La palabra “natural”, o “naturaleza” es –sin duda- la que más usa. Y no es casual: tiene que ver con su pasado. Y ese pasado, según ella, tiene mucho de este presente. Milagros Stegmann nació y se crió hasta los cuatro años en un campo de mil hectáreas en Sierra de la Ventana que compró su abuelo paterno, cuando llegó de Alemania. “Ahí están mi historia, mis raíces –asegura-. Imposible olvidar a Pico Blanco (su primer caballo), la cocina de leña, los abedules y El Banco de las tormentas, como bautizó su abuelo al tablón con vista al horizonte desde donde pronosticaba el tiempo”. Ella dice que ese campo explica su esencia: “Soy natural al extremo: no tengo microondas en casa, tardé tres años en conectar el lavarropas y tengo computadora porque mi mamá me la regaló hace un año y ella misma se encargó de conectarla. Soy cero botón. Y si me preguntás por que la actuación, te diría que tiene que ver también con ese pasado mío, con mi necesidad de expresarme”,