Carolina Sabino y Cristina Umaña.
Jóvenes, pilas, inquietas, entre ambas hay más cosas en común que el compartir el set. Hablan con Aló de sus más recientes proyectos.
¿Y si en vez de periodista hubiera sido fontanero? Es lo que me pregunto mirando mi roja cara de histeria ante el espejo del baño de hombres del Café Il Pomeriggio, en el centro comercial Andino de Bogotá.
Los fontaneros son hombres libres, esclavos de sus tuberías, pero libres. Yo soy esclavo del tiempo. Espero desde hace casi dos horas a Carolina Andrea Ignacia Sabino –el tercer nombre es culpa de su abuela–, una de las actrices de la intrigante serie Punto de giro, del Canal RCN. Y no aparece.
Abro la puerta del lavabo decidido a marcharme. Algo me detiene. La veo ahí, medio escondida detrás de un mesero, con una cartagenera sonrisa en el rostro. “Lo siento, no quería llegar tarde, pero. . .” No importa qué haya pasado, su gesto me hace partir de risa. Se esfuma mi furia. Pedimos un capuchino y un café medio cargado.
En realidad esta entrevista comenzó a mediados de diciembre del año pasado, en el estudio del fotógrafo Andrés Gómez (en Chapinero Alto), donde se llevó a cabo la producción de las imágenes que están viendo en estas páginas.
Caro no estaba sola, la escoltaba Cristina Umaña, que interpreta a Bibiana en la misma serie. Ambas posaron, hicieron muecas y jugaron con la vieja moto que estaba en el patio. Se notaba el buen rollo entre las dos.
Deben ser superamigas, ¿no? “Siempre hemos sido muy cercanas y lejanas al mismo tiempo. Si nos sentamos a hablar nos contamos la vida entera, pero de pronto nos perdemos el rastro. Cuando nos vemos de nuevo nos prometemos un café. Cris tiene un alma maravillosa. Aún nos debemos ese café”, dice la que llegó tarde, revolviendo su capuchino.
Sus personajes en Punto de giro, en cambio, no tienen tantas conexiones. Sabino encarna a Karina, una niñita insoportable que sermonea cada día a su marido. El papel de Umaña es distinto, representa a la mujer ejemplar: trabajadora, buena madre, esposa tolerante, pero ante las continuas mentiras de su esposo empieza a perder su fe en él.
“Ella es dulce y crédula –afirma Cristina–. Ser crédulo en esta época es muy difícil, sobre todo en este país, donde todos dudamos de todos, no confiamos en nadie, las relaciones las construimos un poco así”. Esto lo dice desde su apartamento de Chapinero, dando un gran bostezo de viernes en la noche.
Lleva el pelo como Medusa, una sudadera de rayitas, una pereza de actriz con sueño: se ve superlinda. Abre los ojos como si intentara inspeccionar mi cerebro y sigue hablando de la serie, que se terminó de rodar a finales de 2003.
Ella, como la Sabino, están de acuerdo en que ha sido uno de los proyectos más interesantes en los que han participado en toda su carrera; elogian el trabajo de Alejandra Borrero (“¡señora actriz!”, dice Caro), aplauden el guión de los Mauricios (“muy bacano, nos pedía actuar de otra forma”, cuenta Cris), y adoran al director Kepa Amuchastegui (“es maravilloso, un profesor y un amigo”; concluyen ambas).
Era la primera vez que actuaban juntas, y también la primera que formaban parte de una atracción fatal, la que siente la protagonista (Borrero) hacia el marido de Bibiana (Roberto Cano). Esa loca de remate es capaz de cualquier cosa por tenerlo bajo su control, como la Glen Close del filme de Adrian Lyne, Atracción fatal (1987).
Inventos de celuloide. Pero este tipo de amor paranoico no es solo de pantalla de cine. Dos años atrás un fan fatal empezó a perseguir con insistencia a Carolina, “me llevaba regalos, se parqueaba por horas a esperarme, hasta que un día, en medio de su desesperación, me agarró de los brazos y me dijo: ‘es que yo la amo’. Me sentí superagredida. Creo que todos tenemos algo de eso, cuando creamos nuestras relaciones somos un poco enfermos”.
