| Continuación del mesón de San Diego. Capítulo 10.July 10 2008 at 4:27 AM | Cata | |
| Hola chicas:
Éste es el penúltimo capítulo de esta historia. El último lo escribiremos a medias entre Regina y yo y lo colgaremos próximamente.
Os quiero agradecer la acogida tan entusiasta que habéis dado a esta historia y vuestros cálidos mensajes de apoyo.
¡Nos vemos después del verano!
Besos
Cata.
PD/Por más que nos quieras comer el coco, no hay caída por el ascensor de Marcela, Ana. Je, je, je… ¡¡Te ha dado fuerte con la escenita, guapa!!
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Del capítulo anterior…
A: ¿No lo has entendido?, siempre me sentí culpable por mentirte, pero confié en poder salir adelante, mira quiero que veas y analices estas proyecciones, que las consultes si lo deseas con los abogados, solo te estoy pidiendo un poco de tiempo papá,- rogó- no te pido que restablezcas tu confianza en mí, sé que eso es muy difícil, yo te falle a pesar que tú me lo advertiste, pero… pero aún así, si lo miras con detenimiento, verás que todo lo que te propongo es factible y nos llevará a nivel de endeudamiento cero, que es un mejor estado del que yo recibí la empresa.
DR: Pero no habrás cumplido tus metas. –Afirmo- ¿Que pasará con la presidencia?
A:- Apenado pero seguro de sus convicciones.- Lo que tú digas, papá.
DR: Lo que yo diga!!!. ¿Tú eres conciente que si hago lo que debo, tú y tu futura esposa podrían ir a la cárcel?
A:- Exaltándose- A ella no la metas en esto, ella sólo obedecía órdenes mías, ella no es responsable de nada,-calmándose- además no es así papá, no fue ético en tal caso, pero sí es legal, por eso te estoy pidiendo un tiempo, sólo un tiempo más, yo… yo sé que no merezco tu confianza… pero habla con el Dr. Santamaría, dame ese mes y todo lo demás estará solucionado, por favor papá.
DR: No sé. Armando, no sé…
A: Escucha, Catalina Ángel y Don Hermes están dispuestos a colaborar, ella porque es una amiga de toda la vida y mi futuro suegro, porque quiere el bienestar y la felicidad de su hija y su nieto… no podrás hacer tú lo mismo, papá… una vez más podrás confiar en mí?
Continuará....
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CAPITULO 10. ¿Beatriz? ¿Qué Beatriz?
Don Roberto: Tres meses, Armando. Te doy tres meses para que soluciones todo este enredo en el que has metido a la empresa… Si dentro de tres meses la empresa no está en las mismas condiciones en que te la entregué, hablo con Daniel y le pido que se haga cargo de la presidencia.
Las palabras de don Roberto habían sonado a ultimátum, y de hecho lo eran. Armando tragó saliva, preocupado, e intentó protestar.
Armando: Pero papá…
Don Roberto: Ponte a trabajar… -cortó secamente- Aunque no lo creas te estoy dando un voto de confianza… Creo que lo vas a conseguir… -y antes de salir de la estancia y dar por finalizada la conversación, añade- Si Daniel quiere vender, yo estoy dispuesto a comprar la cuarta parte de sus acciones… -Y casi más para sí mismo que para Armando- Quiero poder regalarle a mis nietos…
Armando se ha quedado de piedra. En un principio creyó que su papá le daba la espalda, pero todo lo contrario, no sólo le daba tiempo para sacar adelante la empresa, sino que estaba dispuesto a aportar capital propio para comprar parte de las acciones de Daniel… A pesar de que sabía que se avecinaban tiempos difíciles, no puede evitar sonreír. Se acababa de dar cuenta de que podía contar con él. Lo que lamentaba era no haber confiado antes… no haberle pedido consejo… Pero había aprendido la lección. En pocos meses había madurado, había crecido y buena parte de eso se lo debía a Betty… A su Betty… Volvió a sonreír al recordar a esa mujer con la que iba a compartir su vida. Cada vez la quería más, y soñaba con el día en el que pudiera llamarla su esposa…
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Mientras su esposo hablaba con Armando, Margarita se dirigía a Ecomoda para recoger a Marcela. La había llamado por teléfono para invitarla a ir de compras con la intención de animarla un poco. Ella también estaba muy disgustada con lo que su hijo le había hecho a la mayor de los Valencia, ¡dejarla botada, después de un compromiso de cuatro años, por esa aparecida de su asistente! Por más vueltas que le daba, no podía entender cómo Armando se había enamorado de esa muchacha tan horrorosa.
