| Final del MesonFebruary 1 2009 at 6:14 AM | Regina y Cata | |
| Perdón, perdóm, perdom, todo este tiempo este capitulo estuvo inconcluso y guardado en la pc. Cata cumplio en tiempo y forma, pero el último era por ambas y yo no pude terminarlo, hoy me decidi, tal vez no es lo mejor que he podido brindarles, pero era lo que habia. Las quiero mucho. Gracias por su paciencia y mil gracias a Cata por arriesgar su reputación de cumplidora con alguien como yo.
Besos.
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Del capítulo anterior…
Entró sonriente y casi se cae de bruces al tropezar con algo que había en el suelo. Parecían prendas de ropa, pero apenas les prestó atención. Lo único que ansiaba era verlo y hacerle el amor. Después de eso todo iba a ser coser y cantar.
Le extrañó que habiendo ya oscurecido estuvieran todas las luces del apartamento apagadas. ¿Será que Armando estaba durmiendo? Sin decir nada se dirigió a la habitación y a pesar de la penumbra, notó que había alguien en la cama. Sonrió de nuevo. Se acostaría a su lado y cuando se despertara estaría a punto: con poca ropa y bien dispuesta.
Empezó a desvestirse con rapidez, impaciente por meterse debajo de las cobijas al lado de Armando. Un sonido procedente de la cama, la hizo mirar en esa dirección. De repente se encendieron las luces de la calle y pudo distinguir mejor la silueta de él. La sonrisa que había empezado a esbozar se congeló en su rostro al ver que había otra persona en la cama con su prometido. Sin duda era una mujer. Hizo una mueca de disgusto con la boca. ¡Vaya! Armando había pasado la tarde con alguna de sus conquistas. Pero iba a echar a esa “zorra” de su cama… ¡Faltaría más! Ella era su prometida… Su futura esposa… y esa “tipa” no era más que una diversión pasajera para él…
Continuará…
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CAPITULO 11. Betty… Mi Betty…
No se lo podía creer. Había llegado el día de su boda. El estilista le estaba arreglando el pelo y la persona que se reflejaba en el espejo le parecía desconocida. Era hasta agraciada. ¿Cómo era posible que un cambio de peinado obrara el milagro? También era cierto que al quitarle los brackets le había mejorado mucho la sonrisa. Armando se había llevado una sorpresa enorme aquella tarde cuando salió del dentista y se encontraron en el apartamento de él.
Como siempre cuando la vio le sonrió y casi sin mediar palabra le cubrió la boca con la suya en un beso apasionado. Pero segundos más tarde se separó extrañado y la miró a los ojos.
Armando: Mi amor, ¿qué te hiciste?
Betty: -Dedicándole una sonrisa sin brackets- Me quitaron los hierros de la boca…
Armando: -Devolviéndole la sonrisa- Mi vida, tienes la sonrisa más bella del mundo.
Betty: -Sonrojada, pero feliz- No será para tanto…
Armando: -Atrayéndola de nuevo hacia sí- Pues vea que sí, señorita… Además tus besos ahora son más ricos sin los brackets… ¿Sabes?
Ya no hubo más diálogo. Él mantuvo su boca ocupada durante un buen rato, y luego sólo hubo espacio para los gemidos y los suspiros.
Cuando se metieron debajo de las cobijas para descansar un rato después de hacer el amor, Betty no pudo evitar pensar en el día que Marcela los sorprendió en la cama. ¿O quizás la más sorprendida había sido la propia Marcela?
Armando se había puesto como una furia y la había amenazado con denunciarla por allanamiento de morada.
Aún recordaba sus palabras dirigidas a Marcela, de pie, temblando de la indignación y medio desnudo, envuelta la mitad inferior de su cuerpo por una sábana:
Armando: ¿Con qué derecho te metes en mi casa sin mi permiso y vulneras mi intimidad?
Marcela: -Grito rabiosa.- Tú eres mi prometido…
Armando: Tú y yo no somos nada, Marcela. Nada. El compromiso se rompió… y yo me voy a casar con Betty…
Betty no se había sentido más humillada en toda su vida. Además de la vergüenza que supuso para ella que doña Marcela la encontrara desnuda en la cama de Armando, el tono despectivo con el que se estaba refiriendo a ella la estaba hiriendo profundamente. Pero Armando, su Armando, había estado a la altura y había puesto a Marcela en su sitio defendiéndola a ella. ¡Tan divino!
