FARANDULA
Luis Fernández, entre Caracas y Hollywood
Todos tenemos el ego hipertrofiado
Con Hay amores que matan, el actor se prepara para encadenar su tercera telenovela consecutiva en el país. A su pesar, triunfó en el rating con la producción independiente Calypso, aunque dice que de ahora en adelante renunciará "a todo proyecto que traicione mis principios"
Alexis Correia
Su estancia en Venezuela iba a durar sólo 20 capítulos de Mujer secreta, pero los televidentes lo han tenido que "soportar" por casi un año. Luis Fernández le ha dado unas vacaciones al "gran sueño que sé que voy a realizar" -triunfar en Hollywood- y se prepara para encadenar su tercera telenovela seguida en el país, Hay amores que matan (RCTV), que protagonizará junto a Carolina Tejera. "Uno tiene que aprovechar que está de moda", justifica el rubio actor mientras se mese una y otra vez el cabello, luego de culminar las grabaciones de la producción independiente Calypso, en pantalla a la 1:00 pm por Venevisión. También ha participado en dos películas que esperan estreno comercial: El valle, de Gustavo Balza, y Borrón y cuenta nueva de Henrique Lazo.
Fernández no guarda elogios para Carlos Pérez, libretista de Hay amores que matan. "Sabía que era talentoso, pero me tiene sorprendido por lo placenteros que son sus textos. Maneja el elemento coloquial caraqueño muy sabrosamente, un poco al estilo de José Ignacio Cabrujas. Será una telenovela con grandes dosis de humor, pero también muy fuerte, con temas como la corrupción, el asesinato y las relaciones sexuales de los sacerdotes. No haré el típico protagonista, como nunca lo ha sido ninguno de mis personajes. Se llama César Augusto, es abogado y rico, pero es un tipo que cuando se enamora se vuelve cursi y pone la cagada repetidamente".
En el otro extremo, prefiere omitir adjetivos fuertes para referirse a la telenovela de la productora Opayoma, que estelarizó junto a Chiquinquirá Delgado, pues no desea herir a sus ex compañeros de trabajo. Pero su inconformidad con Calypso es evidente. "Mi guía espiritual, el Dalai Lama, dice que la tolerancia es lo que permite ser sabio. Y Calypso me enseñó a ejercer la tolerancia. Pero he decidido que, a partir de ahora, si siento que empiezo a traicionar mis principios en un proyecto, voy a tener los cojones de renunciar. Creo que es un respeto que me debo a mí mismo".
-Por una y otra razón, los proyectos en donde ha intervenido Luis Fernández no terminan de cristalizar, de darle el papel que le permita consagrarse.
-Me han atormentado a lo largo de mi carrera con el rating, pero ya no me interesa. Mujer secreta era un producto extraordinariamente bueno y no tuvo rating, y Calypso quizás todo lo contrario y triunfó. Uno no sabe qué hacer. Yo lo que trato es de no traicionarme a mí mismo. Las telenovelas son el único libro para millones de personas, y creo que uno se las puede arreglar para entretener y, al mismo tiempo, trabajar con dignidad y dejar algo más. Lo que más valoro en todo acto creativo es la valentía y el riesgo.
-Resulta difícil hablar de riesgo en un país donde 80% de la población vive en pobreza. Los canales de televisión siempre van a optar por lo seguro.
-Vivel Nouel, la escritora de Calypso, me decía a propósito del buen rating de la telenovela: "¿Viste, Luis, que no hace falta ser tan inteligente para triunfar?". Y yo le dije: al contrario, creo que hay ser doblemente inteligente para darle a la gente lo que quiere y también hacer lo que uno quiere. No se puede subestimar al público venezolano con el lema de "esto es lo que sube cerro", porque aquí hay una cultura telenovelera muy grande.
-¿En la televisión han puesto demasiado énfasis en su aspecto físico?
-Estoy un poco harto de enseñar la nalga izquierda y el pectoral derecho sin sustancia. Genéticamente no tengo el cuerpo que tengo, debo ir al gimnasio todos los días. Hacer todo ese esfuerzo para que me paren en una playa al lado de un mujerón, a decir una pendejada, meter la barriga y a que me pegue el sol, es demasiado agotador. Si lo que quieren es enseñar culos, entonces que llamen a alguien con vocación para eso. Pero yo soy actor.