“No está enamorado,” –se dijo a sí misma con convicción- “sólo encaprichado. En cuanto se le pase, recapacitará y volverá con Marcela. Estoy segura. ¿Pero, qué va a ser del niño? Yo entiendo que él quiera reconocerlo si es el papá… y aunque no me puedo hacer a la idea también será mi nieto… o mi nieta…”
La entrada de Marcela en el carro interrumpió sus pensamientos. Estaba ojerosa y pálida. Entre la gripa que había pasado y el disgusto que le había dado Armando, no había modo de que pudiese ocultar el mal aspecto de su rostro. Ni el maquillaje lo disimulaba. Margarita nunca la había visto tan demacrada. Después de darle un beso en la mejilla, le preguntó:
Margarita: Mi amor, ¿cómo estás?
Marcela: Mal, Margarita. Mal. Aún no me lo puedo creer.
Margarita: Yo entiendo, hija… A mí también me parece algo increíble… Y por ESA mujer… -añadió despectivamente.
Marcela: -Poniendo una expresión de perplejidad en su rostro- ¿Tú… tú la conoces?
Margarita Sáenz de Mendoza miró sorprendida a la que durante muchos años creyó que sería su nuera. ¿Es que acaso ella no sabía quién era la mujer por la que Armando la había “abandonado”?
Margarita: ¡Claro que la conozco! ¡Y tú también!
Marcela: ¿Yo? No lo sé… Él no me dijo quién era ella…
Margarita: Es Beatriz…
Marcela: ¿Beatriz? –preguntó con extrañeza- ¿Qué Beatriz? No conozco a ninguna Beatriz, sólo a la hija menor de los Iñiguez, pero es muy joven y además bastante feúcha… -dijo arrugando la nariz en un gesto que denotaba su desprecio.
Margarita suspiró y miró a Marcela. Era evidente que no sabía de quién se trataba. Pues se iba a llevar una sorpresa desagradable. Debe de ser muy humillante que te abandonen por una mujer tan horrible.
Margarita: ¿Crees que es feúcha la hija de los Iñiguez? Pues yo diría que es Miss Universo, comparada con la Beatriz esa que tiene embobado a Armando.
Marcela: ¿No es bella? –pregunta sorprendida.
Margarita: Pero si tú la conoces, Marcela… Es la asistente de Armando, Beatriz Pinzón…
Marcela se ha quedado lívida. No se lo puede creer. Esto es una broma. Armando le ha dicho eso en complicidad con la estúpida de su asistente para tener una excusa para romper el compromiso, pero no es posible que la haya dejado por ese “garfio”. De repente sonríe esperanzada. Si no hay otra mujer y es sólo una excusa, ella puede convencer a Armando de nuevo… seducirlo… sí, eso va a hacer…
Está a punto de contarle a Margarita sus planes, pero cambia de idea. No sea que se le escape algo y ella quiere sorprenderlo… Armando volverá a ser suyo… De eso está segura… Ella sabe lo que le gusta… Ella sabe cómo hacerle gozar…
Para sorpresa de la mamá de Armando, a partir de ese momento, Marcela pareció olvidarse de sus preocupaciones y pasaron toda la mañana riendo y conversando animadamente. Margarita estaba muy asombrada. No se podía creer que Marcela aceptara con tanta facilidad la ruptura del compromiso y sobre todo, ser rechazada por una mujer tan… fea.
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Lo primero que hizo Armando cuando llegó a Ecomoda fue llamar a Betty. Después de saludarla, le dio la buena noticia.
Armando: Mi amor, mi papá nos va a colaborar.
Betty: ¿Cómo así, Armando?
