‘La guerra de Charlie Wilson’, cinta que explica la realidad
Esta es una película importante. Le expone a los estadounidenses por qué se encuentran en la situación actual con Afganistán y el origen del fenómeno que ahora sólo captan como Osama bin Laden.
La mayoría de ellos no entiende, no sabe, que apenas en los años 80 Estados Unidos, en plena guerra fría, se dedicó a aventarle dinero a las guerrillas que hoy se han convertido en Al-Qaeda, que los armaron, los entrenaron y luego los abandonaron a su suerte.
Esta es una historia bastante reciente, lo suficiente, de hecho, como para ser el tema de la película que bien merecería ganar el Oscar si hubiera dicho premio por “valor” o “reconocimiento del papel de una nación en la actual guerra”. No lo hay, lo que sí se debe llevar es, sin duda, el Oscar a Mejor Guión, y esto lo digo antes de las nominaciones, apenas en las vísperas de la temporada de premios que se lleva tantos titulares de espectáculos cuando el año comienza.
La guerra de Charlie Wilson cuenta con dos de las más grandes estrellas del mundo en sus protagónicos: Julia Roberts y Tom Hanks. Mejor aún, cuenta con uno de los mejores actores del mundo: Philip Seymour Hoffman. Los tres se han llevado la estatuilla más codiciada de Hollywood a casa y los tres entregan espectaculares actuaciones aquí. De hecho son tan excelentes que probablemente la Academia ni cuenta se dé de lo bien que están, porque a fin de cuentas Hanks no baja 30 kilos para el personaje y Julia no deja de verse hermosa (aunque sí adopta un estilo tejano que más bien parece señora de Polanco que perdió el salón donde sabían como hacerle el tinte de cabello). Lo que éstos dos hacen es representar personas reales que sin imaginar las consecuencias (supongo) jugaron un fundamental y sorprendente papel en la creación de las guerrillas que hoy hacen imposible la paz en el mundo como lo conocemos. Philip Seymour Hoffman es, sin duda, el personaje más interesante y la voz de la conciencia que nunca fue escuchada.
¿Lo mejor de la cinta? Ya lo dije, el guión. Es de Aaron Sorkin (West Wing, Mi querido presidente), genio de la redacción en cuanto a lo que a intriga política se refiere. Gran creador de la difunta serie Studio 60 and the Sunset strip. Maestro. Sutil comediante con las más grandes tragedias modernas estadounidenses y del mundo. Por favor, ya denle el Oscar a este hombre ¿no? Se lo merece y así, tal vez, veamos más trabajo de aquellos que hacen cintas como las que muchos creemos que son la razón de ser del cine: para despertar las grandes conciencias y hacernos reír en el proceso. Ah, y sí, me gustó mucho la película.
En la primera clase
Vámonos al maravilloso mundo de las frivolidades; pero qué difícil es ser famoso en nuestro país. Angélica Rivera estaba con toda su familia (hijas, madre, parientes cercanos y varios más) cuando abordó un avión rumbo a Miami. No es exagerar cuando les digo que su prole era mucho más abundante que los asientos en primera clase y evidentemente todos se sentaron donde pudieron (el avión venía sobrevendido en mas de 20%). Aun así escuche susurros nada discretos de más de tres pasajeros distintos diciendo, “¿Cómo que la Gaviota no se va en primera clase? ¿A poco no le pagan suficiente? En honor a la verdad me quedé calladita escuchando y me aguante las ganas de decirles, “¿Qué querían, que se vaya ella, porque es famosa, adelante, y mande a su mamá e hijos a los asientos “económicos” (como ahora les dicen las aerolíneas)? Pues claro que no. No cabían todos. Pero me imagino que, como famoso, uno tiene que desarrollar un caparazón para no escuchar tanta especulación respecto de su persona en las tonterías de la vida diaria. Si lo escuché yo, seguramente ella también lo hizo, pero en ningún momento perdió la elegancia y compostura y mucho más importante: en ningún momento perdió a sus pequeños de vista. ¿De verdad la gente espera que con la fama tiene que venir la primera clase y la pérdida de una vida normal?
En los tiempos oficiales
Tengo entendido que ya no se pueden usar tiempos oficiales para promover funcionarios públicos. Entonces, ¿por qué Andrés Manuel López Obrador se apodera del tiempo completo de su partido político para hacer un discurso personal? Él no es funcionario publico. La ley no es aplicable a él, según lo entiendo, entonces, ¿por qué sigue usando los tiempos oficiales del IFE? Yo no cubro la fuente de política porque francamente, prefiero ir al cine. Pero cuando un tiempo oficial interrumpe el inicio de uno de mis programas favoritos de radio (El noti de Ciro Gómez Leyva) entonces ya estamos hablando de programación y de medios.
¿Quién sabrá?
¿Se habrá dado cuenta Oliver Stone que Hugo Chávez sólo lo quería en la liberación de rehenes en Colombia para que filmara su momento de triunfo, que ya se volvió más predecible que Mandoki y que lo están usando? Cuando todo el numerito orquestado por Chávez pasó de momento de triunfo a fracaso, ¿su crónica de los tristes hechos tendrá la misma fuerza que hubiera tenido éxito para el dictador venezolano? ¿Por qué en un mundo donde el género se supone que ya no importa, en la temporada de premios se entregan estatuillas a Mejor Actor, Actriz o Intérprete Femenina o Masculino? ¿No sería lindo un premio superior a todos que sólo aplaudiera la mejor actuación?
Escrito desde Jan 4, 2008, 8:57 AM de la dirección IP 189.142.91.147