CAPITULO 165
XÈNIUS ROMPE CON ANA
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Carolina llega a la habitación del hotel con la que ya es su hija en brazos Detrás está su flamante marido al que ella trata de ignorar. Él descorcha una botella de champán que ha pedido.
--¿¿se puede saber que haces?¡ --pregunta ella.
--celebrar nuestra boda como corresponde, mi cielo.
--¡yo no soy tu cielo y sabes que esta boda ha sido una farsa¡
Con cierto cinismo él dice:
--de farsa nada, mi cielo, estamos casados con todas las de la ley. Una cosa es que tú no quieras que te toque y otra que yo no tenga mis derechos.
Sergio le lanza un beso. Muy molesta la mujer, con mucho cariño, deja a la bebita en el moisés, y se enfrenta a su marido:
--¡ni se te ocurra hacer nada raro porque soy capaz de matarte¡
--No te pienso violar, tranquila. No será necesario. A mi las mujeres me sobran... ninguno se me resiste y tú no vas a ser la excepción... acabarás cayendo.
Carolina lo mira con desprecio:
--¿y dónde piensas dormir? Te tendrás que buscar otra habitación.
--de eso nada mi cielito –el tono de galán de telenovela de ella molesta mucho a la mujer—tú y yo estamos metidos en esto juntos y si no descubren terminamos en la cárcel juntos... hemos registrado como nuestra una recién nacido robada y tenemos que hacer una vida normal, al menos en apariencia, para que nadie sospeche nada. Yo no quiero ir a la cárcel y no voy a ir por tu necedad. Yo no tengo necesidad de rogarte ni de hacer nada que tú no quieras, hay muchas mujeres que se mueren para que yo les haga el amor –habla con frustración—No me faltarán con quien desahogarme... allá tú si quieres ser una esposa cornuda... me voy a duchar, cielo.
Él la quiere besar en la mejilla, ella aparta la cara. Él la besa igual y entra en el baño. Ella se limpia la mejilla con cara de asco. La hija de Ana mira el libro de familia de la pequeña Milagros Noguera Nonell donde ella y Sergio constan como los padres de la pequeña. Ella acaricia a su pequeña sin acabar de creerse todo lo que ha pasado:
--madre, soy madre –se dice con incredulidad—mi hija, eres mi hija.
Se entristece pensando en el dolor que debe estar sintiendo Diego. Le atormenta pensar cómo se debe sentir el que ahora es su cuñado.
Diego está destrozado. Está en el dormitorio que tenía que ser de su hijita. Lucía se acerca a él pero el hombre la rechaza y ella se hace la víctima:
--¡yo lo estoy pasando pésimo, el dolor de una madre no se puede comparar en nada... yo te necesito¡
Lucía lo abraza pero él se va del cuarto dejándola escupiendo odio. Empieza a tirar las cosas de la bebita al suelo con mucho odio.
Xerxes ha ido a visitar a su hija Sara. Toma en brazos a su nieta y mirando a su hija dice:
--ser madre a los 17 años es muy duro pero ya sabes que cuentas con todo mi apoyo –Xerxes.
Sara se lo agradece.
--Nunca me has aclarado quien es el padre.
--eso no importa. Ese es mi secreto.
--Yo no he querido hablar de eso con tu madre pero a mi me preocupa... si el padre de tu hija es el marido de tu hermana o el difunto marido de tu abuela... quiero saberlo.
Avergonzada, la chica se niega a contestar pero su padre insiste.
--conformate con saber que no es de Gus...
--¿entonces es de Lorenzo?
--No me hagas más preguntas...
--¿¿es que hay más?¡¡ --decepcionado.
Ella está muy nerviosa.
Lucía María ha ordenado tirar todas las cosas de su marido, incluido los muebles de su cuarto que quiere remodelar. Su hermano y su padrino están con ella. La joven viuda quiere olvidar a su marido en seguida. No quiere recordar al hombre que la obligó a ser suya. Viste de colores alegras y guarda un gran rencor hacia el difunto.
--el rencor no es bueno, piensa que gracias a él tienes una fortuna en tus manos ... ¿también vas a tirar sus fotos? ¿no deberías guardar al menos una para tu hija? –Mauricio.
--¡el no era el padre de mi hija y no te tengo que hablar a ella de él para nada¡¡quiero olvidar el pasado, quiero volver a vivir, quiero trabajar –Lucía María.
--eres la dueña de una empresa, puedes trabajar en dónde más te guste –Emilio.
--No, yo soy fisioterapeuta y me gustaría ejercer mi profesión... quiero luchar para mantener a mi hija... no lo quiere deber nada a ese hombre – Lucía M.
--pues precisamente el otro día estuve en la empresa en la que trabaja Carolina para ver si saben algo de ella y me enteré que buscaban una... tal vez el trabajo pueda ser tuyo... Es en Mataró pero en coche en seguida estarás –Mauricio.
A la joven viuda se le ilumina la cara:
--sí, sí... eso es lo que quieras... consígueme el teléfono ya... no quiero que otro se me adelante.