Armando: Dizque si Daniel quiere vender las acciones él está dispuesto a comprar un 25%... Si tu papá también compra una parte y Catalina Ángel otra… yo mismo podría comprar las restantes… Si le damos el dinero a Daniel no creo que le importe que el “papeleo” demore unas semanas…
Betty: ¿Unas semanas? ¿Tú crees que todos los problemas de la empresa se van a solucionar en sólo unas semanas? –pregunta incrédula.
Armando: No todos, mi amor, no todos, pero estamos llegando a una situación en la que será posible levantar el embargo de Terramoda… Hemos empezado a pagar a algunos proveedores… Vamos camino del endeudamiento cero… ¿Hablaste con Nicolás? Ha estado haciendo unas operaciones en bolsa a mi nombre… Ese amigo tuyo es un genio… no sé cómo lo ha conseguido, pero ha cuadriplicado el capital en tan sólo unos días… Con ese dinero podemos pagar muchas deudas…
Betty: -Suspirando aliviada ante tantas buenas noticias- Ahora sí creo que vamos a salir de ésta, doctor…
Armando: ¿Doctor? ¿Ayer en mi apartamento era sólo “Armando”? ¿No se acuerda, “doctora”?
El tono entre humorístico y seductor que utilizó Armando la hizo sonrojar a pesar de estar sola.
Betty: ¡Ay, Armando! ¡No me diga eso que me da mucha vergüenza!
Armando: ¿Vergüenza? ¿Por qué, mi amor? ¿Acaso no le gustó? –Pregunta provocativo.
Betty está tan turbada que cambia de tema rápidamente. En el fondo le encanta que él le diga esas cosas, pero al mismo tiempo le da mucha vergüenza.
Betty: ¿Cómo… cómo convenció a mi papá? ¿Sabe que no hace más que decir cosas buenas de usted? Esta mañana le hablaba a mi mamá de “su futuro yerno” bien orgulloso…
Armando: -Sonriendo y utilizando un tono enigmático- Uno tiene sus métodos…
Betty: ¿Sabe… sabe lo del embarazo? –pregunta preocupada.
Armando: ¡NOOOOO! – Bajando la voz- Eso todavía no… Y tampoco sabe que nos casaremos en dos semanas…
Betty no puede creer lo que está escuchando. No es posible que se casen en dos semanas, además su papá se va a subir por las paredes. Ella escuchó que le decía a su mamá que deberían tener un noviazgo “corto”, de al menos dos años. Cuando supiera que se casaban en dos semanas, iba a sospechar el motivo, y entonces los “mataba” a los dos.
Betty: ¿En dos semanas? ¿Usted se volvió loco?
Armando: Sí, mi amor, me volví loco por ti… ¿Acaso no te lo había dicho?
A pesar de su preocupación, Betty se siente feliz al oírlo. No obstante no puede evitar sonrojarse.
Betty: No juegue, doctor… No nos podemos casar en dos semanas… Eso es imposible… El papeleo…
Armando: No se preocupe del papeleo. Ya he contratado a la mejor relacionista pública de Bogotá para que se ocupe de todo… Catalina Ángel se pondrá se contacto contigo, mi amor… Ya verás como podemos tenerlo todo a punto en dos semanas. –Hace una pausa y añade- Betty… yo quería llevarte a una gira por Europa de luna de miel… pero tendremos que posponerlo durante unos meses… no podemos ausentarnos tanto tiempo en estos momentos... Lo siento, mi amor… Nos tendremos que conformar con pasar unos días en Cartagena. ¿Te provoca?
¿Que si le provocaba? Ese hombre maravilloso al que amaba más que a nada ni a nadie en el mundo, se estaba excusando porque no podía llevarla de viaje a Europa “de momento” y le proponía pasar la luna de miel en Cartagena, ¿y le preguntaba si le provocaba? Suspiró ostensiblemente. Estaba tan emocionada que lo único que fue capaz de decir fue:
Betty: No conozco Cartagena…
Armando se quedó desconcertado unos segundos. No se esperaba una respuesta tan escueta. Quizás es que a ella no le gustaba la idea de ir a Cartagena, sobre todo comparada con la perspectiva de un viaje por Europa.
Armando: Mi amor, de verdad que lo siento… No sabes lo que me gustaría escaparme contigo a Europa durante un mes… pero tú sabes que ahora no podemos… De todos modos queda pendiente ese viaje… en cuanto podamos nos escapamos… Pero ya verás que te gusta Cartagena… y lo vamos a pasar divino… -añade con picardía.