Agresivo y soez
Dice tener 29 años. De padres cubanos, Luis Fernández se crió en un hogar clase media de la Caracas que era benévola. Mientras estudiaba arquitectura en la USB -carrera de la que es graduado con un posgrado en Harvard-, se inició en la actuación haciendo teatro desde los 17 años. Se ve trabajando en un futuro detrás de las cámaras, como escritor o director. "Me canso del gimnasio, quiero envejecer con dignidad. Quizás dirija una telenovela protagonizada por el Míster Anzoátegui 2023 y la Miss Monagas 2022". Tras grabar Hay amores que matan regresa a vivir en Los Angeles "porque es mentira que me van a llamar de allá. Me seguirán tirando la puerta en la cara hasta que un día alguien me abra, lo que va a ocurrir pronto".
En su apartamento de La Florida, Fernández habla entre fotografías de Mimí Lazo, caricaturas de Mimí, retratos abstractos de Mimí, los labios gruesos de Mimí. Su compañera no está en casa, pero su presencia se siente tan omnipresente como en los medios de comunicación, que la han entronizado como ejemplo de mujer emancipada después de la madurez. La referencia a ella llega sin pinchar ningún botón: "Es mi gran maestra de vida y de actuación. Cada día soy mejor actor gracias al método Strasberg que ella me enseña. El premio más grande que puedo recibir es que a Mimí le guste mi trabajo, porque es la jueza más arrecha que hay. Puede descalificar a Kenneth Brannagh en dos minutos".
-¿Le molesta que su relación con Mimí haya pasado a una vitrina tan pública, debido a las constantes declaraciones de ella sobre el tema?
-No, porque Mimí y yo somos dos provocadores, cada uno en su estilo. Yo soy un poco más agresivo y soez, en cambio ella es encantadoramente irreverente. A Mimí le encanta hablar de su vida, de todo lo que ha sufrido, y por eso su éxito. Me divierte su irreverencia, y a la gente también.
-Dicen que usted tiene uno de los egos más encumbrados de la industria.
-Todos los que trabajamos en el mundo del espectáculo tenemos el ego hipertrofiado. El que diga que no, es un mentiroso. Yo por lo menos lo asumo. Pero los que han trabajado conmigo no pueden decir que soy un egocéntrico. Lo que pasa es que digo lo que pienso, y de manera agresiva. Antes necesitaba que me reconocieran y me valoraran. Ahora quiero que me reconozcan y me valoren, lo que es distinto. Quiero ganar el Oscar, por supuesto, pero no lo necesito para vivir.
-¿Entonces el Dalai Lama es su guía espiritual?
-Desde hace tiempo leo sobre budismo, y descubrí que uno viene al mundo para ser feliz y erradicar el sufrimiento. Soy hombre de fe. Mi vida es una muestra de que los milagros existen.
Proyectos prescindibles
El dato no debe despreciarse: Luis Fernández, sin deslumbrar, aparece desde hace por lo menos tres años con mucha frecuencia en el cine y especialmente en la televisión. No en vano, actuó en unos capítulos de la desdichada Mujer Secreta (RCTV) y Venevisión lo raptó para que protagonizara Calypso. Ahora es RCTV quien vuelve a raptarlo y se lo trae para el proyecto Hay amores que matan. A la constante exposición en la pantalla chica se suma su proyecto de fuga a la quimérica ciudad del cine (Hollywood) y su coprotagonización en la película El Valle, el primer largometraje de Gustavo Balza.
Más allá de su suerte y sus deseos, hay un denominador común en todos estos trabajos: la baja calidad. Todos son proyectos prescindibles que no terminan de dar una idea exacta de los alcances de su talento. ¿Cuándo llegará, si es que llega, esa película, esa telenovela que le den definitivamente a Luis Fernández el carácter de estrella promisoria? Por los momentos, hay que esperar.
Escrito desde Sep 9, 2002, 8:47 AM de la dirección IP 193.153.46.90