Quizá mi condición de apátrida no me deje entender la actitud de cierta gente en mi país. Para ser francos, en mi faceta de DJ (Mezcal, para más señas), prefijo que me costó asumir, me he llevado GRANDES chascos a la hora de presentar mi propuesta.
Todos dicen que un DJ se debe al público; yo concuerdo en cierta forma con esto, pero en Venezuela la gente no esta acostumbrada a los riesgos; es decir: si no entienden lo que escuchan protestan y no tienen la paciencia para asimilar sonidos y atmósferas nuevas.
Todo se reduce a una colección de éxitos y grandes "clásicos" abominables y repetitivos que se bailan una y otra vez.
La figura de DJ no es respetada, es más, somos tratados como mesoneros (sin desmerecer a esta profesión) a los cuales se les piden y se le exigen temas. No hay un respeto por el repertorio de cada quien, lo que se quiere lograr y lo que se quiere que decir a la hora de colocar determinado tema. Si no suena un hit en menos de 10 minutos ya te empiezan a
ver feo. Amigos, ser DJ es más que colocar un tema despues de otro, hay un idioma propio que cada artista (si, artista) expone e interpreta, en código o explicitamente. Aunque no crean, estamos diciendo algo cada vez que ponemos un tema.
Otro tema importante son los honorarios, cada vez que nos piden un precio parece que nos están haciendo un favor, que nuestro trabajo no vale y que sólo lo hacemos por diversión. Esto puede que se deba a la crisis y a la costumbre tan venezolana de regatear por cualquier cosa. El trabajo tiene un valor, cualquiera que este sea.
Sólo en algunos sitios se puede apreciar la buena música, la buena selección y la buena técnica. En Caracas se cree que mientras más nos parezcamos a Miami (en la ropa, en la música y en como bailarla) más cerca estaremos del ideal de discoteca; lamentablemente en el interior se cree lo mismo, pero en vez de querer parecerse a Miami se miran en el espejo de los caraqueños. Una pena.