Betty: -Completamente sonrojada- Armando, yo no necesito ir a Europa para ser feliz… Lo único que quiero es estar a tu lado.
A Armando esas palabras le sonaron a música celestial. Enternecido, le contestó con dulzura:
Armando: Yo sé mi amor, pero yo estoy loco por llevarte… Quiero enseñarte tantos lugares, tantas cosas… Pero de momento habrá que conformarse con Cartagena…
“¡Conformarse con pasar la luna de miel con el amor de su vida en Cartagena! ¡Ay, Betty! ¡Si te lo dicen unos meses atrás no te lo hubieras creído!”
Betty: Me ilusiona mucho poder conocer Cartagena a tu lado, Armando… Muchísimo…
Armando estuvo a punto de salir del trabajo e ir a buscarla. ¡Deseaba tanto estar al lado de esa mujer! Volver a estar solos en su apartamento… Con la voz enronquecida le dijo:
Armando: Betty, esta tarde cuando salga de Ecomoda pasaré a recogerte… ¿Te provoca que pasemos un rato en mi apartamento?
Betty: - Sonrojada de nuevo- Armando, no sé si mi papá me va a dejar salir sola con usted…
Armando: Le decimos que tenemos que resolver un papeleo para la boda…
Betty: ¡PERO SI NO SABE QUE NOS CASAMOS EN DOS SEMANAS!
Armando: -Respirando hondo al recordar que aún tenía muchas cosas que comunicarle a su futuro suegro- Ya se nos ocurrirá algo, mi amor… Pídele a tu mamá que nos colabore… Por favor, Betty… quiero que estemos solos… ¿Le has dicho a ella que tenemos intención de casarnos en dos semanas?
Betty: ¿Cómo cree? Si yo tampoco lo sabía… Eso que pretendes es una locura, Armando…
Armando de repente se pone serio y le pregunta un poco dolido:
Armando: Betty… ¿No te provoca que nos casemos?
Pero la respuesta de ella disipa todas sus dudas.
Betty: Mucho, Armando… Me provoca mucho… Te amo…
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Efectivamente, Catalina Ángel se puso en contacto con Betty. Ella ya había empezado a hacer gestiones para contratar un fotógrafo, reservar un restaurante y ocuparse de los demás preparativos. Tendrían que casarse un día entre semana. Sólo así podían conseguir con tan poca antelación los servicios que requerían.
Cata: Betty, tenemos que vernos esta misma tarde para que le tomen medidas para el traje de novia. He conseguido que un diseñador amigo mío me ha haga el favor de hacerlo con tan poco tiempo… Pero ya verá cómo le va a gustar. Es un profesional excelente…
Betty: ¿El traje de novia? Pero… doña Catalina, yo creí que sería una ceremonia sencilla…
Cata: Y lo será… Armando ya me ha dado instrucciones al respecto, pero me dijo que quería verla a usted bien bella y vestida de novia…
Betty: Oj, oj, oj, oj, doña Catalina… Le contestaría que usted es relacionista pública, no una santa milagrosa, ¿cierto?
Cata: -Muy seria- No, Betty. Le contesté que no se preocupara que dentro de dos semanas usted estaría bien bella y vestida de novia camino del altar, y pienso cumplirle…
Betty: -Suspirando- Me temo que voy a hacerle quedar mal…
Cata: De eso nada, déjelo todo en mis manos… Betty, quería preguntarle, ¿tiene preferencia por algún dentista?
Betty: ¿Por algún dentista? No la entiendo…
Cata: Es que debería quitarse esos brackets… Iba a pedirle hora con un ortodoncista que conozco, pero pensé que quizás usted preferiría ir con el suyo…
Betty: Vea, doña Catalina, estos hierros me los puso un conocido de mi papá que es ortodoncista, pero hace un tiempo que se jubiló y se fue a vivir a la costa… por eso aún los llevo… no he encontrado el momento… ni la plata… para pagar a otro dentista…
Cata: Entonces, no hay problema, hablaré con el mío…
Betty: Pero… yo no tengo… tanta plata para pagar eso… ya con el vestido de novia… -intentó protestar.
