los ojos. La mirada lasciva del hombre asquea a la joven. Él se le lanza encima y la besa en el cuello. Babea y gime. Ella intenta sacárselo de encima. Él se la lleva a la fuerza a su cuarto a pesar que ella llora y le suplica que no lo haga.
--¡te he hecho mi señora, tú hija es mi heredera y te tienes que comportar como tal o anulo el matrimonio y te hecho a la calle¡¡
ella, resignada, se deja arrastrar. Él le arranca la ropa como una bestia en celo. Ella llora mientras su marido se divierte brutalmente con ella. Gime de satisfacción.

Después de descargar en su joven esposa, Eugenio se estira al lado de la joven satisfecho y relajado. En seguida se queda dormido bien tranquilo. La chica se siente sucia. Se levanta rota por dentro. Se va una ducha, friega con fuerza su cuerpo mientras le atormenta recordar las caricias del hombre. Llora amargamente. Luego va al cuarto de su hija.
--que tonta fui, creí que una hija de Xènius me haría rica y feliz y ahora soy rica pero no precisamente feliz.

En el mas Ivex, doña Idalina entra sin llamar en el dormitorio de su nieto Sergio y se lo encuentra haciendo furiosamente el amor con Lucia, la esposa de Diego. La anciana grita con histeria. La esposa de Diego se asusta al verse descubierta. Sergio sonríe con cara de niño malo y se encierra, totalmente desnudo, en el baño. Idalina comienza a atacar a su nieta política a la que trata de cualquiera y la quiere echar de la casa. Arremete a pesar de su avanzado estado de gestación.
--¡Nunca verás al bebé que llevas dentro, a mi bisnieto¡ --Idalina.
--¡te lo regalo, yo sólo quiero el dinero de Diego¡
Las dos se miran desafiantes.


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