Flecos del pasado – Cap. 11
Descendió con rapidez a través de cada uno de los peldaños de la escalinata de inmaculado y nacarado mármol que la conducía al amplio vestíbulo con la plena disposición de comenzar a disfrutar la inesperada tarde de ocio que se presentaba. El hecho de haberle sido asignado una habitación de invitados provocaba que deambulara por la casa como un habitante más. No obstante se trataba de un habitante más que no dejaba de ser una simple asalariada y tal condición provocaba que las distancias se mantuviesen con respecto a los dueños de la casa. Así era y así deseaba que fuese. Por eso había rehusado la invitación de sentarse a la mesa con ellos a pesar de la insistencia de don Mario y el deseo de los niños que, en multitud de ocasiones, la habían acompañado en la cocina, disfrutando de una distendida cena. Ahora, estaba allí, como si fuese una ladrona, intentando escabullirse, tratando de evitar algún incómodo encuentro que pudiese provocar algún tipo de malestar. Con agilidad había llegado a la entrada principal y, por escasos segundos, casi se topa con ella cara a cara. Dio gracias a Dios de que eso no hubiese ocurrido. Tenía que reconocer que se sentía, un tanto, empequeñecida, bueno…quizás esa no se trataba de la definición exacta, pero si, ciertamente, un poco cohibida ante la sofisticación de la mujer totalmente lejana a su manera de ser. No es que ella llegara a menospreciarse con respecto a la imagen de aquella muchacha pero lo cierto era que aparentaba ser una mujer de mundo y ella…ella… ¡para que negarlo!…ella había salido de casualidad de su pequeño y cerrado rincón dentro de aquel todo…aquel que era su diminuto mundo, tan maravilloso como, en ocasiones, cruel. Alicia ya se encontraba con el pomo entre sus dedos cuando la silueta femenina se perfiló y comenzó a subir las escaleras. Ni siquiera pudo llegar a percatarse de su presencia mientras que ella en una rápida y fugaz visual comparativa, percibió que, en efecto, ambas eran el claro exponente de la desigualdad…realmente, eran como el día y la noche. La curioseó con apremiante rapidez y luego se observó a si misma. Su vestido de alta costura coordinado a la perfección con zapatos de tacón alto contrastaba, poderosamente, con su parco y espontáneo aspecto. A pesar de contar, aproximadamente, con la misma edad, la tal Silvia parecía toda una gran dama de alta sociedad mientras que ella con su pantalón bajo la rodilla, su camiseta de tirantes, sus sandalias rastras, el sombrero de paja que su mano sujetaba y la cola de caballo con la que liberaba su rostro del martirio del calor, parecía una niña. Sí…eran muy discordantes, totalmente dispares…sobre todo físicamente… la otra tan sugerente y atractiva y ella tan sencilla, tan… ¿vulgar?
No pudo evitar el esbozo de una tímida sonrisa en su rostro pensando que su mente no mascaba más que tonterías, que aquello que se asomaba a su cabeza no se trataban más que de absurdas niñerías…sacando como conclusión que lo que tenía que hacer era poner los pies en el suelo…sí…pisar firme y dejarse de ridículas divagaciones que no tenían ni el mínimo sentido. Bajaría al pueblo, telefonearía a España, hablaría con su Clara querida, pasearía y, si cabe, se permitiría algún que otro caprichillo puesto que ya había cobrado su primer sueldo. Y, ya, en plena acción, cuando ya estaba en disposición de abandonar la casa una cariñosa voz la interrumpió.
-¿Vas a pasear…muchacha?- la voz de don Mario la hizo volverse hacia él.
-Sí…parece ser que los niños saldrán a navegar con su hijo.
-Lo sé…lo sé…me lo han contado. Deseaban que fueras con ellos y Julián estaba fuera de sí con una rabieta increíble.
