Robert Alonso: la historia detrás del Ed Wood venezolano
Pastor de avestruces, fabulador y hermano de María Conchita, pocos recuerdan los sucesos que convirtieron a este hombre en el más arriesgado creador de ficciones fantásticas de la televisión nacional. Todo en Domingo entrevistó al protagonista de escándalos y polémicas, al genio del bajo presupuesto que luego fue desechado de la industria por ser peligroso
Caracas, 17 de agosto de 1982
"Señor, Robert Alonso, director de exteriores:
"Al considerar las limitaciones presupuestarias destinadas a la producción de su segmento en el programa Lo Increíble, y al tomar en cuenta el alto riesgo que representa para nuestra planta la grabación de los próximos exteriores, la presidencia de Radio Caracas Televisión quiere hacerle algunas observaciones:
"En primer lugar, estamos al tanto de la verdadera identidad de El Gran Fakir Porteño y de lo incierto de sus poderes sobrenaturales. De igual manera, reprobamos categóricamente este descabellado acto que consiste en clavarle un garfio para reses en la espalda y llevarlo así, colgado de un helicóptero, hasta el lugar donde vive con su familia, en el barrio La Sorpresa de Puerto Cabello. No es aventurado pensar que morirá desangrado, o en el peor de los casos, por el frío. Más aún, a sabiendas de que El Gran Fakir Porteño siempre termina en el hospital al final de cada producción. Lo hacemos a usted total y único responsable de lo que pueda suceder con la vida de este individuo en la grabación de dicho número. Sin nada más a que hacer referencia,
Hernán Pérez Belisario, presidente de Radio Caracas Televisión".
Seguramente, la hipnotizada teleaudiencia de Lo Increíble -programa estelar que batió récord de medición nacional hace 20 años- nunca sospechó la gran cantidad de comunicados, advertencias y reclamos, semejantes a éste, que circulaban por el correo interno del Canal 2. Ni receló la acaudalada familia venezolana pre Viernes Negro, que detrás de aquel espacio conducido magistralmente por el respingado y convincente Eladio Lares se ocultaba la mente desorbitada de un personaje llamado Robert Alonso, que además de fungir como corresponsal de lo inexplicable a lo largo y ancho del territorio nacional, aparecía también acreditado como director de exteriores desde el prehistórico generador de caracteres de José "Pepe" Martín.
No obstante, tiempo después, la revista Kábala lo denominaría el Spielberg latino, para hacer alusión a lo que sin duda ha quedado registrado en la historia como la más digna obra del terror amarillista de bajo presupuesto que haya hecho alguien en la pantalla chica local. Legado que inspiró la cachucha roja de Marieta Santana y la cara de susto de Sergio Novelli.
PROSPECTO DE POLANSKI.
"El Gran Fakir Porteño era una celebridad en Falcón, pero nadie sabía que también se ocupaba de cargar la cámara y la maleta de luces". Mientras habla, la voz de Alonso retumba entre las tupidas montañas de la hacienda Daktari en Gavilán, bucólico y retirado sector fuera de la ciudad que escogió como paraje idóneo para construir -con sus propias manos- la vivienda familiar que lo regresó definitivamente a Venezuela luego de una marea de sucesos tan increíbles como los relatados semana tras semana, en el horario estelar, de aquellos miércoles de 1982. Sin embargo, y contrario a lo que se podría suponer, su turbulenta carrera dentro del espectáculo criollo no es una consecuencia genealógica de ser hermano de María Conchita, sino exactamente lo contrario:
"Yo era novio de Marcia Piazza, que trabajaba en televisión y había sido miss. Gracias a ella, metimos a mi hermana en el Miss Princesita de 1971, que se celebró en Lisboa". Un concurso internacional de menuda importancia, pero que sin duda sirvió de abono para una de las carreras más fértiles que hayan salido de talento alguno radicado en el país. El de Ámbar, después María Conchita.