Marcela:- Desesperada.- Pero no puedes casarte con esta mujer… Estás confundido… Ella no es mujer para ti…
Armando:- Apuntándola con el dedo en alto.- No, ella no es mujer para mí, ella es MI MUJER, te lo puedo decir más fuerte, pero no más claro Marcela y ahora has el favor, vístete y sal de mi casa.
Y Marcela Valencia se había tenido que ir completamente roja de indignación y de vergüenza. No había vuelto a aparecer por la empresa, para alegría de Betty y del propio Armando. Al parecer había pedido un permiso de seis meses sin sueldo y se había ido con su hermana María Beatriz a Australia.
“Cuanto más lejos mejor, aunque me parece que aprendió la lección y nunca más se le ocurrirá aparecerse en casa de Armando. Además, él ya cambió la cerradura de la puerta y dio instrucciones al portero de que no la dejara pasar…”
Suspiró y acomodó mejor su cuerpo que estaba pegado al de Armando. Ahora sí se creía que se iban a casar. Todo estaba a punto para la ceremonia que tendría lugar el próximo jueves. Por fin su sueño se iba a convertir en realidad…
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Había llegado el momento de ir a la iglesia. Se cubrió la cara con el velo y pensó en la sorpresa que se iba a llevar Armando cuando la viera. A pesar de que conservaba sus enormes gafas, ese día se había puesto las lentillas, tal y como le había aconsejado doña Catalina. Además tenía unas gafas nuevas que aún no había estrenado.
Ese día, el estilista había insistido en quitarle el capull, y lo cierto es que estaba más favorecida… ¿Le gustaría a Armando su nueva imagen? Esperaba que sí… pero si no le gustaba siempre podía volver a peinarse como antes… Pero también la habían depilado íntegramente, eso había dolido, pero valía la pena, toda su piel estaba suave, suave… como de bebe.
¡Armando!… Estaba loca por ese hombre. Aún no se podía creer del todo que fuera tan afortunada de conseguir su amor. Porque ahora ya sabía que el la amaba por encima de todo y de todos. Incluso en contra de los deseos de doña Margarita… Esa era una espinita que tenía clavada. Don Roberto había cedido, pero la mamá de Armando se mantenía inflexible. De todos modos había prometido que asistiría a la boda. Menos mal. Ella no quería ser motivo de disgusto entre Armando y sus papás.
El que estaba eufórico era su papá… Al final había accedido a que la boda se celebrara en dos semanas. No sabía cómo Armando lo había convencido… Según las propias palabras de Armando:
Don Hermes había entendido perfectamente a su yerno, el también era una hombre de bien y amaba a su hija con todo. Armando, no quería exponer a Betty al mal trato de la sociedad a la que pertenecía, una cosa es que no la aceptaran como su novia, pero muy distinto que alguien le dijera algo a su esposa. Además después de conocer la verdadera situación de la empresa y el esfuerzo que ambos hacían para mantener firme el crecimiento, si bien se molestó al principio, luego decidió hacer lo imposible por ayudar a los muchachos. Estos argumentos y la firme convicción de Armando de una boda católica hicieron que, después de rezongar un poco, accediera a que todo se hiciera como su yerno lo pedía.”
Lo importante era que había dado su consentimiento. Claro que aún no sabía lo del bebé que venía en camino, pero en cualquier caso cuando se enterara ella ya sería la esposa de Armando… Su esposa… Para toda la vida… ¡Ay, cómo amaba a ese hombre!
Se aferró al brazo de su papá y avanzó despacio por el pasillo de la iglesia. Veía caras conocidas y sonrientes a su paso y les devolvía la sonrisa, aunque con ese velo que le cubría la cara, no sabía si podrían verla. El vestido de novia le sentaba como un guante. Nunca había tenido un traje tan bello. Claro que los otros que le había hecho comprar doña Catalina también eran muy favorecedores… Un poco atrevidos, en comparación con la ropa que solía usar ella, pero Cata le había asegurado que a Armando le iban a encantar. Como esos conjuntos tan sexy de ropa interior que habían elegido la semana pasada y aquel picardías que destinaba a su noche de bodas… sugerente y bien transparente… ¿Se atrevería a ponérselo…? Sí, se lo pondría… Ahora ya no sentía tanta vergüenza cuando Armando la miraba desnuda o con poca ropa… Poco a poco iba teniéndole más confianza… En todos los sentidos…
Sonrió al verlo impaciente esperando en el altar junto a su mamá. Doña Margarita estaba muy elegante con ese vestido verde oscuro que hacía juego con el color de sus ojos… y estaba sonriendo. Menos mal. Ese día no quería ver caras largas o de disgusto a su alrededor. ¡Ella era tan feliz!