Cata: Betty, no se preocupe por el dinero. Armando ha abierto una cuenta para los gastos y me insistió en que no escatimara nada… -y añade sonriente- Betty, lo tiene muy enamorado… ¿Cómo lo consiguió?
Betty: -Ruborizada- No lo sé, doña Catalina… Yo misma no me lo puedo creer… Me parece estar viviendo un sueño y que en cualquier momento me voy a despertar.
Cata: Pues no está soñando… Todo es de verdad… Una hermosa y romántica realidad…
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La había ido a buscar al taller de Florentino Thomas, el diseñador que iba a confeccionar su vestido de novia. Armando lo conocía personalmente y también conocía sus diseños. Sabía que Betty estaba en buenas manos. No podía ser de otro modo si Catalina Ángel estaba a cargo de todo. Al verlas salir Armando sonrió y bajó del carro. Betty tenía cara de azoro. Ella no estaba acostumbrada a ese mundillo. Antes de que le vieran, escuchó lo que estaban hablando.
Betty: Es demasiado, doña Catalina… Yo creí que sólo iba a encargar el traje de novia, pero todos esos modelos… Deben de costar un dineral… No puedo permitirlo…
Cata: Tranquila, Betty. Ya le dije que Armando se ocupa de todo… -Dándose cuenta de la presencia de Armando- ¡Hola Armando! Estábamos hablando de ti.
Armando le sonrió a Cata, pero se acercó primero a Betty, la enlazó por la cintura y sin importarle la presencia de la relacionista pública, le dio tremendo beso en la boca para el azoro de su flamante prometida.
Cuando por fin separó sus labios de los de ella, la miró tiernamente a los ojos y le dijo con dulzura:
Armando: ¡Hola mi amor! ¿Elegiste el traje de novia?
Betty se quedó embobada mirando a ese hombre que la volvía loca y olvidándose por un momento de la presencia de Cata, le dijo:
Betty: Sí… Es precioso, Armando… Precioso…
Armando no pudo resistirse a esa mirada tan ilusionada y volvió a besarla con pasión.
Cata los observaba entre asombrada y divertida. Jamás en toda su vida había visto a Armando comportarse así con una mujer. Y lo conocía desde que él era un adolescente y ella una joven emprendedora que acababa de establecerse por su cuenta. Ecomoda había sido una de las primeras empresas para las que había trabajado. A lo largo de esos años había visto cómo ese jovencito se convertía en un atractivo adulto y cómo tenía a las mujeres más bellas a sus pies. Para ella era una incógnita que estuviese tan enamorado de una muchacha como Betty, dulce e inteligente, pero poco agraciada… Claro que esa tarde se había dado cuenta de que la muchacha tenía un cuerpo esbelto y bien proporcionado. Todo lo que se probaba le sentaba de maravilla. El problema era que con la ropa tan anticuada y holgada que usaba, lo escondía.
Cata: -Interrumpiendo el beso- Armando, Betty, les dejo solos… Me doy cuenta de que no necesitan ninguna compañía.
Betty, al escuchar las palabras de Cata, se sonroja y se separa apresuradamente de Armando.
Betty: Disculpe, doña Catalina… es que…
Armando: -Volviendo a acercarse a ella y enlazándola de nuevo por la cintura- Es que hacía muchas horas que no nos veíamos, Cata…Tienes que entenderlo…
Cata: -Sonriente- Lo entiendo, Armando, lo entiendo… y por eso los dejo solos… Seguimos en contacto… Hasta mañana, Betty.
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Empezaron a quitarse ropa en el elevador. Armando estaba tan impaciente por acariciarla, por sentirla, que no pudo esperar a llegar al apartamento. Por suerte el portero no estaba en su puesto. Así no los entretuvo. Se había pasado todo el trayecto en el carro, desde el taller del diseñador Thomas hasta su apartamento, acariciándola y robándole besos apasionados, y cuando llegaron a la puerta del edificio, los dos estaban bien excitados.
Estaba tan alterado que le costó trabajo meter la llave en la cerradura de la puerta y “perdieron” casi un minuto hasta que consiguió abrirla. Una vez dentro, cerró la puerta de golpe y ya no hubo obstáculo para ellos.