-¿En serio? Si supieran el pánico que le tengo yo al mar…
-¿De veras? La verdad es que ese temor a mí me resulta extraño porque yo lo adoro y mi hijo es igual que yo. Esta pasión la hemos heredado de mi padre. Por el contrario…mi hermano Noel siempre escapaba de él. Lo suyo siempre fueron los libros. Así es que se ha convertido en un renombrado y reconocido científico en Estados Unidos.
-¡Ah!...no sabía.
-Es el intelectual de la familia. El que se parece más a mamá… incluso mucho más que su propia hija.
-¿Tiene más hermanos?
-No…solo Noel y Catalina. Ella vive en Londres. Durante la segunda Guerra Mundial tuvo el capricho de marchar a Europa como enfermera voluntaria.-sonrió- Siempre fue la rebelde de la familia, el diablillo ojito derecho de mi padre. Es como era él, un alma libre, pura y ajena a perjuicios sociales. Mis padres sufrieron un gran disgusto cuando tomó esa decisión pero no les quedó otra que aceptarla y respetarla. Después de deambular por gran parte de Europa y ya finalizada la guerra se casó con un oficial inglés y allá se nos quedó. En vida de mis padres nos visitaba con asiduidad pero hace años que no nos vemos. Ahora que tiene nietos se resiste a dejarlos ni un instante, por nada del mundo aunque, la verdad es que disfrutamos de muchas, largas y distendidas charlas telefónicas. Es igual que papá…pasional, espontánea, terca…idéntica a él. Y yo…yo soy algo raro… yo soy una mezcla de ambos. ¿Tú tienes familia?
-No, no la tengo. Mi padre murió siendo yo muy pequeña. Fui criada por mis abuelos y mi madre hasta que, con dieciséis años, me quedé sola.
-¿No tienes tíos o primos?
-Sé que algún pariente lejano de mi padre vive en Argentina pero no se nada de ellos.
-Hay que tener mucho valor para enfrentarse sola a la vida.
-No se crea. Hasta que una persona se ve con la necesidad hasta el cuello no sabe el valor que se puede esconder en su interior. Pero aquí estoy…a duras penas he intentado sobrellevar las dificultades y tengo que reconocer que la mayor ha sido lograr finalizar mis estudios. En España todavía las mujeres son arrinconadas al cuidado del hogar y pocas son las que tienen el privilegio de acceder a estudios superiores. Solo lo poseen las pertenecientes a clases sociales con un importante nivel económico y yo…claro está no pertenecía a ese grupo. Con la ayuda de becas estatales y trabajando, en lo que buenamente podía, pude lograrlo, consiguiendo, por lo menos, un medio de vida.
-Sigo diciendo que eres muy valiente, otra en su lugar se habría amilanado
-No sé si valiente o no pero sepa creo que he dejado muchas cosas en el camino…amigos, juventud…la diversión propia de esa etapa. Muchos años viví bajo el abrigo de la soledad y, créame…a veces…resulta difícil convivir con ella, sobre todo, si viene impuesta. Creo que de ahí viene mi carácter reservado, poco habituada al trato en social.
-No tienes nada que envidiar a nadie salvo sentirte orgullosa de ti misma y de tus logros. Algún día tus hijos estarán muy orgullosos de ti.
- ¿Hijos?-suspiró alzando la mirada- Una familia…Sí…a veces la añoro aunque se me hace difícil el creer que se pueda añorar algo que está tan perdido en el pasado. Quizás algún día…quizás…jamás.
-No digas eso… Eres bonita, dulce…cualquier hombre estaría encantado de tenerte por esposa.
Sonrió.
-Seguro…seguro que en algún lugar del mundo existe esa persona pero…yo no la busco. Si existe, si realmente existe, será el destino el que le ponga en mi camino-un pequeño silencio paralizó y dio por terminada la conversación- Le dejo…mi vida no es especialmente…divertida y no quiero hacerle caer en el aburrimiento.