Armando estaba tomando su mano y le sonreía. Esa sonrisa que la volvía loca. Con esos hoyuelos tan encantadores. Rezaba para que su hijo o su hija se pareciera a Armando. Él era bello y su sonrisa la seguía cautivando. Le devolvió la sonrisa y leyó sorpresa en su mirada. A pesar de que el velo le tapaba bastante la cara, él se daba cuenta de que estaba un poco cambiada. ¿Le gustaría el cambio? Esperaba que sí… Deseaba que sí…
Durante toda la ceremonia no pudo evitar el estremecimiento que la recorría. Temblando extendió la mano para que el le colocara la alianza y ella hizo lo propio.
Beatriz realizó sus votos:
B: “Yo Beatriz Pinzón, te tomo a ti, Armando Mendoza como mi esposo, prometo amarte, respetarte e intentar hacerte feliz, todos los días de mi vida”
El momento más emocionante para ella y para cada uno de los presentes, fue cuando Armando, recito los votos matrimoniales.
A:- Temblándole la voz al principio por la emoción: “Yo Armando Mendoza, te tomo a ti Beatriz Pinzón, porque eres el ser más puro que he conocido en mi vida, porque me enseñaste a amar, por que me diste lo más importante que una mujer le puede dar a un hombre, tu alma, tu corazón y tu vida, y por eso prometo que nunca te mentiré, que seré leal, que te seré fiel, te respetare y viviré para hacerte feliz, por todos los días de mi vida”.
Se oyeron suspiros, lágrimas y aplausos…
Cuando el sacerdote le dio su anuencia, Armando con las manos temblorosas procedió a levantar el velo para besar a su esposa.
Por un instante le ganó la sorpresa, pero no fue el único.
Mientras la sonrisa más hermosa y satisfecha se instaló en su rostro, una mirada de genuina aprobación recorrió la cara de su mujer, la exclamación de sorpresa de mucha gente que vio el rostro de la novia recorrió la iglesia.
Es que su esposa parecía un ángel, ¡tan natural!, ¡tan bella!, su rostro apenas maquillado, libre del capul, y sus ojos, esos maravillosos ojos café, podían iluminar toda la ciudad y en ellos se leía el amor y la felicidad de su dueña.
A: Mi amor, te amo tanto, mi bella esposa!- dijo y le obsequio el beso más tierno que dio en su vida.
Otra vez los aplausos se repitieron en el recinto.
Doña Margarita miro con mucha sorpresa a Betty y en el fondo no pudo evitar el deje de orgullo que le produjo que esa mujer cambiara tanto su apariencia, para no dejar mal a su hijo. De la oscura y fea asistente de Armando, no quedaba más que el recuerdo.
Don Roberto observó a su esposa y acercándose a su oído le dijo:
DR: Ya viste que tu nuera no dará que hablar por su aspecto, verdad mi amor?
DM: Ya Roberto, por favor. Esta realmente muy favorecida.
DR: No mi amor, no es favorecida, ni mejorada, tu nuera,-remarco sus palabras- la esposa de tu ÚNICO hijo, esta bellísima!- pronuncio con admiración.
Después de ser felicitados por los concurrentes, los novios salían de la Iglesia muy tomaditos de la mano para una sesión de fotos en el parque.
Los demás, pasarían a la Mansión de los Mendoza, para un pequeño agasajo, ya que eso sería todo antes que la nueva pareja, iniciara su corta luna de miel.
A pesar de ser una boda intima, no faltó nada, la liga, el ramo que cayo en los brazos de una sorprendida Catalina quien apresuradamente lo entrego al primero que tenia al lado como si le quemara y que era nada más ni nada menos que… Nicolás? Nicolás Mora?...el brindis por los novios y la torta en forma de dos corazones, el vals, en el que Betty, más bien poso para las fotos que bailar.