No obstante, y pese a sus consecuentes incursiones en la composición musical -primero escribió canciones para su hermana y posteriormente catapultó la carrera de La Gata Herminia Martínez, con el hit "Hot Pants"-, Robert hizo maletas para irse a estudiar en la Alta Escuela de Producción de Cine y Televisión de Munich, "lugar en donde, por cierto, había estudiado el cineasta Román Polanski, a quien yo admiraba muchísimo", cuenta.
La producción televisiva se había transformado en una obsesión impostergable, y la posibilidad de hacerle creer al público una realidad "truqueada" -como él mismo dice- se perfilaba como la cristalización de un sueño. Amparado, por supuesto, en la premisa profesional que lo acompaña desde entonces y que no se cansa de explicar: "Se puede hacer mucho con muy pocos recursos, siempre que haya buenas ideas".
Ideas tales como untarle vaselina en los ojos a la estatua de una virgen, y calentarlos con un soplete para que parezca que está llorando; o el aterrador maquillaje de la novia fantasma, elaborado con cenizas de papel periódico, ambas técnicas usadas en segmentos memorables de la televisión criolla, producidos alguna vez por Robert Alonso dentro del espacio de un enlatado originalmente llamado That's Incredible, que Radio Caracas compró como medida desesperada frente a la hegemonía de El Show de Joselo, que ocupaba el primer lugar del rating nacional.
Para la directiva de RCTV resultaba bastante atractivo -y suficientemente sensacionalista- este espacio que mostraba ranas de tres cabezas y toreros paralíticos. "Me llamaron porque habían quedado contentos con unos micros que hice para el programa Fantástico. En ese entonces, estaba viviendo en Miami y produje varios segmentos especiales desde el serpentario de Florida. Me pagaron bien, pero nunca supieron que casi pierdo a mi hijo cuando se cayó por accidente en la laguna de los cocodrilos... ¡menos mal que no se lo comieron!", aclara sonreído.
COMO VAYA VINIENDO.
De esta manera, y armado con un equipo básico que constaba de una cámara Hitachi u-matic ST20 de tercera categoría, una maleta de tres luces y un micrófono de balita, comprado en Radio Shack, Robert Alonso emprendió la más grande travesía de charlatanería "periodística" que se conozca hasta la fecha.
A diferencia de otros programas semejantes, Lo Increíble adaptaba el formato del reportaje periodístico (con concluyentes testimonios, recreaciones y declaraciones de organismos de seguridad del Estado) a la ficción asombrosa y paranormal. Característica que lo convertía en una verdadera extravagancia de la televisión nacional, que a pesar de que había dado un importante paso tecnológico con la reciente llegada del color, se veía seriamente limitada de contenidos frente a las regulaciones impuestas por el gobierno de Luis Herrera, quien, entre otras cláusulas como el antibiótico - el "Gloria al bravo pueblo" cada seis horas- prohibió los espacios relacionados con esoterismos populares.
Así, y a la par de un éxito total de audiencia a solo dos semanas de su estreno, los problemas no tardaron en llegar: "Me pidieron media hora más de producción original para alargar el programa, y entonces empecé a inventar. Por ejemplo, una vez vino un circo a Caracas y el canal le sacó un elefante por intercambio publicitario.
"Grabamos un sketch que contaba la historia de un trapecista ruso que había venido a Venezuela, años atrás, con el circo de Moscú, pero se había enfermado de cáncer, por lo que se estableció aquí con un elefante bebé. Luego, cuando el acróbata se hizo viejito y estaba en silla de ruedas, el elefante -ya adulto- le compraba la comida en un abasto de Altamira". La historia no resultaba tan absurda como su final: el moscovita, que en realidad era un borrachito amigo de un camarógrafo evangélico del canal, se entera de un circo que está de paso por la ciudad, y les regala el elefante.
Ciertamente el programa conmovió a la familia venezolana, pero quizá un poco más de lo que se deseaba: "Resulta que Kathy Phelps era presidente de la Sociedad Protectora de Animales -cuenta- y le exigió a Eladio Lares que le devolviera ese pobre elefante al viejito enfermo que tanto lo necesitaba. Nosotros no sabíamos cómo explicarle que todo era mentira, y luego aquello se convirtió en un 'peo' tremendo".