-Todo lo contrario, hija. Ha sido un verdadero placer charlar contigo…un verdadero placer.
-Llegaré temprano para ocuparme de los niños cuando regresen.
-No te apures…se puede ocupar Elvira.
-Ya lo sé pero me gusta hacerlo.
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Mientras sus pasos se alejaban hacia la reja que daba acceso al exterior de la mansión Juan se acercaba, con sigilo, hacia su padre mientras la estela azul de sus ojos seguían la figura de la mujer que, poco a poco, se fue difuminando en la distancia.
-¿Se marcha?
-Tiene la tarde libre…Juan…-hizo una pausa- Me gusta…Es una buena chica.
-Sí…todas lo son-afirmó con una más que notoria ironía.
-¿Cuándo vas a quitarte ese resentimiento?
-No es resentimiento…simplemente precaución.
-Hijo…debes abrirte…debes de alejar de ti esa desconfianza. Estoy seguro que hay en el mundo mujeres buenas, dispuestas a quererte y a ser queridas también…quizás estén escondidas…quizás no las puedas ver…quizás no puedas encontrarlas porque quizás… es que no quieres buscarlas. Juan…mírame… yo encontré a tu madre y tú conociste a tu abuela…
-Sabes que como ella no hay ni habrá ninguna otra-interrumpió tajantemente.
-Lo se, lo se…pero no puedes pasarte toda la vida idolatrándola. Existe un mundo tras su imagen, tras su memoria…Ella no desearía que la mirases con esos ojos solo abiertos a ella y su recuerdo y ciegos ante la propia vida, unos ojos que no quieren ver más allá de lo que ella representa. Yo adoraba a mi madre, eso no lo dudes, por eso puede llegar a comprenderte pero… lo que no puedo admitir es que condiciones, perpetuamente, tu vida por algo que se ha quedado atrás.
-Tú sabes mejor que mi vida se ve condicionada por más cosas que eso.
-Sí… ¡claro que lo sé! Un peso demasiado duro sobre tus espaldas, un peso irremediablemente impuesto por la vida pero también…reconócelo…por ti mismo. Tu mayor culpa es ese permanente encierro dentro de ese sentimiento que te corroe, que te empuja a vivir una vida de la que no eres merecedor y que te impide a abrirte a la tuya propia
-Puede que no me interese hacerlo…además…sabes cual es mi situación.
-Es así…porque tú quieres.
-¡¡Maldita sea!! ¿¿Y qué puedo hacer?? ¡¡Dime!! Es lo que me queda….
-Todo podía cambiar si….
-¡No quiero seguir con ese tema! Lo hemos hablado en muchas ocasiones. ¡No puedo cambiar! …¡no quiero cambiar de actitud!
-Me duele…hijo…me duele tanto verte así, ver como…
-Lo sé papá, lo sé, pero…entiéndeme…no lo puedo evitar. Ponte, por un momento, en mi lugar. Es…como una enfermedad, algo que va más allá de mi propia voluntad. Comprendo tu dolor, tu preocupación…solo pudo pedirte disculpas por toda esa inquietud que te provoco pero…te pido un poco de paciencia, un poco más…
-Lo que tu quieras…Juan…pídeme lo que quieras.
-Papá…sabes que no sé como agradecerte el que estés ahí, todo tu apoyo, tu incondicional ayuda, tu amor de padre, de amigo…Sé que no debería implicarte pero…te necesito.
-¿Cómo me puedes decir eso? ¿Cómo no voy a implicarme si todo lo que tengo, todo lo que amo está en juego? ¿Cómo no voy a hacerlo a pesar de que, por momentos, creo que todo esto se va a derrumbar de un momento a otro y caerá sobre nosotros?
-Lucharemos contra ello mientras nuestras fuerzas nos lo permitan…no permitiremos que esta bola gigante se engrandezca y no podamos ver el sol. Mientras exista un halo de esperanza lucharemos aunque ello suponga el hecho de sacrificar…
-…tu vida…Juan…tu vida.