Cristina no ha tenido admiradores tan intensos, pero reconoce que alguna vez “sí me he llegado a obsesionar por alguien. Me pongo ansiosa, y he llorado, y he dicho: ‘¡No te vayas!’ Como todas. Pero acepto la decisión, nunca fui una atracción fatal”. La verdadera atracción de ambas es su trabajo, que en el caso de Caro está ligado también con la música.
De hecho, en febrero se espera el lanzamiento de su nuevo disco –cinco años después de haber ganado en Viña del Mar y de su última producción, La puerta azul– que quizás se llame Vuelve. Según ella es un álbum que suena como los días de la vida, cada uno tiene diferentes momentos (ritmos).
Entonces hay días de champeta, rock, son, vallenato, porro y bolero. “Encontrarán canciones de despecho porque cuando empecé a componer estaba en ese rollo. También temas de picardía, amor y entrega. No quería un disco plano, pero tampoco intento sorprender a nadie”. Habrá también una canción compuesta por Juanes.
Cris, sin duda, está más interesada por el cine. De hecho ha participado en la película Bogotá 2016 (2001), de Alejandro Basile y Ricardo Guerra; y más recientemente en el filme del director y documentalista Antonio Dorado, El rey (por estrenarse), sobre la vida de ‘El grillo’, el primer gran narcotraficante de Cali.
El séptimo arte la atrae: “Me fascinaría hacer más películas, por las historias, porque tienen una salida internacional valiosísima y porque, definitivamente, son otro rollo”. Por ahora sigue, sin descanso, con la televisión.
Actualmente pasa sus días en las grabaciones de la novela Todos quieren con Marilyn, en la que interpreta a una chica de estrato seis. Trata de no desvelar mucho sobre la historia, sólo anota que comienza cuando el protagonista, en su despedida de soltero, conoce a una prostituta.
La Sabino tampoco se detiene. Ahora está en el rodaje de la telenovela Me amarás bajo la lluvia, que tendrá altas dosis de acción. Así que veremos a Caro Croft en toda su plenitud, “sí, hay escenas en las que me siento Angelina Jolie; hum, claro que para estar como ella primero necesitaría bajar la barriga”, dice burlona.
Estará escapando, al lado de un chico que no conoce, durante buena parte de la historia, porque las autoridades creen que ambos son culpables de un gran robo. “La canción de la novela es mía”, agrega.
Tengo que hacerle la pregunta obligada. Ella, Cris, me mira con cara de ‘claro, ya sé de qué se trata, ¡qué mamera!’ ¿Qué ha pasado con su esposo, César López? “Hablar de eso en este momento es superdifícil. Lo que sí es claro es que los dos nos queremos muchísimo.
Somos muy consecuentes con el momento de cada uno y lo respetamos. No nos ponemos cadenas por el hecho de habernos casado. Nos adoramos, nos ayudamos, pero clasificar ahora lo que pasa entre él y yo es sumamente difícil. Toca hacer un curso”, concluye.
Las vidas de ambas están en un verdadero punto de giro (“vueltas, vueltas, rápidas y lentas”), son dos de las más bonitas, pero sobre todo, más pilas jóvenes actrices del país. Saben que cualquier decisión es crucial y que una curva mal tomada las puede sacar de la buena ruta que recorren.
Pero parecen más preocupadas por la próxima presentación de Alejandro Sanz que por asuntos jartos y ‘trascendentales’. “Caro y yo vamos a ir juntas a ese concierto. Tenemos una relación muy bacana.
Es una gran actriz, superapasionada, tiene mucho talento y una voz divina. Siempre decimos que nos vamos a tomar ochenta cafés y nunca vamos, pero bueno, algún día lo lograremos, algún día (se ríe)”, dice Cristina.
Ojalá se los tomen pronto.
Artículo tomado de la revista "Aló"
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