De cualquier modo, y pagando el alto precio de los escándalos públicos, Radio Caracas Televisión había conseguido el primer lugar de sintonía nacional con unos requerimientos de producción casi ridículos.
"El equipo estaba compuesto básicamente por mí, El Gran Fakir Porteño y el negro Elio Navas que, además, se encargaba de manejar la unidad móvil. Por supuesto que ellos también eran extras y estrellas del programa al mismo tiempo, y ni siquiera exigían que se les pagara". Sin embargo, Robert Alonso, ahora reconocido públicamente como "revelador de lo desconocido", todavía no había llevado a cabo la producción de una historia que afectaría sustancialmente los valores y las emociones del público venezolano.
LA NOVIA FANTASMA.
Poco después de las 8:00 pm de un miércoles del mes de julio de 1982, Eladio Lares advertía desde la señal de Radio Caracas Televisión que el segmento que se iba a transmitir a continuación no era apto para cardíacos. Para la mayoría, un lugar común muy empleado en los medios de comunicación para capturar la atención. Sin embargo, segundos después, se escuchaba el sentido relato de una madre que, sollozante, hablaba de la triste pérdida de su hija en un fatal accidente automovilístico, en la carretera Caracas-La Guaira. Inmediatamente, y luego de un corte, se descubría la aterradora imagen de una mujer cadavérica vestida de novia que -enmarcada en fuego y mirando fijamente a la cámara- decía lamentándose: "Ven a mí", con un extraño efecto de slow motion que le distorsionaba la voz.
"La historia fue tomada del imaginario popular y complementada con una explicación técnica escrita por mí, en donde Eladio hablaba de una supuesta recopilación de material de prensa que refería el caso del fantasma de una novia en pena, que pedía cola a altas horas de la madrugada y luego desaparecía; pero dejaba una flor de crisantemo en la parte de atrás de los carros", explica. "Incluso, buscamos a unos agentes de la PTJ y los pusimos a declarar también". Recuerda lo que fue orquestar cada detalle del enfoque, para dar veracidad a una noticia que parecía más bien un cuento de caminos.
En menos de una hora, el teléfono que repica en la recepción de Radio Caracas, colapsó. Las llamadas desde diferentes puntos del país exigían respuestas sobre la irresponsabilidad de haber transmitido semejante barbaridad en un horario familiar. Miles de niños desde los Andes hasta Margarita lloraban aterrados bajo las sábanas. La impresionante novia fantasma le había quitado el empleo al Coco de todos los tiempos, y nadie sabía por qué.
Aparentemente, el hecho sobrenatural narrado en la historia, la baja producción del segmento, en la que se combinada el uso de técnicas de cine en un formato de video de cuarta categoría, y el empleo de poquísimos recursos en la elaboración de los efectos especiales y el maquillaje -"los dientes se los habíamos pintado con Tipp-ex"-, provocaron un terror colectivo. Incluso, se había planteado no hacer el segmento por considerarlo ingenuo y de escaso impacto. Robert Alonso había llegado al punto más alto de su carrera en la televisión nacional.
"ME CONSIDERO UN FORMA PEO".
Pero la realidad del país había cambiado drásticamente con la llegada del Viernes Negro. Después de un año al aire, el programa Lo Increíble fue cancelado, a pesar de haberse mantenido ileso, tras una buena cantidad de acusaciones que llevaron a Robert Alonso a las primeras planas de la farándula nacional.
"Me fui a trabajar a WAPA TV en Puerto Rico, y al poco tiempo cometí el grave error de volver a Venezuela". Dice de lo que sin duda fue un paso en falso en su hoja de vida.
"Me encontré con un locutor llamado Rafael García Flores que lo habían puesto de animador, junto a su esposa Neyda Plessmann, en el Canal 8, después de que Lusinchi ganó las elecciones. Ellos insistieron en darme trabajo y comencé con un programa que produje para VTV que se llamaba Más Allá de la Comprensión".