-Mi vida o lo que haga falta.
-Una vez te fallé…os fallé a tu hermano y a ti.
-No digas eso…jamás digas eso.
-Sí…Juan…os fallé a los dos y también a tu madre y ahora…ahora no lo haré…sabes que no lo haré.
-Lo sé…lo sé…
Y abrazó al hombre, con dulzura, con cariño…con inmensa e infinita ternura.
-Voy a cambiarme ya que, enseguida, bajarán los niños.
-Y… Silvia.
-También.
-¿Cómo están las cosas con respecto a ella?
-Igual…No sé que decir, ni que pensar, ni…mucho menos que sentir con respecto a ella. Solo quiero tenerla cuanto más cerca mejor. No quiero que se me escape ni un solo segundo de mi vista.
-Ella te busca.
-Lo sé…pro no me fío de sus buenas intenciones.
-¿Y tú?
-¿Yo…qué? No se a que te refieres.
-¿Adonde estás dispuesto a llegar?
-A todo…adonde haga falta llegar con tal que no cumpla su objetivo.
-¿Incluso a…casarte?
-Incluso a casarte…sí…incluso a casarme.
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Había paseado, recorrido alguna que otra tienda y, así había transcurrido la mayor parte de la tarde mientras trataba de poner freno a sus intempestivos pensamientos alejando de su mente a los niños, a la mujer y…sobre todo, a Juan.
-¡¡Al fin te he encontrado!! Me habían comentado que te vieran y llevo deambulando por el pueblo en tu busca desde hace casi dos horas.
Ella le lanzó una mirada interrogante, confusa y hasta se puede decir que una mueca de disgusto se dibujó en su rostro. No podía dejar de sentirse molesta ante la interrupción inoportuna de aquel hombre, aquel que había importunado su apacible momento mientras permitía que las cristalinas aguas masajeasen sus pequeños pies con sus cálidas caricias,… allí, en los angostos peñascos que delimitaban el final del puerto pesquero. No podía determinar el tiempo, los minutos, quizás horas que llevaba entregada al deleite, a la belleza que le regalaba el paisaje, aquel cielo celeste que, paulatinamente, tornaba su tonalidad hacia la de fuego…aquella que le regalaba el gran astro mientras iniciaba su lenta retirada hacia el horizonte.
-¿Qué es eso tan urgente, señor Montiel como para buscarme tan desesperadamente?
-Quería hablar contigo.
-Usted dirá.
-Después de habernos tratado ya en varias ocasiones creo que podrías tutearme. Somos jóvenes, mantenemos una relación de cordial amistad. Me parece absurdo que me trates con tanto formulismo. No mantenemos una relación laboral y pertenecemos a una misma generación que no nos obliga a un trato tan respetuoso. Alicia…no tiene razón de ser. Creo que resultaría más cómodo para ambos.-sugirió con el tono suave de voz que lo hacía tan sugestivo.
Retornaba el Bruno Montiel cariñoso, afable y cordial que ella había conocido. Volvía a recuperar en su rostro las suaves facciones que su cara aniñada había mostrado en aquella ocasión cuando le había visto por primera vez. Aquel aire tan encantador que suponía capaz de encandilar a cualquier mujer que gustase ser adulada. Se sintió un poco ridícula, hasta remilgada y le parecieron hasta, en cierto modo razonables, sus palabras. Decidió dar ese paso de encubierta confianza aunque conservando la cautela con respecto a las intenciones de Bruno Montiel.
-De acuerdo…Bruno.
El sonrió abiertamente, mostrando su dentadura bien formada, tan blanca y perfecta como la más fina de las porcelanas
-Eso está mejor, me gusta mucho más- dijo tomando asiento en la roca contigua a la suya.- ¿Cómo has estado?