Mauricio va a buscar su agenda y llama al consorcio Serrano. Lucía María, abrazada a su padre, sonríe esperanzada... siente que ese trabajo es su oportunidad de volver a vivir. De encontrar su felicidad.
Una noche más, los nativos se van a las duchas después de una dura jornada de caza. Xènius goza del agua helada cayendo sobre su desnudo cuerpo. Se ha quedado el último. Al ver que no hay nadie, el guapo joven se dispone a salir con miedo a la que puede pasar. Pero no tiene tiempo ni de vestirse. Ya que, Ana, que esperaba ansiosa ese momento, entra con él. Xènius la mira regañón:
--¡no puedes estar aquí, ya te he dicho que no quiero problemas ...¡
Ella se le acerca muy seductora. Él quiere agarrar su ropa pero ella se le avanza. Agarra los trapos con los que se viste y se los esconde en la espalda.
--¡dame la ropa, no hagas bromas... esto no tiene ninguna gracia... no puedo salir así¡¡¡
--pero es que yo no quiero que te vistas, a mi me encanta verte desnudo...
--¡en nuestra cabaña me puedes hacer lo que quieras pero aquí nada ¡¡no me gusta¡¡ --él está muy nervioso y enfadada-- ¿es que me meterás en un lío¿
él se quiere acercar a agarrar la ropa pero ella se va alejando, él tampoco se atreve a acercarse demasiado. Seductora ella dice:
--ya tienes un buen problema... estoy loca por ti, loca por hacerte el amor y no quiero esperar ni un segundo...
--¡en la cabaña, en la cabaña haremos el amor tantas veces como quieras pero ahora dame mi ropa y salgamos... Si alguien entra me moriré de la vergüenza¡ --dice con desesperación.
Ella pone cara de pena:
--¡está bien... tú ganas –le dice bien triste y dándole la ropa.
Él se siente aliviado en tener ya en sus manos su única prenda de vestir pero le da pena la cara de su amante. Él baja la guardia, ella se pone de rodillas y se lanza al centro neurálgico de placer del joven y desde allí lo calienta con sus besos y sus caricias.
--para, para... –jadea él cada vez más enfadado y más excitado por las caricias que la mujer le está regalando con la boca.
Cuando el chico ya ha perdido totalmente la voluntad, ella se saca la ropa. Los dos empiezan a hacerse un intercambio de caricias y besos. Cuando Xènius ya ha entrado en su amante, oye unos gemidos que vienen del exterior y se da cuenta que por el techo, que está descubierto y por la obertura del suelo, hay varios nativos que los llevan espiando largo rato y algunos hasta se hacen tocamientos. Xènius se para en seco muy sofocado. Ana no entiende nada ya que había perdido el mundo de vista. Con rabia y muy avergonzado, el joven lanza a la cara la ropa a su madura a amante. Él se pone el taparrabos pero dado que el grado de excitación aún no ha bajado va apuntando. El chico agarra de la mano a su amante y se va como alma que lleva el diablo en medio los aplausos y las risas de los nativos.
Xènius entra en la caseta histérico. La mujer no le da importancia a lo que ha pasado y trata de calmarlo pero él está descontrolado:
--¡¡mira que te lo advertí, ¡es que no me puedo creer que me hayas hecho esto... me has convertido en el hazmerreír de toda esta gente... ¡no sabes que bochorno he pasado por tu culpa¡¡¡
--¡no hay para tanto... son solo una pobre gente que no sabe nada del amor y la pasión¡ a lo mejor hasta les habremos enseñado algo. Ella sonríe para aligerar la tensión, él la fulmina con la mirada. Está furioso.
--¡si a ti te encanta que todos te vean desnudos... si tú eres una exhibicionista ese es tu problema pero no me arrastras a mi... nadie me va a volver a respectar¡¡¡lo siento pero esto se ha acabado... No quiero seguir al lado de una mujer que no me respecta¡¡
Xènius se gira para salir, Ana no se puede creer lo que oye:
--¡si te vas me mato¡
él duda, le sale mal herir a la mujer pero decide no escuchar su amenaza y se va. Ella va detrás suya. Cae al suelo de rodillas, de espalda a él, le abraza las piernas y con desesperación dice a su joven amante llorando sangre:
--¡tú eres mi vida, no me puedes dejar... sin ti yo no quiero vivir... seré buena... te juro que seré buena, te juro que no volverás a tener ninguna queja de mi pero no me abandones... sin ti no soy nada... sin ti me quiero morir¡
él se muestra dura, está muy incómodo ya que hay mucha gente mirándolos divertidos.
--¡ten un poco de dignidad, Rosa... No me hagas hacer el ridículo otra vez¡¡¡esto harto que todos se burlen de mi por tu culpa¡
él quiere caminar, ella cae al suelo abrazándole los pies. Llora, suplica:
--yo me humillo todo lo que haga falta pero no me dejes¡¡¡
él está demasiado molesto no atiende a sus ruegos y la deja sola tirado en la tierra llorando.
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