Los novios se despedían para partir a su luna de miel. Armando se acerco a su suegro, que lo abrazó emocionado.
A: Gracias Don Hermes, gracias por confiar en mí, por ofrecerme su ayuda y por hacer de mi el hombre más feliz del mundo al concederme el honor de ser el esposo de su hija.
DH: Yo… yo… muchacho…- Intentando ocultar una lagrima que se escapó de sus ojos.- Solo le pido que la haga muy feliz, se lleva usted lo más importante de mi vida…
A: Lo se don Hermes, lo se y créame, mi vida va en ello…
DH: Cuídense mucho y trátemela bien, que si no se las verá conmigo.
A: -Sonrió comprensivo- Le prometí que lo haré… pero vea… yo antes de irme… quería decirle algo… algo muy importante…
DH: Lo se doctor… y bueno
A: -Ahora su cara era de total asombro- lo sabe? Perdone don Hermes, ¿Qué es lo que usted sabe?
DH: que compararon una casa cerca de la de sus padres…
A: Ah!!! – Por un momento pareció que se le iba el valor, pero entonces sintió el brazo de su padre sobre los hombros.- Hola papá… no era eso lo que le quería comunicar “suegro”
DR:- Intentando ayudar a su hijo- Dígame consuegro, cuantos nietos quiere tener?
DH: Frunciendo el seño: ¿Nietos?... Yo no quiero nietos…- ante la cara de confusión de los otros.- Solo una nietecita, tan bella como mi Betty… -agregó con mirada soñadora.
A:- Respiro hondo y lo soltó de un tiro:- Pues sus deseos se convirtieron en realidad, en seis meses la tendrá en sus brazos…
DH: tan asombrado que el grito se le transformo en un gesto sin sonido- ¡Queee!?
DR: -Abrazando a su consuegro- Oh! Don Hermes, que felices debemos sentirnos, ya nada nos falta, una nieta, una nietecita. Sabe yo tengo un solo nieto el hijo de mi Camilita, se llama Armando como el tío y no creo que mi hija tenga mas niños, ya que la paso muy mal con su único hijo…
Ese momento también paso, don Hermes, les dio un buen sermón cuando abandonaban la fiesta, pero después los abrazo y pidió que la niña llevara el nombre de sus abuelas: ¿Catalina Inés? Bueno a pesar de afirmar, se lo pensarían, a ver si les salía escritora de novelas rosa como unas amigas que conocían.
Estaban en Cartagena. El mar se escuchaba morir en suaves olas sobre la playa. Una luna que parecía un sol oscurecido, se reflejaba en las tranquilas aguas. Los amantes se besaban con desesperación, se acariciaban con premura, se acoplaban con intensidad.
A: Te amo, Beatriz, te amo tanto que creo morir cada vez que me fundo en ti y renazco al mismo tiempo. Estar así contigo es tocar el cielo con las manos.
B: Si mi amor, yo siento la misma dicha y la misma plenitud, y bendigo al cielo el día que en el Mesón me derretiste con tus besos y me llevaste contigo.
A: Ese día mi amor, sentí que si no te decía toda la verdad y te convencía de lo sincero de mis sentimientos te hubiera perdido para toda la vida.
B: Ese día mi amor venciste todas mis resistencias y terminaste por atarme totalmente a ti.
A: Y tu a mi. Te amo Betty!!!
B: Te amo mi Doctor!!!
Fin
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| Respuestas- Querida Regina - Cata on Feb 1, 2009, 8:17 AM
- Final del Meson - melina arce molino on Feb 1, 2009, 2:42 PM
- Nunca es tarde... - Guiomar y Celia on Feb 1, 2009, 5:07 PM
- me encanto el final - marg on Feb 1, 2009, 6:46 PM
- Precioso... - Verónica on Feb 1, 2009, 9:16 PM
- amigas me gustó mucho pero mucho - Gala on Feb 1, 2009, 9:30 PM
- Tarde pero seguro. - Fanarg on Feb 1, 2009, 11:58 PM
- UN CAPITULO BORDADO - mcarmenb on Feb 2, 2009, 3:16 PM
- hermoso... - isabel on Feb 5, 2009, 2:21 AM
- guapisimo final - lika on Feb 9, 2009, 10:07 PM
- Hermoso chicas!!! - Mar (mex) on May 4, 2009, 6:30 AM
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