-Bien…
-Estás muy hermosa. El sol de San Pedro te ha sentado fenomenal provocando que ese color tostado que luce tu piel acentué más si cabe la belleza de tus ojos.
-Eres muy amable.
-No se trata de amabilidad. Serías una ingenua si no te percataras que desde el primer momento no me has sido del todo indiferente.
Ella carraspeó tímidamente. ¿Y ahora qué le decía? ¿Qué sentía atracción por ella? Lo que menos podía imaginar era que Bruno Montiel tan atractivo, tan seductor…se sintiese atraído por ella. No se lo creía y no porque sintiese inseguridad en aquellos momentos que, cierto era, no la sentía pero… no se fiaba. Ante si…aquellos ojos, aquella mirada…no…no la encontraba nítida, honesta…no, realmente…dudaba.
-¿Por qué me miras de ese modo? ¿Acaso no crees en mis palabras?-pero sin esperar respuesta lanzó el dardo a la diana--¿Sigues trabajando para los Alcázar?
-¿Por qué no iba a hacerlo? ¿Acaso porque te incomoda?
-Permíteme que me disculpe por mi descortés comportamiento la otra tarde. Quizás he sido demasiado brusco contigo, quizás pensaras que soy un perturbado pero…Alicia…me preocupé… de veras me preocupé por ti ¿puedes entenderlo?
-No llego a comprender ese afán tuyo de protección hacia mí.
-Quizás es que me importas más de lo que imaginas.
-Creo que fui lo suficientemente clara cuando dije que soy capaz de velar por mi seguridad. Además no veo el peligro en el hecho de trabajar como profesora de dos niños.
-No me refiero a los niños cuando hablo de peligro.
-Entonces… ¿a qué?
-Me refiero a él.
Un silencio.
-Mira…Bruno… no quiero ser bala de cañón de ninguna guerra. No sé cual es el motivo de sus rencillas, pero sea el que sea está al margen de mi presencia y de mi misma
La cálida brisa se tornó gélida por momentos y una grisácea niebla cubrió sus ojos mientras las palabras emanaban de los labios de Bruno, suaves y amables pero que a ella se le antojaba que no se trataban más que el recubrimiento de lanzas candentes contra la figura de Juan Alcázar.
-Se que no me creerías si yo te lo contara. Dudarías de mis palabras porque llegarías a pensar que mis apreciaciones se deben al odio que ambos nos profesamos pero una cosa te diré… Juan Alcázar es peligroso e imprevisible. No querría que comprobaras en tus propias carnes adonde es capaz de llegar…sobre todo en ciertas noches.
-No entiendo que siendo tan peligroso como apuntas solo hayas sido tú quien me ha advertido de tal peligro.
-El es un loco, un poseído al que todo el mundo teme ya que el que más o el que menos depende económicamente de él. Cualquier persona tiene hermanos, padres, maridos…que trabajan en alguna de sus empresas, en la conservera o en la hacienda.
¡Dios mío! ¿Qué era lo que, exactamente, insinuaba? ¡No podía ser cierto! ¡No!...rotundamente… ¡no! No le creía…no quería creer en sus palabras….no podía ser verdad…aquel hombre de ojos como el cielo no se asemejaba a un loco a pesar de lo complejo y volátil que podía llegar a ser su carácter. No…a pesar de todo ella podía intuir en sus pupilas una mirada transparente, limpia, noble…quizás, en ciertos momentos, aturdida…atormentada… y en otros, cínica y sarcástica llegando a ser hiriente pero…siempre limpia.
Mientras un hondo suspiro se escapó descarado de su pecho trataba de recomponerse, no debía mostrarse vulnerable…y es que no lo era con respecto a lo que debía tener en consideración, lo que creía ser la verdad o, simplemente, afilados puñales buscando el frío objetivo de calmar lo que parecía sed de venganza, buscando provocar dolor.