En el camino hasta su habitación quedó un rastro de prendas de ropa. Al lado de la puerta su saco y la chaqueta de Betty. Al lado del sofá los zapatos de los dos. Delante de la puerta de su habitación su camisa y la blusa de Betty. Ya dentro del dormitorio, nada más cruzar el umbral, la falda de ella y su pantalón.
De un suave empujón la sentó en la cama y le quitó las gruesas medias. Durante unos instantes se recreó contemplándola en ropa interior. No eran unas prendas especialmente sexy, más bien eran de un estilo clásico y un poco anticuado, pero a pesar de eso, Armando sintió cómo crecía su excitación.
Debajo de tanta ropa Betty disimulaba sus curvas, pero las tenía y muy bien puestas. A pesar de que su cuerpo era esbelto, sus pechos eran generosos y sus caderas… lo estaban volviendo loco. De un tirón le quitó las bragas y se tumbó encima de ella. Desde que entraron en el elevador, no había parado de besarla y de acariciarla y notaba que ella también estaba muy excitada.
Armando: Betty, mi vida, me vuelves loco…
Ella por toda respuesta susurró su nombre y acercó su boca a la suya, fundiéndose en un apasionado beso.
Betty: Armando…
Cuando él se deshizo del sujetador y empezó a acariciarle los pechos, el cuerpo de Betty se arqueó pidiendo más y más contacto. La única prenda de ropa que los separaba eran los bóxer de él y para sorpresa de Armando, ella bajó las manos y con decisión, empezó a bajarlo. Pero halló un obstáculo que lo impedía: la gran erección de él. Confundida, apartó las manos y ocultó su sonrojo volviendo a unir sus labios con los de Armando.
Pero Armando no estaba dispuesto a renunciar a esas caricias enloquecedoras, así que tomó una de sus manos entre las suyas y la volvió a llevar hasta la cintura, indicándole que continuara con su tarea de deshacerse de esa “molesta” prenda de ropa que aún llevaba puesta.
Armando: Sigue, mi amor…
Betty: Pero… no puedo… -intentó protestar ella.
Armando: Sí, Betty, por favor… quiero que me toques, quiero sentirte… por favor, mi amor…
La respuesta de ella no se hizo esperar y aunque con cierta timidez, empezó a bajarle los bóxer con mucho cuidado y utilizando sus dos manos. Estaba evitando por todos los medios tocar “esa” parte de su cuerpo tan íntima, pero Armando no estaba dispuesto a renunciar a las caricias de ella, así que con suavidad, volvió a tomar una de sus manos entre las suyas y la llevó hasta su erección.
La primera intención de Betty fue retirar la mano, pero él no se lo permitió y poco a poco fue seduciéndola hasta que consiguió que repitiera los movimientos que le estaba indicando. El gemido que emitió Armando hizo suspirar a Betty al darse cuenta del gran placer que le estaba proporcionando con sus atrevidas caricias. Satisfecha, continuó con ellas, esmerándose más si cabe y aumentando el ritmo cadencioso de su movimiento. Lo estaba excitando tanto, que Armando tuvo que sujetarle la mano e interrumpirla para evitar llegar a un punto de no retorno.
Enfebrecido de pasión, se apoderó de su boca intensamente al tiempo que con sus dos manos acariciaba hasta los rincones más recónditos del cuerpo de ella. Los gemidos de Betty y la humedad que percibió entre sus piernas, fueron las señales que le indicaron que estaba más que preparada para recibirle. Cuando la penetró sintió un placer tan intenso, una calidez tan entrañable, que estuvo a punto de dejarse ir. Sólo el deseo de que ella disfrutara aún más, le permitió controlarse, pero empezó a moverse contra ella y a través de sus gemidos supo cuál era el ritmo que debía imprimir a sus movimientos.
Segundos más tarde, los dos se dejaban ir al mismo tiempo, y caían exhaustos de tanta pasión.
