Return to Index  

vale, no hay ascensor, pero sin embargo hay otra cosa, jeje

July 10 2008 at 8:16 PM
Ana Vor 


Response to Continuación del mesón de San Diego. Capítulo 10.

 
Del capítulo anterior...

Empezó a desvestirse con rapidez, impaciente por meterse debajo de las cobijas al lado de Armando. Un sonido procedente de la cama, la hizo mirar en esa dirección. De repente se encendieron las luces de la calle y pudo distinguir mejor la silueta de él. La sonrisa que había empezado a esbozar se congeló en su rostro al ver que había otra persona en la cama con su prometido. Sin duda era una mujer. Hizo una mueca de disgusto con la boca. ¡Vaya! Armando había pasado la tarde con alguna de sus conquistas. Pero iba a echar a esa “zorra” de su cama… ¡Faltaría más! Ella era su prometida… Su futura esposa… y esa “tipa” no era más que una diversión pasajera para él…

Continuará…

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

Marcela tensó la mandíbula y empezó a respirar agitadamente. La rabia corría por sus venas con una intensidad cada vez mayor, y sus ojos destilaban puro odio hacia aquella buscona que yacía junto a Armando. Con fuerza apretó los puños a sus costados, y cuando ya no pudo soportar más la imagen que se mostraba ante sí se lanzó a grandes pasos hacía la garganta de esa mujer.

Marcela: ¡¡¡Túúúú, puta barata –comenzó a gritar a pleno pulmón-, sepárate de mi hombre!!!

Betty que dormía, abrió los ojos con sobresalto al percibir el grito. Desconcertada por el extraño despertar frunció el ceño y vio una figura borrosa abalanzándose sobre ella de forma amenazante. De manera instintiva se encogió en la cama y cerró los ojos esperando el ataque. Sin embargo, éste nunca llegó.

Con miedo fue abriendo poco a poco los párpados esperando en cualquier momento que la figura le atacara, pero para su sorpresa no vio a nadie allá. Ninguna forma borrosa, ninguna amenaza. Para asegurarse estiró un brazo y encendió la luz de la mesita de noche. Efectivamente allí no había nadie. ¿Había sido un sueño? Giró la cabeza y comprobó que Armando dormía plácidamente, sin que nada lo perturbara, de modo que dedujo que solamente se había tratado de una pesadilla.

Suspirando con alivio se acercó a Armando reposó su cabeza en el torso masculino y volvió a dormirse.



En otro lado del mundo, y en otro tiempo Marcela permanecía sumamente quieta. Estaba tan desnuda como en la habitación del apartamento de Armando, solo que el escenario que la rodeaba ya no era ese. ¿Más bien se podría decir que estaba en una cueva?, se preguntó con temor. Y esos seres que ahora mismo la rodeaban no parecían cavernícolas, ¿verdad?

Con temor la mujer se cubrió sus partes íntimas mientras cerraba los ojos y pensaba que lo que estaba viviendo era una pesadilla, solo una pesadilla, un mal sueño.

Marcela: Venga, Marcela, solo es un sueño, a la que cuentes tres abrirás los ojos y verás que vuelves a estar en el apartamento de Armando y no en... en la prehistoria... Uno... dos... tres...

Marcela abrió los ojos y la sonrisa de esperanza que antes anidaba en sus labios murió en un segundo. Seguía en esa cueva sucia y fría, y aquellos gigantones cubiertos de pieles la miraban de manera extraña y emitían gruñidos que no eran nada tranquilizadores.

Marcela: ¡No se acerquen! –gritó mientras intentaba retroceder-. ¡¡¡No se me acerquen!!!

Los gigantones por supuesto no le hicieron ningún caso y poco a poco la fueron acorralando.

El cuerpo femenino comenzó a temblar. ¡Eso no podía estar pasando! ¡No podía estar pasando! De pronto, su mirada perdida dio con la de uno de los gigantes y fue retenida por los ojos masculinos. Él era diferente de los otros, era más grande y por los músculos que veía también el más fuerte. Marcela tragó saliva, en esa mirada masculina había un mensaje inteligible hasta para ella: “Mía”. Esos ojos azules decían “mía”.

Sin pensarlo dos veces echó a correr intentando escapar, pero no había dado dos pasos cuando notó que él la tomaba en sus brazos y se la echaba a la espalda.

Marcela: ¡Suéltemeeee, bruto! -pataleó-. ¡Suélteeemeeeeeeee!

La única respuesta que obtuvo a su súplica fue un gruñido profundo una palmada en el trasero.

Y así sería durante un tiempo...



Debajo de la cama de Armando un duende muy pillo reía en esos momentos. Ataulfo Jatetú sabía que había sido un poco malo, pero pensó que si no era de esa manera, Marcela nunca aprendería.

Ulfi: Jijijiji. Tú te lo buscaste, Marcela –musitó con chispitas en los ojos.

Y es que no había encontrado forma mejor para que Marcela aprendiera lo que era sentir vivir bajo un hombre tan posesivo como ella lo era, que mandándola a la prehistoria. Sería bueno que la mujer probara un poco de su propia medicina.

No le preocupaba su posible estado de salud, la había inmunizado contra las enfermedades. De igual manera tampoco le preocupaba que el gigante la violara. Había escogido un buen compañero para ella. El sería amable, solo que muy, muy posesivo y vigilaría todos los pasos de su nueva hembra con lupa, aunque ésta aún no existiera en aquella época, jijijijiji.

Ulfi: Y colorín colorado, tu historia, Marcela, por fin se ha acabado.


FIN

 
 Respond to this message   
Respuestas

Create your own forum at Network54
 Copyright © 1999-2009 Network54. All rights reserved.   Terms of Use   Privacy Statement