No…no lo creía…porque surgía dentro de si una inusitada fe que le dictaba su corazón…porque nunca había sentido temor en su presencia…porque había visto amor en sus ojos con la compañía de los niños y porque…porque…una parte de si misma la instaba a sentir confianza en aquel hombre. No obstante y, a pesar de todo, no podía evitar que el desasosiego se apoderase por momentos de ella. Suponía que esas eran las pretensiones de Bruno para conseguir sus fines…unos fines que todavía no tenía delimitados…unos fines que vagaban por las nieblas del rencor…unos fines que no alcanzaba a comprender.
-Estoy confusa, terriblemente confusa. Hace escasamente un mes era una chica con una vida vulgar, donde la nota predominante era la normalidad ¡bendita normalidad tantas veces maldecida! Ahora me encuentro en un país extraño abrumada por ti…por tu afán de alejarme de Juan Alcázar…por tu insistente presión…confundida por estar en medio de una guerra sin cuartel, de la que nada tengo que ver pero en la que estoy involucrada sintiéndome la excusa perfecta, un objetivo a batir en otra pequeña batalla entre ustedes, en otra batalla…esa batalla perteneciente a una guerra que no comprendo y que ya no se si quiero comprender.
-¿Por qué me atacas directamente? No me digas que él no te ha hablado de mí…que no me ha injuriado.
Se hizo un silencio, un silencio que intentaba encubrir una realidad pero que no hacía más que hacerla más evidente.
-¡Claro que sí! ¡Por supuesto que sí! Estoy seguro que le corroe las entrañas que su empleada trabe conversación conmigo.
-¿¿Es por eso por lo que me buscas?? ¿¿Por hacerle daño?? ¿¿Por hurgar en la llaga??...¿Es así como funcionáis, como os comportáis? No entendéis de cordura ¿verdad? Ni de términos medios…todo o es blanco o negro ¿no? O es de uno o del otro ¿no es cierto? Posesión…posesión…no importa si con eso hacéis daño o pones al mundo entre la espalda y la pared. Creo que os voy conociendo…poco a poco… Utilizáis a las personas a vuestro antojo sin tener en cuenta sus sentimientos, solo por el mero hecho de dañaros el uno al otro. Es así… por ambición….puro odio…se sanguinario rencor del que parecéis alimentaros y que simula daros la vida.
-No es nada de eso…no te busco por esto y tú lo sabes. Me gustas, me gustaste desde el primer momento que te vi. ¡Eres tan diferente a las chicas que conozco …! Y eso te da un atractivo especial. Me gustaría tener la oportunidad de demostrártelo y viviendo en la mansión Alcázar no lo conseguiré.
-¿Es por eso por lo que me dices todo eso de Juan…para que me asuste y huya?
-No…Alicia…no…Todo lo que digo es la verdad. Independientemente de la rabia que puedo sentir hacia su persona no puedo callar que ese hombre está loco. Alicia… ¡sal de esa casa!...te daré un buen empleo, mejor que ese…te alojaré en mi casa.
-¡Bruno!… ¿¿Por quien me tomas?? Es como si me sintiese comprada…Además...he hecho una promesa. Juan Alcázar, por circunstancias de la vida o caprichos del destino me ofreció su ayuda cuando me encontraba perdida y sin encontrar la salida en un pozo donde había caído. Ahora yo no lo puedo dejar plantado. Debo cumplir mi palabra. Soy pobre…honrada y tengo…palabra.
-Espero no te arrepientas pero si Juan Alcázar sale, extraña e inesperadamente, de noche, asegúrate que la puerta de tu habitación se encuentre bien cerrada.
Alicia no pudo reprimir un escalofrío…lo que ignoraba era que aquella noche estaba más cerca de lo esperado, que sería una noche plagada de sorpresas, de acontecimientos inesperados que la iban a poner al borde de una auténtica caída. Una noche que cambiaría definitivamente, el rumbo de su vida.
Posted on Sep 2, 2005, 3:35 PM
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