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Le iba a dar una sorpresa. Se había ido a comprar varios conjuntos de lencería muy atrevidos y sexy, uno de los cuales, el de color verde oscuro, se había dejado puesto. Llevaba todo el camino ensayando mentalmente la escena que iba a representar. Armando no podría resistirse. Ella lo conocía. Sabía cómo ponerlo a mil por hora con sus provocaciones. Llevaba en un pequeño maletín aquellas prendas de “amazona en celo” que una vez se pusiera y que tanto le habían gustado a él. Quería volverlo loco y cuando lo tuviera rendido a sus pies, le pediría que reanudaran su relación. Le dejaría entrever que estaba dispuesta a ser un poco “tolerante”, a perdonar algún desliz de vez en cuando, siempre que ella fuera la esposa oficial, la legítima.
Suspiró profundamente al imaginarse como esposa de Armando Mendoza. ¡Cómo iba a presumir de marido con sus amigas!
Definitivamente le pediría a Armando que celebraran la boda pronto. No quería arriesgarse a que llegara cualquiera aparecida y se lo robara. Menudo susto se dio cuando él le dijo que estaba enamorado de otra, menos mal que era todo una gran mentira. ¡Era imposible que estuviera enamorado del garfio! Era como decir que un manzano podía dar peras… No pudo evitar sonreír con sorna al imaginar a ese moscorrofio con Armando. Como decía Hugo, esa mujer dañaba las retinas y Armando tenía un gusto exquisito. Era totalmente imposible que se hubiese fijado en ella.
Abrió la puerta con la llave que Armando había guardado en su casa para situaciones de emergencia. Había visto el carro de él estacionado en la puerta del edificio, lo cual era una señal inequívoca de que estaba en casa. Lo sorprendería. Seguro que se alegraba de verla. Sobre todo cuando se diera cuenta de sus propósitos.
Entró sonriente y casi se cae de bruces al tropezar con algo que había en el suelo. Parecían prendas de ropa, pero apenas les prestó atención. Lo único que ansiaba era verlo y hacerle el amor. Después de eso todo iba a ser coser y cantar.
Le extrañó que habiendo ya oscurecido estuvieran todas las luces del apartamento apagadas. ¿Será que Armando estaba durmiendo? Sin decir nada se dirigió a la habitación y a pesar de la penumbra, notó que había alguien en la cama. Sonrió de nuevo. Se acostaría a su lado y cuando se despertara estaría a punto: con poca ropa y bien dispuesta.
Empezó a desvestirse con rapidez, impaciente por meterse debajo de las cobijas al lado de Armando. Un sonido procedente de la cama, la hizo mirar en esa dirección. De repente se encendieron las luces de la calle y pudo distinguir mejor la silueta de él. La sonrisa que había empezado a esbozar se congeló en su rostro al ver que había otra persona en la cama con su prometido. Sin duda era una mujer. Hizo una mueca de disgusto con la boca. ¡Vaya! Armando había pasado la tarde con alguna de sus conquistas. Pero iba a echar a esa “zorra” de su cama… ¡Faltaría más! Ella era su prometida… Su futura esposa… y esa “tipa” no era más que una diversión pasajera para él…
Continuará…
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| Respuestas- vaya manera de dejarlo - maria on Jul 10, 2008, 7:25 AM
- desde luego la sorpresa - marg on Jul 10, 2008, 9:18 AM
- La que se va a liar... - Guiomar y Celia on Jul 10, 2008, 4:21 PM
- vale, no hay ascensor, pero sin embargo hay otra cosa, jeje - Ana Vor on Jul 10, 2008, 8:16 PM
- vaya ... - isabel on Jul 11, 2008, 2:37 AM
- El capi genial... - Calipso on Jul 11, 2008, 6:54 PM
- Menudo lío - Verónica on Jul 14, 2008, 8:03 AM
- what an akward situation - Franceis on Jul 14, 2008, 8:10 AM
- AQUI ARDE EL APARTAMENTO - mcarmenb on Jul 14, 2008, 4:17 PM
- Jajajajajaja!!!!!! menuda soepresa!!!!!! - Fanarg on Jul 24, 2008, 11:40 PM
- Jajajajajaja!!!!!! menuda soepresa!!!!!! - Fanarg on Jul 24, 2008, 11:40 PM
- Jajajajajaja!!!!!! menuda soepresa!!!!!! - Fanarg on Jul 24, 2008, 11:41 PM
- UYs.... me mori.. - Mar (mex) on Sep 1, 2008, 2:35 PM
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