A pesar del éxito del espacio de notorio contenido amarillista, considerado como una "revelación esotérica de la televisión venezolana", según el diario Meridiano, las condiciones laborales exigían algunas complicaciones extraoficiales.
"En ese lugar tuve la desgracia de caer en manos de la política, con comisiones y cambures para todo el mundo. Un buen día llegó un subgerente de producción que, a decir verdad, era un adeco gángster, para exigirme que le pagara siete mil bolívares semanales, y no quise".
Al mismo tiempo, los fulanos animadores que le habían ofrecido el trabajo meses atrás, lo estaban demandando por un cheque sin fondos. Lamentablemente, las fauces del poder dejaron al carismático Robert Alonso tras las rejas, sin ni siquiera entender muy bien lo que estaba pasando. El 25 de septiembre de 1984 fue trasladado a la cárcel de El Junquito durante siete días, luego de una demanda por estafa agraviada.
La carrera del llamado "productor increíble" terminó signada por el escándalo y los señalamientos públicos. No obstante, Alonso reconoce a sus 52 años de edad: "Me considero una persona forma 'peo', mi pasión era el periodismo audiovisual y no me arrepiento de nada. Uno quiere buscar lo inalcanzable, lo extraño, lo difícil. Yo no puedo vivir una vida simple".
-¿Qué experiencia le queda de haber trabajado en la televisión venezolana?
-Honestamente, siento que no ha progresado absolutamente nada. Aquí siempre se hacen las cosas a los carajazos, y se siguen haciendo así.
-¿Y no le han ofrecido trabajar en nuevas producciones durante estos años?
-Sí. De hecho, el 10 de abril me llamaron para colaborar con el programa Archivos del Más Allá, pero después de lo que pasó en el país no me han vuelto a llamar.
-¿Qué piensa del ejercicio del periodismo?
-Que todo buen periodista debe mentir.
-¿Está seguro? ¿Y nunca lo tacharon de embaucador? ¿De farsante?
-No, por el contrario, me daban premios y me rendían homenaje -remata, completamente satisfecho mientras su voz se pierde entre el canto frenético de las guacamayas y el atardecer.
El hombre del escándalo
o En 1981, gracias a un fotomontaje hecho por Robert Alonso en el que, aparentemente, todos los hogares de Caracas apagaban las luces en señal de solidaridad por el conflicto de la Guerra de Las Malvinas, el embajador de Argentina en Venezuela, sobresaltado de tanta emoción, sufrió un ataque cardíaco en vivo y directo sobre el escenario del maratónico sabatino fantástico, que conducía Guillermo González.
o Antes de Lo Increíble, Alonso se desempeñó como asistente de producción para la cadena norteamericana CBS/Columbia, y participó en varias temporadas del legendario programa 60 Minutos, conducido por Mike Wallace.
o Como productor independiente de TV, cubrió la guerra de Centroamérica para la cadena de noticias Spanish International Network. Entrevistó al dictador Anastasio Somoza horas antes de su caída.
o A pesar de haber trabajado siempre detrás de las cámaras, en 1982, la revista Ronda lo bautizó como el "bombonzón" de la televisión venezolana.
o En octubre de 1984, mientras permanecía en la cárcel de El Junquito, organizó un concierto de su hermana (María Conchita) para entretener a los presos. El musical acaparó la audiencia nacional desde la señal de Venevisión.
o Fue el primer venezolano en montar una finca para la cría de avestruces.
o Es dueño de la editorial Daktari y ha publicado varios libros: Los generales de Castro, 1985, y Los evangélicos, 1998, entre otros.
o Con más de cinco años dedicado a la fuente "paranormal", Alonso reconoce que jamás se topó con un fenómeno auténtico. "Todo es truqueado", repite sin cesar.
Escrito por: ERIC COLON ecolomol@hotmail.com
Para: Todo en Domingo.